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lunes, 11 de julio de 2016

Fotos que me hubiera gustado hacer a mí (Volumen 16): ¿Qué cara tiene la felicidad?






La otra noche, después de terminar, me preguntaste si me había gustado. Te dije que sí, que si no veías mi cara de felicidad. Cambiaste la tuya y me dijiste que no, que últimamente sospechabas que no disfruto contigo, que ya no pones la misma cara de felicidad de las primeras veces. Te pregunté cuál era mi cara de felicidad y me respondiste que esa no, otra. Yo pensé que hacía tiempo que había dejado de ser feliz con ella y se lo quería transmitir con mi cara pero que en los únicos momentos que no podía controlarlo era en aquellos, precisamente aquellos. Justo después de correrme. El problema es que últimamente no me corro contigo. Y eso es un problema.
Mayor problema es hoy. Cuando soy consciente de que no me corro contigo porque ni siquiera nos acostamos. Ahora no sé ni qué cara tengo. Pero he tenido que escribir esto que nunca leerás porque necesitaba meter la foto del niño con cara de felicidad comiendo sandía.

Sí, todo son excusas. Hasta mis caras desde que dejé de correrme contigo...




miércoles, 12 de noviembre de 2014

Cara o cruz


Cogió la moneda sabiendo que todo se jugaría a cara o cruz. Le gustó el simbolismo y el momento de todo o nada, más que el de doble o mitad que, aunque lo parezca o lo sugieran, no es ni de lejos lo mismo. Cara o cruz. La moneda. Se acercó a la barra y se dispuso a dársela a aquella camarera que no sabía nada del tema. Para aquella camarera el conflicto de cara o cruz de una moneda no tiene el menor interés porque ella cobra en billetes. En billetes de dinero negro, pero billetes a fin de cuentas. Y su único cara o cruz es saber si todos los billetes que le corresponden cada noche van a llegar en su número correcto o mayor (solía cobrar más cuando la noche iba bien, el jefe estaba contento y ella iba deliciosamente vestida para el regocijo de la clientela) o la farlopa de la que todos están manchados iba a hacer que llegara a casa con menos de lo previsto. Y su cara bonita se convertiría en cruz al mirarse en el espejo al día siguiente con la mitad izquierda del cerebro gritando y recordando que meterse tanto se cobraba sus facturas con pagarés a pocas horas vista.



La moneda, la barra, la camarera que esperaba el pago. El cara o cruz en la mano. ¿Y si el destino de la humanidad o del mundo tal y como lo conocemos estuviera en aquella moneda y en el azar de la cara o la cruz? Su mundo seguro. Tal y como él lo conocía. Estaba todo pendiente de aquella moneda y de aquel cara o cruz.
Ni la camarera, ni nadie de aquel local sabían lo importante de aquella moneda y de aquel cara o cruz. Porque a ellos, seguro que no les afectaba. Pero el mundo estaba a punto de cambiar...


B.S.O.: "A cara o cruz" (Radio Futura)





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