Mostrando entradas con la etiqueta Rolling Stones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rolling Stones. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de diciembre de 2015

Volver a caminar (Like a Rolling Stone)





¿Conoces la historia del que quiso volver a sentir el placer de aprender a hacer algo vital por primera vez y se amputó los pies para poder aprender a andar de nuevo?

Yo era de esos chicos que revisaba la discoteca, cuando iba a alguna casa, momentos previos a acostarme con alguien, y decidía si hacerlo o no en base a ello... Ella no tenía discoteca, pero era un encanto.

- ¿No tienes discos?
- Ya no se lleva.
- No digas eso.
- Nunca he sabido qué escuchar.
- ¿Conoces los Clash?
- No
- ¿Ramones?
- No
- ¿Kinks? ¿Dylan? ¿Doors? ¿Nirvana? ¿Led Zeppelin? ¿La Creedence? ¿Sex Pistols? ¿Hendrix? ¿Pearl Jam?
- ¿Cómo? ¿Nirvana? Me suenan...
- Tenemos trabajo por hacer.

Ya había decidido traicionarme, olvidar mis principios y convertirme en su Maestro Yoda musical porque ella me gustaba mucho. Muchísimo.

- ¿Keith Richards?
- ¿Quién?

Me enamoré para siempre. Puse “Like a Rolling Stone” para acompañarnos haciendo el amor, porque después, le iba a descubrir todo el rock de la historia y yo me cortaría los pies para acompañarla, para sentir lo que es darse cuenta de que estamos aprendiendo a caminar de nuevo. Juntos.





P.D.: En ocasiones mando cosas a concursos. Rara vez gano, pero luego me queda material para publicarlo aquí o para dejar que maduren y si son microrrelatos, que crezcan, o si son más grandes, quedarme con lo esencial. Esto era para un concurso de microrrelatos de rock. Evidentemente, no me sacó de pobre...




jueves, 12 de septiembre de 2013

El problema de jugar siempre al empate



- Está bien saber que pase lo que pase el resto del día ya hemos hecho algo hoy, le dije mientras desayunábamos después de follar, por la mañana, nada más abrir los ojos.

- Está bien que follar sea lo primero que hacemos cuando llega el día, me dijo ella mientras mojaba su porra en el café. 

Mi cabeza se fue sin remedio a un burdo juego alegórico de lo más simplón analizando cómo entraba y salía la porra de su café para luego, una vez húmeda, entrar en su boca. Tuve uno de esos momentos en los que me siento de lo más vulgar pensando cosas que ni siquiera me paro a pensar pero aparecen en mi mente, que abochornarían a mi yo reflexivo. Pero la imagen de aquella porra del desayuno, poco tiempo después de haberme comido a mí por todos lados, porra (o churrito para ser exactos) incluida, era de lo más sugerente. Cuando veo cosas sugerentes en todo lo que me rodea, por muy cañí o vulgar que sea, como es el caso de una porra mojada en café, sé que pase lo que pase el resto del día ya lo he empezado ganando.




- Parece que hoy empezamos ganando. Nada más sencillo que empezar un día ganando si lo primero que haces cuando apenas has abierto los ojos, es follar.
- Eso es muy difícil.
- Acabamos de hacerlo, le dije con una seguridad impropia de mí.
- Hoy ha empezado bien. Dejémoslo ahí. Y cogió otra porra para proceder a mojarla nuevamente en el café y dar buena cuenta de ella.
- Parece que te has levantado con hambre... ¿No te has alimentado lo suficiente esta mañana?
- ¿Ves? No es tan fácil. Lo estás empezando a joder. Con lo bien que había empezado el día...
- Es broma, perdona.
- Da igual. 

Entonces yo cogí una porra y procedí a hacer lo mismo que ella pero cualquier persona que nos hubiera visto desde fuera se habría dado cuenta de que no es lo mismo. Aunque quisiera hacer lo mismo. Hasta ella se dio cuenta. Pero no dijo nada al respecto. Se fue a otro de sus sitios.

