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jueves, 28 de mayo de 2020

Cuentos desfasados: Las historias que no son historias.






Anoche escribí una historia que no terminé. Cuando no terminas de escribir una historia quizás no se pueda llamar historia. Pero llamamos historias a cosas que nos están pasando, aunque no veamos cómo van a terminar. Yo estaba escribiendo una historia y sabía cómo iba a terminar. Era bonita. Creo. Nos empeñamos en pensar que las historias son bonitas cuando las estamos viviendo. Pero cuando terminan, nos cuesta reconocer su belleza. Quizás fuera muy bella porque no pude terminarla. Era una historia sobre las noches y tú. Todas las historias contigo son bonitas. Aunque algunas ni hayan empezado. Y las noches suelen ser preciosas. Cuando no hace tanto calor. No pude terminarla. Estaba sucediendo en la fotografía. Aunque fuéramos tú y yo. Narraba cosas que nos gustaban a los tres. A ti, a mí y a la noche que no es calurosa. Puse algo así como “llenaré de leche tus sueños”. Y tuve que dejarlo porque me parecía raro. Aunque, quizás, es lo que estabas esperando que te contara. Signifique lo que signifique. Y terminé la noche sin acabar la historia...



viernes, 1 de mayo de 2020

Cuentos (nocturnos) de la cuarentena (Volumen 23): Te voy a hacer una propuesta.





Buenas noches:

Voy a hacerte una propuesta, pero no es necesario que la aceptes, porque no es condición indispensable tu colaboración, aunque sería mejor para los dos:

Voy a entrar en tus sueños en cuanto te duermas. Si te das un paseo por los míos, aunque sea de lejos, sería precioso. Si no, da igual, sigue con tu aventura, pero fíjate a tu alrededor porque aquello que ves y no sabes muy bien qué es, soy yo. Te estaré vigilando porque es la única manera que tengo de dormir a gusto.

Si al despertar descubres que todo ha sido una pesadilla, ignora esta proposición, nunca existió...

Dulces sueños.


miércoles, 24 de octubre de 2018

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 45): De esnifar pegamento y buscar los sueños.



Cuando era niño la policía vino a mi colegio a advertirnos de los peligros de esnifar pegamento. 
Que la policía viniera a advertirnos de algo despertó en mí la curiosidad por hacerlo. 
Evidentemente, poco tiempo después estaba enganchado a oler pegamento.

Cuando me dijeron que ya no era un niño sabía de los peligros de esnifar pegamento.
Saber de los peligros de algo no hace que dejes de tener curiosidad por hacerlo.
Probablemente poco tiempo después de tener curiosidad por algo estaré enganchado a hacerlo.

"Quisiera ser un pez para tocar mi nariz en tu pecera..."


Cuando era niño pegaba mi nariz en los escaparates porque todo lo que había dentro me tentaba.
Sentirme tentado por algo me obligaba a desearlo con todas mis fuerzas hasta poder conseguirlo.
Francamente, no he conseguido ni una ínfima parte de todo lo que he deseado desde niño.

Cuando me dijeron que ya no era un niño sabía de los peligros de no conseguir tus sueños.
No conseguir tus sueños no hace que dejes de tener ansia por conseguirlos.
Últimamente me he dedicado a escribir historias porque estoy enganchado a conseguir sueños.

Y detrás del cristal del escaparate sobran varias cosas:
Esnifar pegamento.
Los adverbios terminados en mente.
Y los sueños no alcanzados.

Solamente me queda el pegamento que une mis historias a nuestros sueños...




miércoles, 30 de marzo de 2016

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 39): As far back as I can remember, I always wanted to be a gangster


...Y entonces lo entendí todo y empecé a hacerme las preguntas correctas, porque creía tener las respuestas:

¿Qué fue de mis sueños infantiles?

¿Dónde quedaron mis propósitos vitales?

¿Es tarde ya para enderezar mi vida?

Y supe que quizás, sólo quizás, no era tan tarde...












jueves, 19 de junio de 2014

Tener derecho a soñar



No tienes derecho. No te has hecho merecedor de ellos. Creo que Octavio Paz dijo algo al respecto, pero soy muy malo para las citas. Vendría al pelo ahora mismo porque era algo como lo que te estoy intentando decir sólo que en boca de un Premio Nobel. No tienes derecho a tus sueños, tienes que ganártelos. Nadie tiene derecho a soñar lo que quiere, tiene que merecerlo. Y tú nunca has merecido ni la cuarta parte de lo que sueñas desde que te conozco. Merece lo que sueñas.

Y en esas cosas estaba cuando me lo crucé por la calle. Era un chico transparente. Al menos, a mí así me lo parecía. Tanto que podía ver con claridad lo que pensaba en cada momento. Como ese rollo de los sueños y tener o no derecho a ellos. Igual que aquel día en el que paseamos por los grandes almacenes y no podía evitar comparar mi escote con el de todas y cada una las dependientas que nos salían al paso, y sentirse culpable por ello. En momentos así, sólo lo miro y disfruto. Él sabe que yo puedo ver sus pensamientos pero sospecho que no lo hablamos para poder seguir actuando como si yo no lo viera y así poder decirme cosas que no se atreve a expresar en voz alta. Incluso cuando no piensa en nada, está pensando en algo que me parece muy interesante. 




Pensaba en estampas de santos con restos de cocaína. Pensó que el mundo sería un lugar mejor si él no hubiera existido, pero en ese momento lo besé para que se le pasara rápidamente. Pensamientos como pollas en películas de porno alemán de los setenta por doquier, o espárragos y setas tras la temporada de lluvia. Pensaba en si serían sensuales mis movimientos acariciando la pared para encontrar el interruptor de la luz al entrar en casa a oscuras. Pensaba en todo cuando tocaba nada, y en nada cuando todo estaba por pensar. Pero, sobre todo, pensó en mí. Una vez más. El momento de los sueños y el derecho a soñar.

