Mostrando entradas con la etiqueta Samuel Beckett. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Samuel Beckett. Mostrar todas las entradas

miércoles, 20 de junio de 2012

Planté las semillas que me diste y han florecido alcachofas moradas no comestibles





“No inventamos nada, creemos inventar cuando en realidad nos limitamos a balbucear la lección, los restos de unos deberes escolares aprendidos y olvidados, la vida sin lágrimas, tal y como la lloramos.
 Y a la mierda.” 
(“Molloy”, Beckett)






...Y sin embargo, seguimos besándonos. 
Como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.
Las lágrimas se mezclaban con la saliva.
Nos dio igual por un rato. 
Más tarde nos resultó desagradable.


...Y empezamos a llorar más fuerte.
Y nuestras lágrimas se mezclaron entre ellas, como acostumbramos a mezclar nuestra saliva a nuestro antojo.








Pensamos que quizás deberíamos follar para mezclar más fluidos y que no fueran sólo las lágrimas o la saliva.


...Y follamos mientras llorábamos cada vez más. 
Y nuestro sabor se hizo cada vez más insoportable.
Y sin embargo, dejamos de besarnos. Como se paran las cosas que no tienen mucho sentido.


Pero tampoco tienen sentido las alcachofas moradas, ni que me regales semillas en lugar de un buen libro, una película o un disco.


Y todo se reduce a que estoy, exactamente, donde quiero estar...


Besos





B.S.O.: Strawerry fields forever (The Beatles)


martes, 14 de septiembre de 2010

Otra noche sin dormir (Volumen 4): "Cómeme el corazón..."


Otra noche sin dormir, y ya está empezando a preocuparme. Hay cosas que impiden que descanse como quisiera y perturban mi sueño. No estoy tranquilo. Tampoco lo contrario, que no sé qué es. Hay cosas que no me dejan, hay puertas abiertas.

Hoy casi concilio el sueño, pero un susurro me inquieta. Un susurro, probablemente imaginario, atormenta mis sueños.



"Cómeme el corazón..."

He vuelto a acordarme de ella. He vuelto a recordar cómo me sedujo. He vuelto a recordar cómo la perdí. He sido consciente de que Silke ha vuelto a desaparecer. Una vez más. Quizás definitivamente.

No le hice demasiado caso cuando estuvo cerca. No le di demasiada importancia cuando desapareció la primera vez. Y todo tiene un límite.
 

"Cómeme el corazón..."

Me dijo una vez y yo no la entendí.
Desapareció de mi lado.


"Cómeme el corazón..."

Me volvió a decir tiempo después y seguí sin entenderla.
Desapareció de mi lado.

Ahora vienen a mi memoria perturbada, los de siempre recordándome aquello de que sólo se valoran las cosas cuando se pierden.
 
No puedo dormir, la echo en falta. Sé que se ha ido muchas veces y otras tantas ha vuelto, pero esta vez es diferente. No se ha ido: hace tiempo que ya no está.
Me incorporo de la cama como tantas veces y paseo por la habitación intranquilo.

Desde mi cama me piden que vuelva. Debería estar acostumbrada a mi insomnio, no es nada novedoso. Para disimular me siento frente a ella con el primer libro que tengo a mano y hago como que leo. Tanto disimulo, que me leo de un tirón “Esperando a Godot” de Samuel Beckett. Disimular haciendo algo, a veces es más importante que hacerlo directamente.
 

Me intranquiliza su final. Si no lo había leído hasta ahora era por algo:

Vladimir: Alors, on y va?
Estragon: Allons-y.
Ils ne bougent pas.

Sigo disimulando cuando llegan las primeras luces del día. La llegada de la mañana es una bendición para un insomne. Es como el día de la victoria para un revolucionario: A partir de entonces ya no tiene excusa para luchar y, aunque cree haber vencido, sencillamente ha acabado todo. Victoria al fin, pero fin.

Me piden que vuelva a la cama:


-    ¿Cuándo te has hecho ese tatuaje?
-    ¿Qué tatuaje?
-    Las letras de tu espalda
-    ¿Qué pone?


No quería realmente que me lo dijera.

-    ¿Cómeme el corazón?...

Por supuesto.
Silke se ha ido. De nuevo. Para no volver.
 
No recuerdo haberme hecho el tatuaje, pero tampoco la recuerdo constantemente. Ese es mi problema. Esa es mi culpa.

"Cómeme el corazón..."


Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!