- ¿Qué edad tendrías si no supieras la edad que tienes?
- ¿Cómo?
- Déjalo.
- No, dime..., le dije ya asustado.
- ¿Qué edad tendrías si no supieras la edad que tienes?
- No sé, nunca lo he pensado.
- Ya. 

La porra se me estaba atragantando. El día que había empezado de maravilla porque está bien saber que pase lo que pase el resto del día ya hemos hecho algo hoy, empezaba a ponerse raro ya en el desayuno.

- ¿Qué quieres cenar hoy? 
- ¿A qué viene eso ahora? ¿Estamos desayunando?
- No, para ver si me contestabas que tú no sabías pero que yo iba a cenar porra otra vez.
- Yo nunca hubiera dicho eso.
- Tenía que comprobarlo.
- ¿Quieres cenar porra esta noche?
- Quiero comértela ahora mismo.

Volvía a pensar que el día se había levantado maravilloso. Daba gusto desayunar así.

Me volvía loco que me la comiera. Ya fuera por la mañana o por la tarde, de noche o de día. Todo parecía posible cuando ella me comía la polla. Era algo que nunca podré describir con palabras por más que lo intente. Por más veces que me la haya comido. Recuerdo cuando intenté explicárselo a otra persona que no entendía lo que quería decir acerca de empezar de maravilla los días, de salir ya ganando, o de lo indescriptible que era lo que sentía cuando ella me comía la polla:

- ¿Has mirado sus ojos? Yo la primera vez que miré en ellos tuve la misma sensación que cuando escuché por primera vez a los Rolling Stones.
- ¿Sus ojos?
- Los ojos de alguien que te está comiendo la polla.
- No sé. 
- Ese es tu problema, no sabes. Quizás juegas siempre a empatar y luego pasa lo que pasa...




Aquella conversación no acabó bien. Aunque a mí me parezca que dije en ella cosas tan bellas que nunca crea poder repetir hablando de mirar unos ojos. Tiempo después, esa persona me comió la polla y estoy convencido que ambos estábamos pendientes de algo más que aquella comida porque recordábamos la conversación de los ojos. Y eso que fue con poca luz, de noche y con mucho deseo por ambas partes. Aquella comida acabó en empate. No volvimos a jugar el partido de vuelta. Pero eso ocurrió mucho tiempo después del maravilloso día del que estaba hablando que empezó muy bien por saber que pasara lo que pasara el resto del día ya habíamos hecho algo.

Ese día, el que empezó muy bien sabiendo que ya pasara lo que pasara habíamos hecho algo por haber follado al despertarnos, se empezó a torcer a media tarde. Todos los días se empiezan a torcer a media tarde. Es cuando comienza a aparecer el cansancio. Cuando cuesta más mantener la ventaja adquirida en los prolegómenos. 

Yo, aparte de una deficiente condición física, tengo poca fortaleza mental, y cuando los días empiezan a torcerse, me cuesta mantener el marcador a favor. Es algo que ella sabía y por eso se empeñó en comérmela antes de comer, en medio de la comida (a pesar de que estábamos en un restaurante) y en la siesta. A veces no miramos los días en toda su intensidad. Creemos que los martes no son más que antesalas de los jueves y así. Y así nos luce el pelo. Yo llegué a la cena con pocas ganas de hacer chistes de porras, ni de casi cenar.




Por aquellos tiempos yo quería ser escritor. Y como todos sabemos, un aspirante a escritor no deja de ser una persona como todas las demás solo que un poco más pretenciosa, embobada de sí misma y con ganas de demostrar constantemente que tiene ideas mejores que los que le rodean. Por aquellos tiempos yo solía joder bastante las situaciones y días en los que iba ganando cómodamente con mis ínfulas de literato maldito y genial. Y, claro, salté:

- Voy a hacerte un traje con mis letras, le dije en lo que yo consideraba un piropo maravilloso que la dejara epatada y a mi merced, bebiendo los vientos por mí.
- Yo lo que quiero es que me hagas un traje de saliva y te dejes de romanticismos. Ese es tu mayor problema conmigo, me replicó mientras intentaba comerme la polla una vez más.

