miércoles, 18 de abril de 2012

Buscando en el atlas


Entonces miré mi carnet y me di cuenta de que tenía doce años. No sabía muy bien porqué, pero volvía a tener doce años. Una docena, como hace muchos años que no había vuelto a tener.
 
Después de recuperarme del susto que produce darse cuenta de que uno tiene doce años, cosa que no pasa todos los días, sonreí pensando que es bueno. Que es bueno volver a tener doce años. Al menos es bueno volver a tener los doce años que yo recuerdo que era bueno tener.
 


Con doce años se hacen cosas que de mayor parecen absurdas, aunque se recuerdan con nostalgia y se justifican indulgentemente. Salvo en mi caso, porque yo era un cabrón con pintas cuando tenía doce años, si bien ahora era un yo con doce años diferente, porque había vuelto desde muy lejos.
 
¿Cuán lejos? Pues no lo sabía muy bien. Realmente, estas cosas no se pueden medir del todo. No sé qué edad tengo, pero en aquel momento había mirado el carnet y tenía doce años. Quizás debía empezar a buscar porqué estaba allí y desde dónde había venido.
 
Hice lo que solía hacer mi otro yo con doce años: Buscar la ubicación en el viejo atlas que me habían regalado por mi Primera Comunión, pero no supe en qué continente buscarme. Comprendí lo estúpido que es regalar cosas cuando se hace la Primera Comunión cuando el mayor regalo debe ser recibir a Cristo. En el atlas no encontraba nada. Ni siquiera a Cristo que estaba en todas partes ¿O ese era Dios?
 
Subo a la azotea de casa y veo todo, como un niño de doce años. De doce años recién cumplidos. Veo todo como siempre lo he visto. Al fondo se distinguen cosas como el Empire State Building, la Torre Eiffel, el Taj Mahal, la Torre (inclinada) de Pisa, el Big Ben londinense o la Plaza Roja de Moscú. Cada día descubría más cosas. Y cada vez que veía algo nuevo, me voy al Atlas y lo sitúo en el mundo. Bajo a buscar en el atlas excitado como aquellas tarde de mi primer yo de doce años y sigo sin encontrar lo que busco. Pero bajo excitado.
 
Pienso excitado en una de las mejores cosas que se ha inventado en el mundo, ya tengas doce años o más: Las chicas de pelo corto. Descubro con vergüenza que me excitan las chicas con el pelo corto. Busco en el atlas en qué país del mundo hay más chicas con el pelo corto porque me da vergüenza estar excitado y tener doce años. Pero me da más vergüenza aún no saber qué hago allí y no encontrar nada. En el atlas no encontraba nada.

Me dio por pensar que quizás todo aquello fuera fortuito. Pero como no sabía de dónde venía, era imposible saber lo casual o no del incidente, por llamarlo de alguna manera. Tenía doce años, eso estaba claro, pero no sabía de dónde venía.

Me miré al espejo y por detrás viniste a reírte de mis muecas.

- No son muecas, sólo me miro al espejo - no me creí.
- ¿Has visto El Castillo Ambulante? Mola mucho, ¿Verdad? Aunque dicen que no es para niños.
- No, no he visto El Castillo Ambulante, sólo tengo doce años.
- Pero eres inteligente, puedes disfrutarla con doce años, no eres un niño como los demás…
- Eso ya lo sé, pero no he podido verla porque tengo doce años y todavía no existe esa película.
- Tienes doce años pero estamos en 2012, y El Castillo Ambulante se estrenó a mediados de la década de los 2000.
- A mediados de la década de los 2000, yo tendría seis años más o menos.
- No te lo crees ni tú…
- Yo siempre fui más de El viaje de Chihiro -dijo antes de salir corriendo por el pasillo aquella chica de pelo corto.

Y salgo corriendo tras de ti. Sé que tú no tienes el pelo corto. Pero me excitan las chicas del pelo corto. Te busco en un atlas y no te encuentro.

Recuerdo aquel tiempo en el que era pequeño y cualquier sitio lo encontraba en el atlas. Incluso descubrí que en el mundo había un sitio que se llamaba Atlas y que eran unos montes que estaban en Marruecos.
 
Cualquier cosa, cualquier lugar estaba allí. Sólo había que saber buscar.
 
La vida es eso que pasa mientras buscamos algo sin saber qué es por miedo a encontrarlo.
 
Las chicas de pelo corto siempre me han excitado muchísimo.
 
Hoy en día se busca todo en Googlemaps, pero tampoco estás.

Ni siquiera yo me encuentro. Me miro desde los doce años intentando no fallarme, con la ilusión de ser alguien grande y especial en algún momento porque con doce años estoy convencido de ello, y me descubro hoy, con menos de doce años y escribiendo cabezadeavestruz con la simple intención de poder follar…




Posdata aclaratoria (Innecesaria como siempre, inútil como de costumbre): Aunque muchos no lo sepan, la persona que siempre he querido ser en el mundo es aquella que decidió cambiar de look a Demi Moore para que pasara a ser una chica de pelo corto en Ghost. Probablemente el mayor acierto de toda la película. Posiblemente, el mayor acierto de toda la filmografía de Demi, aunque muchos piensen que fue una mera cuestión estética.


Nota al pie: He conseguido meter por segunda vez en la vida de este blog la expresión “cabrón con pintas”. Por si no recuerdas (obvio) la primera, es esta(pincha en la palabra “esta”, que todo hay que explicártelo…).
 
Gracias a eso, soy un poco más feliz que hace un rato. Son esas pequeñas cosas…



miércoles, 11 de abril de 2012

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 24): De hombres y productos contra la alopecia



Es un hombre…

Un hombre de esos que un buen día descubren que se están quedando calvos. Y decide pasear por la sección de droguería del supermercado curioseando los productos que prometen evitar la caída del pelo, fortalecerlo o dotarlo de más salud.

