sábado, 25 de abril de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 21): Abril y tus globos.


Abril siempre había sido su mes favorito. 
¿Es necesario que todos tengamos un mes favorito? 
No lo sé. 

Abril era su mes favorito por muchísimas razones. 
Eso era tan, o más, respetable que el color favorito de alguien sea el azul o el rojo, porque seguramente no tendrá demasiados argumentos para defenderlo más allá de la querencia o el gusto.



Abril es el mes de los cumpleaños y las fiestas. 
Los cumpleaños y las fiestas de los nacidos debido a la alegría de la paga extra de verano. 
Aquellos tiempos que ya no volverán. 
Abril se va con más de una fiesta para ti, pero en la que yo te espero no viene nadie. 
Porque era una fiesta solo para ti aunque tú preferías otras. 
Es lo que tiene que abril sea el mes de los nacidos por la alegría de la llegada de las vacaciones y los ingresos extra.

Disfruta de la fiesta. 
Es la que tú has elegido. 
Recuerda que siempre puede ser abril y puedes montarte la fiesta que quieras.
Conmigo o sin mí, tú decides.

Los globos se irán desinflando poco a poco, no te preocupes por mí. 




B.S.O.: "De momento, abril" (La Bien Querida).



viernes, 24 de abril de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 20): Conseguir.



Érase una vez
cuando yo

TRATÉ DE CONSEGUIRTE
Y 
CONSEGUÍ TRATARTE

Fue uno de los mejores 
momentos 
de mi vida.

Fin.





martes, 21 de abril de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 19): El equilibrio es imposible.


Él le dijo que no le llamaba más veces para no agobiarla. A ella le sonó a excusa. Él lo decía con sinceridad. Ella pensó que no él no pensaba en ella tanto como ella pensaba en él. Él pensaba constantemente en ella y ella pensaba constantemente que él no pensaba tanto en ella como ella pensaba en él. 
Los dos pensaban mucho. 
Constantemente. 
Pero no se llamaban.




Ella le dijo que prefería que le llamara sólo cuando le apeteciera. Él le dijo que le apetecía constantemente y no podía hacerlo siempre. Ella pensó que él lo decía por quedar bien. Él pensaba que no quedaría bien si le llamaba siempre que le apetecía. Ella le dijo que le apetecía mucho llamarle más y que él la llamara a ella más. Él le dijo que a él también le apetecía llamarla más y que ella le llamara más a él. 
A los dos le apetecía mucho. 
Constantemente. 
Pero no se llamaban.


Él y ella pensaron que ella y él no pensaban lo mismo.
Pero se echaban mucho de menos. 
Constantemente...




B.S.O.: “El equilibrio es imposible” (Iván Ferreiro feat. Santi Balmes).


domingo, 19 de abril de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 18): ¿Estarás ahí cuando todo esto acabe?




¿Te acuerdas? No teníamos prisa. No quisimos acelerarnos. ¿Recuerdas?

(Espera, que estoy mandando un mensaje).



¿Por qué no aprovechamos en aquel momento? 

(Ya, perdona, estaba hablando con otra persona).



Te decía que no nos dimos cuenta en aquel momento.
Es que aquel momento no era lo que significa aquel momento en este momento. 
No me líes. Si no quieres hablar del tema, lo entiendo. Pero no me líes.
No te lío. Ahora todo es diferente.
Por eso. En aquel momento tendríamos que haber aprovechado el momento. Porque ese momento ya no va a volver.
Estamos viendo los momentos pasados como momentos diferentes porque el momento que vivimos cambia todos los momentos.

(Perdona, dame un segundo).



¿Decías?
No me líes de nuevo.
Piénsalo.
Si lo pienso mucho me da miedo.
¿Por qué? 
Porque ese momento ya no va a volver. 
No hubiera vuelto nunca. Fuera cual fuera este momento.
También es verdad.
¿Podremos buscar un momento en el futuro?
¿Cuándo?
Cuando todo esto acabe y volvamos a buscarnos.
¿Nos vamos a buscar?

