miércoles, 17 de abril de 2013

Relato extraordinario de los hechos reales de la típica noche en la que uno no sale y todo lo que pasa es mejor que nunca y no vuelve a repetirse



Nota del Editor: Con motivo de la última visita de una delegación de cabezadeavestruz a la Biblioteca de Alejandría, comprobamos con no cierto estupor, que ese dicho habitual en nuestro entorno que dice que la noche que no sales es la que pasan las cosas más extraordinarias y tus amigos lo pasan mejor que nunca, es un concepto universal y que viene de los albores de los tiempos. Tras quitarnos la cara de sorpresa y comprar algún souvenir, hicimos el viaje de vuelta dispuestos a iniciar una gran investigación al respecto de tan curioso fenómeno en cuanto llegáramos, solicitando una beca del Ministerio de Cultura. Como de costumbre, cuando abrimos el procesador de texto, habíamos olvidado todos nuestros propósitos e hicimos como de costumbre: Escribir palabra tras palabra para ver dónde nos llevaba el asunto que nos proponía burlón el folio en blanco. Reproducimos a continuación, prácticamente sin censura, el texto surgido hace un rato, cuando nos pusimos a escribir un poema de amor a una chica que no nos hacía caso, a la que mandamos un caluroso saludo desde esta isla caribeña donde estamos gastando el dinero de la beca, en un resort con una pulsera de todo incluido que no nos deja teclear más, al menos correctamente.




Llegué al bar de costumbre. Solo, como todas esas veces que no encuentro con quién salir. Me acerqué a la barra y pedí un Johnnie Walker con Coca-Cola Light.

-Tengo Zero
-¿Que tienes cero Coca-Colas? Qué mala previsión para un jueves, ¿No?

Ni puta gracia tenía el chiste. Eso decía su cara.

-Jajaja
-Ni puta gracia te ha hecho el chiste, ¿No?
-No mucho, la verdad... ¿Quieres Zero entonces?
-Light.
-No tenemos.
-Pues Coca-Cola normal, me es igual.

Tuve la tentación de soltarle el discurso aquel que explica por qué tomo los cubatas con Coca-Cola Light que se remite a una cuestión de sabor, que no lo hago porque esté en plena operación bikini (aunque no me vendría mal planteármelo) y que si no hay light me es indiferente Zero o normal porque es una cuestión de gusto, no de calorías, y si la publicidad y leitmotiv de la Coca-Cola Zero es que sabe igual que la Coca-Cola normal casi que me la suda totalmente, pero pasé del tema porque ya había comprobado el poco interés que tenía en escucharme al ver que no estaba mientras pensaba esto y al recordar la cara de acelga que había puesto con el chiste que había abierto nuestra relación.

-¿No vienen tus colegas hoy?
-¿Quiénes?
-Tus colegas, con los que sueles venir.
-Bueno, estoy esperando... 

Mentí cual bellaco. Me sorprendió gratamente que se acordara de mí. Al instante pensé que se acordaba de alguno de mis amigos y que yo era un daño colateral porque en aquel sitio llamaba un poco la atención en cualquier caso.

-Esto está un poco flojo hoy, ¿No?
-Como todos los jueves últimamente.
-Ya, la crisis.

Análisis al nivel del mejor tertuliano. Sin duda mi conversación tenía muchísimo nivel esa noche.

-Pues hoy no está mal del todo.
-No sé, no sé...





Y de repente me vi solo. Sin nadie a quién soltarle mi explicación sobre por qué tomo Coca-Cola Light y que si no hay me da igual Zero o normal. Sin nada más que hacer que beber y escuchar la música mirando a todas partes por ver si mis ojos detectaban otra mirada y en un cruce de estos a alguien le daba lástima y se acercaba a mí viéndome sólo y desesperado... Pero vamos, que esos son mis típicos pensamientos de todas las noches, sean como sean y no dejan de ser lo que son: Pajas mentales Pensamientos. Sonaba “Boys don´t cry” de The Cure. Acompasé la canción con algunos movimientos de mis labios y de mi cabeza.

-Perdona ¿O no la quieres?

La camarera. Sus tetas. Otra vez. Quizás no me había fijado antes. Mentira, siempre me fijo en las tetas. Faltaría más. Eran ellas otra vez.