- ¿En qué piensas que me miras muy serio? -le pregunté aún sabiendo que no me respondería con sinceridad. 
- En poca cosa, tengo la cabeza en las oposiciones. 


Me gustó la ocurrencia y decidí seguirle el juego para ver hasta dónde estaba dispuesto a llegar y porque adoraba su capacidad para mentirme. Es raro que alguien pueda adorar que alguien le mienta, pero es tanto lo que me gustaba, que asumía la mentira como parte de nuestra relación. Y porque, por supuesto, sabía lo que pensaba en cada momento y así las mentiras pierden importancia aunque las detectes con mayor facilidad.


 -Tú no has estudiado en tu vida, pero si es lo que quieres que crea... 

- No me vas a creer diga lo que diga. 
- Prueba. 
- No quiero. Tengo la cabeza loca con las oposiciones. 
- ¡Vete a la mierda! 



Reí fuerte. Demasiado fuerte quizás. Y no le gustó nada. Vi como pensaba que le estaba cortando la cabeza con una katana japonesa con la cara desencajada de furia al sentirme engañada. Y decidió dejar de pensar más.

Me dio tanto miedo que me compré una katana y dejé de mirarle a los ojos cuando quería mentirle. Y desde entonces, nuestro mundo es un lugar peor. Yo me oculto de sus pensamientos y él sigue convencido de que no merezco soñar. Somos un matrimonio despreciablemente feliz y normal.



miércoles, 20 de marzo de 2013

Tirando de archivo: "De vez en cuando la vida nos besa en la boca"



La siguiente historia fue colgada en cabezadeavestruz el ya lejano 14 de febrero de 2011. Aprovechando la llegada de la primavera y con el afán didáctico que nos caracteriza, queremos rememorar los fríos que aún no nos han abandonado del todo, ahora que el cambio de estación aparece como la oportunidad ideal para creer que nuestra vida va a cambiar, va a ir a mejor, simplemente por el hecho de que la temperatura nos gusta más... 





I: Ella
Se apoyó en el quicio de la puerta como cualquier otro día. Esperaba clientes. No tenía cuerpo para nada, aunque lo necesitaba más que nunca. Hacía días que el frío había llegado Madrid sin avisar, y a ella se le olvidó disminuir su escote.
Ya no tenía solución: La nariz le estaría moqueando hasta bien entrada la primavera. “Mala época” pensó para sus adentros, mientras recordaba que ayer tampoco había cenado. Tal vez hoy pueda ser un buen día…
Pero no lo fue.
Al día siguiente volvió a apoyarse en el quicio de la misma puerta. Esperaba clientes. Seguía sin tener cuerpo para nada, pero su escote era la imagen más hermosa que se podía ver en varias manzanas a la redonda.
En esas mismas manzanas a la redonda, hacía un tiempo que se venía escuchando los acordes de un trovador que le alegraba un poco las largas esperas. Como decía aquella vieja canción, a ella le encantaba que él cantara porque le hacía sentir bien. Al menos, le hacía sentir mejor.

II: Él

Se colocó con su guitarra en la boca de metro de costumbre, como casi todos los días. Esperaba que la gente al pasar fuera más generosa hoy. No tenía ánimo para nada, pero cuando enlazaba tres o cuatro acordes olvidaba porqué estaba allí y que poca gente se paraba a escucharlo. Y tras tres o cuatro canciones, estaba cerca de no darse cuenta de que no le habían dado ni para un mísero café con el que calentar el cuerpo. El frío de Madrid ya no lo contrarrestaba casi ninguna canción. Cada día le costaba más mover sus dedos por los trastes del mástil ajado de su vieja guitarra. “En primavera suenan casi todas las canciones mejor”, pensó para sus adentros, mientras recordó que ayer tampoco había cenado. Tal vez hoy pueda ser un buen día.
Pero no lo fue.
Al día siguiente volvió a colocarse en el mismo sitio. Esperaba generosidad. Seguía sin tener ánimo para nada, pero sus canciones eran los sonidos más hermosos que se podía oír en varias manzanas a la redonda.
Por aquellas mismas manzanas, hacía un tiempo que tenía localizado un escote que le alegraba un poco las largas esperas. Como decía aquella vieja canción, a él le encantaba aquel escote porque sólo con verlo se inundaba todo su ser de alegría. Al menos, le hacía sonreír.

III: Ella y Él
Andrea salió de su pueblo hace muchos años con intención de ser actriz. Un montón de tiempo después, alejada ya de aquellos sueños de adolescencia, se dedicaba a actuar en privado para todo aquel que le diera unos euros con los que ir tirando.
Julián salió de su pueblo hace muchos años con intención de ser cantante. Un montón de tiempo después, alejado ya de aquellos sueños de triunfo masivo, es feliz cuando alguien le sonríe al escuchar sus canciones, aunque haya días que no saque para cenar. En privado se reconoce cantante, aunque no sea suficiente para ir tirando.
Andrea tiene días mejores y peores. Los mejores siempre tienen banda sonora. Julián le quita muchas penas con sus acordes, aunque él no lo sepa.
Julián hace tiempo que varía su ruta para llegar a su escenario sólo por cruzarse con su escote. A veces se siente mal porque sabe que reconocería ese escote entre un millón, pero casi ni conoce la cara a la que pertenece. Piensa que un romántico como él no puede permitirse esas veleidades tan carnales.