Aquella noche acabó en tragedia. Ella seguía con hambre. Yo ya hacía mucho tiempo que había dado por bueno el empate. No me quedaban cambios y el equipo se resintió. Ella decidió jugarse el todo por el todo y buscó ganar aunque fuera en la tanda de penaltis. Yo ya había sido eliminado de la competición.

A día de hoy, recuerdo aquella jornada como un claro ejemplo de lo que pudo ser y no fue. La eterna promesa me llamaban. El de los días que empezaban de maravilla porque sabía que pasara lo que pasara el resto del día ya habíamos hecho algo.

Desde aquel día tengo miedo a las noches. Duerma solo o acompañado. Tengo miedo despertar y ver que el día no empieza ni siquiera en empate...



B.S.O.: "Un buen día" (Los Planetas)


viernes, 6 de septiembre de 2013

De desvanes y vueltas al mundo



Subió al desván con sigilo. En su mano derecha llevaba un portavelas con una a medio consumir pero que todavía alumbraba. Era perfumada. Vainilla. Podría ser anti-mosquitos y todo sería más agradable. Que oliera a vainilla y que no tuviera que aguantar el zumbido de los mosquitos planeando el desembarco en los tramos de su piel desnuda. Tramos que eran muchos y muy amplios. A fin de cuentas, era uno de los veranos más calurosos de las últimas décadas en aquella zona del mundo. Aunque eso era lo que decían los meteorólogos todos los años, en ese parecía verdad. Estaba segura que al año siguiente, de seguir viva, volverían a decir lo mismo y ella volvería a sentirlo igual. Calor, aroma a vainilla, mosquitos, desván en las alturas lleno de telarañas. En ese instante se dio cuenta de que algo no iba del todo bien cuando ese era su mejor (y único) plan para el sábado noche.





Decidió no pensar demasiado en todo lo que le rodeaba fuera de aquel desván para no distraerse de su búsqueda. No saber qué era lo que estaba buscando ya suponía suficiente distracción como para añadir más al asunto. Llegó el momento inevitable en el que admitió para sus adentros la esperada, pero no evitada, realidad de que no era buena idea subir al desván con aquellas preciosas sandalias que se había comprado al inicio del verano y que tan bien le quedaban. El dedo gordo del pie había impactado dolorosamente con una desvencijada caja de cartón que se interpuso en su camino. La reconoció rápidamente. Era la caja de los viejos vinilos. Viejos por su procedencia, la adolescencia, pero bastante nuevos por el cariño conque siempre los trató y el valor que han adquirido en los últimos tiempos en el mercado del coleccionismo y la revitalización del vinilo como soporte 
musical.

Allí estaban todos. Más de los que ella recordaba incluso. Patty Smith, Dylan, Ramones, Rolling Stones, Velvet Underground... Todos y alguno más, incluso autografiado. Muchos autografiados por personas diferentes a los creadores de los discos. Una extraña costumbre que cogió de Dana. Pedir autógrafos de gente sobre diferentes soportes. De gente que no tiene nada que ver con el soporte. De gente, en la mayoría de los casos, que no está acostumbrada a dar autógrafos a su alrededor. Y entre los discos, apareció aquella lámina. Aquella bonita lámina que pensaba enmarcar para que acompañara a Dana en sus noches de trabajo y pasión creativa. Ese cuadro que nunca le regaló en el que se leían esas palabras de Scott Fitzgerald, “Puedes acariciar a la gente con palabras” que Dana nunca llegó a tener y que estaba lleno de polvo. Un polvo acumulado por no tenerlo. Por no recibir su apoyo. Por no confiar en cómo escribía como ella siempre sintió e hizo.

Pensó que lo peor que tenía subir al desván era encontrarse consigo misma. Pensó mucho en ello antes de subir, pero recordó mucho las palabras de Dana, que siempre estaba dispuesta a descubrir, a ir más allá, a penetrar donde fuera, aunque fuera en sí misma. En sí mismas. Pensó y se dejó llevar, como tantas veces, por el recuerdo de Dana y olvidó los riesgos.