Es un hombre…

Un hombre de esos que piensan que pasearse por los pasillos de los productos de belleza del supermercado es algo que sólo había hecho sus mujeres hasta que empezaron a quedarse calvos y empezaron a actuar del mismo modo que cuando curioseaban los juguetes de sus hermanas a escondidas.

Es un hombre…

Un hombre de ese tipo de hombres que cuando fueron niños levantaban las faldas a las Barbies de sus hermanas para ver qué había debajo. Es un hombre de ese tipo de hombres que cuando levantaban las faldas a las Barbies de sus hermanas y veían que no había nada, no podían evitar hacer un chiste del asunto.  

Es un hombre…

Un hombre de esos que cuando hacían un chiste tras levantar las faldas de las Barbies de sus hermanas, reían estruendosamente, para después desaparecer afligidos por una extraña pena sin que nadie les viera.




Es un hombre…

Un hombre de los que cargan desde que se conocen con el miedo atroz a una vida sin pelo en la cabeza. 

Es un hombre…

Un hombre que hubiera cambiado el poco pelo que le queda por no haber levantado nunca las faldas de aquella Barbie.

Es un hombre... 

En definitiva, simplemente y llanamente, un hombre. 

Pero esa, ya es otra historia…

viernes, 6 de abril de 2012

Otra Noche Sin Dormir (Volumen 13): Juan Manuel de Prada, Najwa Nimri y yo.


Sofocada.

Como casi siempre.
 
No desperté del todo porque cuando una no consigue dormir, realmente no despierta.



 

Llegaba tarde a la entrega de originales. Mi editor me había dado una prórroga más a cambio de una reducción del adelanto que tenía que haber recibido días atrás, con lo que llegamos a un acuerdo positivo y liberador para ambas partes. Yo no tenía que entregar y él no tenía que afrontar ese pago. 

Hasta anoche.
 
Descubrí que no tenía las páginas que debía haber entregado inevitablemente horas atrás. La excusa de “dame más tiempo, tengo algo mejor de lo que te prometí” ya no funcionaría por cuarta vez consecutiva. Él me conocía y sabía que lo único que hacía era intentar ganar tiempo.
 
Para colmo, Juan Manuel había encriptado sus archivos en el pc. Sospecho que él intuye que tiro de ellos cuando no me viene la inspiración. Juan Manuel había empezado a dejar de quererme, pero no puedo culparle. Él es un hombre de derechas que escribe muy bien. Yo soy su puta pasión oculta que acabaría con su carrera y su prestigio si saliera a la luz mi simple existencia a su lado.
 
Llevo un tiempo robándole textos a Juan Manuel. Juan Manuel escribe muy bien, o eso dicen los críticos literarios. A mí no me convence, pero tampoco me convencían ni su actitud, ni su físico, ni sus ideas cuando nos conocimos. Llevo un tiempo siendo la amante secreta de Juan Manuel de Prada y eso no es bueno para ninguno de los dos.
 
Él, tan de derechas, católico, gordo y sudoroso, con su prosa ortodoxa y llena de valores y trasfondos pseudohistóricos. Yo tan puta, delgada, roja, atea y heterodoxa en mi inexistente prosa propia. El día y la noche. La España azul y la España roja. Por eso nos fascinamos. Por eso nos juntamos. Por eso aprovecho sus salidas a misa, sus grabaciones en Intereconomía, sus procesiones de Semana Santa, para robarle sus textos y hacerlos míos. El nunca leerá lo que escribo (o eso me hace creer) por lo que el riesgo de que me descubra es mínimo. Pero ahora que pasa estos días de procesión en procesión, cuando más acceso tengo para rebuscar en sus textos privada y ocultamente, ha puesto clave a sus archivos en el pc.
 
Anoche llegó más temprano de lo habitual para un Jueves Santo. Las procesiones no habían podido salir por el clima. “El clima es ateo” me dijo. "No puedes decir esas cosas", le dije yo. "El clima es ateo y una puta como tú", insistió enfadado y dolido.
 
No me lo dijo, pero lo noté. 




Su grasienta humanidad no tenía secretos para mí. Estaba inquieto. Hacía mucho tiempo que no lo hacíamos. Para él, de puertas para fuera, hacerlo un Jueves Santo era sucio, despreciable, inadecuado e inaceptable. Siquiera pensar en ello. Pero desde que me conocía no podía controlar sus pensamientos. Y eso era algo que le unía inseparablemente a mí.
 
Najwa estaba de gira por oriente. No estaba disponible. Esa era la excusa que ambos aceptábamos para no hablar de ello. Aunque yo sabía que Najwa estaba cerca, que no había ido a Japón porque últimamente la crisis amenazaba con acabar con su carrera musical, y cada vez tenía menos compromisos aunque disimulara lo contrario.
 
Simplemente no me apetecía hacerlo. 

No sé bien cómo acabamos en esa espiral. A mí ya sólo me ponía Najwa y a Juanma sólo le ponía ver cómo Najwa me sodomizaba con un arnés negro mientras se masturbaba en el sofá sin que le dejáramos de mirar. Eso era lo más duro. Tener que mirar a ese engendro grasiento en camiseta blanca de tirantes con su polla en la mano mientras Najwa me daba cariño de plástico negro por detrás.
 
A Najwa Nimri todo le parecía bien. 

Hacía tiempo que con invitarla a dos martinis y dejarla hablar del karma y trascendentalidad todo podía ser. Últimamente no necesitaba ni los martinis. Se había acostumbrado adorablemente a nuestros juegos de sodomía plástica y voyeurismo.
 
