martes, 22 de diciembre de 2015

Churchill no dijo eso (Paulo Coelho quizás)


Paulo Coelho: 


¿Sois capaces de conciliar bien el sueño?

Hay tanta sabiduría ahí fuera a la que nunca podremos aspirar que no sé cómo conseguimos conciliar el sueño. Puedes pensar lo que quieras, puedes criticar sin descanso, puedes tener los mejores argumentos a tu favor y la razón inequívoca de tu lado pero recuerda siempre que “los fascistas del futuro se llamarán a sí mismo antifascistas” (Winston Churchill).




Sir Winston -sí, yo también me he reído de pequeño relacionando un Sir con una marca de tabaco aunque siempre se le viera fumando puros- se removería en su tumba si tuviera conocimiento de cuánto se ponen en su boca ciertas palabras. “Los fascistas del futuro se llamarán a sí mismo antifascistas”. Así, sin anestesia. Como un mantra tipo “Sólo sé que todo es relativo” (¿Albert Einstein?).

El que fuera primer ministro británico durante la Segunda Guerra Mundial, tiene una fundación con una web en la que no aparece entre las muchas frases célebres que se recogen del político. Pero quizás eso dé un poco igual a la hora de reuitear algo o discutir con alguien que nos afea la conducta o las ideas. Y más igual dará que existan teorías que adjudiquen la frase y ni siquiera textualmente- a un tal Huey Long, gobernador de Louisiana alrededor de 1930. Sí, yo tampoco lo conocía hasta que me he puesto a buscar. Pero lo he encontrado, ¿Eh?. Y creo que todos tenemos el mismo google: When Fascism comes to America, it will (be in the name of/come under the guise of/be called) anti-Fascism!”







Todo estas cosas (con muchas más, no soy tan frívolo) hacen que emitamos ese deseo de cansancio de “Paren el mundo que me quiero bajar”. Pocos personajes tienen tan pocos detractores y tantos admiradores o personas que le siguen como la genial Mafalda. A todos nos gusta y el que más o la que menos tiene algún libro suyo o alguna viñeta que conoce y le encanta. Mafalda es de todas y todos. Poco malo se puede decir de ella. No se me ocurren muchos más personajes que sean tan unánimemente queridos como la genial niña que creó Quino. Pero si nos escuchara, seguramente se querría bajar del mundo en cuanto se parara. Nunca lo dijo. Da igual. Esto no lo leerá nadie, pero por si acaso, su creador lo explicó y razonó varias veces.


Pero esta historia no estaría completa sin que fuéramos a lo que realmente importa. A lo que hace que nos merezcamos todo lo malo que nos pase. El uso y ¿disfrute? De las citas del Señor Paulo Coelho.




Si algo malo han traído las redes sociales ha sido sin duda el tener que encontrar día sí y día también las pretendidas y maravillosas enseñanzas y consejos de metaforaman. Del hombre que llegó de Brasil para enseñarnos a todas y todos cómo vivir mientras hacemos que él viva cada vez mejor. Desde un punto de vista espiritual, claro está. Porque él lo hace por nuestro bien. Y nosotros, tan listos e instruidos, no hacemos más que mejorar su trabajo, poniendo en su boca cualquier cosa que suene pseudotrascendente y haciendo gala de ello por las redes sociales para que nuestros amiguitos y amiguitas vean lo profundo y trascendentales que somos.
Yo no soy así. Yo cada vez que veo una frase de Paulo Coelho, dudo.




Y si mi duda no es razonable o me siento flaquear, me planteo que no hay que dar por verdad nada a priori, o que una frase de alguien célebre no tiene por qué cargar de más razón nada. O sea, que no por haberlo dicho alguien conocido antes, algo es más verdad o haya que tomarlo en serio. Háganme caso. No lo digo yo, lo dice el tito Abe:





Quizás todo se resuma a que “Solo sé que no sé nada” (Socrates). Aunque me encantaría tomarme unas cañas con quien le ha dado la vuelta y ha dicho aquello de “Solo sé que no sé nada y ni siquiera de eso estoy seguro”.








jueves, 10 de diciembre de 2015

Volver a caminar (Like a Rolling Stone)





¿Conoces la historia del que quiso volver a sentir el placer de aprender a hacer algo vital por primera vez y se amputó los pies para poder aprender a andar de nuevo?

