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jueves, 26 de marzo de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 5): El poeta que no llevo dentro y Carmina Ordóñez (La Divina)



Esto que te cuento sucedió en un tiempo, tan lejano, que casi no me acuerdo.



Había escrito un poema sobre la adicción a las drogas y caída a los infiernos, televisada hasta su muerte, de Carmina Ordóñez. Aquel poema había gustado mucho y hasta fue seleccionado como uno de los finalistas del concurso de un pueblo, de cuyo nombre no puedo (o quiero) acordarme, donde valoraron mi "desgarradora visión de la luz que se apaga en la naturaleza del sur de España”



Eso hizo volver a plantearme, aquella vez con tremenda razón, que o bien no sabía ni iba a saber escribir poesía nunca, o bien que estaba como un puñetero cencerro y todavía el mundo ni siquiera se había dado cuenta. Con el paso del tiempo, ya consciente de que la primera posibilidad la había ido constatado tras años de intentos y de fracasos, aposté a que la segunda opción empezaba a ir brotando al mundo, altanera y resentida, por haber estado más o menos oculta tanto tiempo. 



Entonces me acordé de que tú querías que te escribiera un poema. Y que me creías capaz de hacerlo. Pero, como sigue pasando el tiempo, y cada vez me lo dices menos, me estoy empezando a olvidar. Así es que no sé si puedo decirte que seremos felices, si comeremos perdices, de postre bizcocho y a mí me van a dar con un tomate pocho.





lunes, 21 de marzo de 2016

En el Día Internacional de la Poesía: El día que no fue día de nada

Hay días para todo. O para casi todo. Cansa, sí. Estamos de acuerdo. Te levantas tranquilamente, pensando que este sería un día más y ¡Pam! De repente los informativos, los periódicos, las redes sociales (dejémoslo sólo en lo tercero, es cierto) te plantan en la cara un Día Internacional, Mundial, de alguna cosa. Todos los días es un día de algo. De algo que ni sabías. Claro que recuerdas el cumpleaños de tu madre, el aniversario de tu relación, el día que volviste a vivir, en el que ganaste aquello que luego no ha servido más que para contarlo y recordarlo, el que te echó de casa para quedarse con otro...
Hay días para casi todo. Impuestos por Naciones Unidas la mayoría de ellos. Esa organización que se preocupa tanto de recordar cosas con los días, pero no de que las personas puedan vivirlos sin más, aunque sea poco pedir. Baste recordar que hay un Día Mundial del Refugiado pero que ahora mismo Europa está expulsando a todas y todos los que han salido huyendo de la guerra en Oriente Medio y les está negando asilo en sus podridas tierras. El año que viene podríamos celebrar el Día Internacional de la Muerte de Europa. Ahí queda la idea.

Pues como tantos otros días, la Unesco decidió en 1999 que hoy, 21 de marzo, sería el Día Internacional de la Poesía.

Malos tiempos para la lírica, pensó uno.
Qué nos queda si no es la poesía en estos tiempos, contestó otro.

Yo no sé escribir poesía, dije yo. Y además, lo he dicho muchas veces, sin ningún tipo de vergüenza.




Pero modestamente, si sé de otras cosas. Sé desperdiciar espacio cerebral guardando datos que no tienen valor ni importancia la mayor parte del tiempo, pero que, si aparecen en el momento adecuado, quedan bastante bien. Hoy, Día Internacional de la Poesía, debería ser el Día Universal de Volar. Porque para eso debe servir la poesía. Pero vivimos en un mundo en el que todo nos dice que no debe ser así.

En 1998, la compañía aérea Iberia, una de las más importantes del mundo en aquel entonces, una empresa que se dedicaba a hacer volar a la gente, decidió que la poesía no tenía cabida en el interior de sus aviones. No, a no ser que se la trajera cada una y cada uno de casa. No tuvo a bien permitir que se produjera el maravilloso gesto de que ya que volabas con ellos físicamente, pudieras hacerlo también espiritualmente con un libro de poesía que ellos mismos te dieran.

