domingo, 24 de enero de 2010

Marino Lejarreta, El Junco de Berritz


Marino Lejarreta
tiene problemas para dormir. No porque tenga la conciencia intranquila, como se suele pensar, más bien por lo viejo que está su colchón. Los muelles se le clavan por todo el cuerpo cuando se echa en él, pero el dinero no le llega para comprarse otro. Tiene que decidir si come todos los días o si descansa bien, y su apetito es demasiado voraz como para decidir comprar un colchón y dejar de comer.


Su vida no ha sido fácil. Ha tenido que aguantar desde muy pequeño las chanzas en el colegio por la ocurrencia que tuvo su padre al ponerle Marino para que, al juntarlo con el apellido familiar, Lejarreta, recordara a un ciclista muy famoso por aquel entonces. A veces piensa, y con razón, que no todo el mundo debería tener derecho a ser padre. Y eso es algo muy duro de pensar, sobre todo si lo piensas de tu padre.

Se siente mal. No descansa. Hay días que llora al descubrirse los moratones por el cuerpo cuando sale de la ducha y se mira al espejo. Agua fría, aunque más frío es mirarse al espejo y ver su cuerpo marcado por los jodidos muelles del, cada vez más fino, colchón.


El Junco de Berritz
le marcó la vida. Y a él no le dio tiempo siquiera a decidir si le iba a gustar el ciclismo. Sus compañeros de colegio le mostraron claramente el camino hacia el desprecio por tan sacrificado deporte. Marino no lo pasa tan mal hoy en día. Los mayores suelen disimular más las bromas (por no decir que hay gente que pierde la capacidad de hacerlas según crece) y la actualidad de su homónimo no está constantemente en la televisión.
Podrían haberle llamado Paco García o Juan López y a pesar de ser nombres infinitamente más corrientes por estos lares no lo hubiera pasado tan mal. Pero Marino, cuando su apellido es Lejarreta era una auténtica putada.

No duerme y le pesa la identidad. Tiene el cuerpo lleno de moratones y ni uno es de caídas con la bicicleta. Nunca ascenderá ningún puerto de montaña, siquiera andando. Sólo asciende a su
Alpe D’Huez
particular cuando llega la noche y el sueño le puede, aunque sepa que no va a poder dormir.
Acostumbra a tratar de seducir a chicas sin más objetivo que encontrar un sitio donde dormir cada noche, huyendo de su maltratadora cama. Pero sin dinero es difícil ligar. Seguro que el Marino Lejarreta que le ha jodido la vida, el que inspiró al cabrón de su padre para tan tremebunda broma, no tiene problemas ni económicos ni sentimentales, y mucho menos de sueño y de magulladuras por el cuerpo, esté dónde esté ahora mismo.

Hoy sale de “caza” una vez más: No busca a ninguna chica guapa, es más, últimamente lo intenta con chicos también, simplemente busca un sitio donde poder dormir. Fantasea con el día en el que alguien, tras cumplir con sus requerimientos sexuales, le mire a la cara y le pida
que se quede a dormir
. Una vez más. Pero no suele pasar. Tras el calentón inicial, sus moratones por todo el cuerpo dan una imagen de insalubridad demasiado importante como para obviarla. Además, no es un gran amante. Siempre que se acuesta con alguien (no para dormir, aunque sí con esa intención final) está tan presionado que no da todo lo que se puede esperar de él. Muchas veces ni se le levanta. En el fondo le hace cierta gracia. Un poco de humor negro y trágico, pero imagina cómo hubiera sido hace unos años si la gente comentara que a Marino Lejarreta no se le levantaba. Hay alguna posibilidad, piensa, de que esto pudiera ser así: Los ciclistas se pasan media vida, al límite de su esfuerzo físico, posando con dolor sus testículos sobre diminutos y duros sillines de bicicleta. Quizás lo leyó en algún sitio, pero cree recordar que entre los ciclistas hay un altísimo porcentaje de tipos estériles por el maltrato que el desempeño de su actividad provoca en sus testículos. Quizás Marino fuera uno de los más afectados. Quizás. Triste consuelo. Aunque, bien mirado, la esterilidad no es lo mismo que la impotencia, a pesar de ir relacionadas obviamente, y con un poco de mala suerte, Marino Lejarreta es un excepcional amante, con un miembro descomunal de erecciones espectaculares y estéril.