Cuando Juanma se casó, Najwa pensó que todo había acabado. Nunca lo reconoció, pero yo supe que se sentía despreciada y que temía por perder sus pequeños juegos en nuestra cama. Najwa es alguien que nunca demostrará una debilidad en público, y reconocer que necesitaba nuestros encuentros era una debilidad de las más grandes que podía concebir. Juanma nunca reconocía debilidades tampoco. Pero Juanma es el más débil de los tres.
Juanma no había podido vestirse de nazareno esa noche. Pensó que el clima era ateo, como yo. Yo no soy ateo, pero él echa de menos mostrar su inexistente superioridad moral sobre mí. Pero aún más echaba de menos a Najwa con su arnés de polla negra metiéndomela por el culo.
 
Yo echo de menos verle vestido de nazareno. Echo de menos reconocer su orondo cuerpo tras la túnica, con sus gafas tras los orificios de la capucha. Siempre me han parecido muy interesantes los nazarenos con gafas. Más aún los nazarenos con gafas y gordos. Y, sobre todo, si sé quién es ese nazareno.
 
Sin despertar del todo, como cuando una no consigue dormir, le confesé mi problema.
 
Se indignó porque le robara sus escritos para hacerlos míos con ligeras variaciones. Amenazó con denunciarme. Yo sé que no podía hacerlo y que era un farol. No podía meterse en un fregado de acusaciones y contracusaciones porque él tenía más que perder que yo públicamente. Sus lectores tradicionalistas, católicos y de derechas huirían de sus libros. Sus jefes de Intereconomía lo despedirían fulminantemente. Su esposa recién adquirida lloraría en sus pechos y lo despreciaría como una niña detesta a un padre que ve que la engaña. Y Najwa lo violaría con nuestro arnés de polla negra mientras yo los miraría desde el sofá, en camiseta de tirantes blanca, tocándome como una loca, aunque no me pusiera lo más mínimo. 




 


Creo que voy a llamar a Najwa Nimri. Sé que se va a enfadar porque se supone que está de gira por oriente. Le voy a decir todo lo que he soñado. No lo va a entender, pero me va a soltar, con esa voz susurrante, una teoría sobre la trascendentalidad de nuestras almas, y la psicología de los sueños.
 
Estoy sofocada.
 
No he dormido.
 
Voy a encender la tele, poner Intereconomía y masturbarme como una loca.
 
Aunque no salga Juan Manuel.
 
Aunque no piense en Najwa.
 
Soñando que soy mejor escritora que él y mejor amante que ella...



martes, 3 de abril de 2012

Acuse de recibo sin demora



"Si pudiera escribir una canción sobre cómo me siento ahora mismo, sería un éxito"
("Badlands", Terrence Malick)


Algunos días abrimos el mail. 
Algunos días pensamos que era mejor no abrirlo. 
Algunos días damos gracias por tener mail y recibir cosas. 
Algunos días creemos necesario contarlo. 
Algunos días son como hoy...
 
 


Sólo hoy pensamos que es indispensable cortar y pegar tal y como ha llegado:


“Buenas noches (por decir algo):

No sé quién o quiénes andáis detrás de esto. No sé si eres mujer, hombre, cosa o compendio de todo. Por ello me permitirás/éis que me refiera a quien me quiero referir como si fuera una cabeza de avestruz, cómo parece que te/os denomináis.
 
Mi estimada cabezadeavestruz (He visto que suele ir escrita así, todo junto y en minúsculas):
Hace tiempo que fantaseo con la idea de mandarte un mail. La timidez y el sentir que no soy quién para hacerlo me echaban para atrás. Pero lo que más me echaba para atrás era el pensar que ni siquiera le darías importancia.
 
Para mí es muy importante esto que escribo. Para mí no ha sido fácil dar este paso.
 
Necesito decirte, mi querida cabezadeavestruz, que me tienes desconcertada. Sé que no soy quién para decírtelo, pero creo que conociéndote como te conozco, prefirirás que te lo diga.
 
Sí, te conozco. Son muchas horas acompañándote (o debería decir mejor acompañándome tú a mi) y son muchos momentos íntimos los que hemos vivido.
 
Hace un buen tiempo alguien nos “presentó”. No te voy a contar concretamente ni cuándo ni cómo te vi por primera vez. El caso es que llegué, entré, miré de reojo y los rosados de tu aspecto me estuvieron a punto de echar fuera y dejarte en el olvido (o no conocerte) para siempre. Pero por alguna razón, a saber cuál, no me fui, entré y empecé a conocerte.
 
Empecé a acercarme a ti.
 
Vi en ti a alguien que me conocía sin saber de mi existencia. Vi que tenías algo que otras no tenían. Vi cosas que ahora mismo no recuerdo porque han ido evolucionando y creciendo con el paso de los días, con mis visitas a tu cuerpo, con mis lecturas en la oscuridad.
 
Empecé a acostumbrarme a tenerte cerca. Tomé como rutina saber que estabas ahí. Sólo tenía que conectarme a internet y te encontraba. Siempre. Fiel a mí, como nunca nadie lo ha sido. 
 
Llegué a fantasear, aunque sabía que no era más que eso, una fantasía, con el hecho de que escribías solo para mí. Todas tus palabras eran un canto a mi persona. Aunque escribieras sobre algo de lo que no tenía la menor idea o narraras algo que no comprendía o que aparentemente no me debería interesar. Eras tú en cuanto arrancaba cabezadeavestruz y yo ya tenía bastante.
 
Pero, ¡Qué ilusa era!
 
Como buena drogadicta, me fui acostumbrando a tus dosis, y cada vez quería más. Mejor dicho, cada vez me hacían menos efecto las que me dabas. Sé que no es justo, que era culpa mía. Que nadie se engancha a algo porque le obliguen. Que cuando una se mete algo tiene que saber lo que se está metiendo y los riesgos que conlleva. Pero si esto fuera realmente así, no habría drogadictos en el mundo. Y, sinceramente, por mucha fascinación inicial que tuviera contigo, nunca pensé que me pudiera enganchar de esta manera.
 