Iberia desestimó en 1998 (un año antes de que la Unesco declarara el 21 de marzo Día Internacional de la Poesía) que la Editorial Mondadori regalara a sus pasajeras y pasajeros, libros de su nueva colección de poesía de bolsillo. Al parecer, estimaron que la poesía durante el vuelo podía considerarse “una lectura demasiado arriesgada y fuerte”.

Yo estoy en la línea de Iberia. Una de las razones que aduzco siempre para justificar mi incapacidad de escribir poesía es que es demasiado arriesgado y fuerte para mí. Pero, a diferencia de Iberia, no dejo de volar, no tengo overbookings, ni retrasos cuando se trata de despegar mis pies del suelo y de dejarme llevar por unos versos que me acaricien el alma y me hagan olvidar en qué día vivo.

Aunque viva en el Día Internacional de la Poesía.



Hoy es 21 de marzo: ¡Felices versos y felices vuelos!








B.S.O.:
Come fly with me (Frank Sinatra)

Pincha en el ENLACE al artículo de J. Alfonso Portus de la Llana, Inconvenientes de la poesía (El País, 25 de febrero de 1998), que contó el tema de Iberia, Mondadori y la poesía en su momento.



martes, 15 de abril de 2014

Terminará el domingo...


- Terminará el domingo y yo seguiré esperando la canción que me habías prometido.

- No sé hacer canciones.

- No hace falta saber. Ponle música a lo que ven tus ojos.




Hice el movimiento de taparme los ojos con las manos y sonreí. Cuando volví a la normalidad y recuperé la visión, ella ya no estaba allí. Me asusté. Me asusté como hacía mucho tiempo que no me asustaba. Me asusté y me sentí estúpida por estar siempre jodiendo las cosas con mis bromas. Y estuve asustada hasta que sentí sus labios en mi espalda.


- ¿Por qué no me quieres más?

- Te quiero más de lo que podemos soportar las dos.

- Yo puedo soportar todo. Hasta el peso de tus tetas.

- Yo no puedo soportar que bromees con mis tetas cuando estás echándome en cara que va a terminar el domingo y sigues esperando la canción que dices que te había prometido.

- Me lo habías prometido.

- Me confundes con otra.

- Nunca.


Lloré de impotencia porque sabía que me estaba mintiendo. Lloré esperando que terminara el domingo y que se olvidara de todo aquello. Lloré porque no creo en las canciones. Lloré porque no creo en la poesía. Lloré porque tengo motivos de sobra para haber perdido la fe.


- No creo en la poesía ni en las canciones.

- ¿Por qué? Eso es muy duro. Tú no eres así.

- Tú no sabes como soy.

- Te quiero y eso implica saber cómo eres.

- Te gustan mis tetas y eso implica creer que me quieres y que sabes cómo soy.

- Eres una cínica.

- Tengo mis motivos.

- Dime alguno.

- Podría enumerártelos pero llegaríamos al domingo que viene.

- Dime dos o tres.


Recordé cómo un día le pregunté a mi librero por qué todas las hojas de los libros que vendía estaban arrugadas y amarillentas y me confesó que sólo compra y vende libros que hacen llorar y que dejan poso de lágrimas y tristeza en sus páginas. Lloré y recordé que no quise hacerle ver que regentaba una librería erótica porque seguramente él ya lo sabía.


- Rimbaud acabó vendiendo armas en África hastiado de escribir.

- Vale, dime otra.

- Sidnead O´Connor acabó poniendo anuncios para follar con hombres peludos.

- ¿Quién es Sidnead O´Connor?

- Un buen día, Mark David Chapman compró un ejemplar de “El Guardián Entre el Centeno”, escribió en él "Esta es mi declaración" y firmó como "Holden Caulfield", mató de cuatro tiros a John Lennon, y se quedó leyéndolo hasta que le detuvo la policía.

- Me gustó mucho ese libro.

- Es un libro para adolescentes.

- ¿Alguna vez piensas en mí de verdad?

- Constantemente, y eso me impide hacer más cosas, como aprender a tocar la guitarra para hacerte una canción.