Subió al desván y se encontró. En aquel espejo. Aquel espejo olvidado en el desván porque ya no funcionaba. Hacía años que fue sepultado entre los recuerdos acumulados porque se había estropeado. No funcionaba. Curiosamente, era un caso único de espejo que deja de funcionar y estaba allí. En su desván. Estaba convencida de que fue Dana quién lo estropeó. El caso era que allí estaba, detrás de todos esos recuerdos. Inútil y sin capacidad de reflejo. Pero con toda la capacidad inquisitiva que siempre tienen los espejos cuando se sabe usarlos. Aquel espejo no funcionaba, pero seguía siendo terriblemente cruel con ella.

Por más que quiso evitarlo, no pudo. El espejo, burlón en su desajuste, terrible en su inutilidad, le recordó aquello tan terrible a lo que ella se dedicó años atrás con tanto afán. Tiempo antes de que el espejo dejara de funcionar. Hasta justo antes de que Dana despareciera de su vida: Su obsesión de disfrazarse de sueño para entrar en los suyos.

Cabreada con el espejo, con el mundo y, sobre todo, con ella misma, blasfemó entre dientes y pegó una patada unas cajas acumuladas al lado del estropeado utensilio por no romper algo y hacerse daño con los restos de vidrio. No le daría el gusto al espejo. No podía ni imaginar que después de todo lo que habían pasado juntos, encima pudiera hacerle daño ahora, después de estropeado y casi olvidado. 

Con la patada cayó al suelo una caja metálica. Inmediatamente la reconoció: Era el kit que Dana y ella compraron para parar el tiempo y que nunca llegaron a sacar de su envoltorio.
Afortunados tiempos, pensó con nostalgia. Tal y como era todo, lo más que podrían haber conseguido es que cada día fuera un domingo. Y los domingos de Dana eran silenciosos y grises.



Fue de aquello de lo que quiso huir para dar la vuelta al mundo. Miró el globo terráqueo que había en la puerta del desván y lo recordó perfectamente. Lo único que quería la última vez que vio a Dana, la última vez que subió al desván antes de perderla para siempre. El último día que la quiso con todo su alma. Quería dar la vuelta al mundo simplemente por poder sorprenderla por la espalda y abrazarla antes de que pudiera oponer resistencia.

Salió a trompicones del desván sin mirar atrás. Entró en internet y buscó la ruta más corta alrededor del globo para dar la vuelta al mundo. Olvidó el espejo, los vinilos y las pocas ganas de vivir en unos días que eran todos domingo. Se colgó la mochila en la espalda y salió a dar la vuelta al mundo simplemente por poder llegar a la espalda de Dana y abrazarla por sorpresa. 

No había olvidado lo que era abrazar. Aunque no quedara nada de ello en el desván.

Pero eso ya, es otra historia...



B.S.O.: "Everyday is like Sunday" (Morrissey)

jueves, 24 de enero de 2013

CERRADO POR DEFUNCIÓN








Apareció el cartelito. Y me dio envidia. Hay cosas inconfesables que pasan por nuestra cabeza y no sabemos, ni podemos, pararlas. Tenía envidia de que algo se cerrara por una defunción. Tenía celos de la defunción. Quería ser el difunto. O quizás quería cerrarme.

No quería morir como todos asumimos.

Cerrado por defunción de qué.

¿Murió el corazón?
¿Murió el alma?
¿Mató su vida?

En cualquier hospital le dirían que ni está muerto, ni siquiera enfermo, aparentemente.

Quizás una muerte cerebral tan de moda últimamente. No hay más que mirar alrededor o encender la tele para ver(nos) personas que son capaces de vivir funcionalmente con una muerte cerebral como característica fundamental.



"Una de las ventajas de estar muerto es que todos te quieren. Los que tenían algún pero contigo, convierten todo en parabienes y no ven más que virtudes en tus caracteres como persona.