Pero sí, pasó.
 
Y empecé a sentirme como una drogadicta con dinero. Tenía mis dosis. De cuando en cuando eran suficientes y otras me sabían a metadona. Pero iba tirando. No fallabas. En algún sitio leí que una vez que pruebas la heroína es muy difícil que nada te pueda parecer igual porque realmente no hay nada comparable a la sensación de esa sustancia entrando en tu cerebro. Creo que en Trainspotting decían eso de que cogieras tu mejor orgasmo, lo multiplicaras por mil y ni siquiera así estarías cerca de esa sensación del buen chute de heroína.
 
Mezclaba días de caballo con días de metadona. Pero sobrevivía. No quiero decir que estuviera mal, pero sabía que no era bueno aquello. Y cuando pensaba en que quizás debía desengancharme un poco, cuando mi día a día me alejaba un poco de ti, volvía a picar, y resultaba que ése, precisamente ése, era el mejor chute que nunca había recibido. Y volvía a creer en ti, mi heroína particular. Y volvía a pensar que siempre estarías ahí, haciéndome llegar a sitios que ni sabía que existían.
 
Y, sí. Si te lo estás preguntando, sí. He tenido orgasmos contigo. No diré exageradamente que se parezca al tema que te he comentado que se dice en Trainspotting, pero sí, me has hecho volar muy lejos alguna vez. Me has excitado y me has hecho flotar. Algunas veces me he tocado porque no me quedaba otra. Otras lo he hecho porque me apetecía. El problema es que algunas ni siquiera me apetecía, ni me motivabas, pero quería hacerlo…
 
Les hablé a mis amigas de ti. Algunas se acercaban tímidamente. Otras no me hacían ni caso. Sospecho de un par de ellas que se han enganchado a ti aunque no me lo confiesen. Y luego están las locas…
 
Llega a ser todo tan extraño que paso de sentir la necesidad de gritarte al mundo, de compartirte con todas, de compadecerme de quien no te conoce o no te degusta, para encontrarme irritantemente celosa por las que se quedan prendadas de ti. Es una estupidez, lo sé. Tú ni siquiera me conoces, pero no puedo evitarlo.
 
Y me lío y no concreto…
 
Te preguntarás: ¿Qué coño me está diciendo esta tía? ¿Quién cojones es?
 
Pues mira, bonita: Da igual quién sea, aunque puedes ver mi dirección de mail y estoy identificada. Lo importante es que yo sí sé quién eres. Al menos, quién muestras que eres, como te he dicho al principio. Y por lo poco (o mucho) que te conozco y por lo que comentas constantemente por aquí, quieres, necesitas, pides insistentemente, que te comentemos, que te leamos, que te sintamos, que te digamos cosas… Pues aquí estoy. Y como, además, soy de las que ha hecho esto suyo y me he acostumbrado a creer que escribes para mí, me veo en la obligación de decirte todo lo que te estoy diciendo (para ponerte en antecedentes sobre todo) y gritarte todo lo que te voy a decir a partir de este punto.
 
ERES UNA CABRONA INSENSIBLE Y EGOÍSTA
 
Hace tiempo que no me emocionas.
 
Hace más tiempo aún que me da la impresión que escribes por escribir, que lo que publicas no es lo mismo que publicabas. Aquí te daré el beneficio de la duda y repartiré la responsabilidad conmigo misma como lectora voraz, porque supongo que no puedes sorprenderme, excitarme, conmoverme, turbarme, tocarme como antes y porque no debe ser fácil seguir escribiendo cosas como las que escribías, una y otra vez, según va pasando el tiempo. Admito la dificultad de seguir con ello y te eximo en parte de culpa porque es imposible que mantengas la tensión emocional que tenías en tus primeros tiempos. Entiendo que habrás perdido algo de interés en el tema, e incluso lo disculpo en parte, pero…
 
¡¡¡Llevas desde el 21 de Marzo sin escribir nada!!!
 
Estamos a 3 de Abril.
 
¿Te parece normal? ¿Te parece justo?
 
Me acostumbraste desde el principio a un ritmo más o menos regular de una publicación a la semana. Generalmente los Martes. En tu favor diré que muchas veces ese ritmo aumentó, aunque también otras veces disminuyó por publicaciones absurdas y simbólicas, o simples reseñas de otras publicaciones que no tienen ningún interés para mí. Pero llevas 13 días sin aparecer por aquí.
 
Llevo 13 días esperando…
 
Y esto ya es DEMASIADO.
 
Has bajado el nivel. Esto es así y lo sabes. Y ahora ESTO: ¡¡¡13 días!!! Me gustaría que no llegaran a más, comerme este mail, pero reviso antes de mandártelo y siguen siendo 13 días. No quiero que lleguen a 14...
 
Si has desaparecido, lo podrías decir. Por lo menos, escribe una buena despedida.
 
Creo que me lo merezco.
 
Creo que mucha gente (ya que te enorgulleces de ello, y tan a gala llevas los muchos que pasamos por aquí) merece una buena despedida.
 
O al menos, cruzo los dedos para que sea así, una buena explicación.
 
Que sea bonita y que emocione. Es lo mínimo que me (nos) puede(s) dar. Estás aquí gracias a mí (nosotros).
 
NO LO OLVIDES NUNCA.
 
 
Besos apasionados,
XXXXX”



Fue entonces cuando me decidí a escribir esa canción que hacía tanto que quería escribir y nunca me decidía a comenzar...

miércoles, 21 de marzo de 2012

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 23): Día Mundial de la Poesía


Me desnudé por completo y me subí en el caballo blanco. 
El pudor hizo que me soltara el pelo para taparme un poco. 
Cabalgamos por la gran ciudad atravesando el atasco mañanero sin nada que pudiera pararnos. 
Absorta en mis pensamientos. 
No miraba nada. 
No escuchaba nada. 