(Perdona, son las 19:58, vamos a aplaudir).



Tengo miedo a lo que vaya a venir.
Yo estoy deseando que venga ya lo que sea.
¿Y si no nos gusta?
Será nuestra culpa.
¿Y si nada vuelve a ser como antes?
¿Cómo era antes?
No lo sé. Sólo sé como recuerdo que pudo ser.
Ya, otra vez lo de los momentos, lo de nuestros momentos, lo de los momentos que se fueron...
Lo del momento de ahora, lo del momento de cuando se pueda...

(Voy a cenar. Luego hablamos. Si quieres).



¿Cómo te encontraré en el futuro si no recuerdo lo que se nos quedó en el pasado? ¿Cómo afronto el presente sin saber cómo va a ser el futuro? ¿Cómo te vuelvo a encontrar?

(No te pierdas).




B.S.O.: “Nuestro momento” (La habitación roja).




viernes, 17 de abril de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 17): Bailar de lejos, ¿no es bailar?


(“Love From a Distance”, René Magritte).


Bajó el volumen de la radio para poder hablar con él por Skype. Por fin llegó el momento:

- ¡Hola!, ¿Cómo estás?
- "Bailar de lejos no es bailar, es como estar bailando solo..."
- Tú siempre tienes una canción para todo.
- En este caso es muy cierto.
- "Tú bailando en tu volcán..."
- Esto así no va a funcionar.
- Funcionará si nosotros queremos.
- Los amores a distancia no suelen funcionar.
- No suelen, pero pueden.
- Los amores a distancia no son amores.
- Un amor real puede con todo.
- ¡Bésame!
- Estás muy lejos...

Subió el volumen de la radio: "...Bailando tú en el polo" sonó al instante mientras apagaba el ordenador.



jueves, 16 de abril de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 16): Homeopatía para el alma.


Érase una vez, por aquellos tiempos, cuando el tiempo pasaba de manera extraña y todas nos sentíamos un poco raras, una persona que se asomó a la ventana. 
Y se fijó en la ventana de al lado. 



¿Qué tal?, le dijo a su vecina. 
Bien, aquí andamos, ¿y tú? ¿Cómo lo llevas?, le respondió sin mirarla. 
Bien, gracias, respondió girando la cabeza. 
Se entró para dentro y cerró la ventana. 
Pensó en qué hacer ahora. 
No le apetecía volver a sacar la cabeza, de nuevo, al mundo exterior. 
¿Qué pasará mañana? 
¿Y pasado? 
¿Y el mes que viene? 

Se tumbó la cama y se dio cuenta de que nada podía hacer, salvo estar bien.
 Pero, ¿cómo podía estar bien si ni siquiera podía hablar de manera normal con su vecina? 
Pues estando bien, como siempre. 
¿Qué es estar bien? 
No esperar mucho, se dijo. 
Pero no se escuchó. 

Se dijo que estaba viviendo algo único y diferente, que nada sabía de aquello y mucho menos de lo que estaba por venir. 
Fuera lo que fuera. 
¿Qué hacer? 

Afrontar la vida. 
Sin más.

Y se enfrentó a las cuestiones cotidianas de su vida desde una perspectiva homeópata. 

Al día siguiente sería otro día. 
Pero tampoco lo iba a pensar demasiado...


martes, 14 de abril de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 15): Los pequeños detalles del principio o el final de algo.


Cada día es una suma de pequeños detalles. Detalles que deciden. Deciden si todo esto nos da la sensación de estar en medio del principio o del final de algo. Es una sensación generalizada, por lo que me cuentan desde fuera de mi cueva. No son más que detalles. Pequeños detalles. Pero nuestra vida es tal como es por esos pequeños detalles. Pequeños en general, pero grandes en lo particular. 