Yo era de esos chicos que revisaba la discoteca, cuando iba a alguna casa, momentos previos a acostarme con alguien, y decidía si hacerlo o no en base a ello... Ella no tenía discoteca, pero era un encanto.

- ¿No tienes discos?
- Ya no se lleva.
- No digas eso.
- Nunca he sabido qué escuchar.
- ¿Conoces los Clash?
- No
- ¿Ramones?
- No
- ¿Kinks? ¿Dylan? ¿Doors? ¿Nirvana? ¿Led Zeppelin? ¿La Creedence? ¿Sex Pistols? ¿Hendrix? ¿Pearl Jam?
- ¿Cómo? ¿Nirvana? Me suenan...
- Tenemos trabajo por hacer.

Ya había decidido traicionarme, olvidar mis principios y convertirme en su Maestro Yoda musical porque ella me gustaba mucho. Muchísimo.

- ¿Keith Richards?
- ¿Quién?

Me enamoré para siempre. Puse “Like a Rolling Stone” para acompañarnos haciendo el amor, porque después, le iba a descubrir todo el rock de la historia y yo me cortaría los pies para acompañarla, para sentir lo que es darse cuenta de que estamos aprendiendo a caminar de nuevo. Juntos.





P.D.: En ocasiones mando cosas a concursos. Rara vez gano, pero luego me queda material para publicarlo aquí o para dejar que maduren y si son microrrelatos, que crezcan, o si son más grandes, quedarme con lo esencial. Esto era para un concurso de microrrelatos de rock. Evidentemente, no me sacó de pobre...




domingo, 6 de diciembre de 2015

El desayuno como medida de todas las cosas


El día que vuelvas a quererme QUIZÁS yo solo desee volver a desayunar todas las mañanas contigo en estas tazas.



Porque lo más importante de querernos, lo mejor de las historias, son los desayunos.


Todo empieza con un poema.
Todo empieza con una canción.
Todo empieza con una historia.
Todo acaba cuando llega el BESO.


Lo nuestro empezó con un BESO.
Después del BESO empezó la historia.
Y la historia arrancó con una canción.
Y terminó con un poema.
Un poema que nunca te escribí.
Como aquel cuento.


Siempre fuimos diferentes. Aunque también tengamos nuestro BESO, nuestra historia, nuestra canción y, por supuesto, teóricamente (solo teóricamente) nuestro poema. Y aquel cuento que nunca te escribí.

Ya tengo las tazas para desayunar juntos el resto de las mañanas que deseemos. Cuando vuelvas a quererme. Del poema y el cuento ya hablaremos cuando tengamos el café caliente...







P.D. I: Las tazas las venden aquí: http://bag-apart.com/producto/pack-anniealvy/
Que vuelvas a quererme y desayunemos juntas en ellas no vale 19 €.

P.D. II: Escribir en reglones cortos no hace poesía. 







martes, 17 de noviembre de 2015

El sexo al ritmo de la Marcha Radetzky





Érase una vez, en un reino muy muy lejano, una chica que vivía con sueños y aspiraciones de princesa. Una princesita que quería cambiar todo lo que veía a su alrededor, pero que no conseguía cambiar siquiera a sí misma. Una preciosa damisela que añoraba con melancolía ser querida y amada como todas las amigas le decían que tenía que ser querida y amada.

Érase una vez, en un poblado muy muy cercano, una joven que moría por cumplir sus afanes y deseos. Una chica que quería cambiar todo lo que le hacía infeliz por cosas bellas que la hicieran sentir bien dichosa. Una chica que peleaba por ser más querida y amada de lo que todas sus amigas le decían que debía ser.

Érase una vez, en una discoteca de reggaeton muy cerca de nuestras protagonistas, un príncipe azul y engreído que sentía en su interior que era capaz de ser feliz, repartir alegría y hacer sentir bien junto a él a cualquier chica o cualquier princesa que anhelara una vida mejor. Un chico que follaba al compás de la Marcha Radetzky en las mañanas de resaca. Un principito que utilizaba la Marcha Radetzky para hacer sentirse únicas y especiales a cualquier chica que encontrara en su discoteca de reggaeton cuando después se la llevaba a casa.