Acerqué mi boca a la oreja del caballo para hacerle una confidencia. 
No recuerdo muy bien cuál fue. 


Si recuerdo que me dije a mí misma que iba cerrar los ojos para verte. 








Después leí en el periódico que me trajo la enfermera que era el Día Mundial de la Poesía. 
Me puse melancólica pero no funcionó.
Como diría Jeanette, hoy en mi ventana brilla el sol.


Y el sol no es bueno para la poesía…


lunes, 19 de marzo de 2012

He echado mi currículum en el Zara (Cuentos de la vida moderna, por y para evitar el olvido en la distancia)


(Un cuento para @BeAfricanita, con cariño, envidia, respeto y admiración)


Esto era una vez que yo sabía un cuento pero se me quedó dentro y no me acuerdo, voy a ver si me sale otra vez... 

"Dicen que hace un tiempo, desde la sala de armas uno de sus castillos preferidos en tierras del noroeste de la Península Ibérica, un tal Amancio Ortega (En lo sucesivo, A.O.), sentado en su sofá orejero de cuero morado, con una copa de whisky de malta en la mano, escuchó hablar de un currículum que se decía que había ido a parar a una de sus posesiones en un extraño giro del destino.

Como en él era habitual, discreta pero incansablemente, se puso manos a la obra para descubrir qué era lo que había detrás de aquel currículum, ya que su olfato de reconocido prestigio internacional detectaba algo que le intranquilizaba y no le dejaba conciliar bien el sueño sobre su montón de billetes de diferentes monedas de todo el mundo donde acostumbraba a dormir un poco menos mullido desde que se divorció de la mujer con la que compartía el imperio que había forjado de la nada tiempo atrás.

Las cámaras de seguridad de una de sus posesiones en la calle Fuencarral de Madrid, cerca de la Glorieta de Bilbao, le dieron la primera pista. Ahí descubrió una conversación, a ojos profanos banal, que sería el hilo de donde podría empezar a tirar.

("Chica Corazón" by @BeAfricanita)



Paseaban descuidados, disimulando preocupaciones y fingiendo felicidad (Como casi todo el mundo que pasea por las calles de una gran ciudad) unas personas aparentemente despreocupadas cuando una afirmación que superficialmente no venía a cuento y que no iba más allá, parece que desencadenó todos los acontecimientos posteriores.

¿Te he contado que he echado mi currículum en el Zara? 

Quién pronunció ingenuo esas palabras tenía en mente otros pensamientos añadidos. Las cámaras del grupo Inditex, aunque poca gente lo sabe, son capaces de captar esos pensamientos y procesarlos hasta hacerlos inteligibles para el paroxismo comercial (de ahí su éxito around the world):

Esas son las pequeñas cosas que te hacen grande. El hacer que yo crezca, aunque sea laboralmente. En este mundo en el que vivimos, somos lo que hacemos, y lo que hacemos por obligación es trabajar. ¿Qué mejor sitio que un Zara? 
Te reíste pensando que yo no encajaría allí.
Me reí pensando que no me conocías lo suficiente. Que no sabías cuán maleable puedo llegar a ser (Por dúctil, por fácil de convencer, no por malote…)
Nos reímos nuevamente. Lo hacíamos mucho. Eso no nos lo quitará nunca nadie. Aunque a algunos no les gustara.

El hilo musical de la tienda se coló en la interpretación de los pensamientos. Pasaba a menudo. El imperio Inditex tenía algún que otro fallo. A fin de cuentas era tecnología gallega…  “Con las ganas” de Zahara se coló en los pensamientos de aquel momento que desencadenaba toda la historia del currículum dejado en el Zara. "Me moriré de ganas de decirte que te voy a echar de menos… Y las palabras se me apartan, me vacían las entrañas..."

A. O. dio un respingo. Llamó inmediatamente a uno de sus sirvientes y sin disimular su enfado pidió que hiciera lo posible para que despidieran al responsable de todo el circuito de televisión de sus tiendas en la capital de España.  

Buscó un analista de lenguaje corporal que, mirando lo grabado en todas las cámaras de las tiendas de la zona, le diera alguna clave más de lo que pasaba por la mente de aquel chico desgarbado, algo pasado de peso y alto que había hecho esa afirmación frente la puerta de una sus tiendas…  

Según parece, era un tipo extraño, con unos pensamientos interiores que no se intuían con facilidad en su aspecto exterior o en sus gestos habituales. 

Descubrieron algún que otro penar en su interior: 
Te reprocharé siempre que sepas emular la voz del moreno de Los Pecos, infinitamente mejor que yo la del rubio. Pero asumo que hay millones de cosas que sabes hacer mejor que yo, y te quiero por hacerme pensar siempre que es al contrario o, cuanto menos, que no tiene importancia.

A.O. Puso en marcha su ejército de vigilantes del decoro en los Karaokes del mundo en pos de alguna pista que recondujera aquello. 

El informe de su equipo le indicó que el 78 % de las prendas que se ven en los Karaokes de España provienen del Grupo Inditex. Aquello no le satisfizo. A.O. pensó que era un mal porcentaje. También pensaba que los karaokes eran un invento del diablo, aunque tenía más de una docena de aquellos aparatos, regalo de familiares en fechas señaladas, guardados bajo llave en las bodegas de uno de sus castillos de verano. A.O. supo que aquello era complicado, más si se dispersaba en datos inútiles para su propósito. Siguió buscando en los deslavazados e inconexos pensamientos internos (¿Los hay externos?) de nuestro protagonista curricular.