- ¿Alguna vez piensas?

- Terminará el domingo y yo seguiré masturbándome envuelta en sudores y calurosas preguntas.

- Terminará el domingo...


(Just Reading by Lust for Leica)



Recordé a mi librero. Lo recordé y supe que lo último que los dos querríamos ser en este mundo era gente de ciencias. Gente que supiera explicar por qué huele tan bien una librería vieja. Por qué tienen un olor tan embriagador los libros antiguos. Nos gustaría seguir siendo de esa clase de personas que lo primero que hace al agarrar un libro es olerlo, sin saber muy bien a qué se debe ese aroma tan maravilloso que percibimos en ese momento. Siempre, sin pensarlo demasiado, deducimos que el olor de los libros se da por sus componentes, entre ellos, entre ellos la tinta y el papel. 

Lo terrorífico fue conocer que el papel está conformado por una cierta cantidad de lignina, el polímero orgánico más abundante en el mundo vegetal, del que nunca antes habíamos oído hablar. Una lignina cuya función principal es darle firmeza a la madera de los troncos para que los árboles permanezcan erguidos y puedan crecer y no se conviertan en comida para microorganismos o enzimas. Por ello el papel, al venir de los árboles, tiene cierto nivel de lignina, lo que lo hace tener cierta resistencia y dureza. Pero al pasar el tiempo, la lignina se oxida. Esa oxidación es la que hace al papel ponerse amarillo, por eso los libros antiguos son así. Pero lo fundamental en este asunto es que cuando se oxida la lignina desprende más olor. Y la lignina, como todo en este mundo, tiene familia. Una familia en la que tiene un vínculo muy especial con la vainilla. Primas hermanas. El olor a vainilla entonces se suma a matices que llegan de los compuestos químicos empleados en la confección del libro, como el pegamento o la tinta. Y ahí viene el olor. Y eso es lo que no deberíamos conocer ni mi librero ni yo. Porque no somos gente de ciencia.

El problema es que este olor tan romántico, tan embriagador, también es un síntoma inequívoco de que el libro se está destruyendo. Como cuando cae el sol y empiezas a pensar que terminará el domingo...





miércoles, 27 de febrero de 2013

Obsesiones y Parafilias (Volumen 15): Palabras para ti, palabras para Julia o escribir poesía versión 2.0




"Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable"



Moonrise Kingdom



Un día pensé que todo iría mejor si escribiera más poesía. 


"Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido"



Antes de aquel día pensaba que a nadie le importa lo más mínimo si yo escribo más o menos poesía. A nadie le importa si quiero o sé escribir. A nadie le importa...




"Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso"



Mucho antes de aquel día todo era muy hermoso. Yo aún no sabía que quería escribir y menos, que tú me leerías. Estaba muy lejos aún de comprender que cada letra es un esbozo de la sonrisa que ponías al mirarme y todo era tan bello como esa sonrisa que me ponías sin que escribiera poemas.



"La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor"



Aquel día escribí pensando en ti, algo muy bello que yo creía un poema y cogió forma de cuento infantil. Lloré frustrado, lo rompí en mil pedazos y lo tiré al contenedor de papel más cercano porque tú querías una poesía y yo había escrito una aventura infantil de niños pequeños. Como un infante que no llega a la ranura del contenedor azul reciclé unos folios que llevaban impresos unas palabras que eran bellas para alguien que quiere un cuento, pero cursis para quien espera un poema.



"Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino


Different pages, same story  (by DaedaLusT)



Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso..."


Porque Julia eres tú. Julia es lo que siempre he escrito aunque te cambies el nombre y desaparezcas para martirizarme.


Siempre acuérdate.


Y hasta que lo recuerdes y yo aprenda a escribir poesía, me voy a Kamchatka. 


Porque Kamchatka es el lugar donde resistir...


Siempre SIEMPRE acuérdate.




PD: Versos de "Palabras para Julia" de José Agustín Goytisolo.

