A punto de cerrar el Séptimo Año de cabezadeavestruz y de entrar en el Octavo, en el año 56 D.D. (después de Diego), esta es la lista Spotify con la música que ha pasado por aquí en este año.
Besitos para ellos y abrazos para ellas.
viernes, 28 de octubre de 2016
lunes, 24 de octubre de 2016
Se fue, se fue (reinterpretación libérrima de la conocida canción de Laura Pausini sin que tenga nada que ver y ni tan siquiera tener relación ni de lejos)
Se fue.
Por un momento
sentí que estaba hablando pero ella deseaba que me callara y la
besara de una vez. Estaba claro, teníamos que besarnos con locura y
continuar haciendo el amor como si no hubiera un mañana.
Porque no
había un mañana, nunca lo hay, ni habíamos hecho el amor nunca.
Terminaríamos exhaustos pero con ansias y ganas de más.
Seguí
hablando sin saber bien qué le estaba contando porque ya no me podía
quitar de la cabeza su imagen pidiéndome que me calle y la bese y le
haga el amor como si lleváramos toda la vida esperando.
Hablando sin
parar. Esperando que me pidiera que me callara y la besara.
Pero no
lo hizo.
Ni siquiera terminamos la conversación, creo. No recuerdo
de qué estábamos hablando, pero no tenía el menor interés.
Seguro.
Me voy, nos vemos otro día, me dijo. No lo dudes, le dije yo
para terminar la conversación y despedirnos con dos castos besos de
amigos.
Se fue.
B.S.O.: "Frente a frente" (El Hombre Burbuja, o por Jeanette, pero cantada a gritos)
Temas Recurrentes (Lugares Comunes):
After,
Besarse,
Despedida,
El hombre burbuja,
Hacer el amor,
Irse,
Jeanette,
Laura Pausini
miércoles, 19 de octubre de 2016
Si corro mirando hacia atrás me puedo tropezar
Me has echado de tu vida.
Salgo huyendo de todo.
No quiero mirar atrás.
Ni tampoco puedo disparar por si estás
tú.
No quiero disparar a nada delante mía.
No quiero mirar atrás.
Salgo huyendo de todo.
Me he ido de tu vida.
viernes, 14 de octubre de 2016
Ninguna historia sexy empezó jamás con "fui al banco esta mañana..."
Quizás
la diferencia pueda estar en el "esta" y en el "esa".
Parece algo con poca importancia. Una "t" más o menos".
Pero la "t" puede ser muy sexy. Con banco o no de por
medio. Las tes por la mañana mejoran los tes por la tarde. Aunque
poca gente sepa a qué me refiero. Sólo a quién he parecido lo
suficientemente sexy como para despertar conmigo sabe que las tes
pueden ser sexis. Incluso al despertar. Hay pocas cosas sexis al
despertar porque el mero hecho de despertar dificulta todo lo demás.
Nada se ve bien al despertar. Ni siquiera tú. Pero te prometo, con
te, que despertar(te) conmigo puede ser sexy. Aunque tengamos que ir
al banco esa mañana. Quizás, como decía la canción dormimos tan
juntos que despertamos siameses. Y cuando te despiertas así, da
igual al banco que haya que ir.
¡Bah!
Todo eso son tonterías, me dije mientras vertía un poco de café en
la encimera porque después de tantos años viviendo conmigo misma no
he aprendido que tengo que lavarme la cara antes de prepararlo.
¡Tengo
que ir al banco, joder! Me encantaría que hoy fuese un día genial,
pero ninguna historia sexy empezó jamás con "fui al banco esa
mañana". Algún día debo ponerme seria y dejar de estar
siempre en las nubes contándome la vida como una puta película.
Algún
día porque ese día tenía prisa. Tenía que ir al banco.
Ineludiblemente. La palabra ineludible es más bonita que su
significado. No digamos ya su forma adverbial ineludiblemente. Hay
muchas más pero se me empieza a hacer tarde y si hay algo peor que
tener que ir al banco una mañana sólo es llegar tarde y tener que
esperar porque hay miles de viejas y viejos haciendo cola en la
ventanilla para que le actualicen la libreta de ahorros. Yo también
debería actualizar mi libreta. Aquella en la que ahorro historias
sexis. Donde seguramente hoy no pueda apuntar nada porque ninguna
historia sexy empezó jamás con "fui al banco esa mañana".