Como el pequeño detalle de que Lucía Lapiedra pasara a llamarse Míriam Sánchez. El pequeño detalle de un cambio de nombre, el gran detalle de la retirada de una estrella del porno. El pequeño detalle de poner una raya en un sitio u otro que condiciona la visión general de la obra. Con cuatro rayas Picasso dibuja un culo perfecto. Mal colocadas quedarían como el culo. No perfectas. Ni como un pequeño detalle. Como ese detalle que hizo que no acercara mis labios a los tuyos cuando tuve que hacerlo. Pequeños detalles que fueron el principio o el final de algo. Como cada día. Ahora nos hemos quedado perdidos en la mitad. 

La suma de los pequeños detalles que dan como resultado un culo perfecto, el final de una estrella del porno, los labios que no se acercaron cuando tuvieron que hacerlo, o la mitad del principio o el final de lo que estemos viviendo.





domingo, 12 de abril de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 14): La felicidad, el turismo y el piercing en el pezón derecho.




Esta es una foto de cuando eran más felices. De cuando hacían cosas juntos. Aprovechar los museos, cuando hacían turismo, para echar una siestecita reparadora. Esa siestecita que les ayudaba a seguir dando paseos por la ciudad que fuera, para ver lo típico. Sin prisas pero con el tiempo limitado. Viajes de varios días, conociendo con tranquilidad esa ciudad que siempre soñaron con visitar cuando eran jóvenes. Cuando no podían. Quizás, en esa época en la que soñaban con viajes aún no se conocían. O no eran pareja. No es importante para la historia. Ahora son pareja. Llevan muchos años juntos. Quizás tengan hijos y nietos. Es lo más probable pero tampoco es relevante en la historia. Tienen ganas de hacer muchas cosas que no pudieron hacer en su momento. Ahora ya, sólo quieren aprovechar. Esta foto es de uno de sus viajes. Cuando eran más felices.



Hoy no pueden viajar. Están en casa. No entraremos en los motivos, pero llevan mucho tiempo en casa y no pueden salir. No es suntancial en la historia. Se han pasado media vida viviendo juntos pero ahora están mucho más juntos de lo acostumbrado. Constantemente. Ni un paseito, ni una quedada con las amigas para desayunar, ni una partida en el bar del barrio. En casa. Constantemente. Los dos solos sin salir nunca. Con lo que ello conlleva.

En la foto, cuando eran más felices, están dormidos. En la foto no se aprecia bien el detalle clave de esta historia y que ella llevaba en secreto. No se ve pero ella lleva un piercing en el pezón derecho. Se lo hizo unos meses antes. Por hacer algo diferente. Porque le hacía ilusión. Se pusieron de acuerdo cuatro amigas y se lanzaron. Al final sólo se lo hicieron dos. Las otras se echaron atrás a última hora. Aunque la idea surgió de una de las que no lo hicieron. Y la principal animadora fue la otra que tampoco llegó hasta el final. Nuestra protagonista sí se lo hizo. 

Pero él, su marido, su compañero de vida, no lo sabe. En la foto aún no lo sabe. ¿Para qué? Ella sabía que él no lo iba a entender, mejor no contarle nada. Todos tenemos secretos y espacios privados. Aunque sean parte de nuestro cuerpo. Nos ayuda a vivir. Secretos y espacios privados hasta para la persona que más secretos y espacios privados nuestros conoce. Y comparte.