B.S.O.: Palabras para Julia (Los Suaves)




miércoles, 21 de marzo de 2012

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 23): Día Mundial de la Poesía


Me desnudé por completo y me subí en el caballo blanco. 
El pudor hizo que me soltara el pelo para taparme un poco. 
Cabalgamos por la gran ciudad atravesando el atasco mañanero sin nada que pudiera pararnos. 
Absorta en mis pensamientos. 
No miraba nada. 
No escuchaba nada. 


Acerqué mi boca a la oreja del caballo para hacerle una confidencia. 
No recuerdo muy bien cuál fue. 


Si recuerdo que me dije a mí misma que iba cerrar los ojos para verte. 








Después leí en el periódico que me trajo la enfermera que era el Día Mundial de la Poesía
Me puse melancólica pero no funcionó.
Como diría Jeanette, hoy en mi ventana brilla el sol.


Y el sol no es bueno para la poesía…


martes, 2 de marzo de 2010

Obsesiones y Parafilias (Volumen 3 BIS): Escribir Poesía



O poeta é um fingidor.

Finge tão completamente
Que chega a fingir que é dor
A dor que deveras sente
(Pessoa)

Me machaca. Me destroza el ánimo. Me desespera. Me irrita hasta la locura. Me exaspera. Me angustia. Me bloquea. Me duele. Me pesa. Me obsesiona. Me idiotiza. Me hace vulnerable.
No sé escribir poesía. Ni siquiera para ti. No sé escribir poesía. Ni siquiera mala poesía.
Una de las cosas más dignas que hacer en esta vida sin metas en la que vivo podría ser escribir poesía. Pero no sé. Tengo amigos que sí saben. Y saben hacerlo muy bien. Pero yo no. Para hacer algo tienes que intentarlo, tienes que poner todos tus sentidos en ello. Tienes que esforzarte, tienes que trabajártelo. Pero sobre todo tienes que querer hacerlo.

Yo quiero escribir poesía, pero no sé. Puede parecer una cuestión menor. Puede parecer la rabieta de un niño mimado, pero quiero escribir poesía. No quiero ser un poeta, me conformo con
escribir poesía (aunque parezca lo mismo, no tiene casi nada que ver). Me encanta la poesía. Me emociona la poesía. Me turba, me inquieta, me relaja, me hace volar, me hacer vivir la buena poesía… ¡Cómo me gustaría saber escribirla!

Me gustaría embriagar con “El Vino de los Amantes” pero se me adel
antó Baudelaire o realizar un “Inventario de lugares propicios al amor” pero ya lo hizo Ángel González.
Creo que una brizna de hierba no es inferior a nada, pero no soy, ni nunca seré Walt Whitman. Recito “Poeta en Nueva York” como si de un padrenuestro se tratara, pero quiero escribir mi propia poesía.

No necesito que sea especialmente buena (¿Quién dice si la poesía es buena o mala?), no necesito que sea espacialmente mala. Sólo necesito escribir poesía. Y no sé hacerlo. Y no tengo esperanzas en que en el futuro sepa hacerlo. Quizás necesite pasar una "Temporada en el Infierno" con Rimbaud.



Quizás necesite lanzarme con William Blake al Camino del Exceso para llegar al Palacio de la Sabiduría. Quizás si supiera escribir poesía podría disimular muchas cosas de mí que no me gustan. Podría decirte a las claras, y no en palabras de Panero, que no es tu sexo lo que en tu sexo busco sino ensuciar tu alma, pero me atormento oyendo a Byron susurrarme al oído aquello de hubo un tiempo ¿Recuerdas?, e inevitablemente me viene a la cabeza que No volveré a ser joven y me dejo llevar por Gil de Biedma:


Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante

Y siento que mi tiempo se acaba aunque me queden tantas cosas por ver, y sobre todo por escribir. Y me apodero de Alberti para lamentar que nunca vi Granada, a pesar de que se apodere de mí desde crío Espronceda con su "Canción del Pirata" y crea

Que es mi barco mi tesoro,
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.

