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jueves, 16 de mayo de 2019

Orgasmos furtivos






Me he dado cuenta de que últimamente he usado la expresión “orgasmos furtivos” por encima de mis posibilidades. Creo que paso mucho tiempo escribiendo. Me doy cuenta. A la menor oportunidad me encuentro lo de “orgasmos furtivos” entre las palabras que escribo. Es curioso, pero cuanto más escribo, menos posibilidades tengo de encontrar “orgasmos furtivos”. Pero lo escribo una y otra vez. Si no escribiera me costaría muchísimo encontrar con quién tener orgasmos. Furtivos o no. Pero escribir tanto, y repetir lo de “orgasmos furtivos”, me está alejando de tenerlos. Tendría que vigilar más lo que escribo y los orgasmos que no busco por estar escribiendo. Tendría que preocuparme más de mis orgasmos (furtivos o no) y menos de lo que escribo. Porque llegará un momento que, de tanto escribir y no tener orgasmos furtivos, dejaré de poder tenerlos (furtivos o no). Me he dado cuenta de que últimamente he usado la expresión “orgasmos furtivos” por encima de mis posibilidades. Y tampoco escribo tanto como quisiera...




sábado, 30 de marzo de 2019

Esta noche pierdo la hora que gané cuando te vi aquella noche...




Esta noche pierdo la hora que gané cuando te vi aquella noche.

Cambian la hora. Cambiamos la hora. Dicen que nos quitan una. En las noticias avisan de que tenemos una hora menos para dormir. Mis amigos, en cambio, piensan que tenemos una hora menos para emborracharnos. Las redes sociales se inundan de gente que lamenta que esta noche van a perder una hora.

Yo no.

Creo que no voy a perder una hora porque no la he tenido nunca. Porque esa hora que desaparece, en realidad, no existe.

Yo no voy a perder una hora.

Sé que me gusta pensar que gané una hora en el cambio anterior. El bueno. El que la gente valora porque ganas una hora. Cuando dicen en los informativos que tenemos una hora más para dormir. En el que mis amigos dicen que nos vamos a emborrachar al nivel de una hora más. En octubre se inundaron las redes sociales de gente que celebraba que esa noche iban a ganar una hora.

Yo no gané nada.

Esta noche me gustaría recordar, si no quitaran la hora que desaparece, que aquella noche de octubre aprovechamos la hora que no existía para estar juntos sin que nadie se enterara.

Ni siquiera nosotras. Que no existimos ni nos conocemos.

Como esta noche.

Esta noche pierdo la hora que gané cuando te vi aquella noche...








miércoles, 21 de septiembre de 2016

Tres días (five years)




¿Aceptarías que te quisiera sólo tres días?
Es de lo único que dispongo.
¿Será suficiente para ti?
¿Estás preparada para asumir que te voy a querer simplemente tres días?
¿Podrías renunciar a que te quisiera tanto porque sólo van a ser tres días?

¿Serías capaz de cambiar el "tres" y los "días" por otro número y otra unidad de tiempo y estar conforme? ¿Podrías llegar a conformarte?

Tres días pueden ser una vida.
Five years puede ser poco.
Se me acaba el tiempo y no quiero dejar de querer por eso...






martes, 18 de agosto de 2015

El tiempo de las cer(T/V)ezas




Es muy corto el tiempo de las CEREZAS.
Casi más que el tiempo de las CERTEZAS.
Siempre envueltos en el tiempo de CERVEZAS.
Que suele durar una vida una vez que conseguimos superar su amargor.

Para comernos la cerveza de la vida amarga y mantenerla en la boca hasta que se acabe nuestro tiempo.

El de las CEREZAS.


El de las (no) CERTEZAS.

CENIZAS.


B.S.O.: "Días extraños" (Nacho Vegas y Enrique Bunbury)


martes, 16 de junio de 2015

La foto de las 1001 historias. Historia Nº 5: La televisión es nutritiva.





- ¿Hermana?

...Me estoy reconstruyendo con un buen telefilme...

- ¿Hermana?

...Dibujos animados, que aniquilan el cine...

