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sábado, 25 de julio de 2015

Cadáveres por el río






Sueño con una imagen brutal, de ataúdes flotando y desapareciendo río abajo. Como la de los cadáveres en el río Tigris. ¿Tigris? No sé, un río en la India donde hay una ceremonia en la que los cadáveres van por ahí, río abajo y se ve todo desde la orilla, con pilas funerarias, hogueras… Cosas así. No estoy seguro, nunca he estado en la India, y tampoco es importante. Lo mío es un río en medio de un bosque. Un ambiente frío, con sombra, con aguas claras y muchos árboles en el borde del río. Ataúdes negros, caobas, blancos… De todos los tamaños. Incluso blancos pequeñitos de bebé. Siempre me ha intranquilizado muchísimo, me ha perturbado duramente la imagen de un ataúd blanco pequeñito, de esos de bebés. No sé si es por la injusticia que representa que un bebé muera, por el dolor que eso supone en su entorno o por la imagen en sí. Pero me duelen a la vista los ataúdes blancos pequeñitos. ¡El Ganges! El río es el Ganges. Lo acabo de mirar en Google. No sé yo por qué habré dicho el Tigris. Supongo que por aquello del Tigris y el Éufrates, que están por allí y siempre los veíamos juntos. El nombre, porque yo los ríos no los he visto. Acabo de recordar que un amigo estuvo por la India y yo le pregunté por lo de los cadáveres en el río –Ganges, río Ganges- y lo que me gustaría que me enseñara alguna foto de aquello. Pues, según me dijo, parece ser que no se podía. Vamos, que no está nada permitido hacer fotos allí. Tiene su lógica, porque, a fin de cuentas, es un lugar sagrado. Imagina que un entierro por aquí viéramos miles de turistas haciendo fotos cuando toda una familia y allegados está llorando una pérdida. Se monta una buena. Dice que eso de los cadáveres se hace porque no tienen dinero. Se supone que se hacen cremaciones, pero como la madera es muy cara para mucha gente en la India, los dejan que se vayan por el río. Y más abajo acaban devorando los cadáveres todo tipo de aves carroñeras. Las aves carroñeras que haya en la India, claro está. Yo no he estado nunca en la India, ni sé de pájaros tanto como para saber qué aves carroñeras hay por allí. 

¿Hace frío en esta época en las orillas del Ganges?




B.S.O.: "El río" (Miguel Ríos)


miércoles, 3 de septiembre de 2014

Microrrelatos sin pudor (Volumen 35): De sueños y de ti




Se me caen los párpados, dijo él mientras emitía un bostezo digno del mejor espectador de Bergman.

Será que tienes sueño, dijo ella mientras le tomaba la cara entre sus manos y pensaba que quizás se aburría a su lado.

No creo. He dormido mucho. Seguramente tenga ganas de soñar.
¿Con qué?
Contigo
Para eso no necesitas dormir.

Y tras decir eso, se fundieron en somnoliento y soñador abrazo. El sonrió y en su cara la luna se hizo con la forma de alegría de su boca. Ella quiso besarlo y se meció en el cuarto creciente.
Durmieron como nunca y soñaron como siempre.





lunes, 3 de diciembre de 2012

Hoy es Lunes pero anoche soñé que entraba en su biblioteca y le robaba un libro



El lunes empezó bien. Mejor que un Domingo de resaca, aunque cuando no tienes mucho más que hacer que admirarla y perseguir su aura por todas partes, te da igual el día en el que vives. 

Me invitó a su casa. Me invitó, como tantas otras veces, pero tenía algo especial para mí, para ese lunes después de que yo hubiera soñado que entraba en su biblioteca y le robaba un libro. 

Me dijo que no tenía biblioteca. 

Eso me paralizó. 




Mis sueños estaban muy lejos de la realidad. Le pregunté dónde tenía sus libros o si usaba un e-book y por eso no tenía biblioteca. Fantaseé con la idea de robar un archivo informático del posible e-book hasta que pensé que esas cosas tan de películas de espías son demasiado avanzadas para que se cuelen en mis sueños. 

Y más aún, si en mis sueños sale ella...


Me llevó a su despacho y me dijo que mirara.

Miré.

Tenía los libros en una estantería colocados al contrario que todo el mundo. Los ponía con el lomo hacia dentro, de manera que al mirarlos, veías una combinación extraña de diferentes tonalidades de blanco, beige, según las páginas de cada libro. No me explico cómo podría reconocer cada libro, pues había muchos. No sé por qué lo hacía así, al contrario que el resto de los mortales. No me atreví siquiera a comentárselo, pero vio mi cara de asombro y de su boca salieron aquellas palabras:

- Viene a ser como Amsterdam: Sabes que puedes comprar hierba en los coffee shops porque la gente lo cuenta, pero hasta que no llegas y lo compras, no tienes claro que es lo que todo eso significa. Eso son mis libros del revés. 
- Quizás sea el resto del mundo el que los tiene al revés... ¿Has pensado alguna vez comprarte un e-book? Yo tengo uno y me encanta, es muy práctico.
- Nunca podrás meter una flor seca que te regale en tu e-book. Vas a tener que volver a coger un libro de verdad.

Y tras decir eso, me dejó a solas con su estantería llena de libros colocados con el lomo hacia adentro. 

Me olió un poco a marihuana, pero no quise decir nada.