¡Qué me importa la esterilidad! Yo sólo quiero dormir, o sea, follar para después dormir. Me da igual seas guapa, feo, gordo, top-model o un orco salido de los pantanos de la Tierra Media… Quiero follarte hasta que te quedes a gusto y me dejes dormirme a tu lado. No hay mayor fantasía sexual que cantarte al oído que
sólo quiero despertarme contigo…
No tengo mayor deseo que eso.

Vuelve a casa sólo y deprimido, una vez más. En este terrible momento, previo a su pesadilla, saca fuerzas de flaqueza para consolarse imaginando a los cabrones que le machacaron en el colegio por llamarse Marino. Seguramente ninguno de aquellos ha ligado esta noche. Alguno, el más guapete, será hoy calvo, gordo y feo y estará casado con una mujer que le mangonea y le hace la vida imposible. El más graciosete, probablemente esté muerto por haber hecho alguna inadecuada chanza en momento inapropiado o habrá perdido toda su gracia para ser un ser plano y lineal con una aburrida vida de contable de entidad financiera cercana a la quiebra… Se apena por encontrar consuelo en tan fantasiosa realidad, pero es el único que encuentra momentos antes de volver a su particular tortura diaria.

No puede dormir. Una vez más, como tantas otras. Una vez más, se levanta y pone la televisión. En el canal internacional de ETB ponen en diferido una carrera ciclista. No le interesa lo más mínimo, pero algo le ha hecho poner ese canal. Una estridente voz narra con pasión lo que pasa en la carrera. Parece que está bastante interesante a juzgar por el tono y la velocidad de su discurso. Otra voz intercala comentarios más sosegados y menos apasionados entre tanto despliegue de velocidad narrativa. Esa voz le resulta familiar, pero nunca ha estado en el País Vasco y odia el ciclismo. Es imposible. Le resulta familiar aunque apostaría un dedo que no la había escuchado antes.

Pulsa el botón de información del programa:
3:30-6:00: Retransmisión Deportiva (Redifusión)
Palabras más adelante descubre el horror: Comentarios a cargo de Marino Lejarreta, el Junco de Berritz.

Ahora sí que no podrá dormir.

Es duro llamarse Marino y pasar la vida en una ciudad interior.


lunes, 18 de enero de 2010

Fotos que me hubiera gustado hacer a mí (I):



Milana bonita…

El blanco es un color muy llamativo. Dicen que engorda, pero supongo que si estás delgada da igual lo nuclear que sea el blanco con el que te vistas.

Algo es blanco cuando su espectro abarca todos los colores. También es la pesadilla de todas las amas de casa cuando los niños son pequeños.

Vestir de blanco tiene muchas ventajas: El blanco sugiere pureza. El blanco combina con casi todos los colores. Por la noche no es tan habitual como el negro, por lo que vestirlo ayuda a llamar la atención. Se puede usar en cualquier época del año. Sólo está mal visto vestir de blanco riguroso, en una boda si no eres la novia (porque puedes robar su justificado protagonismo), pero este no parece ser el caso.

El blanco también tiene inconvenientes. Se ensucia con facilidad y requiere muchos cuidados a la hora de lavarlo para que se mantenga mucho tiempo como el primer día. Has de tener cuidado con la ropa interior porque puede transparentar y por supuesto, hace gorda. Pero, por encima de todo, el blanco es el centro de la diana de cualquier cosa.

La foto no tiene una calidad excelsa, pero el detalle de hacer un círculo rojo en ella hace que inevitablemente focalicemos nuestra atención en el interior de dicho círculo, obviando el resto de la instantánea.

En el interior del círculo rojo se ve a un individuo blandiendo lo que parece ser una pistola que apunta al hombre de blanco. Se trata de Ali Agca que está a día de hoy de actualidad por su salida de prisión, después de casi 30 años, donde fue confinado por la escena posterior a la que recoge esta instantánea.