Además, no tengo libreta de ahorros. Supongo que es una cuestión
generacional. Están esperando que mueran todos los viejecitos que
tienen una para darla por oficialmente extinguida y eliminar de una
vez uno de los mayores problemas de la banca española al nivel de su
deuda, los fondos buitres, el comercio de armas y la financiación
ilegal a partidos políticos: Las colas de gente para que se las
actualicen porque no saben hacerlo en el cajero automático y no
entienden que no hay que hacerlo a diario por mucho que no tengan
nada más en qué emplear su tiempo.
Me
dejé llevar por todos estos pensamientos de mala pécora y con mi
vestido de Cruela de Vil salí al mundo a desplegar todo mi
escepticismo al banco porque era consciente de que ninguna historia
sexy empezó jamás con "fui al banco esa mañana".
Quizás
la diferencia pueda estar en tener que ir al banco o en ir al banco.
Parece algo con poca importancia. Un "tener" más o menos".
Pero "tener" puede ser muy sexy. Con banco o no de por
medio. Tener(te) por la mañana mejora el tener(te) por la tarde.
Aunque poca gente sepa a qué me refiero. Sólo a quién he parecido
lo suficientemente sexy como para despertar conmigo sabe que
tener(te) puede ser sexy. Incluso al despertar. Hay pocas cosas
sexis al despertar porque el mero hecho de despertar dificulta todo
lo demás. Nada se ve bien al despertar. Ni siquiera tú. Pero te
prometo, con te, que tener(te) y despertar(te) conmigo puede ser
sexy. Aunque tengamos que ir al banco esa mañana. Quizás, como
decía la canción, dormimos tan juntos que despertamos siameses. Y
cuando te despiertas así, da igual al banco que haya que ir.
Todas
las grandes historias del mundo, TODAS, surgen de un orgasmo. Ninguna
historia existe si no es así. Pero si hay algún lugar alejado de un
orgasmo es, sin duda, un banco por la mañana. Tener que ir al banco
por la mañana no augura nada sexy, porque algo sexy debería
terminar, o que en el ambiente flotara la sensación de que
terminará, en orgasmo. Ni recordaba el último orgasmo compartido
cuando pasé por tercera vez el arco de seguridad de la entrada del
banco. Resulta que el llavero de madera que me regalaste ni es de
madera ni soporta el control de acceso al banco. La cola, como era de
esperar, era más grande que la que le supuse a aquel chico con el
que fantaseaba en sueños horas antes. Aquel chico que había vuelto
a desaparecer de mi vida sin siquiera llegar a entrar. Pero yo había
entrado en el banco y nada sexy podía pasar allí. Más aún cuando
en la fila de la ventanilla no estaba él, ni nadie que se le
pareciera por mucho que bajara el listón de mis expectativas hasta
niveles inferiores al récord del mundo de salto de altura para bebés
paralímpicos. Pese a todo, entre WhatsApps releídos y miradas
recurrentes al Facebook de mi ex y de sus amigos para ver con qué
novedades puedo hacer aquella mañana un poco más desagradable y
dolorosa, llegué a la ventanilla.
-
Señorita, su turno.
-Gracias.
Quería...
Aquí
el el secreto bancario y un rasgo estúpido de mi personalidad
(incoherente si lo ponemos en frente de la exposición de mi vida
en las redes sociales) me impide dar más información de la gestión
que iba a hacer y que trae a colación eso de que ninguna historia
sexy empezó jamás con "fui al banco esta mañana...". El
caso es que, esa gestión requería mi firma para completarla.
-
Firme aquí, señorita.
Y
dale con lo de "señorita". Busqué en el bolso un
bolígrafo. Metí la mano y entre todas las cosas que no tenían en
aquel momento ninguna utilidad (a no ser que quisiera sonarme los
mocos, tuviera que apuntar algo, sintiera la boca seca, quisiera
proteger mi cuello del fresco, sintiera que mi entrepierna me
indicaba sin venir a cuento que estaba en uno de esos días del mes,
sintiera la necesidad de dar brillo a mis labios o color a mis
mejillas, o varias actividades más o menos importantes que no merece
la pena relatar aquí porque si ir al banco esa mañana ya es poco
sexy, menos lo será si sigo por aquí) no aparecía el bolígrafo.
