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viernes, 8 de febrero de 2013

Me sobra Carnaval





“Y mira desde aquí,
se parecen a ti.
Dime, ¿desde allí todos 
también se parecen a mí?”
(Me sobra Carnaval, Los Enemigos)



Un año perdido. Mirando atrás, seguro que serían muchos años perdidos. Perdidos en la impostura, en ser quien nunca he sido. Soy el único que lo sabe, pero perdí el tiempo disfrazado de cosas que no era, viviendo un Carnaval autoimpuesto que no coincidía con ninguna fecha de mi calendario. Y mucho menos de mi santoral.

Hoy me he disfrazado de ti. Me he embutido en tu piel porque sé que es la que mejor me sienta y he salido a celebrar la impostura. Con la actitud de disfrute y paraíso en mi cuerpo, que era el tuyo epidérmicamente. Hoy me he disfrazado de ti.



Hoy he triunfado con mi disfraz de ti. Estoy preciosa y la gente que sale con el espíritu loco de la fiesta del ser lo que no se es me ha mirado con deseo. Me he sentido deseada aunque he sabido que realmente te desean a ti.

Mi disfraz de ti me ha durado un rato.

Pasada la ilusión inicial de sentirme en tu piel, me he dado cuenta que me tira la sisa. La capacidad de movimientos es nula dentro de ti y creo sospechar que se ha descosido algo en el culo cuando me he agachado. No puedo levantar los brazos ni acercarlos para abrazar a nadie porque están demasiado pegados a mi piel. Me hace tripa. Para colmo, creo que me está saliendo urticaria porque vaya usted a saber de qué material está hecho tu piel y qué reacción provoca en mi cuerpo.

Como un loco me he metido en el baño de aquel bar para desprenderme de tu piel y poder disfrutar la noche sin tanto agobio encima. Con rabia y angustia, destrozándola. Exhausta mirando al espejo me he dado cuenta que vuelvo a ser yo fuera del disfraz de tu piel y me he sonreído pensando que la noche de Carnaval empezaba en ese momento. En cuanto cruzara la puerta del baño y volviera a la barra.

Las miradas en mi retorno con todo lo que me cruzaba no me gustó mucho. A primera vista, pero quién soy yo para valorar las miradas. Nunca fueron mi fuerte. Nunca miré de frente y soy miope. Y las miradas en Carnaval están, como mínimo, llenas de purpurina, o sea que no hay quien se fíe.

Pedí otra copa desconcertada. La camarera, tan solícita y seductora en Carnaval como el resto del año me miró de arriba a abajo y puso una mueca extraña. Algo así como el emoticono del Whatsapp que tiene la boca en forma de S tumbada y no supe muy bien qué pensar. Nunca sé qué pensar cuando me mandan ese emoticono, pero lo de la camarera era otra cosa. Quizás le puse cara de emoticono yo también porque se vio obligada a decirme lo que pasaba:

Te sentaba muy bien el disfraz. Estabas mejor antes, así sólo eres tú...



Así sólo soy yo - pensé, mientras un escalofrío me recorrió la columna y pillaba el primer antifaz abandonado que encontré encima de la barra para dejar de serlo...




"Dime, ¿Desde allí todos también se parecen a mí?"




B.S.O.: Me sobra carnaval (Los Enemigos)

lunes, 31 de enero de 2011

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 15): Cajas de Cerillas.

“Tú porque eres rubia y estás muy buena, pero la vida del friky es muy dura…”
(Conversación real ejecutada por una especie de Sheldon Cooper desmejorado a una, evidentemente, rubia que estaba muy buena, escuchada a la puerta de un concierto por la que suscribe)



Anoche dejé un par de paquetes de cerillas por ahí. Las camareras me miraban extrañadas. Eran para ti, pero parece que no las encontraste. No pasaste por los bares adecuados, o no te dieron mi mensaje.
Las camareras son unas perras celosas. Cada vez que entro en un bar me miran mal. Dice una amiga que me visto demasiado provocativa como para no esperar que me miren mal. ¿Celos? Por supuesto. Sé que estoy muy buena y lo aprovecho. Si no querían que fuera así, que no me hubieran convencido toda la vida de ello. Yo no lo elegí, simplemente lo aprovecho.

Dejar cajas de cerillas con mi teléfono por los bares que frecuento esperando que las llegues a encontrar es una actividad tan estúpida como arriesgada, pero no encuentro mejor forma de conseguir que veas que te estoy esperando. Cada vez me llaman más imbéciles que quieren follarme. Cada vez me cuesta más decirles que no. Cada vez me siento más inactiva sexualmente, aunque cada vez pase más gente por mi cama.



Mi cama te espera. Te lo puse en la última caja de cerillas que se quedó en el bar donde estabas aquella noche. Me dicen que no te han vuelto a ver por allí. Me dicen que no eras una clienta habitual. Me dicen que no pegamos nada. Me dicen muchas cosas mientras me miran las tetas.

Sólo quiero que vuelvas a mi cama.

Todavía no has estado en ella, pero ya te echo de menos.

Aún no te has ido y ya estoy esperando que me veas desnuda por primera vez.


PD: Soy yo, la rubia del fondo de la barra. Y el imbécil con el que estoy hablando no me importa nada, no te preocupes. Te espero, preciosa.



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