- ¡HERMANA!
- Dígame, Hermana. Pero no me grite.
- Es que no me escuchaba.
- Perdona, tengo los cascos puestos.
- ¿Los cascos? Creía que ya había dicho usted que no los iba a volver a usar dentro del convento.
- Creía, Hermana, creía. Pero, ¿Qué quiere?
- ¿Quién es esa mujer que sube las escaleras?
- Pues no tengo idea, la verdad. Yo estaba a mis cosas.
- Hermana, usted no tiene remedio.
- Puedo volver a ponerme los cascos o tiene que decirme algo más.
- Nada, tranquila, ya preguntaré yo a la señora qué quiere.
- No. Déjala que hable ella. A fin de cuentas es la que está entrando en el convento y nosotras llevamos aquí toda la vida.
- ¡Hermana! Usted lo que quiere es ponerse los cascos, seguir con su música y olvidarse de todo.
- No. Pero no entiendo las prisas que le han entrado ahora.
- Es que está entrando una mujer en el convento.
- Déjela. Será el técnico de televisión.
- ¿Tenemos televisión en el convento?
- No lo sé.
- Me parece a mí que está usted un poco despistada con esto de la música y los cascos. ¿Qué escucha?
- No los conoce.
- Bueno, pero me lo podrá decir.

Y es lo que siempre digo
Y es lo que siempre dicen
La televisión es nutritiva.


- ¿Es Aviador DRO?
- ¡Sí! ¿Cómo lo sabe? ¿No dice que usted nunca escucha música?
- Bueno. Usted no sabe todo de mí.
- Ya, Hermana, pero eso de la música...
- Le estaba preguntando por la mujer que está subiendo, no me cambie de tema.
- ¡Bah! Será el técnico de televisión.
- Será.
- ¿Cómo es que conoce a Aviador DRO?
- Es una larga historia.
- Tenemos tiempo. Y lo sabe.
- No tanto. Mire: El técnico de televisión está entrando en el convento.

Y es lo que siempre digo
Y es lo que siempre dicen
La televisión es nutritiva





B.S.O,: "La televisión es nutritiva" (Aviador DRO)








martes, 24 de julio de 2012

24 de Julio: Santa Christina




Quizás para muchos es un día más. 

Seguramente para ti no lo sea, o eso quiero pensar.



Hoy tengo millones de motivos para ser un poco más feliz. El aura y la protección de Santa Christina (Sí, para mí todas las Cristinas, Cris o similares serán siempre y por siempre con “h”) han hecho del día, un buen día.

Todo ha sido redondo el día de Santa Christina. Y no me refiero al placer que pueda suponer despertarse casi a las diez, quedarse en la cama más de tres cuartos de hora, que haga una buena mañana, desayunar en el bar, leer en el Marca que se ha lesionado el niñato, acordarme de ti sin dejar que pasara ni un rato, tomar unas cañas, reírme con vosotros, leer tebeos de Mauro Entrialgo que casi ni recuerdo, ver en la tele un gol increíble de Mendieta, no saber conducir una moto, ir a los bares de casi siempre, que haga un poco de frío, tener un Erik con el que estar hasta las seis metiéndome cuatro millones de rayas…

Y no poder dormir, como siempre me pasa.

Hoy es Santa Christina y he tenido un día muy feliz. Por si fuera poco, tus días y tus sonrisas son cada vez más luminosos, lo que aumenta mi felicidad.

He recordado aquella Christina que nunca entristecía y he vuelto a sonreír:
("El Párpado del Puercoespín", pág. 55)



Hoy me han dado más tiempo para seguir pasando por aquí y para seguir siendo feliz, aunque haya sido gracias a picapleitos y demás.

Hace mucho tiempo escribí un libro al cual cada vez me da más vergüenza volver. Hoy Santa Christina me deja hacerlo y eso también me hace feliz.

Hoy es Santa Christina y tú eres más feliz que hace unos días. 

Y sólo Dios (y quizás, Santa Christina) sabe lo que vale eso para mí…


¡¡Besos, Chris!! 

jueves, 5 de noviembre de 2009

Enlace patrocinado de 30 minutos

Estoy habituado a no hacer demasiado caso de los mensajes publicitarios. Suelo cruzarme con cosas más importantes a las que dedicar mi atención. Pero soy débil. Muy débil. Cada vez más débil.