-¿Dime?
-Tu vuelta... ¿O no la quieres?
-Claro.
-Estás empanado, tío.

¿Me acababa de llamar “empanado”? ¿Esa cabeza que sobresalía de aquellas tetas me acababa de llamar “empanado”? ¿En un bar donde ni siquiera tenían Coca-Cola Light? ¿Querría ligar conmigo? ¿Debería preguntarle a qué hora sale? ¿Debería dejar que me lo propusiera ella?

-Jejeje
-Qué borde eres, ¿No?
-¿Yo? No he dicho nada.

Dije mientras me empezaba a enamorar perdidamente de ella.

-Esa risita...

Y puso esa maravillosa cara de acelga que tanto me gustaba desde que me enamoré de ella segundos antes.

-Perdona, se me ha escapado la risita en “e”.
-¿En “e”?
-Si, tengo una teoría sobre las risas y acabo de meter la pata.
-¿Por qué me miras las tetas cuando hablas?
-Perdona, no lo puedo evitar...
-No, tranquilo, me gusta, pero quiero que sigas hablando, sólo trataba de hacerte ver que era consciente de que me las estás mirando y eso me pone mucho...

(Nota del Editor: Parte de esta conversación se ha colado y no ocurrió realmente. Pedimos disculpas pero como tardaban mucho en traernos la bebida y el creativo del grupo se aburría, ha quitado el sitio en el teclado al mono hipernicotinado que normalmente escribe en cabezadeavestruz y ha empezado a inventarse cosas. No volverá a ocurrir, sinceras disculpas. Vuelve el mono habitual en cuanto se encienda el siguiente cigarro y retoma la historia desde la teoría de las risas)

-¿Teoría de las risas?
-Bueno, de las letras empleadas y de la duración.
-Estás colgado, tío...
-Puede ser, jajaja.
-Jajaja.
-Esa risa ha sido correcta y sincera, ¿Ves?
-Mira, no me vengas con gilipolleces, ¿Me explicas lo de las risas?

No sonó bien el tono de esa última frase, y la cara de acelga que me tenía enamorado fue más de acelga que nunca. Y, claro, lo de contigo pan y cebolla me parece bien, pero hartarse de acelgas... Además, tengo otra teoría, aunque esa no la expongo casi nunca en público, que dice que un buen par de tetas no garantizan un buen servicio detrás de una barra, y aunque hagan más agradable casi todo. Hay cosas que ni las mejores tetas del universo pueden disculpar cuando hablamos de tomar copas.

-Pues el “jajaja” es la risa correcta.
-Ya... ¿Y?
-A ver. A la hora de elegir letra para reír hay que ser cuidadoso. La risa en “i” resulta ridícula y sólo es aceptable en conversaciones con personas de poca edad y sugieren picaresca y demandan taparse la boca al emitirla. La risa en “e” denota falta de costumbre y superioridad. Es la risa emitida por tu jefe cuando te demanda que le sigas el rollo y te rías con él. La risa en “o” es antinatural en castellano porque suena a barbaridad o en su defecto es de Papá Noel, y de la “u” nos olvidamos por razones obvias. O sea que la única risa válida es en “a”.
-¿Y para eso tanto?
-Luego está lo del tamaño, que quieras que no, importa...
-Jijiji
-Bien empleada, jijiji...
-¡Oye, que parece que quieres ligar conmigo, no soy tonta!
-¿Ves? Funciona.
-Háblame del tamaño.
-Picarona...
-Gilipollas...
-Vale. Jajajaja, con cuatro sílabas, resulta excesivo y puede denotar risa cansina e incluso falsa. Dos sílabas denotan sarcasmo y pueden llegar a ser malinterpretadas, amén de quedarse cortas, y no digamos un solo “ja” que mostraría desaprobación o reto, algo totalmente alejado a lo que queremos expresar con la risa. De más de cuatro sílabas puede indicar falta de salud mental o que se te ha quedado pegado el dedo...
-¿Pegado el dedo?
-Claro, todo esto es teoría de la risa escrita. ¿No te lo había dicho?
-Estás como un puto cencerro, jajaja...

