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miércoles, 13 de febrero de 2019

Elogio infame a la nostalgia.





Hay razones por las que antes todo era mejor.



Los amigos eran más amigos y sus problemas eran tonterías intrascendentes.
Los tomates sabían a tomates.
Y yo no sabía de tu existencia.



Hay más razones por las que antes todo era mejor, pero ahora sólo me acuerdo de estas.



miércoles, 8 de mayo de 2013

Respuestas sin preguntas




V se había colado en aquella rueda de prensa. Sin saber bien de qué iba, ni por qué, pero una vez que se acomodó en la silla nadie pareció percatarse de su intromisión. Empezó la rueda de prensa y los medios comenzaron a preguntar por un orden establecido por el moderador que iba señalando con el dedo a personas que habían levantado previamente la mano, y que, tras indicar nombre y medio de comunicación, soltaban el interrogante a la protagonista de todo aquello.

- ¿Se puede decir que este es su proyecto más personal?
- Si. Sin duda estoy un momento clave de mi carrera. Todo lo que me ha pasado en la vida ha hecho que me encontrara en disposición de mostrar al público todo lo que antes estaba guardando. Creo que este nuevo proyecto es más íntimo y maduro, es el más personal, y espero que guste tanto a los que me han seguido siempre como a la gente que no les interesaba previamente y que, espero, ahora pueden encontrar en este trabajo algo diferente que les atraiga.

V se había colado en aquella rueda de prensa porque últimamente, aburrida de pasear por la ciudad sin rumbo, había tomado la muy humana costumbre de acercarse a todos los sitios donde veía que había revuelo, gente acumulada, curiosos. No sabe muy bien cómo se había colado, pero allí estaba, escuchando aquello que no sabía muy bien de qué iba.

- ¿Cree que todo lo que ha pasado en su último año está reflejado en este nuevo trabajo? ¿Cómo afronta su carrera tras los cambios que ha dado su vida estos meses atrás?
- Bien, he indicado previamente que no estábamos aquí para hablar de mi vida privada, perdone. Pero sí, este trabajo es muy personal y, obviamente, está influido por todo lo que pasa en mi vida, y por todo lo que veo a mi alrededor, es inevitable.





V se había colado en aquella rueda de prensa y encontró algo inesperado: Una mesa donde alguien (bastante guapa y amable, por cierto) contestaba cortésmente a todo lo que se le preguntaba, con una sonrisa y con una aparente posesión de la verdad muy curiosa. V pensó que quizás había encontrado el lugar que estaba buscando y las respuestas en aquella rueda de prensa donde se había colado y, superando su enfermiza timidez, se lanzó al vacío y levantó la mano con miedo, dispuesta a preguntar.

- Usted -le indicaron enérgicamente mientras le señalaban con el dedo desde la mesa central.
- ¿Yo?
- Sí, usted, la del suéter violeta.
- Pues mire, quería saber...
- Perdone, sabe usted las reglas ¿Nos dice medio y nombre? Y recuerde que sólo se permite una pregunta por persona, por favor.
- Esto... Medio no tengo... Y mi nombre... Me pueden llamar V.
- ¿Perdone? ¿Usted no debería estar aquí o me lo parece a mí?

Se escuchó un runrún en la sala y V sintió como todo el mundo murmuraba mirándola de reojo. Tuvo miedo del tono de voz de aquella persona que manejaba la rueda de prensa con poder de decir quién y cuándo se puede preguntar. Agachó la cabeza aterrada y pareció emitir un suspiro o una leve disculpa entre dientes mientras comenzaba a agacharse de vuelta a su asiento.

- No se preocupe, haga la pregunta -Intervino la protagonista del acto y su voz amable y la sonrisa que ponía en la distancia parece que daba fuerzas a V para no llegar a asentar su trasero en la silla de vuelta al anonimato y la empujó a recuperar la verticalidad y llenar sus pulmones de aire como paso previo a lanzar la pregunta- Pero, por favor, ¿Cómo te llamas?
- V. Muchas gracias. Me llamo V.
- Encantada V, y la pregunta es...

V se vio en la oportunidad de su vida. Se encontró frente a la posibilidad de obtener todas las respuestas que estaba buscando. O, al menos, poder formular las preguntas. Carraspeó y, sin vencer del todo la timidez pero con un arresto impropio de su personalidad pública, lanzó la pregunta con un pequeño hilo de voz casi inaudible que provocó que tuviera que repetirla por dos veces, con el consiguiente murmullo de los asistentes:

- En una sociedad donde todo está controlado y organizado, ¿Por qué no hay algún sitio donde poder encontrar amigos para mí? ¿No existe ninguna manera o ninguna figura que pueda colmar mi necesidades puntuales de amistad? ¿

Se creó un gran silencio, seguido por alguna risita extemporánea, hasta que el moderador del evento acudió al rescate de la situación.