IV: Ella, él, el pasado y el futuro.
Julián lleva tiempo con ganas de presentarse a ese escote. Lleva tiempo obsesionado con conocer mejor la cara a la que pertenece ese escote. Tiene ganas de saber a qué suena su voz. Pero tiene mucho miedo de que no le guste, y deja pasar los días excusándose en que hay cosas que es mejor dejarlas que estén como están.
Andrea lleva un tiempo en el que no se quita de la cabeza una linda melodía. Sabe que se la escucha de vez en cuando a Julián y fantasea con la idea de pedirle que la cante sólo para ella. Hace mucho que no se acerca a alguien sin sentir turbada a esa persona con su presencia, y eso la frena de arrimarse.
Julián recuerda que siendo niño tenía sueños. Madrid se los comió. El frío amenaza con comérselo a él también. Un invierno pasado es un invierno ganado, pero no sabe si merece la pena seguir luchando. La mayoría de los días fríos, sus dedos necesitan cualquier cosa menos deslizarse por el mástil de su vieja guitarra.
Andrea sabe que ya es demasiado tarde, aunque sueña con que pase algo que le dé un giro completo a su vida. Maldice haber visto Pretty Woman cuando era cría, porque ahora siempre quiere pensar que hay esperanza hasta para ella. El frío de Madrid no ayuda a nada. “Un invierno más y se acabó”, se dice. Pero en el fondo sabe que no es más que otra mentira. Como todas las películas que vio e hicieron que deseara ser actriz desde pequeñita. El invierno de Madrid no es ninguna película y ahora ya lo sabe.

("El Beso" de Robert Doisneau)

Anexo irresponsablemente edulcorado:
Un guionista del mismo pueblo que Andrea y Julián (Que sí había cumplido sus sueños al irse a Madrid) fantasea irresponsablemente con un encuentro fortuito entre ambos:

-    Perdona, pero me gusta mucho esa canción… ¿Qué es?
-    “De vez en cuando la vida”, de Serrat
-    Es preciosa, te la escucho cantar muchos días, desde allí…
-    Yo también te veo muchas veces
-    Me alegro. Si me ves es porque hago bien mi trabajo-dijo ella entre risas
Ahí es donde él se dio cuenta de todo. No lo podía creer, pero esa risa era inconfundible. Hay detalles que se graban a fuego en la memoria de uno, que ya puede pasar toda la vida que no desaparecen nunca.
-    Yo te conozco –dijo quitándose el gorro de lana y echándose el pelo para atrás.
Ahí es donde ella se dio cuenta de todo.
-    Y… Yo…
-    ¿Andrea?
-    ¿Julián?
-    ¿Cuánto ha pasado? ¿20 años? ¿Más?
-    Algo así ¿Qué haces por aquí? ¿Cómo te va todo?...
Se sintió avergonzada de la pregunta justo en el momento de terminar de hacerla. Se puso colorada y él lo notó.
-    Ya ves. Creo que a ninguno nos va demasiado bien, ¿No? Con lo felices que éramos cuando paseábamos de la mano escondiéndonos de todos entre los girasoles.
-    Nos creíamos novios, aunque no sabíamos ni lo que era eso… Y ahora, ya ves, no paro de tener novios… Uno a cada rato, por la cuenta que me trae.
-    ¿Quién nos lo iba a decir? Me acuerdo mucho de aquellos años… Ya no queda nada de aquel Julián, aunque me gustaría engañarte y decir que sigue dentro de mí… Ni siquiera te he reconocido hasta que te has reído. Sólo me fijaba en tu escote.
-    Por aquel tiempo no tenía escote, es normal que ahora te sorprenda… Tus ojos siguen siendo iguales, aunque hasta hace un rato ni me había fijado… ¿Te puedo dar un abrazo o te quitaría fans?
-    El problema es que si te doy un abrazo, igual soy yo el que te quita clientela… Y no tengo suficiente dinero para ser tu cliente ahora mismo.
-    Abrázame. Yo nunca te haría pagar por algo así.
-    Yo tampoco lo haría, creo…
-    ¿Me cantas la canción? ¿Sólo a mí? Prometo dejarte una buena propina.
-    Te la canto si me prometes no darme propina…
-    No tengo otra cosa que darte.
-    No necesito nada, aunque no tengo nada más que ofrecerte que esto:
Se separó del fuerte abrazo que se estaban dando, cogió la guitarra y empezó a cantar “De vez en cuando la vida, nos besa en la boca”…
Al terminar la canción, ella se acercó y le besó en la boca.
-    Esto no lo vendo nunca. Nunca beso a nadie en la boca. ¿Te parece una buena propina?
Él contestó con otro beso en la boca. La besó como si le fuera la vida en ello. Los dos sintieron en ese instante que de vez en cuando la vida nos besa en la boca…

Comienza a nevar en Madrid y se aleja la cámara. 
En medio de la calle se distingue a dos personas abrazadas besándose a las que se les va viendo cada vez más lejos hasta no diferenciarlas entre la multitud.
Fundido a negro y títulos de crédito.




martes, 11 de septiembre de 2012

Otra Noche Sin Dormir (Volumen 14): Sueños, cartas y Juliannes Moore desnudas




“He intentado olvidar, pero la memoria, la muy traidora, aprovecha cuando duermo, cuando estoy indefensa”

Amor, curiosidad, prozac y dudas
 (Lucía Etxebarría, 1997)




Y entonces desperté y me di cuenta que te había vuelto a traicionar en sueños.

Sin saberlo, había soñado con otra. Yo, tan casta y pura, de moral intachable y de conducta inmaculada, había soñado con otra.

Otra vez.