Y me resultó fascinante cómo aplicó mis enseñanzas a la conversación oral cuando todo lo que había desarrollado se refería al medio escrito y a la secreta ambición de poder utilizarlo en una conversación con ella vía WhatsApp cuando me dé su teléfono o metiendo mi cabeza entre sus tetas, para lo que no necesitaré su WhatsApp. Me resulta muy curioso comprobar ahora cómo estoy narrando la noche, dando una teoría sólo válida para el caso de tener que escribir las risas, y ustedes están leyendo el lenguaje oral pero convenientemente escrito sin convertirse en letras que indiquen lo que quiero decir con esa teoría...

(Nota del editor: Volvemos a pedir disculpas. El mono ha vuelto a ir a por tabaco y el reflexivo del grupo se ha puesto a continuar la historia y le acaba de dar un derrame cerebral intentando explicar cómo se narra algo que es lenguaje oral en un medio escrito, salvando la frontera de la pantalla que habla desde la oralidad pero escrita...)

(Nota del mono: El editor ha sufrido un colapso extraño. No volverá a ocurrir. No me separaré del teclado hasta que acabemos con esto, lo juro por mi padre. Por cierto, a mi padre lo conocen: Es el emoticono ese del monete que se tapa la boca pícaramente en el WhatsApp, vamos, el que se ríe con la “i”, pero no quiero volver al tema de las risas que nos liamos, nos habíamos quedado en el canalillo y las magníficas ubres de la camarera (Sí, los monos decimos “ubres” y no “tetas”, cosas simiescas que tampoco ha lugar que las explique ahora).)

-¿Las tetas otra vez?
-¡Uys! Sí, perdona...
-Nada, ya sabes. O sea que la risa válida y correcta es con “a” y tres sílabas.
-¡Correcto! Veo que has estado atenta y te has enterado de todo lo que he explicado.
-Por supuesto ¿Qué te habías creído? Soy una camarera y me entero de todas las conversaciones aunque no lo parezca.
-Perdona, no cumples el requisito básico de lo que yo considero el barman escuchador o el camarero psicólogo.
-¿Por qué? ¿Por mis tetas?
-Exactamente. Está mal que lo diga yo, pero ya que lo has dicho tú.
-Mis tetas no implican falta de inteligencia.
-Evidentemente, pero tampoco se requería demasiada inteligencia para comprender la teoría de las risas. Quizás un poco para aguantar mi conversación, pero por lo cansina, no por nivel demasiado elevado.
-Vamos, que alguien con buenas tetas no puede llegar a tu nivel intelectual...

Estaba sacando las cosas de madre. Parecía ella más obsesionada con sus tetas que yo mismo, que no podía evitar fijarme cada vez más, hasta el punto que había momentos en los que debía subir la mirada porque empezaba a olvidar cómo era su cara de acelga que tanto me había asustado, enamorado, despreciado, fascinado...




-Estás un poco obsesionada con el tema de tus tetas. Y luego dices que soy yo...
-Claro, no dejas de mirarlas y toda la conversación gira en torno a ellas.
-Porque tú quieres.
-Porque puedo...

Y dijo eso sosteniéndose las tetas con las manos y haciendo un ligero movimiento de alzarlas al cielo. Con mi fascinación por ellas no pude evaluar si era un comentario – movimiento jocoso, pícaro, agresivo, o de cualquier otra clase, porque no podía mirar su cara de acelga en esos momentos. 

-Pareces orgullosa de ellas.
-Puedo estarlo, ¿No?

¡Alarma! Pregunta trampa. Si respondía lo que creía al respecto, que es estúpido que alguien se sienta orgullosa u orgulloso de su cuerpo porque hay un gran componente genético del que no podemos atribuirnos ningún mérito y lo único que se podría hacer es felicitar a los progenitores, eso suena mal. Y si respondía que tiene mucho mérito construirse unas tetas así, asumiría y le haría ver que era consciente de que eran obra de un hábil cirujano y que el mayor mérito que tendría sería haber juntado el dinero para comprárselas y, en el mejor de los casos, la disciplina suficiente para trabajar en el gimnasio su mantenimiento, y eso, malo también. Aunque todo ello es estúpido porque yo, de natural humilde y de origen tímido y poco experimentado, soy de los que no valora la procedencia de las cosas mientras merezcan la pena. Algo así como encontrarse un billete de cinco euros en el suelo, que te da igual que acabe de salir del cajero y esté nuevito o que se le haya caído a alguien tras haber dado una tourné por Austria, pasando por Italia, moviéndose durante meses por Bégica, llegado a Francia y vía Portugal haber acabado en aquel lugar con mucha suciedad y algún que otro deterioro. No sabía qué responder...