- Perdone, pero creo que no es el foro adecuado ni lo que nos ha traído aquí hoy preguntas como esas. ¿De verdad está preguntando usted por qué no existen amigos para usted cuando los necesita? ¿Está preguntando si no hay manera de conseguirlos?
- Si, exactamente... No me salían las palabras.
- Bueno, no es el momento...
- Perdona, déjame -interrumpió la protagonista de la rueda de prensa- Si no les importa voy a intentar responder a nuestra querida V.




¿"Nuestra querida V"? ¿Aquella desconocida con tanta atención en torno a ella la estaba llamando “Querida V”?

- ¿Quieres saber si se pueden conseguir o no amigos para ti cuando los necesitas?
- Si.
- Existen, mi querida V, y se llaman acompañantes. Se trata de un servicio generalmente usado más por los hombres que por las mujeres, pero puede buscar un acompañante y pagarlo cuando quieras. Mismamente, en casi cualquier diario encontrarás muchas opciones.
- ¿Por qué no existen personas a las que pueda contar mis penas cuando lo necesite?
Existen, mi querida V, y se llaman psicólogos. Y más baratos que los psicólogos, se llaman barmans.
- ¿Personas que me puedan indicar hacia dónde va mi vida? ¿Para qué estamos aquí?
- Bueno, esa es más compleja, pero en resumen, para lo primero están los orientadores sociolaborales y para lo segundo, curas o consejeros espirituales.


El silencio y el estupor se habían apoderado de todos los presentes en aquella rueda de prensa. Ni siquiera el moderador, seguramente curtido en mil batallas, parecía saber reaccionar ante aquello y su expresión facial parecía más de un fan obnubilado ante V y su presencia, que la de alguien que debe controlar una rueda de prensa.

Se había generado una situación muy cinematográfica en la cual, dos personas a cierta distancia, se miran intensamente, en silencio, ajenas a todo lo que pasa a su alrededor. Y a su alrededor, el silencio fue tornándose en murmullo, luego en algarada, hasta que el moderador reaccionó buscando la siguiente pregunta entre los asistentes. 

Antes de que nadie volviera a levantarse, la protagonista del acto (V no, la interrogada) se excusó diciendo que había sido un placer, pero que le requerían más compromisos y que el acto había terminado. Se levantó del escenario y, sin dejar de mirar a V, salió por un lado de la sala con un gesto casi imperceptible que V interpretó claramente como una invitación a que la siguiera.

En instantes, la escena cambió, y las dos se encontraron en el asiento trasero de un lujoso coche en marcha, con cristales tintados.

- ¿Quieres tomar algo?
- Agua, sólo agua, por favor.
- Pues yo necesito algo más fuerte -dijo ella mientras le acercaba un botellín de agua a V.
- Para mí el agua es lo suficientemente fuerte.
- ¿No bebes?
- No debo.
- ¿No debes?
- No bebo.

El coche marchaba a gran velocidad, aunque V sólo lo intuía por lo rápido que pasaban las cosas tras el cristal ya que la estabilidad y la comodidad de aquella parte de atrás con nevera y totalmente aislada del conductor, no lo indicaban de ninguna manera. No se preguntó nada. No era el momento. No sabía nada y nadie le había dado opción a preguntar. Pegó un trago de la botella que acabó con más de la mitad del agua de un tirón.


- Nadie nos dijo que iba a ser así, ¿Verdad?
- ¿Cuándo?
- Cuando eres pequeña, o luego, no te avisan.
- ¿No te avisan de qué?
- De que todo esto iba a ser así.
- No, no nos avisaron.
- No nos dieron un jodido manual de instrucciones.
- No sabíamos que podríamos llegar a necesitarlo.
- Quizás no. Y quizás no lo hubiéramos leído nunca, pero por lo menos sabríamos hoy que lo tuvimos y no le hicimos caso.
- No nos dieron manual de instrucciones.
- No nos avisaron que esto sería así.


V volvió a pegar un trago al botellín de agua y la acabó. En otras ocasiones pensaría cómo en dos tragos había acabado con ella y eso le haría pensar muchísimas cosas y estaría entretenida con aquel pensamiento un buen rato, pero en aquel momento y en aquellas circunstancias, no sabía si no pensaba porque no podía pensar o si, simplemente, le había desbordado la situación hasta desparramar sus pensamientos. Estaba pensando.