Generalmente, no nos damos cuenta que ha pasado tiempo en nuestra vida que ya no volverá. Hoy he tenido uno de esos momentos en los que soy consciente de más cosas de las que debería serlo para vivir tranquilo. He visto cómo ha pasado media hora de mi vida que no volveré a disfrutar. Seguramente no hubiera hecho nada importante en esa media hora, pero jode mucho darse cuenta que la has perdido.

En media hora se pueden hacer muchas cosas. Treinta minutos pueden ser claves para cambiar drásticamente una vida. Media hora puede ser suficiente para ver el mundo alrededor de manera que nunca podría imaginar. En treinta minutos se pueden hacer muchas cosas.

Las TATU cantan en su canción 30 minutes:

30 minutes, a blink of an eye
30 minutes, to alter our lifes
30 minutes, to make up my mind
30 minutes, to finally decide
30 minutes, to whisper your name
30 minutes, to shoulder the blame
30 minutes of bliss, 30 lies
30 minutes, to finally decide

En media hora se pueden hacer muchas cosas:

Sentarme en el baño y volver a leer el inicio de “Lolita” de Nabokov.

Mirar a alguien, enamorarme, tomar un café con ella, hablar de algo como si el mundo se fuera a acabar sin preocuparme de nada más que nosotros, desenamorarme y prometerme a mí misma que nunca más me volveré a enamorar.

Presentar una instancia no demasiado compleja en un organismo público, siempre y cuando haya preparado los papeles necesarios previamente.

Probar mi capacidad pulmonar intentando aguantar la respiración, probando mi resistencia tratando de superarme cada vez, evitando el desmayo.

Registrar un cajón de casa en el que no miras muy a menudo. Si vives acompañado será aún mejor si no es tuyo.

Tratar de darme de baja de mi compañía telefónica. Sea la que sea, probablemente no sea suficiente, pero estaré entrenado para cuando lo tenga que hacer de verdad y con prisas.

Quemar hormigas con una lupa. Será terrible para ellas y para mi espalda. Y no es posible hacerlo días nublados. Además, probablemente alguien me llame la atención por hacerlo y no tenga edad, pero a los 7 años no me parecía tan malo y gastaba más tiempo en ello.

Abrir el messenger, facebook, skype o cualquier cosa que me permita contactar con alguien y preguntarle qué tal le va, cuánto hace que no nos vemos, qué es de su vida… Cuando la conversación se ponga interesante ya habremos invertido los 30 minutos.

Ver “El Perro Andaluz” de Buñuel y reposar sus imágenes en el inconsciente tras los 17 minutos que dura.

Entrar en una peluquería, pedir turno para lavar y marcar, sentarse a leer el Hola o el Marca (sí, leerlos…) y aún me sobrará tiempo para despedirme cortésmente de las peluqueras mientras me excuso por no poder esperar más y pedir cita para otro día.

Apuntar a un inexistente hijo a una academia de idiomas, preocupándome por su programa educativo muy seriamente.

Escuchar “La Leyenda del Tiempo” de Camarón de la Isla, “El Manifiesto Desastre” de Nacho Vegas, “Highway 61 Revisited” de Dylan, “Cabrón” de La Cabra Mecánica, “Alta Suciedad” de Calamaro o “A Little More Blue” de María de Medeiros

Cocinar algo siguiendo las instrucciones del programa 22 minutos del Canal Cocina. Los 8 minutos restantes se me irán en algún detalle sin importancia porque a diferencia de Julius, yo necesito 30 para hacer lo que él en 22.

Grabar un bloque de anuncios (viéndolos) de cualquier cadena generalista en prime time y posteriormente verlos probando cuánto recuerdo de lo que he visto minutos antes. Si el bloque publicitario excede la duración de 15 minutos (caso bastante probable), parar la grabación en ese momento y realizar el ejercicio igualmente… Total, el final no importa…

En media hora hay muchas cosa que hacer…


Yo las he invertido en un viaje en autobús.

La fuerza de la campaña publicitaria ha hecho mella en mí.


Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!