Y me sentí mal. Pero no te lo dije. Decírtelo sería como hacer más sucio el sueño de lo que ya era. Dar importancia y dolor a dos personas, cuando sin decirlo sólo penaría una. Aunque fuera yo.

Otra vez.

Y regresé a leer la última carta que me mandaste, la última vez que te dije que había soñado con otra.

Y volví a llorar en el mismo párrafo:


“Cuando sueñas con otra, dejas de soñar conmigo, aunque sea por una cuestión de espacio. Y yo, tengo un espacio en mi corazón que es tuyo, pero que se está llenando y haciéndose cada vez más pequeño porque te empeñas en incluir en él al resto de personas con las que sueñas. 
Sé que nunca has controlado tus sueños –si lo hicieras no te querría como te quiero porque no sabrías lo que son los sueños- pero me duele y me pinza el corazón cada vez que sueñas con otra. 
Aunque lo hagas sin querer.

Y lo peor de todo, es que no consigo soñar contigo cosas bonitas por culpa de las otras que aparecen en tus sueños”


Otra vez.

Arrugué la carta y la tiré a la papelera.

Otra vez.

Desesperada, aún somnolienta, la recogí con angustia porque tuve un pálpito extraño: Miré el remite.

No eras tú la remitente.

Ni yo tampoco la destinataria.

Hasta ese sueño no me había dado cuenta.

Y volví a la cama a soñar con otra. A ver si tenía suerte. 

Con Julianne Moore desnuda, por ejemplo…




Y no volví a saber de ti ni de tus sueños. Porque decidiste no volver a aparecer, aunque la carta no fuera para mí y tú no fueras tú…



jueves, 26 de julio de 2012

26 de Julio: Santa Ana


Hoy es Santa Ana.

Hoy es un buen día.

Quizás para muchos es un día más. 

Seguramente para ti no lo sea, o eso quiero pensar...


El otro día soñé que existía algún tipo de relación entre los bigotes de las gambas y los colores de la camiseta del Boca Juniors. Evidentemente, como suele ser costumbre, pasé varias horas y varios días obsesionada con el tema hasta que, llegado cierto momento indeterminado, lo olvidé para pasar a pensamientos más prosaicos.

Y cuando me pongo prosaico pienso en ti. Aunque quiera pensar en otras cosas menos prosaicas. Pensar en ti es la respuesta que plantea preguntas a casi todo lo que no (o sí) me perturba los pensamientos. Pensar en ti resulta lo más prosaico de todo mi arsenal de actividades con las que ocupar una vida que he ido acumulando con el pasar de las horas, los días, los meses, los años… Pensar en ti es tan complejo como la relación entre los bigotes de una gamba y los colores de la camiseta de Boca Juniors. Es prosaico aunque no sepa qué demonios significa la palabra prosaico.

Quizás prosaico signifique algo así como alimentos en lata compuestos principalmente de bigotes de gambas relacionados con los colores de la camiseta del Boca Juniors.




Algún día, aunque sea en sueños, abriré esa lata de conservas. Rebuscaré en ella y seguramente encontraré un Chupa Chups de naranja. Apartaré todas las impurezas, colorantes y conservantes del contenido de la lata que pudieran haberlo contaminado y me lo comeré con fruición mientras regreso a casa tras haber pasado el rato que me hayas querido conceder junto a ti, esbozando la mejor de mis sonrisas.

Ese día, feliz comiéndome mi Chupa Chups de naranja encontrado en una lata de conserva de bigotes de gambas relacionados con el color de la camiseta del Boca Juniors, entenderé todo lo que mis sueños me quieren decir y lo que significan las palabras prosaico y fruición.

Y sonreiré mientras, prosaicamente piense en ti, devorando con fruición mi Chupa Chups de naranja encontrado en una lata de conservas de bigotes de gambas relacionados con el color de la camiseta del Boca Juniors, y descubra que no lo entenderé.

Nunca, afortunadamente, te entenderé.

Y lo que es peor (mejor): Nunca me entenderé, gracias a ti. 


Hoy es Santa Ana y tú eres más feliz que hace unos días.

Y sólo Dios (y quizás, Santa Ana) sabe lo que vale eso para mí…

¡¡Besos, Santa Ana!!


martes, 17 de enero de 2012

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 21): Acostarse tarde




Últimamente me acuesto muy tarde. 
Espero que el cansancio me pueda y no aguantar más para irme a dormir. 
Es la única manera que conozco para encontrarte en mis sueños...


Antes me acostaba temprano y no soñaba. Recuerdo que no era feliz. 





Ahora te busco y te encuentro siempre que me acuesto tarde. 
Me estoy volviendo un crápula, estoy cansado casi todo el día, pero la claridad del día ha dejado de tener importancia desde que vi tu luz en mis sueños.

Todas las noches hago lo mismo. 

Todas las noches te espero.

¿Vienes?



"Y antes de dormir
Voy a repetir:



miércoles, 6 de julio de 2011

Otra noche sin dormir (Volumen 11): Sueños copiados

Y cinco minutos después, desperté sobresaltada. Como siempre, no pude volver a conciliar el sueño. Me recosté en el sofá y me dediqué a contemplar el amanecer, como tantas otras veces.

Y con los primeros rayos de luz que entraban por la ventana, recordé que había vuelto a pasar otra noche sin dormir, y que despertarse sobresaltada no quiere decir que se haya dormido mucho. Ni mucho, ni casi nada.

Y con el primer calor de esa mañana de Julio, recordé que había vuelto a pasar otra noche sin soñar dormida, y que debía hacerlo despierta, como tantas otras veces.