-Claro.
-Claro, ¿Qué?
-Que sí, que claro.
-¿Claro que me puedo sentir orgullosa de ellas?
-A mí me encantan.
-Ya, ya me he dado cuenta. Mira, ven...

Y nos fuimos a la esquina de la barra, un poco apartados de la poca clientela del bar. Y con evidente intención de epatarme (Nota del mono: Siempre quise usar el verbo “epatar” en un relato y por fin lo he conseguido, felicítenme) metió su mano derecha de manera pícara por el escote y dejó al aire y ante mí, su maravilloso seno derecho. Tragué saliva y asumí que mi cara había pasado de normal (dentro de la normalidad que puede tener una cara como la mía) a la acelga, pasando por la babosa de río y a palidez aristocrática del que está a punto de darle un vahído. Se la guardó y creo que llegué a oír un sonido que provenía de su párpado izquierdo que bajaba y hacía un movimiento que podría llegar a ser un guiño. Y digo podría, porque evidentemente no lo vi.




-Bonita, ¿No?
-Ghdiedoeufden hasjhyue gtygbde...
-¿Cómo?
-Impresionante.
-Jajaja, joder tío, te acabo de enseñar una teta, podría decir algo más. No sé por qué me ha dado por ahí, pero... Ufff... Joder... Jajaja... ¿Ves? Hasta me estoy riendo de manera correcta.
-Pues no lo sé, no te estoy leyendo y no sé si estás riendo correctamente. Sólo tengo ojos para tu teta y no he querido distraerme leyendo lo que dices. Además, no podría valorar ahora eso.
-¡Jajaja! Venga, no me digas que no es la teta más maravillosa que has visto últimamente.
-Si, señora, si.
-¿O me vas a decir que puede haber alguna mejor por aquí?
-No, evidentemente, no hay demasiada gente por aquí hoy. Y menos con tetas. Y menos con esas tetas. Aunque yo creo que hay una mejor...
-¿Serás capullo? ¿Cuál?
-Tu teta izquierda.
-¿Cómo?
-Es una cosa personal, pero aún sin conocerla más que por su apariencia y por referencias que me ha dado su amiga de al lado, estoy convencido de que es mejor. Mejor, si cabe, ya sabes... Mejorando lo presente.
-¿Y por qué crees eso?
-Tengo querencia a las tetas izquierdas. Será porque soy diestro y el movimiento natural de mi cuerpo se dirige antes a ella que a la otra. A veces he pensado si los zurdos tienen querencia por las tetas derechas o no.
-No te la pienso enseñar. Ya has visto demasiado. Es más, no sé por qué coño he hecho lo que he hecho y estoy aquí hablando contigo.
-Porque hay poca gente en el bar y te aburres.
-Pues mira, sí. Voy a servir una copa allí, que me están pidiendo...

Y me sentí perdido. Perdido, solo y abandonado. Extraño como un naufrago en el Manzanares (Nota del mono: Joaquín Sabina patrocina esta historia y teníamos que meterlo como parte de la banda sonora), vacío como una isla sin robinsón...

Pasaron las horas y no se acercaba a mí. Seguía poniendo alguna copa, cargando cámaras de refrescos, hablando con el DJ, moviendo botellas, sonriendo a algún cliente... Pero para mí nada. Horas interminables, aunque luego me dí cuenta que fueron minutos, no muchos, aunque se me hicieron eternos. Su ausencia. 

Mi erección. Mi calentura. 

Fui a tomar aire para ver si se me pasaba un poco. Intenté cruzar mi mirada con la suya para que viera que salía y volvía cuando me fumara un cigarro y que no pensara que la abandonara, porque para abandonar tetas como aquellas estaba yo ahora... Pero no me vio.

Me fumé el cigarro y volví a entrar directamente al baño. Me encerré y dudé si volcar lo que me quedaba de farlopa de la noche anterior y meterme un tiro potente que me pegara un subidón, mear y salir rápido o meneármela de manera salvaje. Opté por mear...