Apretamos y comprimimos nuestra afición por la soledad del día antes, sin darnos cuenta de que añoramos y necesitamos la compañía del día después. Es esa estamos. En esa seguiremos mucho tiempo. Hasta que inevitablemente volvamos a encontrarnos. Y nos agarremos de la mano para cantar matando a todos de envidia cuando nos contemplen.

De nuevo las canciones, pensó A.O., habría que seguir la pista melódica. Quizás en la cabeza de aquella persona había más música que aptitudes para trabajar en alguna de sus tiendas. Buscó la última pista de reproducción que pasaba por aquella cabeza mal pensante y encontró algo extraño. ¿Cómo has tenido valor de hacer una canción de amor? De nuevo Zahara. 

-¡Que me la traigan inmediatamente! –gritó en la inmensidad de su castillo.

Nadie le escuchó (Como sospechaba que pasaba últimamente a pesar del irresistible crecimiento de su grupo empresarial) y una sirvienta que pasaba por allí le indicó que aquella canción podría ser “Adios” de Zahara. De nuevo Zahara, confirmado. 

-¿Por qué? –gritó A.O. al oído de la aterrada sirviente que salió huyendo escaleras abajo cómodamente ayudada porque ese día vestía unos leggins de oferta de Berskha.

Arrojó la copa de whisky a la chimenea. Siempre gustó de representar escenas cinematográficas como aquella. Incluso llevaba tiempo tentado en invertir en cine. Pero sólo tenía ofertas de cine español y él no tenía ningún interés en un cine que no incluyera grandes señores en sus castillos, planos fijos en la mirada de un señor omnipotente oteando sus posesiones mientras se intuye un pensamiento interior de persona justa hasta en la adversidad, películas de época, o un remake de "El Golpe", su película preferida de siempre.




Aquello le recordó algo. Revisó la transcripción del último video de los pensamientos del personaje del currículum. Había oído algo de cartas o de juego. Allí estaba…

- ¡Para ahí! ¡Justo ahí! ¡Vuelve atrás¡ ¡Amplíalo! ¿Qué es eso?

Dicen que en el póker sólo te puedes descartar una vez. Dicen que el póker es como la vida. Solo puedes cambiar cartas una vez en el póker y en la vida. Yo soy más de hacer trampas y siempre me ha gustado mucho jugar con ventaja. Creo que siempre he tenido buenas cartas, pero de no ser así, me las invento. Tú me has enseñado cómo un 4 de rombos puede ser tan bueno como la Reina de Picas si lo coges en el momento adecuado. Siempre me gustó jugar con ventaja. Y siempre quise tener cerca a una reina. Gracias por saber que cuando repartieron la segunda mano, tú y yo, juntos ya éramos una pareja de Reinas. Y con una pareja de Reinas ya se puede jugar. Y, además, siempre guardo un as bajo la manga… Como tú…

Una línea de ropa basada en los tiempos de "El Golpe". Unos motivos inspirados en la baraja francesa. Una línea con vistas a que vendiera mucho con estética de los grandes casinos de Las Vegas. ¡Dios! ¡Qué creativo podía llegar a ser! Era normal que dominara el mundo textil. Si algún día a los chinos les diera por dejar el tema ya no tendría rival y podría descansar tranquilo sabiéndose el rey del mundo de las telas que cubren las pieles de todo el mundo conocido. Se mesó los cabellos blancos que cada vez escaseaban más y recordó que debía centrarse nuevamente en aquello que le había hecho tirar el vaso de whisky contra la hoguera de manera cinematográfica.

Uno de nuestros últimos días pensé en regalarte un supercoco azul de peluche, pero pensé que era algo que no nos decía nada a ninguno de los dos. Lo volví a pensar y acepté que quizás era un buen regalo porque tú y yo no nos hemos dicho nada aunque lo hemos sabido casi todo. Al rato lo volví a dejar en el estante y salí por la puerta de la tienda con la idea en la mente de que lo que no nos dijimos nos distingue y lo que nos conocimos nos engrandece.

Vivirás todo una hora antes por tu geografía, pero lo cierto es que yo siempre anduve una hora después, hasta cuando compartíamos uso horario. 

¡Busquen en las tiendas insulares! –Gritó sin que nadie pudiera escucharlo- ¿Vendemos peluches en alguna tienda? El eco de su voz en su inmenso castillo se volvió contra él como las bofetadas que le daban aquellas chicas a las que cortejaba cuando era un adolescente humilde. Hoy A. O. era tan poderoso que aspira realmente a que todo el mundo conocido se uniforme bajo su criterio estético, desde la más rica al más pobre, desde el más moderno a la más clásica. Y bien que lo había trabajado desde muy temprana edad. Incluso dejando al lado cortejar a aquellas chicas que le gustaban por tener un futuro mejor, un presente de gloria hoy día, un futuro aterrador para cualquier empresario textil que pensara destacar. Recordó todo lo que le había costado, así sin venir a cuento. Y se puso triste. Y el hilo musical entró, ahora en su cabeza, desplazando sus pensamientos…

y aún repaso las lecciones una a una 
cada día 
yo no puedo aconsejarte 
ya es muy duro lo que llevo 
dejemos que corra el aire 
y digámonos adiós…"

Eso era de por allí. Era gallego, lo sabía. No estaba muy al tanto de la música moderna. Su último referente fue Juan Pardo y hace tiempo que no se sabe nada de él. A Julio Iglesias, también gallego, le retiró el saludo cuando no quiso hacer publicidad de él en Miami por mucho dinero que le ofreció. Juan Pardo no era así, pero hacía tiempo que no sabía de él. Además no era gallego. Qué lejos quedaban los tiempos de Juan y Junior o de Los Brincos. Pero aquellas tonadillas eran de otro gallego. Moderno y bajito, como quería pensar de sí mismo aunque viera a viejas sesentonas comprando ropa en sus outlets decantándose por las únicas prendas que había ideado él. 