Te lloran, te elogian, te suben a los altares aunque antes de estar muerto te quisieran enterrar en el infierno y tirar la llave al mar.

Lo peor de estar muerto es que descubran en algún momento que no lo estás. Y peor aún es que te pueden caer de 6 meses a 3 años, aunque presentes atenuantes como cierto desequilibrio mental o pruebes que no estabas muerto para cobrar algún seguro, evitar pagar tus deudas o conseguir defraudar con objeto de lucrarte. ¿Para qué querría lucrarse un muerto?

Estar muerto está muy bien si puedes disfrutarlo.

Nadie quiere morir, pero todos fantaseamos con ver nuestro entierro y saber qué dirán de nosotros cuando no estemos. Fantaseamos con estar cuando todos piensan que nos hemos ido.

Una de las ventajas de estar muerto es que todos te quieren. Hasta quien no debe quererte. Al menos, en público. Si consigues disfrutar de esa ventaja, eres el difunto, falso o no, más afortunado del mundo. Aunque estés muerto. Esa es la única pega.




Una de las ventajas de estar muerto es que no tienes que preocuparte de qué te pones porque nadie debería verte. Pero yo siempre he sido muy coqueto. Muerto o no, me preocupa lo que llevo encima de mi piel porque aunque nadie lo vea, o lo deba ver, creo que afecta a mi persona la imagen que tenga en cada momento.

Sólo hay que pensar en el luto:
Hay muchas teorías sobre el luto. Hay gente que habla de los mejores colores que debes llevar encima si quieres ligar, hacer una buena entrevista de trabajo, ir a un acto social. Pero no encuentro nada que me diga cómo he de vestir si estoy muerto. Sé que hay ciertas recomendaciones para los que se quedan cuando uno se muere. El luto ya no es tan obligatorio y recurrente como en tiempos de mis abuelos, pero sigue siendo conveniente demostrar cierta tristeza vistiendo de oscuro, cuando no de negro. Pero no hay nada indicado para el verdadero protagonista: El muerto.

Yo estoy muerto. No literalmente, pero sí para los que se dan cuenta de mi ausencia. Pero soy un muerto atípico: No he sido enterrado con un caro traje, ni siquiera desnudo.
Una de las desventajas de estar muerto es que no te puedes mover a tu antojo con total libertad, por mucho que lo pareciera. Si no quiero dejar de estar muerto, o matar de un susto a alguien viéndome, he de ser todo lo cuidadoso que pueda. Y eso no me permite estar cambiándome de ropa continuamente.

Hace unos días me armé de valor y me compré una camiseta del Celtic de Glasgow. Siempre la quise tener en vida, pero me daba cierta vergüenza. Las rayas horizontales me hacen parecer gordo. Creo que a todo el mundo. La ortodoxia dicta que la raya horizontal da impresión de grosor y la vertical estiliza. Además de eso, no es una camiseta demasiado discreta. Las rayas verdes y blancas, igual que el Sporting de Portugal, también llamado Sporting de Lisboa, otra camiseta que podría haber sido la elegida de no encontrar la del Celtic, ya que viene a ser básicamente la misma cambiando el escudo y la publicidad, son cualquier cosa menos para pasar desapercibido. Supongo que es un reto que me pongo a mí mismo. No ir discreto pero sí actuar con discreción. “No amar a nadie, pero hacer el amor a todo el mundo” que diría un personaje aún por determinar de esta historia.

A ese personaje aún por determinar de esta historia no le gusta el fútbol, pero tiene un buen puñado de camisetas de equipos de toda índole. Creo que, a pesar de no gustarle el fútbol, tiene una acertada visión de un buen número de equipos por una mera fascinación estética por su indumentaria. A ese personaje aún por determinar de esta historia nunca le gustó la camiseta del Celtic de Glasgow. La veía demasiado chabacana. Le recordaba al Betis o a la Selección Andaluza. Él era más de la elegancia azul del Rangers, el rival de la ciudad. Yo nunca me podría poner una camiseta del Rangers por muy bonita que sea. Ahí, ese personaje aún por determinar de esta historia, tenía ventaja. Al no gustarle el fútbol, no tenía filiaciones con ningún equipo, más allá que por su apariencia estética. A mí el Rangers me caía especialmente mal. Me caía mal en oposición al Celtic, los dos rivales de la ciudad de Glasgow. Una de las rivalidades más encarnizadas del planeta futbolístico.