Ninguno de ellos. Pues nada, tendría que usar uno de los suyos. Un
bolígrafo del banco. Eso que es un símbolo de una sociedad enferma:
Un ente al que le dejamos que juegue con nuestro dinero y todas
nuestras posesiones nos permite que, para interactuar con él,
cojamos un bolígrafo que está atado a su estructura por una
cadenita, que bien podría ser la del WC, para que no nos lo
llevemos. Agarré el bolígrafo con rabia, firmé y para sentirme
mejor conmigo misma, disimuladamente, pegué un tirón de la cadenita
a ver si conseguía romperla o algo. Pero ese algo se convirtió en
un roce desagradable y un daño no previsto en la palma de la mano.
Frustrada, con escozor en la mano y cierta vergüenza poco sexy, me
retiré a seguir malviviendo el día con la historia que jamás
podría sexy tras ir al banco por la mañana
Quizás
la diferencia pueda estar en hacerse daño en el banco o en hacerse
daño por ir al banco. Parece algo con poca importancia. Una razón
más o menos entorno a un banco. Pero el dolor puede ser muy sexy.
Con banco o no de por medio. Hacerme daño contigo mejora el hacerme
daño sin ti. Aunque poca gente sepa a qué me refiero. Sólo a quién
he parecido lo suficientemente sexy como para hacerme el daño que
necesito sabe que el dolor puede llegar a ser sexy.
Al
darme la vuelta, con mi indignación bancaria y dolor en la mano, me
topé con él pero no le di importancia. Aunque olía bien. Muy bien.
Sin estridencias. A limpio. A nuevo. A rayo de esperanza en forma de
sensualidad de una mañana en el banco que no puede acabar en nada
sexy. Pero seguí hacia afuera. Hasta que, medio paso después, me
agarró del brazo demandando atención. Su mano era bonita.
Le
doy mucha importancia a las manos. Algún día debería mirar por qué
para poder explicarlo cuando me preguntan qué es lo primero en que
te fijas de alguien. Creo que podría enamorarme de unas manos aunque
ahora mismo no pueda encontrar la razón.
-Perdona,
te dejas esto.
El
resguardo de mi operación bancaria, encima de un flyer de algún
sitio que no recuerdo y el llavero de Palestina con la usb donde
llevo media vida. Azorada le di las gracias y lo cogí todo con
vergüenza y rapidez.
-
Y esto -insistió.
Me
sonrió disimuladamente y me dio por lo bajo la cadena del banco con
el bolígrafo que acababa de usar para firmar la sentencia de lo que
no puede inaugurar nunca una historia sexy. Descolocada reí. De esa
manera que ríes cuando quieres que alguien vea cómo lo haces pero
que el resto del mundo no se entere. Esa extraña forma de reír que,
si la detectas desde fuera y no eres protagonista en ello, da un poco
de asquete por lo ridículo de la situación. Pero ciertos actos
ridículos, cuando te encuentras dentro de ellos, son mágicos.
Incluso sexis. Aunque ninguna historia sexy empezó jamás con "fui
al banco esta mañana".
De
repente mi mente, valga la extraña rima, quizás contaminada por
alguna historia que me acababan de contar, voló a unas cañas con
aquel tipo, pasar al café, pedir esos licores como punto de
inflexión cuando dudas si terminar una cita o no, y despertar en una
cama extraña, feliz pero algo confundida. Esas cosas que les pasan a
otra gente. No a mí, aunque con la boca pequeña me diga que me
gustaría que me pasara muy a menudo. Esa boca pequeña que se hace
grande cuando ríe y besa. La misma que toma forma de "A"
sorda porque vi en la cadena un rastro de sangre. Asustada salí del
banco no sin antes hacer el esfuerzo por dejar una sonrisa flotando
en el ambiente para que él la cogiera.
