Mostrando entradas con la etiqueta Juliette Lewis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juliette Lewis. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Otra noche sin dormir (Volumen 17): De cartas y cuerpos





Esa extraña sensación al despertarme, en la que soy completamente consciente de que el día ha nacido muerto. 
Y seguir con eso adelante…


Poner en el mp3 portátil el Patience de Guns N’Roses en bucle. 
Una y otra vez.




Coger la carta después de leerla y pensar qué coño podría hacer para entenderla. Al menos, sacar algún mensaje de ella, saber lo que tratas de decir en esas líneas.
Mirarla por arriba y por abajo, por delante y por detrás. Leerla en diferentes idiomas sabiendo que no soy políglota y por ahí iría en camino equivocado. 
Pasarle una vela para ver si está escrita con tinta de zumo de limón, introducirla en un control antidrogas para contrastar si está escrita con sangre y qué ha podido adulterar la misma. 

Desesperada, mirar al espejo al lavarme la cara. 

Ahí está la respuesta. 

El espejo que todo nos lo dice, hasta lo que no nos gusta. 

Enfrentar tu carta al espejo del baño, pero no ver nada. Seguir sin ver nada.
Pensar en el espejo de cuerpo entero que tengo en el dormitorio. En ese dormitorio donde pasamos tantas noches maravillosas y donde no quieres volver a entrar como si fuera la zona de exclusión tras una catástrofe nuclear.
Desnudarme como tantas veces me hiciste. Yo sola. 
He aprendido a hacerlo. 
Desnuda coger la carta y ponerla frente al espejo. Detrás ponerme yo completamente desnuda.

Y ahí está la respuesta. 

El reflejo del espejo me da lo que estaba buscando.

(Minutos después me masturbo como casi nunca lo he hecho en mi vida hasta ese momento)




Poner en el mp3 portátil Un buen día de Los Planetas en bucle. 
Una y otra vez. 

A todo volumen…







jueves, 11 de noviembre de 2010

Obsesiones y Parafilias (Volumen 9): La chica que soñaba con ser el dedo pulgar de la mano derecha de Robert De Niro introduciéndose en la boca de Juliette Lewis en una escena de El Cabo del Miedo.

¿Recuerdas el 6 de Octubre de 1999? 
Necesitabas huir y yo no quería que te fueras. Sé que había hecho algo malo y que era imposible que quisieras seguir a mi lado. Pero no podía aceptarlo. Eras lo último que podía consentir perder. Nada en el mundo me importaba más que retenerte a mi lado. Al precio que fuera. Costara lo que costara. Aún en contra de tu voluntad.
 
No te fuiste. 
No sé muy bien qué fue lo que te convenció para que te quedaras a mi lado. Probablemente me viste tan vulnerable, tan insegura que en contra de todos tus principios decidiste dar un giro total a tu vida y mantenerte cerca de mí. Y no me abandonaste.
 
 
 
Vivía obsesionada con Juliette Lewis chupándole el dedo pulgar a Robert de Niro en El Cabo del Miedo. Aunque mi obsesión siempre estaba más enfocada en el dedo.
 
El dedo es algo de lo que no gusta hablar en público. Para mí, el concepto dedo me acompaña desde bien chiquitita, pero nunca quise hablar de ello con nadie. Salvo con ella.
 
En una de las escenas más eróticas de la historia del cine, Juliette Lewis, está en el teatro de su instituto para conocer a su nuevo profesor, que resulta ser Robert De Niro, un ex convicto, que dedica su vida al salir de prisión a hacérsela imposible al abogado – Padre de Juliette que lo defendió de los cargos de violación a una adolescente, del que tiene la certeza de no haber hecho todo lo posible por ganar su juicio…
Vivo obsesionada con Juliette Lewis en esa película. Pero sobre todo, vivo obsesionada con el dedo pulgar de la mano derecha de Robert De Niro. Sé que es algo que no podrá salir de mí en la vida.
Mientras viva. Y mientras ella esté a mi lado, seguiré viva. Aunque ya no quiera hablar de dedos.
 
Escarbas en mi memoria y entre millones de historias, te recuerdo el día en que nuestra profesora de gimnasia me introdujo el dedo en la boca tras pasarme la mano cariñosamente por su redonda cara.
 
Aquello provocó nuestra primera discusión. Yo no te entendí entonces. Tú no me entiendes ahora. Sólo éramos dos niñas. La noche de 6 al 7 de Octubre de 1999 seguíamos siendo dos niñas. Hoy todavía pensamos que lo somos.
 
¿Recuerdas el 7 de Octubre de 1999? 
Fue el día después. Fue un día duro. Necesitabas huir y yo no quería que te fueras. Sé que había hecho algo malo y que era imposible que quisieras seguir a mi lado. Pero no podía aceptarlo. Eras lo último que podía consentir perder. Nada en el mundo me importaba más que retenerte a mi lado. Al precio que fuera. Costara lo que costara. Aún en contra de tu voluntad. Ese día ya había ganado una batalla: La del día anterior.
 
 
 
Ha pasado el tiempo.
 
Vivo obsesionada con Juliette Lewis chupándole el dedo pulgar a Robert de Niro en el Cabo del Miedo. Aunque mi obsesión siempre estaba más enfocada en el dedo.
 

Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!