Hoy es Lunes pero anoche soñé que entraba en su biblioteca y le robaba un libro


lunes, 8 de octubre de 2012

Soñé con África



Tenía todo.
El pelo enredado y el calor húmedo de los pantanos.
El sol nos acompañaba sin molestar demasiado. 
¿He dicho ya que había llegado el otoño de repente?
Tenía todo.






Pero quise ser el sueño de toda mujer.
Quise que me lavaras el pelo a la orilla del río.
Quería sentirme como en aquella escena.
Quise ser el sueño de toda mujer.



Tenía todo y quise ser el sueño de toda mujer.


Pero te empeñaste en decirme que el jabón que había traído, por muy bien que oliera, no era biodegradable y allí no podíamos hacerlo.


Entonces entendí que sólo puedo ser el sueño que tú me permitas y que estoy en medio de África mientras tú miras al mar.




B.S.O. I: Out of Africa (John Barry)

B.S.O. II: Aquí no podemos hacerlo (Los Rodríguez)

jueves, 20 de septiembre de 2012

Otra noche sin dormir (Volumen 15): Volando voy, volando vengo...




Llegaste a lomos de un caballo blanco.
Me cogiste de la mano y salimos volando por encima de nuestras cabezas, que se quedaron allí abajo.

- ¿Qué haces en un caballo blanco? Creía que no te gustaban…
- A ti tampoco te gusta que te coja de la mano y ahora estamos volando.

No supe qué decirte. Tenías la habilidad de conseguir que mis argumentos parecieran siempre estúpidos si los comparaba con la lógica de las cosas que imperaba siempre que me mirabas fijamente a los ojos.

(FOTO: Maia Flore)



Me contaste una historia sobre los últimos pendientes que te habías comprado que no recordé, ni siquiera en el momento en el que me la estabas contando. Me pasaba eso a tu lado. Quizás, porque ni siquiera tenías orejas.

- Se está bien aquí arriba, ¿Dónde me llevas?
- Vamos donde tú quieres ir. No te has dado cuenta de que todo esto es un bonito sueño…
- Yo nunca sueño dormida.
- Estabas teniendo una pesadilla y el mejor antídoto contra las pesadillas son los sueños bonitos.
- Pero, ¿Dónde me llevas?
- Me estás llevando tú…

No supe qué decirte. Pero agarré tu mano con tanta fuerza que tus anillos se engancharon en el piercing de mi pezón derecho.  En ese preciso instante me asusté porque pensé que mi madre se enterará algún día que tengo un piercing en el pezón derecho y no le gustará. Tú siempre quisiste tener un piercing en el ombligo, pero te ocupas demasiado de cogerme la mano a lomos de un caballo blanco como para tener tiempo para hacértelo.

Me señalaste abajo y vi una ciudad preciosa. No era París, ni Londres, ni Roma. Estuve tentada de contarte aquello tan manido de que Roma es Amor al revés, pero me contuve porque no sabía qué estábamos sobrevolando.

- Ahí está tu casa.
- No… No lo parece.
- Esa es tu casa desde el aire.
- Mi casa eres tú.

El caballo blanco relinchó haciéndonos perder la estabilidad. Me miraste enfadada mientras apretaste aún más mi mano entre las tuyas.

- A Mario no le gusta que digas esas tonterías.
- No es ninguna tontería - dije suponiendo que “Mario” era el nombre del caballo blanco sobre el que íbamos volando y que acababa de relinchar violentamente haciéndonos perder la estabilidad.
- Tú nunca dices tonterías, pero nunca dices lo que quiero que digas.
- ¿Quién es Mario? 
- Vete a la miEEEErda…

Me miraste enfadada. La “e” en mierda había resonado en mi cabeza más fuerte que el relincho de Mario. Seguramente, una chica como tú habría puesto Mario a su caballo blanco por alguien como Mario Benedetti, como Mario Camus, como Mario Vargas Llosa… Pero por un instante terrorífico pensé que podría ser por Mario Casas y sentí como me caía de Mario y me soltaba de tu mano.

- Eres imbécil, te vas a caer.
- No, estoy agarrada a ti. Y tú no me sueltas.
- Como sigas pensando esas cosas lo haré.
- No quiero.
- Yo tampoco, pero tendré que hacerlo…

No supe qué decirte. Empezamos a bajar y me preguntaste si quería carne o pescado para aterrizar. Te dije que contigo pan y cebolla y Mario terminó por rebelarse y nos soltó de su grupa. 




Aquello fue lo más bonito de la noche. Tú y yo abrazadas. Intensamente. Cayendo de las alturas sin mirar al suelo. Mirándonos a los ojos sin poder apartar la mirada. Me abrazaste aún más fuerte y supe que no me iba a pasar nada, aunque fuera una extraña e ilógica fantasía. Una fantasía de las muchas que habían hecho de tu vida algo peor desde que me conociste. Tú, que echaste los dientes de leche demasiado tarde, cuando ya sabías que el Ratoncito Pérez no existía, aunque sigues fantaseando con unicornios.

- ¿Aterrizamos allí?
- ¿Dónde?
- Donde tú quieras, por eso te pregunto…

No supe qué decirte. Me besaste como siempre me has besado y sentí que me odiaste como siempre me has amado. No quería decir más porque íbamos a algún sitio mejor, seguro. 


Después de todo esto, me diste un beso de buenas noches que me supo a gloria. Un besazo de amor sincero durante el que no me importó nada de lo que pasara más allá de tus labios comiéndose los míos.  

Y con los ojos cerrados, me dejaste en la cama y me dormí…





B.S.O.: ..."Por el camino, yo me entretengo"

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