- Tú no sabes quién soy yo, ¿Verdad?
- No -respondió V extrañada.
- Da igual, yo tampoco sé quién eres tú, aunque eso es más lógico.
- ¿Sí?
- Si. Pero no es importante.
- Ya sé que no soy importante.
- No quería decir eso.
- Da igual.
- ¿No vas a preguntarme nada más?
- No.
- Yo nunca he preguntado demasiado. Hasta ahora. Siempre he tenido miedo a las respuestas. 
- Yo tengo miedo a las preguntas y no conozco las respuestas.
- Las respuestas están en las preguntas. Por eso me dan miedo las preguntas.
- ¿Nunca habías querido preguntar por miedo a las respuestas?
- Me acabas de hacer una pregunta...
- Lo siento...
- No te preocupes, me gusta. Me ha gustado mucho lo que has hecho hoy, allí, en la rueda de prensa. Y quiero compartir algo contigo.



Paró el coche y V fue invitada a bajar. Bajó el chófer, que era una chica negra con uniforme y gorra al estilo de Oteliña, aquella que tuvo Cela y que se hizo famosa por un anuncio donde el nobel gallego la instaba a comer porque estaba muy flaca. Puso un papel en la mano izquierda de V y, mirándola a los ojos, le dijo que ahí estaban las respuestas, lo único que debía saber. Que su jefa había sido educada en un modelo de sociedad falocéntrica, como todos, y lejos de considerarlo un problema, lo había convertido en una gran virtud que la ayudó a comprender todo. La falsa Oteliña cerró la mano de V sobre el papel y volvió a subir al coche. En ese momento se bajó el cristal de la ventanilla de atrás:

- Eso es lo único que necesitas saber. No busques respuestas. No te hagas preguntas. No me hagas mucho caso.

El coche arrancó dejando una gran polvareda tras de sí en otra escena puramente cinematográfica. V miró a su alrededor y no reconoció aquel lugar. Pero lo urgente era leer el papel que tenía en su mano izquierda. Una frase, sólo ocho palabras:



V sonrió y tuvo ganas de gritar y preguntar al viento, pero recordó lo de guardarse las respuestas para sí misma y no formular preguntas. Pero a partir de ese día, todo cambió, y V siempre supo que viviría una gran duda en su interior: 

¿Qué hacer si el malo y la chica son la misma persona?

Pero aprendería a vivir con ello...







B.S.O.: "Mata al malo y pilla a la chica" (Siniestro Total)






miércoles, 28 de noviembre de 2012

La increíble historia real de una noche desconocida, disfrazada de historia desconocida de una noche real (Con eróticos resultados…)


Habían pasado las horas. 
Los días. 
Las duchas y los olores. 

N se dispuso a contar, como tantas otras veces, las anécdotas de aquella noche a los amigos que se interesaban y no tuvieron la ocasión de verlas. Como tantas otras veces, pero mucho más rebuscado y extraño. Más extraño y totalmente diferente. 

N se dispuso a contarlo porque sabe que la distancia y el reposo de aquel momento es la adecuada para analizar y tener presente todos los detalles valorándolos en su dimensión correcta y no es excesiva como para que se difuminen o se pierda el interés y haya que volver a ellos cuando no sean más que retales difusos de una noche más de drogas, cariños, amistad, risas y aventuras (Con eróticos resultados…).

He aquí la reproducción, más o menos literal, de todo lo acontecido aquella noche de autos (porqué demonios se llamará “de autos” a las noches o los días) en la que su temprana desaparición y una teta perdida en el teléfono despertó el mayor de los intereses a todos los amigos de N, desde sus ojos, los que, aunque turbados por ciertas sustancias y el cansancio de la acumulación de fiestas, son los únicos que pueden dar testimonio veraz de aquella noche (Con eróticos resultados…):




“¿Que estaba raro yo aquella noche? Coño, como todas las últimas noches…  Francamente, no sé si estoy pasando un buen o un mal momento en mi vida, pero supongo que la rareza de todo lo que me rodea en los últimos tiempos hace que cada día, y cada noche –sobre todo cada noche- sea cada vez más extraño, alternándose momentos fascinantes, como la madrugada del viernes que nos ocupa, con momentos sin más y con pasividades vitales de lo más tenebrosas. ¿Cómo coño no voy a estar raro con la que tengo encima? Ahora, lejos de verlo como una losa o una desgracia, la actitud ante ello me está llevando por vericuetos maravillosos o simplemente interesantes, cumpliendo aquello que siempre he dicho que la actitud que tiene uno ante las cosas se transmite fuera de él y atrae o espanta ciertas cosas, y si está de bien la cosa y no se le da mucha importancia, se ve envuelto en circunstancias que en otras ocasiones, con una actitud neutra, depresiva, eufórica, ansiosa… o de cualquier otro tipo, condicionaría lo de alrededor y lo que tiene que venir. Pues claro que estoy raro últimamente, pero como estoy tan extraño y voy suelto para no pensar y pasa lo que pasa.