Érase una vez, una mañana que no era la de Año Nuevo. Una mañana de resaca como otra cualquiera tras una noche de perreo, bailes sudorosos, y alcoholes de dudosa procedencia. Esa mañana, esa neblina de los restos de la noche anterior, una princesita, una chica y un príncipe azul engreído, se encontraron aún borrachos de mañaneo, en una cama conocida pero extraña. Aquella mañana se amaron y buscaron la felicidad al ritmo de la Marcha Radetzky. Encontraron orgasmos y cariños que les hicieron ser mucho más dichosos, verse más cerca de sus sueños, sentir que podían cambiar el mundo desde sí mismos, creer que la vida merecía la pena vivirla.



Érase una vez, después de todas estas cosas que os he contado de chicas, princesas y principitos azules, alguien que se masturba al compás de la marcha Radetzky en una mañana de vuelta de fiesta de una discoteca de reageton. Érase una vez, la misma persona. Érase una vez, unos armónicos cariños y orgasmos en mi cama.

Érase una vez, todas estas y muchas más cosas. Siendo la misma persona de diferentes formas. Sintiéndome bien conmigo mismo. Teniendo en mi cama, tras mucho alcohol, todo lo que necesito para ser feliz, una vez que, sin ser la mañana de Año Nuevo, pulso el play y suena la Marcha Radetzky.





martes, 10 de noviembre de 2015

No querer ver más allá





- Y al siguiente cuadro de la subasta le llamaremos "No querer ver la verdad".
- ¿Por qué te empeñas en cambiar los cuadros?
- Mejor así. No es bueno que todo esté a la vista. No merece la pena que veas más allá de lo que tus ojos estén preparados para ver.
- Pero si haces eso te pierdes muchas cosas.
- Hoy en día te pierdes muchas cosas si te paras a pensarlas. Lo dijo U2, creo.
- Cada uno pierde lo que quiere. Aunque luego se crea ganador. Y a ti no te gusta U2.
- Yo nunca he ganado nada. Y no me gusta U2.
- Ni falta que hace.
- Eso lo dices tú.
- Eso lo digo yo.






jueves, 29 de octubre de 2015

VI Aniversario: De músicas, narcisos, muertes y quereres

Pues no. El sexto año no ha tenido mucha música, para qué engañarnos. Pero hay una lista de VI Aniversario. Esta es la música que ha pasado por cabezadeavestruz este año 6 (54 D.D.):





Hoy es San Narciso. Tampoco es que sea relevante, pero aquello de Narciso o el narcisismo siempre ha sido un motor importante para que esto siga vivo. Por muchas muertes que haya alrededor. Por mucho que uno muera un poco a veces. Porque “Una de las ventajas de estar muerto es que todos te quieren”. Y da gusto que, llegando la fecha, el día de inicio de cabezadeavestruz 7.0, el año 55 D.D. (Después de Diego), también llegan los muertos, las calaveras y los diablitos a mi querida Oaxaca. Y mi buen hermano en la distancia (y en la cercanía) Don Gilomeno me regala una calaverita con todo el amor y el cariño, muy bien recibido en momentos como este. GRACIAS, ARTISTA:

Fer muy cojonudo a la muerte le exigía, 
que se lo llevase de una vez al campo santo,
pues en esta vida ya no daba para tanto,
Y de su presencia ya nadie prescindía.

La muerte sílfide dijo entonces los grandes así mueren,
Y la ventaja de estar muerto es que todos te quieren.

Yo no suelo concederles a todos el favor,
De llevarlos desde antes a la presencia del Señor.

Pero en complacencia a tu vida pondré fin;
Por que quiero que me leas "el párpado del puercoespin"

¡Probresito de mi compi, ese güey de Badajoz!
Ya no escribe mas el grande cabeza de avestruz.

Todo mundo llora y reprocha cual saeta,
¿Donde están los versos que me escribías cuando eras poeta?”