Buscó en su agenda algún teléfono que le pudiera llevar a aquel gallego que cantaba lo de estudié mientras dormía, y llamó a un amigo de la TVG por si podía ayudarle. Sabía que ese amigo de juventud controlaba mucho el tema musical en Galicia porque produjo un par de programas con actuaciones en la tele que él pagaba como todos los gallegos. Marcó y esperó los tonos de llamada. Al otro lado sonó cómo descolgaban el teléfono. Pero se coló algo que no esperaba oír. Eran de nuevo  los pensamientos del chico del currículum:

Empujamos la luna aquella tarde, porque la luna no puede salir a esas horas. Y detrás descubrí aquella estrella. Aquella cosa luminosa que me enseñó por dónde pasear y hacia dónde ir cuando no se sabe bien ni dónde se está ni hacia dónde se va.




Si algo de todo lo que he aprendido de ti, quisiera que supieras y te sintieras responsable, sin duda sería ese extraño efecto que causabas en mí, cuando cada vez que hablábamos, me hacías pensar que era 2 de Enero, ya pasada la resaca, y podía plantearme renovar todas las ilusiones y proyectos nuevos que esos días todos nos sentimos capaces de emprender. Gracias por hacer que, tras todas nuestras conversaciones, me sintiera en un permanente 2 de Enero. Que anulara mi cuota del gimnasio más tarde, o que dejara de seguir aquel coleccionable, son ya cosas mías de las que no tienes un ápice de responsabilidad. En cualquier caso. Al tomar la esquina volvía a ser 2 de Enero. Ahora sólo quiero que sigas dándome muchos 2 de Enero en la distancia, con mayor intensidad aunque con inevitable menor frecuencia. Los necesito para seguir, sabes que odio el verano perpetuo al que tú te vas…

Tiró el teléfono al suelo y las piezas volaron por toda la estancia. Otra escena muy cinematográfica, pensó consolándose e intentando disimular la frustración. 

Se sirvió nervioso otro whisky de malta (escocés, off course) y pensó que últimamente bebía más de la cuenta. Su divorcio le había sumido en cierto aburrimiento y el aburrimiento le llevó a pensar demasiado. Pensando demasiado se aficionó a beber a solas y a solas llegó al escocés de malta. De ahí a pensar que últimamente perdía el tiempo con muchas tonterías había un paso.

El paso lo dio cuando se dedicó a vigilar más de lo debido sus tiendas. Su inabarcable red de negocios repartidos por todo el mundo. Desde su sofá orejero de cuero morado. En la soledad de su castillo del noroeste. Pensó que quizás así no llegaría a ser nunca tan feliz como cuando abrió su primera tienda y lo celebró con todos los que le habían acompañado en su aventura. Supo que el chico del currículum era un farsante que quizás había hecho ese comentario sin darle mayor importancia y que no debía quitarle el sueño. Entendió que trabajar demasiado no merece la pena si no disfrutas de la gente que tienes a tu alrededor. Quiso conquistar el mundo, pero el mundo es más pequeño que todas sus tiendas. Envidió a aquel cínico chaval que dijo “He echado mi currículum en el Zara” cuando quería decir que echará mucho de menos a la persona que iba a su lado.  Echó un último vistazo a las cintas de seguridad. Como punto final esta vez. Y lo vio todo claro:

Quizás algún día, después de confesarte todo esto, te decidas a cantarme aquella canción tan bonita…

“Trabajas en Inditex,
el mundo está a tus pies”

Todo se reducía a eso. 

Y a querer a la gente, aunque se diga cada vez menos. 

Y sentir el mundo a mis pies…"


Y colorín colorado, este cuento aún no se ha acabado... 

miércoles, 14 de marzo de 2012

¡¡¡Imagina!!!



El MIEDO te ha paralizado. 

Lleva haciéndolo desde que tienes uso de razón. 

Estar paralizado por el miedo no es tener uso de razón. 

El MIEDO te ha paralizado (Y lo sabes, aunque no quieras darte cuenta).




¿Te imaginas quién serías si el MIEDO no te hubiera atrapado?

¿Te atreves siquiera a imaginarlo?





viernes, 9 de marzo de 2012

Diálogo entre amigas: Historias habituales








- ¿Cómo ha ido? 
- Siempre quieres que te cuente todo. Mira que eres cotilla 
- Es lo de siempre 
- Todo lo tuyo es interesante, sea o no lo de siempre 
- Pero esto… Es lo de siempre más que nunca 
- ¡Cuenta! 
- ¿Por dónde empiezo? 
- Por el principio 
- Me acerqué y le dije “Hola ¿Echamos un polvo?” Me gustó. Le dije que si quería ir a mi casa o la suya. No nos presentamos 
- Lo de siempre 
- Nos volvimos locas durante toda la noche. Nos lamimos, comimos, y jugamos con todo lo que teníamos en nuestros cuerpos en aquella cama que no abandonamos más que para ir a mear o coger chocolatinas y refrescos de la nevera 
- Una gran noche 
- Efectivamente. Espectacular. Cuando desperté rendida tras horas y horas de pasión sexual, abrí los ojos y la vi vistiéndose, superé mi timidez y le pregunté muy bajito si quería que la llamara para salir por ahí de copas esa noche, que conocía un sitio de unos amigos donde ponían buena música 
- En el “RockanBola” no ponen buena música 
- No me refería al “RockanBola”. Quería ir a un concierto en la Sala “Trastero”. El caso es que me atreví y me arriesgué. Y podía haber pasado cualquier cosa, pero… 
- Pero… 
- ¡Aceptó! 
- Joder tía, ¡Qué bien! Estuvimos de concierto. Nos echamos unas risas, unas copas, algún que otro canutillo… La noche iba avanzando rápido pero tenía la impresión de que ninguna queríamos que acabara
- Esas cosas se notan: Las señales 
- Yo nunca las he sabido ver bien 
- Nadie lo diría 
- El caso es que llegamos a "El Ambigú"...
- ¿La llevaste a "El Ambigú"? 
- Era lo último que quedaba abierto. Ya sabes. A esas horas tiras de cualquier recurso
- Cualquier recurso sí, pero "El Ambigú"… ¡Qué pereza! 
- Pero era "El Ambigú" o nada. El último bar. Y la suerte estaba echada. Le eché morro y pensé que de perdidos al río. Que me lamentaría si no lo intentaba 
- Esa es la actitud 
- Y armándome de valor, me lancé y la besé. Despacito, con pudor, pero notaba que no estaba mal la cosa y le metí la lengua hasta los intestinos… ¡Qué ansia, Dios! ¡Qué manera de besarnos! 
- ¿Y? 
- Le propuse quedar para echar un café de tranquis algún día 
- ¿Tan rápido? 
- No… Le dije de esperar unos días, claro… ¿Por quién me tomas? 
-  No sabría decir… 
- No quería parecer impaciente ni desesperada 