Nunca
he sabido lanzar nada. Pero resultaba cómico imaginar en mi mente
cómo tiraba la cadena lejos en un acto de rabia enfadada con mi
falta de habilidad social con aquel simpático chaval y se me
enganchaba en una pulsera y me hacía más daño en la mano. Pero
claro, no era más que una de las tonterías que pulularon por mi
cabeza cuando caminaba fuera del banco esa mañana que estaba dando
la razón aquello de que ninguna historia sexy empezó jamás con
"fui al banco esta mañana...". Por mucho que ahora pensara
que lo que más me apetecía era que ese chico me dijera algo, nos
tomáramos unas cañas, las cañas dieran paso al café, para que
llegaran los licores, luego las copas, y acabar despertando juntos en
mi cama o en la suya.
-
¿Te duele la mano?
-
No, me escuece un poco, pero está bien, gracias.
-
Déjame ver.
E
hizo el ademán de acercarse a mí y agarrar mi mano pero yo me
retiré por un extraño instinto que no llegué a comprender.
Rápidamente intenté solucionarlo dejando otra sonrisa en el
ambiente para que él la cogiera y le acerqué la mano.
Hacer
ademán de algo es una expresión que deberíamos usar mucho más.
Aunque sólo fuera por lo bonita que es. Y dejarse coger la mano por
las suyas, también. Eran preciosas. Sus manos, no las mías que las
tengo muy vistas. Le doy mucha importancia a las manos. Algún día
debería mirar por qué para poder explicarlo cuando me preguntan qué
es lo primero en que te fijas de alguien. Creo que podría enamorarme
de unas manos aunque ahora mismo no pueda encontrar la razón. No
tengo que enamorarme de esas manos, me digo una y otra vez. Son unas
manos que acaban de estar detrás de ti en el banco y todos sabemos
que ninguna historia sexy empezó con "fui al banco esta
mañana...". Pase lo que pase, no inicies nada. Nada sexy puede
salir de esta historia.
-
Tienes unas manos muy bonitas.
-
Gracias, la tuya también.
-
¿Lo he dicho en voz alta?, dije haciéndome la tonta y haciendo el
ademán de ruborizarme.
-
Pues no estoy seguro, pero yo lo he oído.
-
Nada, me escuece un poco, pero es que soy muy bruta.
-
No lo pareces. Y decir las cosas en alto tampoco es de ser bruta si
de verdad se piensa algo. Te lo agradezco.
-
Me refería a la mano.
-
Lo sé, pero con la herida de la mano no sabría seguir la
conversación.
-
¿Y cómo la sabes seguir?
-
Pues más o menos así.
¡Proponme
tomar una caña! No te lo pienses más. Es fácil. Seguro que no
tienes nada que hacer. Tú lánzate a proponerme una caña que yo te
ayudaré a ponerlas en plural, a darles café, unos licores y unas
copas... ¡Dios! Estoy enferma o muy necesitada. A lo mejor es lo
mismo, claro. Por lo menos no me está escuchando ahora, eso seguro.
Aunque mi mano se siente cada vez más cómoda entre las suyas. No
llevo bien el contacto físico cuando no es lo esperado y aquello no
era normal. Y menos al salir del banco porque ninguna historia sexy
empieza nunca con "fui al banco esta mañana..."
-
¿Tienes prisa?
-
No mucha, ¿por?
-
Te invito a una caña y me cuentas.
-
Poco te puedo contar. Ya has visto lo rápido que ha sido todo en el
banco.
-
Puedes contarme otras historias más interesantes. Tampoco hace falta
que la empieces con "fui al banco esta mañana..."
-
Te acepto la caña pero me dejas empezar la historia precisamente con
eso. Creo que de ahí pueden salir muchas cosas.
-
Acepto.
-
¿Me devuelves la mano?
-
Sí, perdona. Pero luego me la dejas ver otra vez.
-
Claro. Y que la cuides tan bien como ahora. Tienes unas manos muy
bonitas.
-
Ahora estoy seguro de que lo has dicho en alto.
-
Lo sé.
Quiero
decir muchas cosas en alto. Quiero gritar, pero eso no se lo voy a
decir. Lo tiene que descubrir él. Y si no lo descubre será porque
ninguna historia sexy empieza nunca con "fui al banco esta
mañana..."