Y en estas, con el corazón encogido, emocionado por sentir cariño de él y de much@s que sabéis quiénes sois y que estáis ahí, como me gusta que sea, en otro acto más del narcisismo habitual por estos lares, me congratulo de no escuchar eco cada vez que paso por aquí y quiero decirles algo. Y ya van seis años... ¡GRACIAS!


B.S.O.: "Canción del Eco" (Christina Rosenvinge).






lunes, 26 de octubre de 2015

VI Aniversario: Los restos del naufragio




“Nos queda Oaxaca,
peyote, San Pedro
y amigos que
no nos quieren cambiar.”


6 años. Esto cumple el día 30 seis años de “vida”. El día 30 de octubre es el inicio del Año 55 D.D. (Después de Diego) y debería empezar cabezadeavestruz 7.0.
Poco podía imaginar que las letras que comienzan este post, de “Los restos del naufragio” de Bunbury, pudieran llegar a tornarse tan proféticas y adquirir tanta importancia en estos días. Sí, amiguit@s, mirar cabezadeavestruz a día de hoy es mirar los restos de un naufragio. Ver en ellos lo que nos queda y con qué podemos contar.

El año seis de cabezadeavestruz ha sido sin duda el más pobre. El de menos cantidad, el de menos que decir, el de menos que aportar, el de menos que encontrar. Hemos naufragado. Y Oaxaca es muy responsable de ello. Para bien y para mal. Pero también lo es todo lo que nos ha rodeado y todo lo que nos ha acontecido. Aunque si estas líneas están saliendo ahora mismo es porque aún nos quedan “amigos que no nos quieren cambiar”.




No es fácil escribir. Hay muchísimos escritores que escriben para huir de la realidad. Escribir como huida. Yo no sé escribir pero cuando todo se nubla, no me sirve para huir. Necesito huir de mi huida para poder escribir. Y últimamente, todas las palabras que me salían me hacían consciente de la necesidad de huir y eso me dolía al escribir.

Mi tolerancia al dolor es limitada. Muy limitada. Yo escribo porque me hace feliz. Incluso hay quien me ha dicho que cabezadeavestruz se creó para follar. Seis años después, todo ha cambiado. Los momentos que nos han llevado al naufragio nos han impedido escribir. Quizás ahora baste con analizar y rebuscar entre ellos, a la manera de un buscador de tesoros o de un, mucho más adecuado, pirata necrófago, para volver a disfrutar y ver qué es lo que nos queda y qué es lo que merece la pena.

Este aniversario es el momento ideal para dejar de castigarse con los crímenes perfectos, diga lo que diga mi adorado Andrés. Porque sobreviviendo es como un crimen perfecto deja de ser perfecto. Deja casi de ser crimen.



Algun@s se preguntarán por qué cuento todo esto. Pues no lo sé muy bien. Probablemente esto no lo esté leyendo nadie. Y si alguien lo lee, volveremos a ser felices y a dar por buenos estos seis años, eso que hemos conseguido, eso que hemos alcanzado.

Si cabezadeavestruz se creó para follar, a día de hoy ha optado por un celibato plácido e higiénico. Evidentemente, gracias a cabezadeavestruz hemos follado mucho recibido mucho cariño y empuje para seguir adelante. No hay que rebuscar demasiado en los restos del naufragio. La tormenta ya pasó.

El Subcomandante Marcos dijo una vez que “morir no duele, lo que duele es el olvido” y aquí estamos para celebrar que aquella tontería que se creó para follar recibir cariño, cumple seis años y este fin de semana habrá que celebrar el aniversario y el advenimiento del año 55 Después de Diego. Ni morimos, ni nos olvidamos. Ni matamos, ni caeremos en el olvido. Porque aquí, de siempre, hemos querido quedarnos a vivir en aquella maravilla de canción que compuso Josele Santiago y a la que recurrimos de cuando en cuando. Porque Los Enemigos siempre tuvieron razón y siempre son de esos restos del naufragio que hay que recoger para que todo cuadre:


"Bienvenido

al club de los que vamos a triunfar.
La vuelta ya nos la darás.
¡Tú vales, tú vales chaval!"