Todo surge de un momento de rarezas. De aquellos que le entra a uno cuando en instantes concretos de las noches largas de farra, ayudado por el alcohol y la farlopa, sin duda, empieza a separarse un poco de la línea oficial de la noche. 


(Para los no instruidos indicaremos que la línea oficial de la noche se refiere a estar haciendo lo pactado más o menos tácitamente por un grupo que sale de fiesta esa noche, siguiendo los ritmos, participando en las conversaciones, mimetizándose con el grupo y siendo uno sin más). 

Ese momento salida de la línea oficial de la noche siempre ha estado presente en mí. Incluso cuando uno está en estado óptimo o también llamado normal o estándar. Pero llegó a esa noche. Y entre lo disperso y extraño del ambiente, el exceso de farlopa y copas que llevaba y una escasa disposición a hablar de nada, la salida de la línea oficial de la noche implicó salir más de la cuenta de aquel garito a la calle a fumar.

Más veces de las normales.

Cuando sales mucho de un garito a fumar, tú solo, debes plantearte que o bien tienes un problema con la nicotina, o bien te aburres dentro del sitio, o bien tus amigos no fuman, o bien estás inquieto, o bien todas las anteriores son correctas. En aquel momento, ni yo mismo sabía por qué salía tanto a fumar, pero objetivamente fueron muchas veces y muy continuadas.

En una de ellas (concretamente la última de la noche del viernes) pasó algo. Se acercaron un par de tetas. Perdón, se acercó una tía, pero yo sólo veía un par de tetas, aunque eso es típico a esas horas de la noche cuando todo está un poco nublado por las consabidas copas y farlopa, y cuando uno está solo fumando, sin hacer nada, no puede menos que fijarse, por aquello de que en algo hay que entretenerse más que oír las conversaciones casposas de los porteros. 

Y en eso que las tetas hablan. Y no sólo hablan, sino que me hablan a mí. 

Cuánto tiempo sin venir por aquí, ¿No?
¿Cómo? No tenía una respuesta ingeniosa ni adecuada porque el fin de semana anterior había estado allí, y el anterior, y el anterior… Pero cualquiera se muestra con valor como para discutir con esos pequeños detalles a unas tetas…
Que hacía mucho que no venías por aquí…
Bueno, no sabría decirte… ¡Bien! Tío, te lo estás currando, eres encantadoramente gilipollas e ingenioso.
Pues yo hace mucho que no te veía. Vale, esto ayuda…
Puede ser...

Recapitulación mental: La tía (Vamos a mirar más allá de las tetas) me habla porque me recuerda. Normalmente nunca sé si es bueno o malo cuando me recuerdan por algo que yo no tengo presente, pero (Vamos a volver a mirar a las tetas) qué demonios me importaba eso ahora. Con tener cuidado y que no sienta que no tengo ni puta idea de quién es ya me vale en ese momento.

¿Qué? No estás demasiado hablador, ¿Me das un pitillo? Esto está aburrido, ¿No?
Buah… Como siempre, pero es pronto.
¿Pronto? Yo estoy hasta las narices ya… ¿Qué fumas? ¿Qué tabaco es este?

Pues sí que habla, lo mismo no tengo problemas con mi incapacidad para recordarla o mi ausencia total de gracia natural para fascinarla o por lo menos quedar bien… Y el cigarro se me está acabando, a ver qué hago ahora…