Reconozco que hay cosas que no son nuevas para mí en esta situación. Estar muerto es algo que debería haber hecho antes y todo hubiera sido mejor. Hay gente que ha deseado que me muriera y no volviera a aparecer más de una vez a lo largo de mi vida. Pero una cosa es desearlo y otro obtenerlo. Creo que Oscar Wilde dijo aquello de “Ten cuidado con lo que deseas no vaya a convertirse en realidad” y aplicado a mi muerte no puede venir más al caso. Cuando otro personaje aún por determinar de esta historia me dijo adiós con un sonoro portazo, trató de que fuera consciente de que por ella estaría mejor muerto. Pero sé que en el fondo, ese otro personaje aún por determinar de esta historia, no pensaba eso. Una cosa es desear una muerte hipotética, y otra ser consciente de que alguien que ha sido muy importante para ti va a morir o ha muerto. Por mucho daño que te haya causado alguien, cuando muere sólo recuerdas lo bueno. No hay nada mejor que morirse para que elogien a uno hasta términos superlativos y seguramente falsos por su dimensión. El que era un déspota que trataba mal a todo el mundo pasa a ser el hombre de fuerte carácter, amigo de sus amigos y fiel a sus principios como nadie. El cabrón egoísta que iba por la vida preocupándose sólo de sí mismo pasa a ser el alma libre que a todos cautivó en vida. Incluso el insustancial que pasa por la vida sin pena ni gloria consigue, al morir, llegar a ser ese ser que no se dejaba conocer pero que era una bellísima persona cuando te acercabas a él.

Yo he tenido todos los defectos posibles. He hecho más maldades de las que la media ponderada de la humanidad puede soportar en un solo ser para no variar demasiado. He sido un ser despreciable. He sido a ratos un despojo. He sido yo, egoísta y ególatra, ambicioso y ruin, he pisado todo lo que tenía que pisar, he escondido inseguridades en desprecios terroríficos hacia quienes me rodeaban y me querían. Pero ahora estoy muerto. Ahora todo eso son ventajas. Ahora son todo parabienes. Ahora hay lágrimas. Ahora hay elegías.

Tenía que haber acelerado el proceso. Tuve que haber muerto cuando ese otro personaje aún por determinar de esta historia lo deseó, aunque sólo fuera por hacerla pasar una vida desdichada pensando que estaba muerto por su culpa. Aunque fuera cruel. Aunque sólo fuera por quedarme por encima una vez más.

Cuando alguien muere, rápidamente se recuerda su fecha, lugar e incluso circunstancias de nacimiento, como preludio a glosar los hechos más destacados de su vida.

Una de las ventajas de estar muerto es que todo parece mejor de lo que fue.

Una de las ventajas de estar muerto es que nadie en su sano juicio se atreve a destacar de tu vida los defectos o los errores cometidos, por encima de las virtudes o los aciertos, por muy difícil que hubiera sido verlo así tan sólo un tiempo antes. Tan sólo antes de morir.

En la muerte se recuerda el nacimiento. Es curioso cómo los extremos se tocan de cuando en cuando. Habitualmente el nacimiento nunca te recuerda la muerte, pero en la muerte sientes la necesidad de recordar el nacimiento.

Todos se fueron a Lisboa a celebrar mi muerte. Como creían que a mí me hubiera gustado. La mayoría entendía que allí debían cerrar el ciclo de mi vida volviendo al origen. Allí sería el mejor lugar para celebrar la pena que les afligía con mi muerte. Despertar la alegría en una de las ciudades más melancólicas del mundo. Reír cuando todos lloran. Llorar por dentro cuando exhibes una sonrisa para que todos los que te rodean se sientan mejor. Celebrar mi muerte con un homenaje a mis orígenes.