GRACIAS a tod@s l@s que andáis por ahí. ¡Feliz cumpleaños!




jueves, 15 de octubre de 2015

Microrrelatos sin pudor (Volumen 37): De ausencias siempre presentes


Y llegó un día 
en el que decidí 
que si algo no me podrías quitar nunca, 
era que me masturbara pensando en ti.

Y a partir de ese día, 
me di cuenta de que te echaré de menos 
para siempre.

Aunque siempre estés aquí.





Aunque me salgan callos 
o se borre la tinta de mi mano...




jueves, 8 de octubre de 2015

De Premios Nobel de Literatura, señales y cambios


Hoy han dado el Premio Nobel de Literatura. Hoy es este típico día en el que me gustaría ser otra persona. A algunos les cuento que me gustaría ser a quién le dan el Premio Nobel, pero yo sé que hoy, como tantos otros días, me gustaría ser el tío al que te estás follando porque no soy lo suficientemente bueno para ti.




Me pasa todos los días. Me cambiaría por él. Aunque lo deteste simplemente por hacer lo que hace. Aunque tú también lo detestes pero no lo sepas. Porque es el que está donde yo querría estar y no puedo porque no soy lo suficientemente bueno para ti.

Me pasa hasta cuando no me tiene que pasar. Me pasa cuando entro a una entrevista de trabajo. Cuando digo que soy bueno para hacerlo, el mejor que pueden encontrar y miro al entrevistador pensando si aunque lo deteste él también podría meterse en tu cama porque yo no soy lo suficientemente bueno para ti.

Ya le llamaremos, me dice con una falsa sonrisa. Ya llamaremos al que se está follando porque tú no eres suficientemente bueno para ella, quiere decirme, pero no lo dice. Y salgo ilusionado y con una sonrisa, y por un instante todo cuadra. Estoy en Moratalaz y cuando me pongo los cascos, aleatoriamente suena como primera canción “En la soleada tarde de domingo en un parque de Moratalaz” de La Cabra Mecánica. Tiene que ser una señal.

Avanza la canción y la señal está en la letra: “Córtate el pelo y búscate un trabajo”. Y sé que me tengo que cortar el pelo como a ti no te gustaría que lo hiciera. Pero da igual, porque me gustaría ser esa persona, cortándome el pelo o no, a la que te estás follando porque yo no soy lo suficientemente bueno para ti.

Hoy han dado el Premio Nobel de Literatura. Hoy es este típico día en el que me gustaría ser otra persona. A algunos les cuento que me gustaría ser a quién le dan el Premio Nobel, pero yo sé que hoy, como estos últimos días, estoy más cerca de estar muy lejos. Estoy a punto de salir por piernas para no tener que estar pensando constantemente que me gustaría ser el tío al que te estás follando porque no soy lo suficientemente bueno para ti.




Lo que no me gustaría ser hoy es Murakami. Ese no es lo suficientemente bueno para ti ni para el Nobel de Literatura. Y a ambos os entiendo en este caso. Al menos en este caso...









sábado, 3 de octubre de 2015

Puzle sin solución






Perdona mi ausencia: Estaba tratando de recomponer mi vida.

¿Cómo dices?

Nada, no te preocupes.

No, dime, dime.

¿Sabes lo que es intentar resolver un puzle del que cuando lo llevas bien encaminado te quitan las instrucciones?

No son necesarias las instrucciones.

¿Y un modelo a seguir?

Solo si quieres que se parezca a algo.

Sí, quizás ese no sea mi caso.

¿Nunca has querido parecerte a nadie?

Nunca.

Pero algún modelo tendrás que seguir, ¿No?

Las instrucciones del puzle.

¿Y cambiar de puzle?

No quiero hacer puzles. Seré un rompecabezas toda la vida. No tener instrucciones quizás sea lo mejor.

¿Podrás vivir con ello?

En ello estoy. Estoy tratando de recomponer mi vida. Perdona mi ausencia.

¿Y cómo lo llevas?

Mal. No tan bien como tú. Cada noche dejo la puerta de mi habitación abierta por si se te ocurre entrar y meterte bajo las sábanas conmigo. Cada noche olvido mi miedo a los monstruos y lo desconocido y dejo la puerta de mi habitación abierta por ti. Y pasan las noches y no entras. Y está empezando a hacer frío.