Ahora tiene 52 años, pero eso no lo podemos saber por la foto. Las fotos no suelen transmitirnos la edad de los protagonistas, por mucho que nos empeñemos muchas en que salimos mayores en según qué poses. Ali Agca no estaba posando en la foto, por mucho que supiera (porque lo sabría) que pasaría a la historia.

Hoy es un hombre amenazado de muerte. Simplificando el asunto podemos imaginar una foto igual a ésta en la que él sea el vestido de blanco. Pero no es muy probable. Seguramente nunca vuelva a pisar el escenario de la foto, no creo que lo dejen. El hombre de blanco (objetivo) tampoco volverá a pisar ese escenario, aunque tiene un sustituto que también viste de blanco y lo pisa a menudo.

Cuando se hizo esta foto yo era muy pequeño. Creo que no sabía utilizar la cámara por aquel entonces. Hoy todo es más fácil, pero ya no tenemos al hombre de blanco y Ali Agca no pasa por ahí a menudo.

No me gusta vestir de blanco, me hace gorda.

Milana bonita…


miércoles, 13 de enero de 2010

2010, 1984 y Mayo del 68 (Todos Después de Cristo)


No me he marcado propósitos de año nuevo. Hace demasiado frío. Y eso que el frío me gusta. Siempre vienen a mi mente imágenes de rusas altas y rubias vistiendo solamente abrigos de piel. Supongo que son cosas que debería hacerme mirar. Igual que lo de los propósitos de año nuevo.

Este año no voy siquiera a comprar las primeras y fascinantes (en cuestión calidad – precio) entregas de ninguna colección por sugestivas que sean. Ya está todo inventado, no creo que me sorprendan.

Voy a comprar el 2010. Creo que es la inversión más rentable que se puede hacer a corto plazo hoy en día. En momentos tan convulsos de la economía mundial no hay nada como apostar por los valores seguros, aunque ya se sabe que en cuestiones económicas no hay nada seguro al cien por cien.

¿Qué nos ofrece el 2010? Nada que no nos ofrecieran años anteriores, pero a día de hoy, todavía parece un año rentable. Puede subir su valoración día a día. Puede ser aprovechable. Es cierto que cada día que pasa el riesgo de que se devalúe y pase a ser un valor a despreciar es muy alto, y yo mismo soy el primero que parece no ser consciente de esto ya que llevamos 13 días del mismo y todavía no me he afeitado todo lo que arrastro del 2009, pero no soy un animal bursátil sino un simple aficionado a la vida.

A día de hoy los Reyes no han pasado por mi casa. Es otro de los motivos del retraso en ponerme los pantalones este 2010. Seguro que mi tendencia a no valorar estas tradiciones tenga algo que ver con el asunto. Habrá que esperar el regalo de Primera Comunión que la vida también me debe.

Los Reyes no han pasado por casa, pero sí por medio mundo. Decidí obviar su rechazo y me hice hace unos días una fortaleza de cartones de cajas de juguetes que encontré en los contenedores el día de Reyes. Desgraciadamente es asaltada a diario por los huérfanos del hospicio vecino que, más desgraciados aún que yo y con menos esperanzas en el 2010 que el propio 2010, periódicamente buscan los entretenimientos que prometen en vivos colores mis paredes. He desistido de tener techo para no tener que dormir leyendo el cuadro de los requisitos tecnológicos de cada juguete. En mis tiempos sólo existía uno que era aquello de las pilas (no incluidas).

Quizás debiera regalarme algo yo mismo, pero no puedo gastar mucho dinero, al fin y al cabo, aún estoy a tiempo de comprar acciones del 2010. Entro en una librería de ocasión. La librera duerme tras el mostrador con insólita tranquilidad y con la cabeza erguida. Quizás no duerma y simplemente haya cerrado los ojos un momento. Por si acaso paseo entre los estantes con sigilosa parsimonia. Me encanta el silencio de estas tiendas, sólo alterado por la caída de algún ejemplar que se despeña de los estantes cuando intentamos buscar más de la cuenta. Casi siempre son los mismos libros los que se caen, y esto, en 2010 sigue siendo igual que en 1984. Se van al suelo los mismos libros e independientemente de la altura de la que se descuelguen suenan siempre igual. Cae por los suelos algún ejemplar en inglés de Alasteir Crowley. No hay casi nada en castellano de este autor. Me da igual, no domino el inglés pero tampoco me gustan las traducciones al castellano mal hechas. Además, no me interesa demasiado Alasteir. También se caen siempre, indefectiblemente, alguna colección de relatos de Poe, las “Rimas y Leyendas” de Bécquer, muchos libros de Ágatha Christie y el “Drácula” de Bram Stoker, pero nunca cae ninguna del resto de sus obras. Pregunto por ellas a la librera durmiente pero parece que no quiere despertar aún al 2010. Si supiera que el Gran Hermano aún nos vigila, y que por mucho tiempo que pase, siempre será así, incluso en este 2010, no dormiría tan tranquila.