Y recordé que alguien me contó una vez que Lawrence de Arabia decía que en el mundo había dos tipos de personas: Los que sueñan dormidas y de noche, y las que lo hacen despiertas y de día, y que estas últimas eran las peligrosas porque no cejarían hasta ver sus sueños convertidos en realidad.

Y recordé que nunca había luchado por nada, porque mis sueños no eran dignos de ser perseguidos.

Y con los primeros rayos de luz que entraban por la ventana, soñé que volvía a pintar y que me salía un cuadro de Bacon.
"Estudio para el Papa Inocencio X" (Francis Bacon)

Y recordé que mi sueño se parecía mucho, salvando las distancias, a la escena de Amanece que no es poco, en la Bruno, exiliado americano, plagia "Luz de Agosto" de William Faulkner, y tiempo después vuelve a escribir y dice que le está saliendo “Ada o el ardor” de Nabokov.

Y con el primer calor de esa mañana de Julio, decidí tirar lo pintado por la ventana, aunque me estuviera saliendo un estupendo Estudio para el Papa Inocencio X.

Y recordé que soñé que te tenía otra vez entre mis brazos. Pero supe que era sólo un sueño, porque en cuanto abriera los brazos saldrías corriendo a los de otra y no podría hacer nada por evitarlo

Y con los primeros rayos de luz que entraban por la ventana, recordé que había vuelto a pasar otra noche sin dormir, y que decidiste tirar lo amado por la ventana, aunque yo creyera que nos estuviera saliendo un estupendo estudio de nosotras dos.

Y cinco minutos después, desperté sobresaltada. Como siempre, no pude volver a conciliar el sueño. Me recosté en el sofá y me dediqué a contemplar el amanecer, como tantas otras veces.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Otra noche sin dormir (Volumen 10): Sangre.


Cada vez son más las noches que paso en vela. Llevaba un tiempo de tranquilidad, de sueño más o menos estable, pero se acabó. Hoy me he vuelto a despertar nerviosa en mitad de la noche. Me he vuelto a despertar nerviosa, alterada y no he vuelto a poder conciliar el sueño de nuevo.

Sin ninguna razón. 
Sin ningún motivo. 
 
El calor, tu ausencia, mi inestabilidad emocional, los problemas de salud de mis seres queridos, el ruido de los vecinos follando como perros en celo… Muchas pueden ser las causas, pero ninguna me convence del todo. 
 
Como siempre.
 
Traté de incorporarme y afrontar valientemente otra noche en vela. Hace mucho que me acostumbré a usar el insomnio para algo útil, aunque nunca sepa muy bien para qué. Apoyé la mano en la cama para incorporarme y cuando la levanté vi cinco putos puntos rojos sobre las sábanas blancas.
 
Hay quien dice que el blanco no es el mejor color para dormir. También hay quien dice que debo fumar menos si quiero dormir mejor. No puedo hacer caso de todo lo que me dicen. Los cinco putos puntos rojos me dicen algo, pero no sé qué es.
 
Cinco putos puntos rojos en las sábanas blancas.
 
Cojo la sábana para mirarlos más de cerca, y aparecen más putos puntos rojos: Mis dedos.
 
 

 
 
Tengo las yemas de los dedos llenas de sangre. Tengo las yemas de los dedos de las dos manos con heridas sangrantes. Seguramente esté dormida y todo esto no sea más que otra de mis pesadillas simbólicas. No tengo ni idea qué querrá decir esta pesadilla, pero me da mucho miedo porque estoy despierta, veo putos puntos rojos en las sábanas y tengo heridas en las yemas de los dedos.
 
¿Qué coño es esto?
 
Pensé en llamar a urgencias, pero teniendo los dedos como los tenía, hubiera dejado el teléfono hecho una mierda. Además, me di cuenta de que me empezaban a doler un poco. Y el miedo hizo que me olvidara de la estética del teléfono –cuando una está asustada, lo último en lo que piensa es en la estética, a no ser que seas una princesita presumida y no es el caso- y como tantas otras noches de ausencia de sueño la llamé. A mi confidente, a mi ángel, a la única que vigilaba mis sueños y podría comprenderme y ayudarme.
 
-Necesito verte…
-¿Qué pasa?
-¿Por qué tiene que pasar algo?

Un silencio que se me hizo eterno precedió a sus siguientes palabras.
 
-Porque sólo me llamas cuando necesitas algo
-Eso no es verdad
-Bueno, no es verdad… Sólo me llamas cuando te pasa algo y sólo yo te puedo ayudar.
-Necesito verte…
-¿Qué te pasa? ¿Me lo vas a decir de una puta vez? –Los tacos en su boca resonaban más fuerte que en cualquier otra boca. Cuando ella decía “puta” parecía que las trompetas del apocalipsis abrieran el cielo… Y eso, me ponía muchísimo- No tengo toda la noche. ¿Sabes qué hora es?
-No tengo ni idea, pero necesito verte…

Estuvimos así más de veinte minutos. O dos horas y media, realmente no lo sé. Ella tenía la capacidad de hacer que el concepto “tiempo” perdiera cualquier sentido y rigor para mí. Sólo sé que dijo, enojada, más de tres o cuatro veces “puta” a lo largo de la conversación. Y eso me pone mucho. Y cuando me pongo, el tiempo pierde aún más importancia de la que ya no tiene cuando hablo con ella.

Le conté el incidente. Le conté lo de los cinco putos puntos rojos en las sábanas blancas. Nunca he sabido si la palabra “putos” en mi boca a ella le pone. Le conté lo de las heridas en las yemas de mis dedos. Le conté que de nuevo estaba pasando otra noche sin dormir. Le conté tantas cosas que casi me olvidé de lo esencial, aunque hasta ese momento no hubiera sabido qué era: “Necesito verte”.
 