Perdona, ¿Nos conocemos?

Disculpa, ya me voy...








B.S.O.: "Perplejidad" (Nacho Vegas)



martes, 8 de septiembre de 2015

Declaración de intenciones: Enésimo volumen




Yo quiero ser de mayor algo chulo como buscador de errores en cuadros famosos.
Trabajar poco y ganar mucho.
Dedicar el resto del tiempo a dar besos a quien me apetezca,
ver cine en blanco y negro
y mirar por la ventana de una casa grande con vistas bonitas.





(Pintura: Mujer de espaldas, Delvaux)




martes, 18 de agosto de 2015

El tiempo de las cer(T/V)ezas




Es muy corto el tiempo de las CEREZAS.
Casi más que el tiempo de las CERTEZAS.
Siempre envueltos en el tiempo de CERVEZAS.
Que suele durar una vida una vez que conseguimos superar su amargor.

Para comernos la cerveza de la vida amarga y mantenerla en la boca hasta que se acabe nuestro tiempo.

El de las CEREZAS.


El de las (no) CERTEZAS.

CENIZAS.


B.S.O.: "Días extraños" (Nacho Vegas y Enrique Bunbury)


miércoles, 12 de agosto de 2015

No quiero una media naranja, quiero un melón entero





Un melón de esos de piel amarilla. Melonas, creo que les llaman. Redondito a ser posible. De piel amarilla porque me parece más acogedora que la de los de piel de sapo, que es como denominan a los verdes. ¿Quién quiere tener algo relacionado con un batracio cerca? No. Los cuentos de princesas que besan sapos y se convierten en príncipes, nunca me los he creído. Menos aún cuando ni siquiera soy un príncipe, y mucho menos aspiro a una princesa que me bese para serlo.

Quiero un melón.

¿Quién en su sano juicio prefiere una media naranja a un melón entero? De piel amarilla y suavecita, pero consistente. Porque así te quiero de primeras. Aunque tu piel sea más dura y fuerte de lo que aparenta a la vista. Tu piel no es comestible, pero no me agrede. Que lo que me agredan sean tus semillas. Dentro, cuando te coma. Las pipas, como las llaman. Para que entren en mi boca y las expulse una a una, con disimulo. Porque no queda bien nadie escupiendo las pipas de un melón. Pero al menos es un melón. Un melón entero, no una media naranja.

Quiero un melón entero, no una media naranja. Y así cuando te canses de mí, siempre podré agujerearte y meterte treinta segundos en el microondas para luego hacer contigo todas esas guarradas que nunca quisiste porque deseabas ser una media naranja.





P.D.(Innecesaria como de costumbre): La foto no tiene medias naranjas ni melones. De lo que se deduce que no tiene mucho que ver con la historia. Es cierto. Se trata de una mítica escena de “Atlantic City” de Louis Malle, en la que una joven Susan Sarandon se lava con limones mientras el personaje del gángster, un anciano Burt Lancaster, le observa desde otra ventana. Ese personaje deseable, atractivo y joven, hace que el otro cansado y hastiado de todo, por el deseo recupere las ganas de vivir. Creo que tengo esa escena en la cabeza desde que era un niño y tenía muchas ganas de vivir. Ni siquiera sabía lo que eran las medias naranjas ni me hacían puñetera gracia los limones. Y por eso pongo otra foto tras la innecesaria postdata.





¡Limones y melones para tod@s por leer hasta aquí!



miércoles, 5 de agosto de 2015

Bebedora de absenta


Hace algunos años, en un juego estilo a aquello del “Si fuera” que hacía Raffaella Carrá en la tele, una amiga a la que admiraba y quería desde mi posición de adolescente tímido y apocado, me identificó con este cuadro. “Si fueras una obra de arte serías Bebedora de absenta de Picasso. Sabes cuál es, ¿Verdad?”

Sí, mentí vilmente. Mentí pero me hizo muchísima ilusión. Hay que recordar que en aquellos tiempos no existía la posibilidad de agarrar el móvil y con una rápida consulta al Señor Google (¿O será señora?) descubrir de qué se está hablando. Pero me fascinó. Me sentí honrado. Me gustó mucho. Como me gusta ahora la absenta. Pese a que esté prohibida. Aunque esto no viene al caso ni es relevante.