¿Estás con gente o solo?
Con gente, ahí dentro, claro…
¿No fuman?
Sí, pero supongo que ahora me tocaba a mí.
Pues yo solita, que estoy hasta las narices de mi gente. SOLITA” ¡Alarma! ¿Querría decirme algo con eso? ¿Por qué “solita” y no “sola” o “he pasado de mis colegas porque me aburría”?
Pues quédate con nosotros, sin problemas. Somos todos estupendos y divertidos. Si te apetece, ya sabes. Y tranquila, todos los demás son más encantadores y divertidos que yo, no te guíes por mí. ¡Olé! Me hinché al sentir que había tenido una respuesta más o menos ingeniosa y que daba lugar a diálogo con la quedaba más o menos bien… Orgullo y satisfacción.
Pues si tú molas mucho... Ahora sí que estoy satisfecho y orgulloso, pero qué hago.
Gracias, será que vienes borracha.
Tío, que ya te he visto más de una vez…
Siempre borracha.
¿Qué pasa? ¿Me estás llamando borracha o no me crees? Vaya, la jodí… Con lo bien que iba…
No te creo…
¿No? Ven que me lo vas a demostrar…  Y ahí se abrieron los mares y me vi en el abismo. Caería de bruces en el fondo del pantano o sería una playa del Caribe con el todo incluido en la pulsera.
Vamos donde tú quieras. ¡Órdago! O quizás fuera la farlopa… O la situación que estaba viviendo últimamente y la actitud y todo ese rollo que ya hemos hablado. 
Pues vamos, que vivo ahí al lado.
¿Así, sin más? ¿Cómo? Descolocado estoy, pero como últimamente todo suele ser así o mejor, pues será así. Voy a decirles a estos que me piro… 
Y me agarró la chaqueta…
Luego vuelves, es ahí al lado… ¡Ah! Vale, que tampoco me va a secuestrar ni nada… Ya me extrañaba a mí… ¿Tienes farlopa? ¡Aaaaah! Ahora sí, ya sabemos qué quiere…
Algo queda.
Algo tengo por casa yo también…

(Y aquí haremos una elipsis en la narración para saltar al descansillo del segundo piso donde a una broma mal planteada me respondió arrinconándome contra la pared desconchada de aquel inmueble y plantándome un beso succionador en mi boca previo a un ¿Te crees ya que molas o no? Que acabó con todos mis prejuicios y me llevó a otro mundo diferente donde nada importaba y todo lo que había fuera de aquellos labios pasaba a importar una mierda. Y explicaré sin muchos detalles como la conversación en el pequeño trayecto desde la puerta del bar hasta ese descansillo del segundo piso de aquel inmueble próximo fue tensa por no saber qué decir para no cagarla, y cómo fui buscando un momento de intimidad para tomar por primera vez un trozo de esa pastilla revitalizante que usan los tíos que necesitan cumplir bien con sus funciones vitales, que llevaba encima y que encontré con la excusa de mear en un césped por allí cercano esperando darle la espalda y poder ocultar mi acción)

Pasa, ponte cómodo.
Estoy muy cómodo. ¿No me ves?
¿Con toda esa ropa?
¿Y tú?
¿Me preparas una lonchita? Allí en la mesa de la habitación tienes un CD negro si quieres…
¿Un CD negro? 
Sí, para que las hagas allí... Voy al baño un momento.

Curiosos pensamientos. Siempre se cumple el cliché de ir al baño cuando una chica me lleva a su casa. Siempre. Vaya a pasar lo que vaya a pasar, siempre se va al baño al llegar. A veces he pensado que en todas las casas hay un circuito cerrado de televisión que se controla desde el cuarto de baño y que esa costumbre es una acción estándar para controlar nuestros movimientos y ver qué hacemos antes de pasar a la acción. Esto lo sumé al interrogante que me surgió al pensar qué tipo de persona tiene una caja de CD rotulado con edding negro con el aparentemente único objetivo de ser utilizado como apoyadero para hacer rayas y demás, encima de su mesilla de noche. Empecé a agobiarme un poco por los cubatas tomados y las rayas aspiradas, además de acordarme que me había tomado un trozo de pastillita mágica y que no sabía muy bien cómo funcionaba o no (tómala media hora antes me habían dicho algunos), ni cómo me iba a afectar y me senté en la cama mientras volcaba polvo blanco en el CD negro que ella había dicho, por si por algún caso, por raro que fuera, me estuviera vigilando por un circuito cerrado de televisión desde el cuarto de baño.

¿Ya estás?
Albornoz negro. Semi-cerrado. Erección. Posible, aunque no confirmada por razones obvias de visibilidad, cara de imbécil embobado por mi parte. Ya están…
Raya ella, raya yo. ¿Te has guardado algo para que me haga una aquí? 

Si amigos. Ese “aquí” se refería al compañero de entre mis piernas. Y sí, lo dijo acompañando el “aquí” con un apretón de su mano allí. ¡Uau! ¿Ya estás así? ¡Qué prisa, chico! Pues bueno…

Y empujó mi espalda a la cama y se colocó entre mis piernas haciéndome una mamada espectacular sin siquiera bajarme los pantalones más allá de las rodillas ni abrirse el albornoz mientras el amargor de la última raya que todavía rondaba por el agujero derecho de mi nariz era absorbido en un desesperado intento hacia dentro y me bajaba por detrás de la garganta, como tantas otras veces, pero con una tía chupándome la polla.