-Tú lo que necesitas es dejar de tocar el piano en sueños
-Yo no toco el piano en sueños… Es más, sabes que ni siquiera sueño… Sólo cuando tú apareces.
-Todo el mundo sueña, lo que pasa es que tú no recuerdas los sueños. Sólo te acuerdas de mí.
-Y tú, ¿No eres un sueño?
-Soy real, imbécil. Pero sólo te acuerdas de mí cuando te pasa algo.
-Necesito verte…
 
Llevaba un tiempo soñando con su espalda, pero no quería confesarlo. Mis dedos recorrían su espalda en sueños de lunar en lunar, de peca en peca, como una experta exploradora. No recuerdo perseguir las teclas de ningún piano, por más que ella se empeñe. No recuerdo creerme Franz Liszt, Jerry Lee Lewis ni siquiera Pablo Sebastián, pero conozco su espalda como siempre hubiera vivido en ella. Aún con la luz apagada, aún en sueños.
 
-Deja de tocar el piano. Te estás haciendo polvo los dedos.
-Necesito verte
-Deja de llamarme cada vez que no puedas dormir. Pero, sobre todo, deja el piano. Te estás haciendo mucho daño. Y vas a dejar todo perdido con las putas heridas que te haces en las yemas de los dedos cuando te pasas toda la noche tocando…
-Sangre o no, necesito verte.
 
Colgó el teléfono. Seguía sin poder dormir. Cogí el mando de la tele y pulsé un botón al azar, como tantas otras veces. Una señorita con los pechos muy grandes trataba de venderme una trituradora de verduras. Yo sólo quiero volver a dormir y necesito verla.
 
En medio del mando ha salido un puto punto rojo. No me pone la palabra “puto” cuando la digo yo.

No sé tocar el piano. Nunca lo he intentado. Ni siquiera tengo piano en casa: No cabe… ¡Puta escasez de espacio!



viernes, 22 de abril de 2011

Tirando de archivo: Besos Furtivos





La siguiente entrada fue publicada en cabezadeavestruz el 9 de Abril de 2010. Por la proximidad del Sábado de Gloria, lo oportuno de las fechas y alguna sugerencia recibida al respecto, nos congratulamos con la idea de volver a publicarlo y que alguien lo descubra por primera vez.Y por supuesto, lo hacemos...
Gracias por la atención y enhorabuena a los premiados



Siempre había tenido muchas ideas en la cabeza. A veces le dolía por no poder soportar tantas y tantas locuras (las llamarían algunos), ensoñaciones (dirían otros), divagaciones (pensaría ella) o estupideces (asegurarían sus mayores). Le dolía no poder dar rienda suelta a todo lo que su cerebro llega a tener en su interior. Le aterra pensar que habrá muchas más cosas dentro de su cabeza el día que se muera, que las que podrían salir de ella aunque viva catorce millones de vidas más sin actividad cerebral, dedicada exclusivamente a dar rienda suelta a sus ideas
Algunas son recurrentes: Son las mil veces repetidas. Son las que producen obsesión. Son las que cíclicamente se repiten una y otra vez y que nunca son satisfechas por más que las deje vía libre. Sueños, obsesiones, instintos…

Toda ella es especial. Le gusta la idea de besar a desconocidos sin que tengan tiempo de reacción e huir. Es una actividad excitante, furtiva, aunque también peligrosa. Las mejores ocasiones siempre aparecen a la salida o entrada de los bares atestados de gente. Una mirada esquiva aunque penetrante en la distancia. Un acercamiento que finge ser casual cuando las trayectorias de las personas se cruzan en sus respectivos intentos de salir y de entrar en el garito. Un acercamiento intencionado y un beso apasionado, para instantes después, desaparecer entre las masas. Las reacciones y consecuencias de la acción son muchas y las que la conocemos podríamos contar miles de anécdotas –algunas terribles, otras excitantes y maravillosas- surgidas de esa extraña costumbre. Su actual pareja es fruto de un beso a persona desconocida. Su anterior pareja dejó de serlo porque se enteró de que había practicado a menudo el beso a desconocidos. Su vida amorosa, puede decirse que gira en torno a su extraña tendencia de besar a personas desconocidas. Algunos le llaman sexo, ella y yo lo llamamos amor. Una de las formas de amor más puras y dignas que puede haber. Sin ambages ni condicionantes. Partiendo de la fascinación por alguien. Alguien no conocido, alguien al que acaba de ver en la lejanía y con el que quiere hacerse uno, aunque sólo sea el instante eterno de un beso apasionado.
Hay quien ve esto como una soberana gilipollez. Otras lo vemos como una bella manera de caminar por la vida. En esta sociedad se da demasiada importancia, pero para mal, a los besos. Se protegen y se hacen exclusivos. Se monopolizan. Se convierten en valla de propiedad. Se les cortan las alas. Ella simplemente es una liberadora de cariños y fascinaciones. Adora besar a desconocidos. Fugazmente. Apasionadamente. Con los cinco sentidos. Y esto es más de lo que se puede decir del noventa por ciento de los besos que se dan cada día en el mundo. Un beso suyo a una persona desconocida tiene más de verdad que la mayoría de los besos que los demás, timoratos cobardes, daremos durante toda la vida, por muy enamorados o apasionados que estemos en el momento de hacerlo. Un sorpresivo beso suyo conlleva más pasión y verdad que ninguno de los que yo llegaré a dar en mi vida. Sólo uno de sus besos a cualquiera transmite más amor que el que la mayoría de nosotras vayamos a compartir en nuestras insípidas y correctas vidas de besos medidos, calculados y casi programados.