Hace algunos días, en una casualidad del destino de esas que no tienes planeadas (de ser así no serían casualidades del destino), me di de bruces con la Bebedora de absenta. No es que de fiesta me encontrara con algún ser cautivador que se diluye en la bohemia despertando mi interés, sino que entré en una exposición y allí estaba ella. De repente, como si nada. Siendo una rareza en las exposiciones que suelo ver porque es un caso extraño de lienzo que está pintado por las dos caras. Por detrás, tenía “Mujer en el palco”, pero de eso me di cuenta un buen tiempo después, tras mirar y remirar, embelesado, a Bebedora de absenta.

Mi historia de amor con la Bebedora de absenta desde aquel momento (desde hace años, no desde hace algunos días) llegó a su culmen (hace algunos días, no hace años) cuando me la encontré por sorpresa, altiva y desafiante en medio de una sala del Museo Reina Sofía. Una historia que siempre estuvo ahí y a la que no hice mucho caso porque me dejaba vivir en paz, sin tener que demostrar constantemente cuánto la quería. La historia, no el cuadro que pertenece a otro museo. Mi historia de amor hacia ella define la biografía sin escribir de mi menos interesante vida. Apareció sin venir a cuento, cuando yo no sabía qué quería ser de mayor pero confiaba con serlo todo, y se mostró ante mí cuando olvidé ser mayor porque creía serlo ya todo. Tanto tiempo estuve buscándola, que cuando el resto de mi vida estaba tan alicatada como para no pararme a pensar qué podía haber fuera de ella porque lo único que me pedía el cuerpo era vivirla desde dentro como estaba haciendo, que cuando apareció casi ni me di cuenta y por poco me paso de largo. Pero la encontré. Quizás fuera una señal de la que no me percaté en aquel instante, pero a partir de aquel momento, uno de tantos que agrupados hacían de mi vida algo por lo que no preocuparse cómo es la vida (que es sin duda uno de los signos más claros de que estás viviendo algo importante, no preocuparte qué es lo que estás viviendo ni pensarlo demasiado) y seguir cada día sintiendo qué bien se está cuando se está bien, marcó el principio del fin. Como si de un círculo vicioso (por aquello de la absenta no podría ser de otra manera) vital se tratara, días después de encontrármela, se llevó por delante todo lo que tenía. Sin yo quererlo, por supuesto. Sin esforzarme por ello. Pero todo se fue. Y me quedé con el recuerdo. Tal y como recuerdo cuando la Bebedora apareció en mi vida. Como con tantas otras cosas.

Hace algunos días dejé de pensar que todo estaba bien. Olvidé que mi vida era tan maravillosa como para encontrarme con la Bebedora de absenta en medio del Reina Sofía de casualidad y disfrutarlo. Se cerró el círculo. Sin absenta con la que evadirse. Y se cumplió el vaticinio de hace algunos años, cuando supe que todo iría bien, cada vez mejor, hasta que se rompiera por cualquier cosa. Giró la rueda. El círculo se cerró. Y la espiral me lleva de hace algunos días a hace algunos años. De no saber ahora mismo qué quiero ser de mayor como me pasaba en aquel entonces. De ser consciente de que la vida son tres días como lo era por aquellos tiempos, pero que esos tres días me los han dado a mí porque soy especial y diferente a las y los demás. Porque vivir con sensación de abismo permanente, como me sobrevino la existencia hace unos días, sólo requiere voluntad para transformar el vértigo en excitación. Me asomé al barranco obligado hace algunos días y tuve miedo de caer. Dejé de mirar abajo recordando hace algunos años y tuve placer de caer.

He vuelto a ser yo. Aquel que era cuando no sabía quién era ni qué quería ser de mayor.