Los más íntimos escucharon muchas veces de mi boca que algo único y especial me unía a Lisboa. Algo más allá de lo vital, de lo material, de lo corpóreo.



Mis padres se casaron en Abril del 74. Como buenos chicos ordenados y tenían todo planeado. No se habían tocado, al menos eso sigue pensando mi madre, más de la cuenta antes del matrimonio, para llegar como Dios manda al mismo. Mi madre sigue convencida de que es la primera chica con la que estuvo mi padre. Mi padre calla e inventa excusas peregrinas cuando le saludan por la calle antiguas amigas. Lo que viene a ser una pareja estándar de aquella época, pero con un toque romántico. Su luna de miel, su primer gran viaje juntos, iba a ser a Lisboa.

Pero hete aquí que a unos militares se le ocurrió la brillante idea de cambiar el régimen político del país y devolver la libertad a un pueblo que llevaba bastante tiempo bajo el yugo de la Dictadura. Hete aquí que sonó Grândola Vila Morena el 25 de abril del 74, a eso de veintitantos minutos después de las 12, por Radio Renascença, y esa era la señal que dio comienzo a la Revolución de los Claveles. Y hete aquí a aquella pobre pareja de enamorados a punto de casarse que ven que por mucho que les gusten los claveles, la libertad y todas esas cosas que iban a conseguir los portugueses con su maravillosa revolución, tuvieron que cambiar su lugar de partida, retrasando y condicionando para siempre mi existencia.

Quizás de aquel no nacimiento llego a esta no muerte.

Al menos oficialmente..."






Voy a poner en cabezadeavestruz un cartelito que ponga “CERRADO POR DEFUNCIÓN”. Porque quizás esté difunto y no lo sepa. Aunque vosotros podáis pensar otra cosa. Probablemente más importante.

CERRADO POR DEFUNCIÓN.




B.S.O.: Dead flowers (The Rolling Stones)


B.S.O.II: Grândola Vila Morena (Zeca Alfonso)


miércoles, 19 de diciembre de 2012

El Apocalipsis llega demasiado pronto







Arthur Rimbaud murió demasiado pronto para imaginarlo.

Me hubiera gustado que él fuera el segundo de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, pero decidió desde muy joven que la vida no tenía mucha gracia y dejó de escribir para morir traficando con armas en África. Nunca  me perdonaré que no hubiéramos tenido tiempo de conocerle.

Nacimos tarde para los Rolling Stones, para follar sin conocimiento en Woodstock, para tirar piedras en el Mayo del 68 de París, para llorar a Lennon, para tomar La Bastilla, para meneárnosla con Sara Montiel…

Arthur Rimbaud nació demasiado pronto para ser mi amante. Ni siquiera me imagino con él en algo más que una fascinación lírica. Fue toda su vida lo bastante jovencito como para no ser santo de mis ansias sexuales.

Nacimos tarde y los muy grandes murieron pronto.

Creo que va a ser cuestión de dejar de mirar la ventana esperando la llegada del Apocalipsis y esperar al lado del teléfono por si llamas. Hay cosas para las que nunca es demasiado tarde…



viernes, 27 de enero de 2012

Autobiografías robadas






Llevo años escribiendo mi autobiografía.

Ayer la busqué en el cajón y no estaba. No sé si la he extraviado  en alguna mudanza o si se perdió en mi último incendio interior.

Quizás me la hayan robado. Sé de unas cuantas que estarían encantadas de arrebatármela para hacerla suya. Cuando vives una vida que no te gusta, es difícil encontrar en el mercado negro una buena autobiografía con la que vivir mejor. No es heroína ni porno oriental. Se trata de una vida que te encaje como un guante. Y eso no es fácil de comprar. Al menos por aquí.

Desencantada me convencí de que podría pasarme el resto de mi vida buscando a la ladrona de mi autobiografía o empezar a escribirla otra vez.