Decido guardarme en el abrigo algún libro de poemas de alguien que se llame Vicente. Sólo recuerdo a Huidobro y a Aleixandre y del primero no veo nada por los estantes. Me guardo en el bolsillo exterior del abrigo una edición hispanoamericana de las Poesías Completas de Aleixandre que probablemente no me guste al llegar a casa por sus giros sudamericanos en el lenguaje, pero un libro gratis siempre es un libro gratis. Un aspecto que nos indica lo al alza que empieza el 2010 es el frío con el que ha empezado. Gracias a ese frío llevo puesto este abrigo en cuyos bolsillos me caben las Poesías Completas de Aleixandre y otro libro (de ningún Vicente) que me llama la atención y que al ser muy fino guardo en mismo bolsillo, dedicado a la pesca en los ríos de Castilla y León. No me gusta la pesca, pero me encanta leer guías y manuales sobre cosas de las que no entiendo absolutamente nada y sobre las que no tengo el mínimo interés. “La Guía Completa de la Pesca por ríos de Castilla y León 1996” es un buen ejemplo. El 2010 es otro.

La librera despierta justo cuando me planteo llenar el otro bolsillo del abrigo con algunos ejemplares de MAKOKI doblados adecuadamente para que quepan bien y no se estropeen demasiado. Con voz cansada de librera hastiada de las letras me increpa porque no se pueden doblar los tebeos. Me entran ganas de contestarla que son cómics, no tebeos, pero no creo que tenga la menor importancia. Salgo a la calle sin los Makokis y me voy a mi fortaleza de cartones para leer a Vicente Aleixandre de atrás a adelante, de su poesía más moderna a la más antigua. Ya tendré tiempo para los ríos castellanoleoneses y sus peces de hace catorce años.

Al llegar a mi fortaleza de cajas de juguetes que encontré en los contenedores el día de Reyes, para mi sorpresa me recibe en la puerta un felpudo personalizado con mi cara. Estos pequeños fenómenos son los que me hacen creer que merece la pena apostar por el 2010. "Los huérfanos del hospicio vecino habrán tenido un detalle conmigo por los malos ratos que me hacen pasar", me engaño sin ningún tipo de rubor.

Fantaseo con la idea de hacerme más pequeño este 2010. Si hubiera llegado ya el 1984 todo sería más fácil. Pero hemos de apostar por el año diez. No quiero tener problemas en los quicios de las puertas. Sueño con poder ser diminuto y pasar entre las piernas de las niñas en minifalda. Sueño con reducir mi anchura al mínimo para que el roce con el interior de sus muslos sea totalmente intencionado. Sueño con la invisibilidad. Sueño con comprar el 2010. No sé si estoy a tiempo. Por si acaso, voy a hacer una buena oferta: Mi alma y el espíritu de todos los que dicen haber estado en Mayo del 68 en París, a cambio de un 2010 menguante. Todo el mundo marca como propósito para el nuevo año algo que siempre implica crecer, hacerse más grande. Yo quiero hacerme pequeño. Debe ser más fácil. Pero no es un propósito de año nuevo, es una necesidad. El único propósito a día de hoy es invertir en el 2010.

¿No has pensado nunca lo práctico que sería ser diminuto? Siempre vienen a mi mente imágenes de rusas altas y rubias vistiendo solamente abrigos de pieles. Supongo que son cosas que debería hacerme mirar. Igual que lo de los propósitos de año nuevo.


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