miércoles, 18 de abril de 2012

Buscando en el atlas


Entonces miré mi carnet y me di cuenta de que tenía doce años. No sabía muy bien porqué, pero volvía a tener doce años. Una docena, como hace muchos años que no había vuelto a tener.
 
Después de recuperarme del susto que produce darse cuenta de que uno tiene doce años, cosa que no pasa todos los días, sonreí pensando que es bueno. Que es bueno volver a tener doce años. Al menos es bueno volver a tener los doce años que yo recuerdo que era bueno tener.
 


Con doce años se hacen cosas que de mayor parecen absurdas, aunque se recuerdan con nostalgia y se justifican indulgentemente. Salvo en mi caso, porque yo era un cabrón con pintas cuando tenía doce años, si bien ahora era un yo con doce años diferente, porque había vuelto desde muy lejos.
 
¿Cuán lejos? Pues no lo sabía muy bien. Realmente, estas cosas no se pueden medir del todo. No sé qué edad tengo, pero en aquel momento había mirado el carnet y tenía doce años. Quizás debía empezar a buscar porqué estaba allí y desde dónde había venido.
 
Hice lo que solía hacer mi otro yo con doce años: Buscar la ubicación en el viejo atlas que me habían regalado por mi Primera Comunión, pero no supe en qué continente buscarme. Comprendí lo estúpido que es regalar cosas cuando se hace la Primera Comunión cuando el mayor regalo debe ser recibir a Cristo. En el atlas no encontraba nada. Ni siquiera a Cristo que estaba en todas partes ¿O ese era Dios?
 
Subo a la azotea de casa y veo todo, como un niño de doce años. De doce años recién cumplidos. Veo todo como siempre lo he visto. Al fondo se distinguen cosas como el Empire State Building, la Torre Eiffel, el Taj Mahal, la Torre (inclinada) de Pisa, el Big Ben londinense o la Plaza Roja de Moscú. Cada día descubría más cosas. Y cada vez que veía algo nuevo, me voy al Atlas y lo sitúo en el mundo. Bajo a buscar en el atlas excitado como aquellas tarde de mi primer yo de doce años y sigo sin encontrar lo que busco. Pero bajo excitado.
 
Pienso excitado en una de las mejores cosas que se ha inventado en el mundo, ya tengas doce años o más: Las chicas de pelo corto. Descubro con vergüenza que me excitan las chicas con el pelo corto. Busco en el atlas en qué país del mundo hay más chicas con el pelo corto porque me da vergüenza estar excitado y tener doce años. Pero me da más vergüenza aún no saber qué hago allí y no encontrar nada. En el atlas no encontraba nada.

Me dio por pensar que quizás todo aquello fuera fortuito. Pero como no sabía de dónde venía, era imposible saber lo casual o no del incidente, por llamarlo de alguna manera. Tenía doce años, eso estaba claro, pero no sabía de dónde venía.

Me miré al espejo y por detrás viniste a reírte de mis muecas.

- No son muecas, sólo me miro al espejo - no me creí.
- ¿Has visto El Castillo Ambulante? Mola mucho, ¿Verdad? Aunque dicen que no es para niños.
- No, no he visto El Castillo Ambulante, sólo tengo doce años.
- Pero eres inteligente, puedes disfrutarla con doce años, no eres un niño como los demás…
- Eso ya lo sé, pero no he podido verla porque tengo doce años y todavía no existe esa película.
- Tienes doce años pero estamos en 2012, y El Castillo Ambulante se estrenó a mediados de la década de los 2000.
- A mediados de la década de los 2000, yo tendría seis años más o menos.
- No te lo crees ni tú…
- Yo siempre fui más de El viaje de Chihiro -dijo antes de salir corriendo por el pasillo aquella chica de pelo corto.

Y salgo corriendo tras de ti. Sé que tú no tienes el pelo corto. Pero me excitan las chicas del pelo corto. Te busco en un atlas y no te encuentro.

Recuerdo aquel tiempo en el que era pequeño y cualquier sitio lo encontraba en el atlas. Incluso descubrí que en el mundo había un sitio que se llamaba Atlas y que eran unos montes que estaban en Marruecos.
 
Cualquier cosa, cualquier lugar estaba allí. Sólo había que saber buscar.
 
La vida es eso que pasa mientras buscamos algo sin saber qué es por miedo a encontrarlo.
 
Las chicas de pelo corto siempre me han excitado muchísimo.
 
Hoy en día se busca todo en Googlemaps, pero tampoco estás.

Ni siquiera yo me encuentro. Me miro desde los doce años intentando no fallarme, con la ilusión de ser alguien grande y especial en algún momento porque con doce años estoy convencido de ello, y me descubro hoy, con menos de doce años y escribiendo cabezadeavestruz con la simple intención de poder follar…




Posdata aclaratoria (Innecesaria como siempre, inútil como de costumbre): Aunque muchos no lo sepan, la persona que siempre he querido ser en el mundo es aquella que decidió cambiar de look a Demi Moore para que pasara a ser una chica de pelo corto en Ghost. Probablemente el mayor acierto de toda la película. Posiblemente, el mayor acierto de toda la filmografía de Demi, aunque muchos piensen que fue una mera cuestión estética.


Nota al pie: He conseguido meter por segunda vez en la vida de este blog la expresión “cabrón con pintas”. Por si no recuerdas (obvio) la primera, es esta(pincha en la palabra “esta”, que todo hay que explicártelo…).
 
Gracias a eso, soy un poco más feliz que hace un rato. Son esas pequeñas cosas…



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