Me pasaría los días y las noches buscando a alguien que hubiera vivido lo que ponía en mi autobiografía. Sé que la reconocería al instante, aunque fuera al fondo de un bar lleno de gente, en una manifestación de más de un millón de personas para los organizadores y unas siete mil personas para la delegación del gobierno o en un concierto de los Rolling Stones. La reconocería. Me reconocería. Pero sería muy cansado.

Quizás debería empezar a escribir otra. Así podría borrar todos los capítulos que no me quedaron bien la primera vez. Podría escribir una autobiografía más interesante, llena de pasajes excitantes, plena de emoción y de arrebatadores giros del destino. Podría hacerlo.

Pero no me acuerdo qué ponía en el primer borrador de mi autobiografía.

Quizás sea mejor así. Puede que esté aún por escribir. A fin de cuentas, nadie la va a leer. Puedo poner lo que me dé la gana. 

Pero no me acuerdo qué ponía.

Y eso me preocupa: Quizás no me haya dado cuenta aún de quién soy realmente. 




martes, 15 de marzo de 2011

La llama azul



Nunca nos presentaron debidamente. No te importó demasiado. A mí sí. Dicen muchas maldades de mí, pero la más falsa es que soy una egoísta despreciable. 

Soy la llama azul que te vigila por dentro. Me encanta bailar sobre tu cucharilla. He creído a veces que me harías arder para siempre, pero si no me quemas no existo. 
Acercarte a mí, con tu fuego es lo que me enciende. 
Acercarte a mí me hace burbujear nerviosa. 
Acercarte a mí es mi razón de existir. 

Quiero hacerte mía como nadie lo ha hecho jamás. Pero sin mostrarte interés, sutilmente, poco a poco. Sabes que lo que yo te he hecho sentir no lo va hacer nunca nadie ni nada. Te podrás enamorar de cualquier otra, pero siempre me recordarás a mí. Siempre me echarás en falta. Ese es mi triunfo. Esa es mi seguridad. Saber que por mucho tiempo que pase, por muchas que conozcas, nunca habrá otra que te quiera como yo. 
Nunca habrá otra que te haga sentir lo que yo.



A veces me cantabas. 
A veces pensaste que podía cambiar. A veces me negaste. A veces me alejaste. Pero una y otra vez te venía la canción a la cabeza. 

Me encanta arder y acurrucarme dentro de ti. Pero entre nosotros hay algo más. Me volvía loca cuando me cantabas al oído, en privado, sólo para mí aquello de Se dejaba llevar por ti, no esperaba jamás y no espera si no es por ti, nunca la oyes hablar, sólo habla contigo y nadie más, nada puedes sufrir, que ella no sepa solucionar… Y yo me ruborizaba. Y me hacía menos azul. Y sentía que yo era ella. Ella a la que tú recurrías. La única que nunca te falló. La única que siempre estuvo a tu lado. La única a la que amaste de verdad, por muchas mentiras que dijeras a otras. Por mucho que cambiara con los años. Por mucho que dejara de ser tan morena como cuando nos conocimos. Por mucho que te gustaría pensar que podías ir con unas y con otras sin acordarte y volver siempre a mí.

I don’t ever want to feel
Like I did that day
Take me to the place I love

Y yo te llevé.

Y nunca más quisiste separarte de mí. 
Y nunca conocerás a otra como yo. 
Esa soy yo. Lo sabías. 
Yo misma te lo dije antes de que te enamoraras de mí. 
Y ahora no puedes separarte de mí.


Asúmelo. 
Soy yo. 
Soy tu llama azul. 
La que necesitas para vivir. 
A la que siempre amarás. 

Y nunca te he fallado. 
Y siempre me amarás. 

Aunque no quieras asumirlo. 
Aunque creas que me engañas con otras…


Nota del Traductor:
Hoy me he acordado de Antonio Vega. También me he acordado de ti. Me necesitas aunque creas que ya no pinto nada en tu vida
Y tú siempre te acordarás de mí…



Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!