-
Me he puesto tu camiseta, no te importa, ¿verdad?
-
¿Por qué? ¿No es raro que después de toda una noche viéndonos
dormidos nos tengamos que tapar con algo?
-
Raro no, es más bien un cliché de película americana. Y tu
camiseta es muy fea, perdona que te diga.
-
Pues bien que te la quieres poner.
-
Tiene un barco.
-
¿Un banco?
-
No, un barco.
-
¿Y qué?
Mira
chico, no te pienso contar ahora lo que significan los barcos para
mí. Aunque resulta curioso que hayas entendido banco en lugar de
barco. Se me ocurren muchas historias sexis con "fui al barco
esta mañana".
-
Un día me levanté por la mañana y no me gustó el barco en el que
iba. Nunca he entendido de barcos.
-
Yo tampoco, realmente la camiseta tiene un barco pero si te fijas
bien es de publicidad de un banco.
-
¡No me digas! Yo estaba mirando que no sé qué barco es.
-
Ni idea. Entiendo tan poco de barcos como de bancos.
-
Yo no sé diferenciar entre una canoa o un kayac, o entre un velero y
un catamarán. Sé muchos nombres de barco pero no por ello entiendo.
Parecería lo contrario si nombro una carabela o un transatlántico
aunque no es así.
-
Ya sabes más que yo de cuentas corrientes, de hipotecas, fondos de
pensiones o ayudas al pequeño negocio.
-
Pero sabes robar al banco.
-
¿Cómo?
-
La cadena.
-
¡Ah! Eso... ¿Cómo tienes la mano?
-
Bien, gracias, me la has cuidado muy bien.
-
Un placer.
-
El caso es que conozco más nombres de barcos que tipos: El
Mayflower, la Pinta, la Niña y la Santa María, el Titanic, la
Dorada, el Maine, el Nautilus... Este último es un submarino de
ficción, sí, pero seguro que se puede utilizar como barco.
-
Tú tienes un problema con los barcos. Y con los bancos, sospecho.
El
caso es que aquella mañana me desperté y no me gustó el barco en
el que iba. Pero lo que realmente no me gustó fue despertarme sola,
rodeada de agua por todos lados y a punto de ahogarme. Sé que dicen
que ninguna historia sexy empezó jamás con "fui al banco esta
mañana" pero también sospecho que me da un poco igual.
-
Tengo que ir al banco esta mañana.
-
¿Otra vez? ¿No será una excusa para librarte de mí?
-
Tengo que ir al banco esta mañana...
miércoles, 21 de septiembre de 2016
Tres días (five years)
¿Aceptarías que te quisiera sólo
tres días?
Es de lo único que dispongo.
¿Será suficiente para ti?
¿Estás preparada para asumir que te
voy a querer simplemente tres días?
¿Podrías renunciar a que te quisiera
tanto porque sólo van a ser tres días?
¿Serías capaz de cambiar el "tres"
y los "días" por otro número y otra unidad de tiempo y
estar conforme? ¿Podrías llegar a conformarte?
Tres días pueden ser una vida.
Five years puede ser poco.
Se me acaba el tiempo y no quiero dejar
de querer por eso...
Temas Recurrentes (Lugares Comunes):
David Bowie,
Diane Keaton,
Días,
Final,
Five years,
Querer,
Tiempo,
Tres
martes, 13 de septiembre de 2016
Mirar a las tetas
Tengo una amiga bizca.
Me cuesta mucho estar cerca de ella.
No puedo
mirarla bien.
Me da un poco de miedo y no sé cómo actuar.
Es raro.
Es raro lo que me pasa, pero la rara es ella.
No puedo mirar, no ya
sus ojos, sino su cara por extensión.
Es zona de peligro.
Si le miro
la boca llegaré a sus ojos y no sabré cómo actuar.
Probablemente
se me note en los ojos.
No sé cómo actuarán mis ojos al mirar los suyos desviados.
¿Se desviarán también?
Es mi amiga pero no puedo
con ello.
Por eso cada vez es menos amiga porque cada vez me cuesta
más lidiar con eso de que sea bizca.
Tanto me cuesta que por evitar
sus ojos, su cara, le miro el pecho.