Estaba en la gloria. Lógico. Pocas veces mientras me la chupan no estoy en la gloria. Bueno, a decir verdad, hay alguna que otra vez en mi historial, pero claro, son las menos por suerte ya que quizás sea un afortunado que siempre me encuentro con gente que, o sabe chuparla muy bien, o a mí me lo parece. Alguna vez me rasparon con los dientes y no fue agradable. Alguna boca me encontré que no era del todo amplia y otras demasiado holgadas. Incluso algún piercing lingual mal aprovechado me hizo no pasarlo del todo bien. Pero esas veces son las menos. Pocas veces mientras me la chupan no estoy en la gloria.
Lógico. 
Estaba en la gloria.

Traté de incorporarla y besarla para… No sé muy bien qué. Si algo me gusta del sexo es no saber bien qué. Si tuviera un manual de instrucciones que siguiera en cada momento, seguramente me aburriría constantemente y dejaría de tener gracia el asunto. Traté de incorporarla y con sus manos e inusitada fuerza, sin sacarse la polla de la boca ni dejar de chupar, volvió a empotrar mi espalda contra la cama, sin dejar su tarea. Primer estímulo de la noche: Las riendas las llevaba ella. 
Como si no me había dado cuenta aún…

¿Te corres rápido?
¿Cómo?
Que si te corres muy rápido…
Uff, no sé…
Bueno, da igual.

Y en ese momento sí que pensé que me corro rápido. O que me iba a correr pronto. Supongo que decirlo fue lo que aceleró el asunto. ¿Qué debía hacer? Creo que como sigas así me voy a correr rápido, sí.
No importa, creí entender que decía con la boca llena acelerando el ritmo.
Me corrí. Mucho. Y no sabía qué decir. Rico, dijo ella. Y supe menos qué decir. Muy, muy rico. Voy al baño y me toca.

Entendido. Ahora tenía que ejercitar la lengua yo. Abre el segundo cajón de la mesilla y elige el que más te guste la oí decir desde lejos. Te dejo que escojas tú. 

Antes de que pudiera pensar qué habría de elegir ya había abierto un cajón lleno de vibradores y demás parafernalia sexual que, francamente, me abrumó por su cantidad y variedad. Probablemente es la impresión unida al desconocimiento, pero aquello me turbó bastante.

¿Ya? Había vuelto del baño desnuda y se acercaba a la mesilla.
Emm… No sé…
Deja. Metió sus manos en el cajón y cogió un vibrador negro de lo más corriente que había por allí a primera vista. Este es mi prefe cuando estoy con gente. Gente. En otros momentos reflexionaría el sentido que puede tener hacer una frase en esos instantes en las que están incluidos el concepto de gente y un vibrador preferido.

Se echó en la cama y me arrastró encima suya. Su cuerpo estaba frío. El mío también. Pero fue cuestión de un instante. Al rato, sin saber muy bien cómo, se empezó a masturbar con nuestro amigo de la mesilla.
Quiero comértela mientras me follo.
Tus deseos son órdenes creí bromear, aunque luego supiera que no era así.
Si, me vuelve loca…

Y volví a sentir mi polla en su boca. Y me volví más loco aún. La imagen era brutal. Y la sensación más aún. ¿Funcionaba tan bien el pedazo de pastilla que me había tomado o simplemente la excitación por la situación era tan potente que había anulado el efecto alcohol en mi libido masculina? Qué mas daba en aquel momento.

Agárrame las tetas. ¡Por favor! ¡Fuerte! Dios, cuánto hace que no hago deporte y qué oxidado estoy, pensé en aquellos momentos en los que todo costaba más de lo normal.
Me vas a follar, ¿Verdad?
¿Quieres?
¡Claro, cabrón! ¡Fóllame ya! Te quiero dentro…

Y ahí que fui, sustituyendo al siempre fiable amiguito negro que había cogido del segundo cajón de la mesilla y me introduje entre sus piernas. Algo estaría haciendo bien porque sus primeras palabras llenas de deseos imperativos pasaron a ser gemidos acompañados de fuertes arañazos en mi espalda. 
Claro que esto es una suposición.