Pero mi erección seguía ahí. Mear me resultó difícil y la excesiva fricción de los dedos en mi polla me hizo encontrar la excusa para hacer lo que tenía que hacer. Así pues, cerré el pestillo, me senté en el baño y continué con las fricciones hasta que empecé a sentirme un poco acalorado y turbado, comencé a estar muy bien y parecía que estaba sintiendo aquellas tetas en mi cara y su entrecortada respiración en mi faz de acelga. Casi podía oír su voz llamándome a gritos...

Hasta que me dí cuenta de que era su voz que me llamaba a gritos:

-¡Oye! ¿Qué haces ahí dentro? Está prohibido consumir drogas en este local, sal antes de que tenga que llamar al portero.
-No esttttoy consumieeeendo drogggas...
-¡Abre!
-Esssppeeeera un mmommento...
-¡Abre o la liamos!

Abrí. Aturullado abrí apresuradamente. No sin antes recomponerme un poco e intentar guardarme el miembro en el pantalón, empresa que resulto ardua y difícil.

(Nota del mono: Aquí dejaremos esto abierto para crear una ilusión extraña en usted y que no sepa si la dificultad de recogida de esa polla era debido a su descomunal tamaño en erección o a la tendencia de ir a la moda de su dueño que hace que últimamente vista pantalones muy ajustados como un buen moderno.)

-¿Dónde tienes la coca? No la habrás tirado, tonto, que venía a que me invitaras a una...
-Umm... Sí, ahora te pongo una...
-¡Jajaja! Ya veo... ¿Y eso es que tienes guardado un gran paquete de ella o te he sorprendido y te alegras de verme a mí y a mis amigas?




(Nota del mono: Pedimos disculpas por lo facilón, básico y manido de este diálogo. Evidentemente queda zafio y feo, pero el desarrollo de la conversación fue así de estúpidamente típico y convencional, y la escena en cuestión entró en una serie de vericuetos más o menos sórdidos, morbosos, extraños y calurosos, por lo que haremos una elipsis de la que saldremos indicando que hubo una felación en ese baño a cambio de un par de generosas rayas de farlopa y que cada uno por su lado, primero ella y luego él, salieron del baño disimulando, con los colores subidos al rostro, respingues de nariz y caritas de felicidad picaronas, similares a haber emitido una risa en “i” de más de tres sílabas a la manera del emoticono del monete que se tapa la boca con las dos manos en el WhatsApp)


-Vamos a cerrar ya mismo, ¿Te pongo la última?
-Sí, claro.
-Invito yo.
-Gracias.
-¿Por qué me miras así?
-¿Cómo te miro?
-No sé, no me miras las tetas, estás embobado mirándome la cara... Y debo de tener una carita de narices...
-Estás preciosa.
-Uyuyuy... Déjate de chorradas de esas, que no te pega.
-¿Y qué me pega?
-No sé, pero esas cosas no.
-No me conoces.
-Es verdad, pero te he chupado la polla y tú me has visto una teta. Nos conocemos más de lo que puedes conocer a mucha gente a nuestro alrededor y creemos que son conocidos.
-Aún falta que me enseñes mi teta preferida.
-No creo. Está muy dolorida de los achuchones que le has metido antes aunque te dije mil veces que no me apretaras tan fuerte.
-La emoción, ya sabes...
-Sí, la emoción, ya... Lo que pasa es que los tíos no sabéis tocar en condiciones una teta. Os creéis que hay que apretar cada vez mas fuerte, utilizar los pezones como si fueran granos que se pueden arrancar o diales de radio sintonizando los 40 Principales. Y no. No es así...
-Yo sé tocar tetas. Soy un auténtico profesional del tema. Siempre me ha encantado hacerlo bien. Antes no era un momento significativo para juzgarlo, era una situación extraña, pero déjame que te lo demuestre ahora cuando salgas. Además estoy deseando ver a mi teta preferida y luego mimar a las dos juntitas.
-¿Te queda coca?
-Ya has visto que he volcado.
-Bueno, pero podías tener más, ¿Yo qué sé?
-¿Qué pasa? ¿Que si no tengo más coca no hay teta para el nene?
-Dicho así queda feo, pero sí, algo de eso hay.
-Es cierto, suena feísimo.
-¿Te doy un vaso de plástico? Vamos a cerrar...