En esa foto aún eran felices. Hoy, sin querer, él ha entrado al baño mientras ella terminaba de secarse. No se había dado cuenta. Pasan mucho tiempo en casa, sin salir, y han perdido las rutinas habituales que les hacían vivir casi sin pensar lo que iban haciendo cada instante. Ha entrado en el baño y estaba ella, secándose y dándose crema. Ha pedido perdón y ha salido. No pasa nada, tonto, ha dicho ella. Él ha visto algo brillante en el pezón derecho. Pero sabe que no es el mismo brillo que vio la primera vez, hace muchos años, cuando le vio el pezón derecho y tanta ilusión le hizo. Ella se ha dado cuenta de que tenía a la vista el piercing del pezón derecho y que él, que sigue conservando mejor vista que ella, lo ha tenido que ver. Seguro. Pero cuando ha salido del baño, ya vestida, no ha dicho nada. Él tampoco ha dicho nada al respecto. Ella cree que él no sospecha que se ha dado cuenta de que le ha visto el piercing en el pezón derecho. Él piensa que ella no se ha dado cuenta de que lo ha visto. Se sientan a comer y comentan algo de la televisión. Lo mal que está todo. Después hablan de una ciudad -no es importante para la historia- que sale por una noticia y que estaría bien visitar. Siempre han tenido ganas y cuando esto acabe será una buena ocasión. Sí, definitivamente será el próximo viaje, cuando todo esto acabe. Volverán a echarse una siestecita en el museo. Y parecerá que son más felices que nunca, para quien la mire con ojos no entrenados, pero ya no será lo mismo.

En la foto de arriba eran más felices...





jueves, 9 de abril de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 13): Me gustas con el pelo rizado.




- ¿Te he contado la historia de cuando decidí no creer en la primavera?
- No. Me acordaría. ¿Por qué decidiste no creer en la primavera?
- Entonces no te lo he contado.
- No.
- Ya te lo contaré algún día.
- ¿Por qué no ahora?
- Llueve.
- ¿Y qué? Tenemos paraguas.
- La humedad me riza el pelo.
- Me gustas con el pelo rizado.
- No te puedo contar la historia de cuando decidí no creer en la primavera con el pelo rizado.
- Lo dejaremos para otra estación.
- Lo dejaremos.
- No lo olvides.
- Nunca olvido nada. Creo...
- Crees...


B.S.O.: "Why Does It Always Rain On Me?" (Travis).




martes, 7 de abril de 2020

Cuentos de la cuarentena (Volumen 12): Precipítate, mézclate conmigo.



Sonó aquella canción.

Esta sí te gusta, ¿verdad?
Bueno, es de toda la vida.
Pero, ¿tú qué edad tienes?

Más que tú. Por supuesto. No te acerques tanto. No te pongas ahí. Claro que conozco la canción. Resulta que la hizo famosa Pedro Guerra pero la cantaron antes Ana Belén y Víctor Manuel. La cantó posteriormente Pedro, que no era conocido pero era el autor, y con ella abrió la puerta del gran público y se coló dentro. Luego la retomaron Ana Belén y Víctor Manuel. Contamíname. Pero ya la conocía casi todo el mundo. O algo así. No sé, siempre he creído que en esto de las historias alrededor de las canciones hay más leyenda que realidad. Mézclate conmigo. Y que te tienes que fiar de lo que te cuentan los implicados. No te acerques tanto, de verdad.



Mézclate conmigo.
Me vas a contaminar.
Es la idea. Mézclate.
¿Sabes que me estoy asomando peligrosamente a tu escote?
Lo he puesto aquí para eso, ¿no te habías dado cuenta?
Me lo había parecido.
Contamíname, méclate conmigo. ¿Te da miedo mi escote?
Francamente, sí.
Pero te excito.
...

Llevo excitado desde que tengo uso de razón. Quizás por eso, paradójicamente, me controlo más de lo debido. Porque llevo conviviendo con ello desde que soy persona. Lejos de sentir la excitación como algo por lo que dejarse llevar, lo considero algo intrínseco a mí. He creado tolerancia a la excitación como si de una droga cualquiera se tratara. Que lo es. Algunas personas buscan la excitación por ahí. Yo la tengo dentro como si me hubiera caído de pequeño a la marmita con la poción mágica del MDMA. 

Claro que me excitas.
Precipítate.

Sonó otra canción. No era de Pedro Guerra. Ni de Ana Belén y Victor Manuel. 

No recuerdo qué canción sonó. 


B.S.O.: "Contamíname" (Pedro Guerra, Victor Manuel y Ana Belén). 

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