Y es incluso más violento.
Porque sus tetas están muy bien.
No tiene relación.
No tiene nada
que ver que alguien sea bizca con tener buenas tetas, pero en su caso
es así.
O a lo mejor de mirarlas tanto, sus tetas cada vez me gustan
más.
Pero es malo para la gente que me ve, porque seguro que se da
cuenta.
Gente que probablemente tenga un problema como el mío con la
bizquera aunque le afecte de otra manera.
Aunque lo afronten
mejor o peor.
Que le perturbe más o menos.
El caso es que no puedo
aguantar más el poder saber si sus pezones son bizcos también o no.
No creo que tenga que ver, pero no lo he comprobado nunca.
Y cada vez
tengo más ganas de ver sus pechos y comprobar la alineación de sus
pezones.
Hay muchas chicas con pezones bizcos pero con bonita mirada.
No sé cómo serán los pezones de mi amiga bizca.
Y no puedo dejar
de mirar sus pechos.
Creo que me estoy enamorando de ella.
Porque es
bizca.
martes, 23 de agosto de 2016
Fotos que me hubiera gustado hacer a mí (Volumen 17): La BELLEZA
Me contaron que Luis Eduardo Aute se había puesto muy malito. Hace poco. Me lo contó alguien. Parece que no tiene mucha importancia que te cuenten algo, pero hoy en día es un acto de belleza muy importante. Nos enteramos de todo por vías digitales y si una persona piensa que te tienes que enterar de algo y quiere contártelo antes de que tú lo sepas por otras vías es un importante momento de intimidad común. Una intimidad que será más o menos bonita en cuestión de quién es, qué es lo que te cuenta esa persona y a quién lo hace.
A mí me contó que Luis Eduardo Aute
se había puesto muy malito una chica que me ponía muy malito a mí,
pero por otras evidentes razones. Me dijo que si no me había
enterado, que sabía que a mí me iba a afectar mucho porque me
encantaba Aute. Concretamente, el Aute de "La belleza".
- Tú siempre fuiste muy "enemigo
de la guerra y su reverso la medalla".
Yo lo encontré bellísimo y no quise
confesar que ya me había enterado antes y que andaba un poco
acongojado por ello. Me hice el sorprendido y el acongojado. Dejé
que sintiera lo agradecido que estaba por su gesto y creo que incluso
me acongojé por otros temas que no tenían nada que ver con Aute y
mucho con los pechos de aquella persona que había tenido tan bello
gesto conmigo.
Inmediatamente, como tantas veces, me
sentí sucio y ruín. Aute estaba en el hospital. Alguien precioso
había tenido un gesto bellísimo hacia mí y yo me fijaba en sus
tetas. En definitiva, todo lo que hacía bello aquel momento me
encargué de destrozarlo en mi mente en un instante. Así que tuve
que contraatacar:
- ¿Qué es para ti la belleza?
- La canción de Aute.
- No. LA BELLEZA (y lo dije así, en
mayúsculas, para que no tuviera dudas de la importancia de lo que
estábamos hablando).
- La belleza (me respondió así, en
minúsculas, y yo pensé que tampoco estaba mal que siguiera
obsesionado con sus tetas si en la conversación ella bajaba la
intensidad que yo le estaba poniendo para que fuera todo más bonito)
depende del momento . Hay momentos que son bellos en si mismos, hay
cosas que son bellas dependiendo del momento, pero la belleza... La
belleza es difícil de explicar.
Le enseñe la foto:
- Creo que es una de las cosas más
bellas que he visto últimamente.
- ¿En serio?
- Sí, ¿no te parece?
- No sé. Es bonita, pero "una de
las cosas más bellas que has visto últimamente".
- ¿Por qué no?
- A no ser que últimamente no veas
muchas cosas bonitas.
- Quizás sea eso.
- ¿Quieres verme las tetas?
Ahí me acojoné. Pasé del acongojo al
acojone. Como tantas veces. Ella estaba jugando conmigo. Me quería
demostrar que la belleza se puede encontrar en muchos sitios y que,
por mi mirada, yo la podría encontrar en sus tetas. Me sentí
inútil, como de costumbre y entre risas y demás conversaciones
intrascendentes, aquellas tetas desaparecieron de mi vista y, con el
tiempo, de mi vida.