Nos dimos la vuelta. Más de dos o tres veces. Me dijo que parara y pidió que se la metiera a cuatro patas y allí que fui. O intenté ir porque muy disgustada me dijo que así no y me dio la vuelta para quedar los dos enfrente del espejo que ocupaba la pared contraria a donde estábamos mirando hasta ese momento. No sé cómo pero salió de mí un momento (o me sacó, para ser exactos) encendió una luz tenue y suave de tono anaranjado y volvió a acoplarse en mí para seguir como dos locos salvo que, en este momento, mirándonos en el espejo que teníamos delante.




¿Quieres grabarme?
¿Cómo? No voy a desarrollar ahora la extrañeza que me produjo eso y todo lo que pasó por mi cabeza en ese instante en el que escuché o creí escuchar ¿Quieres grabarme? Entrecortando sus gemidos cada vez más acelerados.
Que si quieres grabarme...
No sabía responder y me sentí amoroso diciendo Lo que quiero es correrme y que te corras. Entiendo que al común de los mortales le parecerán esas palabras cualquier cosa menos amorosas, pero fue así. 
Sí, dale, no voy a aguantar más. Córrete en mi espalda, o en mi boca, o… ¿Dónde quieres correrte?
No sé…
¡¡¡Vengaaaaaa!!!

Y nos corrimos. Por allí. No sabría decir muy bien dónde. Al menos yo. Y quedamos rendidos el uno frente al otro. Amorosamente (ahora sí está mejor dicho, creo) agarró una manta sin moverse demasiado y nos tapó a los dos. Pasó el tiempo. ¿Cuánto? No soy muy de calcular en esos momentos. Pensamientos. Muchos. Placidez interrumpida. Bienestar. Inquietud. ¿Me debería ir ya? ¿Habría más? El móvil había sonado alguna que otra vez. El mío. WhatsApps de los amigos abandonados supuse. Volvió a sonar en esos momentos. 

Seguramente te echan de menos...
O a ti, que no es el mío, mentí conscientemente
El mío está apagado.
Bueno, da igual, ya se habrán ido…
¿Te quieres ir?
¿Quieres que me vaya? 
Ni de coña. Déjame que haga una cosa.

Me cogió al amigo de entre mis piernas y empezó a secarlo con un pañuelo de papel. Uff, te he dejado empapado dijo entre sonrisas buena señal amiguete… Si quieres voy al baño y me limpio, ¿Qué vas a hacer? No, deja, sólo quiero secarte un poco y que te pongas… ¡Tío! Qué rápidamente te pones, eres una joya… Me sentí tan tramposo como cuando robaba dinero de la banca mientras jugaba al Monopoly para luego no saber cómo explicar que nunca me quedara sin él aunque pasara mucho tiempo de partida sin cobrar nada y muchos se quedaran medio arruinados. ¿El pedazo de pastillita? Probablemente, si no de qué… Aunque cosas más raras se han visto y me he visto. ¿Me la dejas? Claro, toda tuya… Se alargó hacia la mesilla y cogió mi chivato con farlopa que había dejado allí tras las rayas iniciales en el fascinante CD rotulado de negro. ¿Puedo? Por supuesto. Y se puso una raya en mi compañero de entre mis piernas. ¿Te mola que haga esto? ¿Te lo han hecho alguna vez? Claro, volví a mentir cual tramposo de Monopoly one more time. Y ahora (snifff) a mí me pone muchísimo que te la hagas encima de mí. Eso sí lo había hecho alguna vez, fíjate, pero ahí no preguntó. ¿Dónde? Donde quieras. Su pecho izquierdo. Me gusta mucho. Si pudiera, a todas las tías con las que me meto en la cama les pondría una raya de coca en la teta izquierda y sería muy feliz. Pero ni siquiera lo pregunto nunca. Es más, normalmente ni me pongo con tías. Al menos estando desnudos y a otra cosa. Luego aquí, me dijo señalando el lado derecho de un precioso pubis casi totalmente depilado salvo por unos pocos pelos cortitos en forma de bonometro que salían de su clítoris dirección a su ombligo. Como quieras. Luego… Ahora te vas a enterar, si me dejas… ¡Marcha, marcha! Pensé mientras mezclaba un con mucho gusto con un morreo ansioso que volvió a despertar las hostilidades en aquel campo acolchado del placer.

Espera. Y se separó de mí. ¿Prometes no decir nada? 
¿Nada de qué? 
Olvidarás y si te cruzas con ella nunca decir que lo has visto
Claro, si ni siquiera sé lo qué es ni de quién hablas
Sí sabes quién es… Pero me fío de ti. 
No deberías, le dije sonriendo. 
Oye, no me jodas, dijo mientras volvía a la cama con una especie de tablet o pantalla de esas que tan en boga están ahora mismo. Déjate de cachondeo, prométemelo… 
Sí, lo prometo, soy una tumba.