- ¿Qué tal el café? 
- Genial. Hablamos de todo un poco 
- ¿Hubo conexión?
- Conectamos muy bien, ya te digo, hablamos de todo un poco..
- Tendrás que ser más específica. Quiero detalles, parece que no te das cuenta de con quién estás hablando 
- Fue mágico. Nos dimos cuenta de que teníamos muchas cosas en común. Hablamos de nuestra afición por los bajistas, de Lisboa, de cine clásico. Tomamos un par de licores y rematamos con un café descafeinado yo, y uno con hielos ella. 
- Uy… 
- Le aparté el pelo de la cara como en aquella película 
- ¿Qué película? 
- La táctica de Jorge Sanz, ¿No recuerdas? 
- "Los mejores años de nuestra vida" 
- "Los peores años de nuestra vida" 
- Perdón, me lío con los nombres. Pero sé la escena, la de "Los PEORES años de nuestra vida"… 
- Exacto. Creí que era el momento para lanzarme y lo hice. Y fue genial. 
- ¿Y cómo siguió? 
- Estaba lanzada. Acabamos los cafés y me armé de valor 
- Eso suena bien 
- ¿Me das tu móvil? 
- ¿Que te dé mi móvil?
- ¿Cómo? Me he perdido... 
- Que le pedí el móvil... 
- ¡Oh! ¿Y cómo se lo tomó? 
- Me miró extrañada. Me dio miedo, por un momento pensé que quizás me había pasado de rápida y lanzada, pero… Me lo dio… 
- ¡Genial! 
- Ya te digo 
- ¿Y entonces? 
- Tranquilidad, chica, tranquilidad 
- Pero cuenta, no te pares 
- Si no he parado… He dicho que tranquilidad. Que no quería joderlo. Estas cosas van a su ritmo 
- Tranquilidad, lógico, sigue 
- Después venía el cumple de Bea 
- ¡No! 
- ¡Sí! La llamé. No creas que no me costó, pero la llamé. Yo, con lo lanzada que soy, me costó un mundo. Traté de no dar importancia al tema y la llamé 
- Cuando tú te pones… 
- De primeras no me reconoció, pero al momento parecía casi muy contenta por mi llamada. No quería hacerme ilusiones, por si acaso. Y la invité a la fiesta 
- Y te dijo que iría... 
- Bueno, parecía con ganas pero tenía excusas. Tenía otros planes, que si patatín, que si patatán… Pero que le gustaría ir y que muchas gracias por invitarla y blablablá… 
- Pero, ¿Qué pasó? 
- Insistí en que podía llevar a gente, que iba a estar muy bien, que esas fiestas en casa de Bea suelen ser muy buenas y va mucha gente… 
- No tanta… 
- Bueno, tenía que vender la moto. Insistí y me dijo que seguramente iría 
- ¡Qué nervios! 
- No lo sabes tú bien: Me tiré un montón de días medio histérica, sin saber cómo actuar, qué hacer, qué ponerme… 
- Jo, tía… ¡Qué buena pinta! 
- Sí. Me puse la camiseta violeta esa que me gusta tanto… 
- A mí no, pero reconozco que te queda genial 
- Y los vaqueros de las grandes ocasiones 
- ¡Total! 
- Cuando llegué a la fiesta no me lo podía creer. Impresionante 
- ¿Había mucha gente? 
- Como siempre: Las fiestas de Bea son geniales 
- Será por la fecha que cumple años, que se apunta mucha peña. Siempre 
- Saludé a gente por allí. Saludé a Bea y le di el regalo. Y me dijo que estaba muy contenta por la cantidad de gente que había ido a la fiesta 
- Como casi siempre 
- Me echó una copa y me empezó a presentar por allí 
- ¡Joder!, Bea siempre tan cumplida 
- Es su fiesta, es normal... 
- Pero con el palo que te da a ti eso… 
- Ya... Cuando empezó a llegar más gente, y las copas empezaron a fluir, todo fue genial, como siempre 






- Pero, ¡Al grano! Qué me ibas a contar que… 
- Al mitad de la noche vi una chica con una camiseta como la tuya de fin de año 
- ¿Como la roja? 
- Igual 
- No le quedaría como a mí 
- Claaaaro, eso nunca 
- Pero, ¿Quién era? 
- Me acerqué a ella por detrás 
- Tú como siempre… 
- Se giró y me miró fijamente 
- Y tú la miraste a los ojos 
- ¡Por supuesto! 
- ¿Y? 
- Le dije que una amiga tenía una camiseta igual y nos presentamos 
- ¡Qué buena excusa! 
- Comenzamos una interesante conversación 
- Vamos, lo de siempre 
- ¡Sí! Lo habitual…







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