Y en ese momento, fundido a negro, empiezan a subir los títulos de crédito y parece que acaba el relato extraordinario de los hechos reales de la típica noche en la que uno no sale y todo lo que pasa es mejor que nunca y no vuelve a repetirse, en el que me quedó por conocer a su teta izquierda, probablemente su mejor teta. 

Sólo probablemente...





B.S.O. I: Boys don't cry (The Cure)

B.S.O. II: Así estoy yo sin ti (Joaquín Sabina)

martes, 9 de abril de 2013

El cuento de la niña que no quería ser Sonny Crockett


Érase una vez,

Un niño y una niña que eran muy amiguitos y que siempre estaban juntos. Y aquellos niños, vivían en un tiempo en el que todos querían ser Sonny Crockett, aunque ella, siempre diferente, quería ser el negro.

Eran inseparables desde pequeñitos, pero fueron creciendo y un día, el niño dejó de querer ser nadie mientras que ella iba cambiando de modelo constantemente. Se cansaron el uno del otro y se separaron para siempre, sabiendo que si volvían a encontrarse, él nunca la reconocería porque ella sería otro.

Pasaron los años y el niño se iba aburriendo de no querer ser nadie y de no ser siquiera él. La niña, por el contrario, cada vez cambiaba más de ser otros. Tanto que su familia decía que ella se había perdido de querer ser tantos otros diferentes y que ya hacía mucho tiempo que no sabían ni quién era porque no habían vuelto a reconocerla.

Así pues, como en tantos otros cuentos, los dos amiguitos de la infancia se habían separado inevitablemente y no había nada ni nadie que pudiera volver a reunirlos...




Pero como en tantos otros cuentos que nos contaron de pequeñitos, el niño, convertido ya en el apuesto príncipe, héroe o aventurero de turno, recordó a su amiguita de la infancia y decidió emprender una cruzada llena vicisitudes y de actos de arrojo y valor, que no caben aquí porque no nos patrocina Disney (aún), que la acabarían llevando hasta ella y, tras muchos encuentros en los que no la reconocería, miraría en el fondo de su corazón y acabaría conectando con aquella amiguita de la infancia que, de repente también lo reconocería a él.

Pero como Disney no nos patrocina (aún) y los trajes de Sonny Crockett pueden volver a ponerse de moda el día menos pensado, el niño, ya convertido en un héroe legendario, lejos de mostrar ternura y salvar a su amiguita de la infancia, ya convertida en una DJ yonki gafapasta y referente de la cultura underground de la ciudad donde había regresado tras, según ella, triunfar por todo el mundo siendo otros, le propinó una bofetada porque se sintió mal al ver que le trataba como una mierda después de todo lo que había pasado para encontrarla, y que no tenía la menor posibilidad de acostarse con ella porque le miraba como un inculto leñador rudo y fuera de lugar en su ambiente de superior nivel cultural e infinitamente más moderno. 

Deprimido y derrotado, nuestro héroe de manos largas e instintos primarios volvió al lugar donde los dos iniciaban sus aventuras cuando eran pequeñitos e inseparables. Pero como Disney no nos patrocina (aún), aquel lugar se había convertido en el picadero de su ciudad y tras tropezar con algún coche que se movía y emitía ruidos rítmicos, y aguantar el improperio de alguno de los habitantes de aquellos vehículos, se asomó al borde de la ladera donde todo empezó y descubrió que habían puesto un aparato para observar las vistas.

Tras unos segundos de duda entre si mirar por el aparatito o asomarse con sigilo a ver qué hacían en el interior de alguno de los coches, optó por la primera opción ya que el euro a introducir por la ranura que lo activaba era menos que los quince que le acababa de pedir otra antigua amiga de la infancia que andaba por allí por meterse su pequeño guerrero de poderosa cabeza rosada en su boca o los treinta por algo más que no acabó de entender bien pero que no detallaremos ya que aunque no nos patrocine Disney (aún), tenemos pudor en reflejar en este cuento ciertas expresiones.