He visto a la Bebedora de absenta...





sábado, 25 de julio de 2015

Cadáveres por el río






Sueño con una imagen brutal, de ataúdes flotando y desapareciendo río abajo. Como la de los cadáveres en el río Tigris. ¿Tigris? No sé, un río en la India donde hay una ceremonia en la que los cadáveres van por ahí, río abajo y se ve todo desde la orilla, con pilas funerarias, hogueras… Cosas así. No estoy seguro, nunca he estado en la India, y tampoco es importante. Lo mío es un río en medio de un bosque. Un ambiente frío, con sombra, con aguas claras y muchos árboles en el borde del río. Ataúdes negros, caobas, blancos… De todos los tamaños. Incluso blancos pequeñitos de bebé. Siempre me ha intranquilizado muchísimo, me ha perturbado duramente la imagen de un ataúd blanco pequeñito, de esos de bebés. No sé si es por la injusticia que representa que un bebé muera, por el dolor que eso supone en su entorno o por la imagen en sí. Pero me duelen a la vista los ataúdes blancos pequeñitos. ¡El Ganges! El río es el Ganges. Lo acabo de mirar en Google. No sé yo por qué habré dicho el Tigris. Supongo que por aquello del Tigris y el Éufrates, que están por allí y siempre los veíamos juntos. El nombre, porque yo los ríos no los he visto. Acabo de recordar que un amigo estuvo por la India y yo le pregunté por lo de los cadáveres en el río –Ganges, río Ganges- y lo que me gustaría que me enseñara alguna foto de aquello. Pues, según me dijo, parece ser que no se podía. Vamos, que no está nada permitido hacer fotos allí. Tiene su lógica, porque, a fin de cuentas, es un lugar sagrado. Imagina que un entierro por aquí viéramos miles de turistas haciendo fotos cuando toda una familia y allegados está llorando una pérdida. Se monta una buena. Dice que eso de los cadáveres se hace porque no tienen dinero. Se supone que se hacen cremaciones, pero como la madera es muy cara para mucha gente en la India, los dejan que se vayan por el río. Y más abajo acaban devorando los cadáveres todo tipo de aves carroñeras. Las aves carroñeras que haya en la India, claro está. Yo no he estado nunca en la India, ni sé de pájaros tanto como para saber qué aves carroñeras hay por allí. 

¿Hace frío en esta época en las orillas del Ganges?




B.S.O.: "El río" (Miguel Ríos)


jueves, 18 de junio de 2015

La foto de las 1001 historias. Historia Nº 6: El Canal Historia







Cuentan que en el lugar donde se edificó este convento, hace mucho que habitaba un pueblo que no sale en los libros de historia. Un pueblo del que muy poco, o nada, se sabe. Tan poco como que muchos historiadores importantes niegan su existencia.

- ¿Quiénes eran, Hermana?
- ¿No has escuchado eso de que muy poco, o nada, se sabe?
- No. No he escuchado nada. Yo no estoy suscrita al Canal Historia como usted.
- No hace falta estar suscrita.
- ¿Me está proponiendo que piratee la señal del canal?
- No Hermana. Eso es robar. Y robar es pecado.
- ¿Entonces?
- Yo tampoco estoy suscrita.
- No lo entiendo.
- Yo tampoco. No sé de qué estamos hablando.
- Si no estamos suscritas a ningún canal, ¿Cómo has escuchado lo del pueblo ese del que muy poco, o nada, se sabe?
- Yo no he escuchado nada.
- Yo tampoco.
- Pues entonces será la introducción de la historia.
- ¿Y quién hace la introducción de estas historias?
- No lo sé.
- ¿Esa mujer lo sabrá?
- ¿Qué mujer?
- La que está entrando en el convento.
- Esa tampoco creo que sepa nada.
- ¿Le cerramos la escalera entonces?
- No. Vamos a esperar a que suba. A ver qué tiene que contarnos.
- ¿Y si es parte de ese pueblo del que muy poco, o nada, se sabe?
- En ocasiones me da usted miedo, Hermana.

Cuentan que en el lugar donde antes estuvo este convento, había pasadizos subterráneos que comunicaban todos los pueblos de la región en un radio de 100 kilómetros a la redonda y que sólo unos pocos lo conocían. Esos pocos no se atrevieron nunca a usar los pasadizos por miedo a las leyendas que circulaban sobre lo que se encontraba en ellos. Tan pocos, que esta historia no puede ser contada. A menos que alguien se atreva a recorrer los pasadizos con valor para contarlo después.




Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!