Para ella son cinco segundos. Su beso hace que la vida sea eterna en cinco segundos. Y no necesita los cinco minutos que cantaba Víctor Jara, le basta con cinco segundos. Cinco segundos de ternura, de amor sincero, de pasión, de plenitud…
Adoraba las multitudes: En ellas se hacía más fácil encontrar personas a quienes besar. Aunque no las buscaba conscientemente. Los conciertos, las manifestaciones, los bares de moda… Todos esos sitios dónde se congrega mucha gente. Allí se movía como pez en el agua, eran sus “San Valentines” particulares.

A pesar de ser una chica terriblemente desordenada y disoluta, le llamaban poderosamente la atención, le encantaban, casi todas las manifestaciones y formas sagradas. ¿Qué hay más sagrado que el amor? Lo místico, lo sacro, lo ritual. Esperaba ansiosamente la llegada de la Semana Santa a su ciudad para extasiarse de manera disimuladamente profana con el deambular de los pasos por su ciudad, los olores a incienso, a claveles y a cera, los resplandores en las penumbras, los silencios, las solemnidades…
Sus amigas nunca entendieron dónde venía ese interés por tan arcaica tradición. No comprendían cómo a una chica como ella, con tantas diatribas mentales profundamente alejadas de lo ritual, de lo religioso, podía tener el más mínimo interés en una celebración tan rancia y arcaica como son los días en los que se conmemora, folklórica e hipócritamente, la pasión de Cristo.
La Semana Santa está masificada. Las procesiones son un hervidero de gente que ve pasear a dos filas de nazarenos que preceden a un paso que engrandece una figura religiosa. La oscuridad, lo solemne… Los olores, las músicas, los silencios… En esas celebraciones todo es más difícil: La gente observa, las masas juzgan, las personas miran con desdén a todo el que se salga del ritual. Por el centro de la celebración llevan túnicas y capirotes y nunca estás seguro de que cuando levantes la tela que le cubre la cara vayas a encontrarte la belleza que requiere un beso, por muy furtivo que sea.

Pero ella era diferente. Ella tenía mucho amor que dar ¿No es eso lo que predicaba Cristo? Ella quiso besar a quien merecía ser besado, como tantas otras veces. Pero esta Semana Santa no se jugaba una discusión con una pareja celosa, un bofetón a destiempo, o un enamoramiento indebido… Esta Semana Santa, en esa procesión no parecía una buena idea, pero como siempre dijo ella: ¿Quién marca qué está bien y qué no está bien?...

En los periódicos la trataron de loca, de provocadora, de obsesa, de desequilibrada… Tantos y tantos injustos adjetivos que a los que la conocemos nos parecieron excesivos cuanto menos, por no decir fuera de lugar e injustos. Más aún si analizamos la escasa descripción que se hacía en esa misma noticia de la cantidad de cofrades, de estandartes, de cirios, de cruces… Que golpearon su cuerpo sin piedad hasta que la policía la consiguió sacar de allí.

Paradójicamente recuerdo cómo ella decía que no había nada más peligroso que una persona “piadosa” y “beata” fuera de sí. Su educación en colegios del Opus le hacía hablar con cierto conocimiento de causa.


Hoy voy a verla al Hospital. Sigue sin tener buena pinta. Los médicos no dan mucha esperanza de recuperación. Seguramente no vuelva a andar en una buena temporada y va a tener que depender de alguien muchísimo tiempo para hacer las cosas más elementales. A pesar de todo, ella sigue sonriendo bajo los aparatos que le sujetan la mandíbula y las heridas que afean un poco (sólo un poco) su bello rostro. Ella sigue soñando. Ella sigue amando. Ella sigue viviendo:

- Tenemos que ir al cine en cuanto salga de aquí
- Lo que tú quieras. ¿Qué quieres ver?
- Alicia, la de Tim Burton
- Por supuesto, cuenta conmigo. Además, Johnnhy Depp en 3D debe estar…
- Lo que daría por poder besarlo… Si me lo cruzara un día de estos…
- ¿No puedes parar? ¿Cómo puedes estar pensando en eso ahora?
- No puedo. ¿Hay algo más importante con lo que soñar? ¿Hay algo más por lo que merezca la pena vivir?

No encuentro respuesta. Probablemente lleva razón.

Sólo hay algo que me gustaría que fuera diferente: Me gustaría ser Johnny Depp. Me gustaría ser desconocida para ella. ¡Cuántas veces he fantaseado con ser esa persona desconocida a la que miraba en el medio de una multitud y a la que acaba besando! ¡Cuántas veces he soñado con no conocerla para que ella me pudiera elegir a mí!

A veces me planteo que quizás debería darle un beso.
Pero no me atrevo.
Yo no soy como ella.
Yo soy normal.

Aunque no hay día que no me maldiga por serlo…



lunes, 14 de febrero de 2011

Otra noche sin dormir (Volumen 9): Hazme sentir bien

-Kim: Abrázame Edward
-Edward: No puedo...
(Eduardo Manostijeras)



Ayer soñé que te perdía. 
Ni siquiera te he tenido nunca, pero te perdía… 
Y eso que yo no sueño. 
Al menos, nunca me acuerdo.
Anoche fue especial: Soñé contigo. 
Estoy seguro. 
Eras tú. 
Eras tú por la mañana, 
tú por la noche, 
tú a mi lado, 
tú sobre mí, 
tú en mi entrepierna, 
tú en el cielo, 
tú en mis infiernos.

Soñé que volvía para encontrarte y que ya no estabas.
Soñé que me decías “hazme sentir bien” 
y te hacía sentir bien.
Soñé que soñaba.
Y me dio miedo, pero me gustó.
Y quise volver a soñarte, pero ya no estabas.