Arrancó la tablet. Toqueteó con aquellos maravillosos dedos y de repente, en la pantalla, apareció una chica siendo follada salvajemente como hacía un momento habíamos hecho nosotros. A lo perrito, mirándonos fijamente. ¿Qué demonios…? Además, aquella imagen parecía esta misma cama o muy parecida. ¿Es aquí? Si, no le dirás nada si la ves, ¿No? Porque sabes quién esClaro, tranquila… 

Mentí, no tenía ni idea quién era. Pero tampoco sabía quién era ella y allí estaba. 

¿Esto es lo que querías que hiciera cuando me dijiste que grabara? 
No, esto está hecho bien, con la cámara y ellos colocados en buen sitio, grabado lo mejor posible. Me pone follar viendo esto. ¿Te apetece? 
Me pone, y ahí no mentí, creo… 

Follamos haciendo el loco mientras recolocábamos la tablet de un sitio a otro ante la incapacidad de ver bien los dos a la vez aquello. Pero era brutal. Los gemidos de la pantalla y los suyos. Mi respiración y las tetas colgando de su amiga. Sus movimientos y mi excitación. Volvimos a morir del gusto. Al menos yo, claro. Y ella parecía, pero eso nunca lo sabe un tío al cien por cien.

¿Tu amiga sabe esto? Pregunté cuando recuperé el resuello. 
Claro. ¿Para qué te crees que lo grabamos?
¿Ella hace lo mismo? 
No. A ella no le pone verse… Rio pícaramente… No, a ella le gusta verse conmigo.
¿Y ese video existe?
Claro. Ella lo utiliza mucho, dice.
¿Me lo enseñas?
Ni de coña.
Pero si ella lo utiliza con otros… Y acabo de verte de miles de maneras y a ella también…
Es diferente.
Bueno, no insisto. Mentí. Deseaba ver aquel vídeo como nada en el mundo en aquel instante. Volvería a ello cuando pudiera. No hizo falta: Te dejo verlo pero sólo una parte. ¡Bien! me dije infantilmente para dentro. Lo que sea. Con una condición... Miedo. Mucho miedo sentí ahí, no sé por qué. Me imaginé grabando algo, haciendo algo extraño de lo que tras la resaca me acordaría y me daría miedo o vergüenza, imaginé mi cara de orgasmo rulando por internet, pensé en el segundo cajón de su mesilla… Pero, sobre todo, pensé en mi incapacidad para no decir que no en ciertos momentos y me aterré. Quiero que grabes mientras te la chupo y me masturbo. Vale, no parecía difícil. Claro, pero yo no sé utilizar estos trastos… No, con mi móvil. Es más cómodo...

Me volví a poner tremendamente cachondo. 

Y llegó la parte cómica de la noche: Su móvil sin batería. El cargador que no tiene cable suficiente para colocarnos bien y en acción, los cambios de postura, la excitación creciente. Usa el tuyo, me dijo. No, mejor no, no me fío de ti. Hazme una foto, déjame. Cogió mi móvil y me lo volvió a dar. Le hice una foto. De su pezón, de su cuerpo en plena acción. ¡Déjame ver lo que haces! Y cogió el móvil con una mano sin parar de masturbarse. Creo que se olvidó un poco de mi amiguito. Se dedicó a ella y reventó. 
Y yo miraba. 
Y reventé. 
En ese mismo pezón previamente fotografiado de mala manera y con torpeza que tanto placer le produjo verlo...

Pensé que me hace falta un curso de fotografía para saber captar imágenes en estados alterados y totalmente puesto de farlopa y alcohol. 

Pensé que eso no existe o al menos no he visto nunca un anuncio al respecto.

Pensé tanto que me quedé dormido y evité el teching típico de las noches de farra tan intensas.

Me desperté con el cuerpo molido. Repasando los mensajes en el WhatsApp de los colegas a los que abandoné. Ninguno me lo echa en cara. Tampoco yo lo hubiera hecho. Desaparecí de una manera como podría haberlo hecho de otra, pero no me despedí. 


Ellos me entienden… Recibieron aquel pezón perdido en sus teléfonos en un momento extraño que no recuerdo cuál fue. 

(Con eróticos resultados…)"




B.S.O. I: Muérdeme (Los Romeos)

B.S.O. II: Arañas mi piel (Los Romeos)

B.S.O. III: Teching (Piratas)

B.S.O. IV (Resumen de todo): Mi vida rosa (Los Romeos)







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