A día de hoy sigo empeñado en
encontrar la belleza en todas partes. Sea en forma de tetas o de
canciones. Aún sigo teniendo esperanza. Lo mejor que puede tener uno
en su vida es la esperanza de encontrar en algún instante LA
BELLEZA.
martes, 19 de julio de 2016
Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 41): La juventud y las ganas
Ella era aún joven.
Al menos así lo
pensaba.
También los demás.
Sí, todo indicaba que ella era aún
joven. Pero tenía mucho acumulado. "Vive deprisa" le
dijeron y ella hizo caso. "No hay tiempo que perder"
escuchó también y actuó en consecuencia.
Y se cansó.
Tanto, que
se puso a mirar con detenimiento. Como nunca había hecho. Y de
repente apareció aquello. No sabía si se lo había dicho alguien,
si lo había leído por ahí o lo había visto en alguna película,
pero comenzó a retumbar en su cabeza:
Una cosa os voy a decir: Llegadas
ciertas edades es una estupidez quedarse con las ganas.
De repente se sintió mayor.
Y sin
ganas.
Todo se iría al traste si miraba hacia atrás.
Pero como tantas otras veces se dijo a
sí misma: Yo no soy estúpida. Guardó el libro, apagó la película
o le cerró la boca al que hablaba, es un detalle que da un poco
igual. Se lanzó a no quedarse con las ganas. Ahora sólo necesitaba
saber qué era aquello que representaba la juventud y las ganas.
Pero
esa ya, es otra historia...
Temas Recurrentes (Lugares Comunes):
Estupidez,
Ganas,
Juventud,
Microrrelato,
Pudor
lunes, 11 de julio de 2016
Fotos que me hubiera gustado hacer a mí (Volumen 16): ¿Qué cara tiene la felicidad?
La otra noche, después de terminar, me preguntaste si me había gustado. Te dije que sí, que si no veías mi cara de felicidad. Cambiaste la tuya y me dijiste que no, que últimamente sospechabas que no disfruto contigo, que ya no pones la misma cara de felicidad de las primeras veces. Te pregunté cuál era mi cara de felicidad y me respondiste que esa no, otra. Yo pensé que hacía tiempo que había dejado de ser feliz con ella y se lo quería transmitir con mi cara pero que en los únicos momentos que no podía controlarlo era en aquellos, precisamente aquellos. Justo después de correrme. El problema es que últimamente no me corro contigo. Y eso es un problema.
Mayor problema es hoy. Cuando soy consciente de que no me corro contigo porque ni siquiera nos acostamos. Ahora no sé ni qué cara tengo. Pero he tenido que escribir esto que nunca leerás porque necesitaba meter la foto del niño con cara de felicidad comiendo sandía.
Sí, todo son excusas. Hasta mis caras desde que dejé de correrme contigo...
martes, 28 de junio de 2016
La dignidad del celibato
Me
fui de aquella casa con la cabeza alta.
No
iba a darle el gusto de acostarme con él.
Se
lo dije, yo era más digna.
Viviré
por siempre con una mentira sobre mi cabeza: Yo perdí la virginidad
en una habitación de la calle
Bowery de Nueva York,
a tres portales de lo que era el CBGB, escuchando a Patty Smith, con
un californiano estudiante de filosofía de acento imposible y excitante.
A
todos se lo digo y hasta yo estoy empezando a creérmelo.
Sobre
todo cuando bajo sin haber follado por dignidad, a una hora extraña,
por la calle Ave María del cada vez menos mítico barrio de
Lavapiés. Algún día tendré que decantarme entre tener placer o
ser digna (falsamente en ambos casos).
B.S.O.: "No todo va a ser follar" (Javier Krahe)
P.D.: No sé de quién es la foto, pero se trata de la actriz porno Amarna Miller y creo que es algo así como el fondo de pantalla perfecto para mi cada vez más inactivo ordenador.
Temas Recurrentes (Lugares Comunes):
Amarna Miller,
CBGB,
Celibato,
Dignidad,
Javier Krahe,
Lavapiés,
Nueva York,
Patty Smith
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