Siempre he querido buscarte en mis sueños.
La mayoría de mis días no sueño nada.
Las noches se hacen eternas y no tengo ayuda.

Las ninfas de mis sueños se han dado al caballo.

Ahora sé que no hay quien vigile mis sueños.
Sólo tú puedes llevarme a los infiernos.
Sólo tú puedes hacer que me corra en sueños.
Sólo tú puedes hacerme sentir bien.
Quiero volver a soñarte.



“Hazme sentir bien”
¿No ves que estoy gritando?

“Hazme sentir bien”
¿No ves que estoy despierto?

“Hazme sentir bien”
¿No ves que tengo sueño?


Recuerdo el sueño en que dejamos las dos velas en aquella habitación de hotel.
Yo quería dejarlas encendidas.
Se produjo un incendio.
Tú las habías apagado.
Gracias por no hacerme caso.
¿Quién inició el incendio?
Las ninfas de mis sueños se han dado al caballo.
Quizás sea por eso.
Ya no puedo fiarme de ellas.
Quiero soñarte otra vez.

"Hazme sentir bien"





Nota del Traductor: El video enlazado contiene escenas de alto contenido erótico. Si usted es menor de edad, impresionable, o está en su lugar de trabajo leyendo este blog… Gracias por estar ahí, pero no pinche en el último “Hazme sentir bien”. Si ya ha pinchado y se queda con ganas de más, se trata de una escena de “Monster Ball” y es, probablemente, uno de los momentos más tórridos del cine de los últimos tiempos. La película, escena aparte, también merece mucho la pena. El que avisa no es traidor (Aunque en este caso sí lo sea, y ahora no venga a cuento).


martes, 25 de enero de 2011

Otra noche sin dormir (Volumen 8): Dylanesca


Se despertó sobresaltado como tantas otras veces. Corrió a por la guitarra y su bloc de notas. Algo había aparecido en su cabeza y sabía que era bueno. Puede que fuera la canción que llevaba tanto tiempo esperando.
 
Tres acordes básicos para enlazar su casi adquirido estado de despierto con la recién abandonada somnolencia. Empezó a acoplar la letra a la música según le dictaba la cabeza. Y como tantas otras veces, desesperado, tiró el bloc al suelo y se volvió a la cama. 

Aquello no funcionaba. Ahora, encima, no podía volver a dormirse. Llevaba tres días despertándose sobresaltado, sudoroso, excitado por la emoción de sentir que tiene algo grande a punto de estallar en su cabeza. La canción estaba allí, esperando que le diera forma. Pero noche tras noche se despertaba y sólo conseguía escribir acompañando su Do - Fa – Sol - Do...
 
Nobody feels any pain
tonight as i stand here in the rain.
everybody knows that baby's got new clothes,
but lately i see her ribbons and her bows
have fallen from her curls.

She takes just like a woman.
she makes love just like a woman.
and then she aches just like a woman.
but she breaks just like a little girl.

Just Like a woman otra vez. Una y otra vez… Aquello estaba dejando de tener puta gracia, si es que la había tenido alguna vez… Just like a woman. 

Y volvía a la cama y ya no conseguía dormir. Y cuando lo hacía, era peor. El sueño se trasformaba en pesadilla y veía al Cabo Gutiérrez de "Amanece que no es poco", echándole una bronca por plagiar a Dylan…
 
Si ni siquiera le gustaba Dylan. No lo entendía, no lo seguía. Sí, era bueno, por supuesto. Sí, estaba en la historia de la música, pero no era ni de lejos, uno de sus trovadores de referencia.
 
Just like a woman. Una y otra vez.
 
 

 
Llegaron tiempos difíciles: "Aguantaba como una mujer, sufría como una mujer… Y lloraba como una niña". Y así, noche tras noche.
 
Y decidió abandonar sus sueños. 
Quizás fuera lo mejor, lo más sencillo.
 
Abandonar la intención de escribir esa canción que le perseguía podría ser la respuesta. Decidió entumecer su mente con canciones insustanciales, con el objetivo de que desapareciera de su interior el ansia por escribir LA CANCIÓN. La que estaba por llegar. La canción que llevaba dentro. La canción para la que estaba predestinado.
 
En un tiempo, no volvería a soñar con esos acordes. No volvería a escribir aquellos versos.
 
Y dejó sus noches somnolientas en brazos de otras cosas. Y se abandonó en brazos de otras mujeres.
Y dejó de soñar.
 
E hizo el amor como una mujer… Just like a woman…

Y una noche, sin esperarlo, se sintió preparado para despertarse bruscamente con los versos que debían componer aquella canción que estaba esperando. Y esa noche, se despertó sobresaltado, pero no como tantas otras veces. Corrió a por la guitarra y su bloc de notas, con más ansia de lo normal. Algo le había vuelto a aparecer en la cabeza y ahora sí que sabía que era bueno. Puede que, por fin, fuera la canción que llevaba tanto tiempo esperando. Do – Rem– Mim – Fa – Sol… 

Once upon a time you dressed so fine
You threw the bums a dime
in your prime, didn't you?
People'd call, say,
"Beware doll, you're bound to fall"
You thought they were all kiddin' you
 
Pensó que Dylan quizás tuviera razón.
Pensó que quizás, él estuviera equivocado.
Pensó en no dormir jamás.
Pensó en dejar de buscar la canción.
Pensó que ahora ya sabía algunas palabras pueden hacer daño.
 
Pensó en Dylan y pensó en él. Y dejó de pensar…

Ahora ya sabía por fin "Qué se siente, al estar consigo mismo, al estar sin un hogar, como un completo desconocido…"
 


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