Quiero escribir poesía. Quiero escribir poesía que hable de ti. Quiero escribirle un soneto a un ignoto Dios que me desprecia por el tipo de vida que llevo. Quiero escribir poesía que cante la belleza de una chica de pelo dorado a la que nunca llegaré a poseer. O a una Niña morena y ágil, pero ya me apropiaría de Neruda, y no me gustaría besarte en la boca porque

Me gusta cuando callas porque estás como ausente,

Y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
Y parece que un beso te cerrara la boca.

Y aún así mi obsesión es masajearte con mis palabras. Llegar a fundirme en tu cuerpo con los versos acertados. Hacerte sonreír líricamente para llevarte al llanto sin solución de continuidad. Alejarnos juntos de lugares comunes que me recuerden que no sé escribir poesía. Para luego despertarme al día siguiente, y aún entre las sábanas susurrarte al corazón que

Soñé contigo esta noche:
Te desfallecías de mil maneras
Y murmurabas tantas cosas...
Y yo, así como se saborea una fruta
Te besaba con toda la boca
Un poco por todas partes, monte, valle, llanura.

Aunque me tenga que servir de Verlaine. Seguramente sea lo más fácil. No obsesionarme con querer escribir poesía. Es posible que toda ya esté escrita, y yo haya nacido para utilizarla sin más (y sin menos). Para usar el verso del maestro para llegar a ti, sin preocuparme de que sea lo suficientemente perfecto para merecer llamarse poesía. ¡Oh capitán, mi capitán! Me dirás, fantaseando con que sea yo quien te escribe los poemas cuando lo más bello que puedo hacer por ti es vigilar tus zapatos en primera línea de playa cuanto tú te sumerges en el mar. Y cuando te falle, volver a la infancia y recurrir a Darío para ofrecerte mi más bella "Sonatina" y elogiar tu tristeza y tus suspiros, aunque lo que me obsesione realmente sea tu boca de fresa. Quiero cantar al mundo que sólo me alimento de poesía. Que la poesía me sirve para ser quien siempre quise ser. Que poesía soy yo:

- Cuando quieras hablar en serio conmigo, a lo mejor ya es tarde, y ni siquiera habrás aprendido entonces a escribir poesía... Eso es un golpe bajo... Tú te lo has buscado Yo me lo he buscado…

A fin de cuentas no soy más que un humilde seguidor de Luis Chamizo y “El Miajón de los Castúos”: Y sus dirá tamién cómo palramos, los hijos d'estas tierras, porqu'icimos asina: jierro, jumo y la jacha y el jigo y la jiguera.

Pero nunca nadie dijo que Chamizo y Dylan no estuvieran conectados


Princess on the steeple
and all the pretty people
They're drinkin', thinkin' that they got it made
Exchanging all kinds of precious gifts and things
But you'd better lift your diamond ring,
you'd better pawn it babe
You used to be so amused
At Napoleon in rags
and the language that he used
Go to him now, he calls you,
you can't refuse
When you got nothing,
you got nothing to lose
You're invisible now,
you got no secrets to conceal.


Ellos son así. Ellos saben escribir poesía. Yo ni siquiera puedo intentarlo sin rubor. Pero me han acercado a ti. Me han prestado sus palabras, me han donado sus pasiones. Me han enseñado a sentir, me han ayudado a volar. Si algún día me acerco a ti, se lo debo a ellos. A ellos, que me recuerdan todos los días que merece la pena vivir por escuchar su poesía. Aunque yo no sepa escribirla, aunque no pueda escribirla, aunque no quiera escribirla.

A ellos, y a David, y a Andreas, y a Fernando, y a Ulises y a tantos otros que se acercaron a mí con una poesía, aunque sospechen que yo no sé escribirlas. ¡Cabrones! (Gracias)


E os que lêem o que escreve,
Na dor lida sentem bem,
Não as duas que ele teve,
Mas só a que eles não têm.
(Pessoa)


Obsesiones y Parafilias (Volumen 3): Escribir Poesía



Ser poeta no es una ambición mía, es mi manera de estar solo

Fernando Pessoa (Poeta y Escritor Portugués, 1888-1935)


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