Y tras echar el euro, comprobó como el tomavistas de aquella colina ofrecía una maravillosa imagen de la ciudad. Enfocaba perfectamente la discoteca de verano donde se vieron por última vez. Observó con detenimiento, pero no se vio. A ella la distinguió allí siendo otro. Verano tras verano. Se dio la vuelta y decidió bajar de la colina rumbo a la ciudad. Sin pasar por la discoteca. Sin buscarla. Quizás fuera mejor así.

A la mañana siguiente se compró un traje de Sonny Crockett, se lo puso y se sentó en un parque esperando que volviera a ponerse de moda para ser el primero en acercarse a su antigua amiguita y demostrarle que volvía a estar en la onda.

Quizás así, si la cogía un poco puesta, podría tirársela...

Y años después, cuanto contara esta historia a sus nietos, convenientemente almibarada, les confesaría que él también quiso ser Sonny Crockett, pero que tuvo una amiga que quería ser el negro. 

Y comieron perdices y vivieron felices, aunque Disney no patrocine esta historia...

(Aún)





Nota del traductor: 
Este cuento no está basado en hechos reales. Aunque sí está basado en ciertas leyendas, como todos los cuentos... Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia y no se ha maltratado a ningún animal en su elaboración. El autor afirma sin vergüenza que, a pesar de todo, nunca quiso ser Sonny Crockett. En las últimas declaraciones que se le atribuyen afirmaba haber querido ser Punky Brewster. Pero esa ya, amiguitas y amiguitos, es otra historia...

Y no sabemos si Disney querrá patrocinarla (Aún)




B.S.O.: "Miami Vice Theme" (Siniestro Total)

miércoles, 3 de abril de 2013

Fotos que me gustaría haber hecho a mí (Volumen 11): Caminos








Puse una letra
Detrás otra y otra más
Más tarde hice una frase
y con más frases,
 llegaron a ser párrafo
que los junté con otros
para contarte una historia.

Pero a esa historia tienes que llegar tú
hasta la última letra
del final al principio.

Siguiendo el camino de baldosas amarillas... 



(O de folios por el suelo, 
que están puestos para que no me pises lo fregado)




B.S.O.: "Camins" (Sopa de Cabra)








lunes, 1 de abril de 2013

Microrrelatos sin pudor (Volumen 33): Te voy a sacar una sonrisa




Te voy a hacer reír, me dijo y temí que me fuera a contar un chiste.


Voy a enseñar tu sonrisa al mundo, añadió y me quedé perpleja esperando que la Policía Anticursi entrara por sorpresa y se lo llevara arrestado. 


Tienes que quitarte la mano de la boca, porque si no voy a ver tu sonrisa.





No necesitas verme la boca para saber si río, le dije ocultando mi sonrisa. Y no es lo mismo reír que sonreír.


Se dio la vuelta visiblemente afectado. 
Me pongo muy dura a veces con estas cosas, pero si no puede ver mi sonrisa en los ojos, que no trate de hacerme reír nunca, porque me reiré de él.


Y a ti, gracias por tu sonrisa. La veo incluso sin mirarte a los ojos...





B.S.O.: "Sonrisa valiente" (Alex Ferreira)



sábado, 30 de marzo de 2013

Tirando de archivo en tiempos revueltos


Ahora que parece que Kim Jong Un está revuelto y la va a liar parda, rescatamos algo publicado el 19 de diciembre de 2011 en cabezadeavestruz, con motivo del fallecimiento de su papi, Kim Jong Il, también conocido como "Querido Líder".


Además, no podemos resistirnos a la tentación de colocar una foto del personaje, disfrutando en un tablao flamenco, porque en el fondo, viendo su foto, quién podría imaginar que el "Brillante Camarada" tenga aterrado a medio mundo porque se puede poner a enredar con sus juguetitos...


¡Ozú, quillo!






“Querido Líder” (Ese extraño Obituario de Kim Jong Il en el que no debí dedicar el poco tiempo que me dejas para escribir)



“Algún día olvidarás
Que te llevé al arcoíris
Algún día sufrirás 
Por no verme en tus sueños
Algún día mi niño
Algún día…”

(Inicio de la canción que intenté escribir en una servilleta de bar mientras te mandabas mensajes por WhatsApp con otra y fingías escucharme)




Yo nací el mismo año en el que a Kim Jong Il se le empezó a conocer como “Querido Líder”. 

Mucha gente puede decir lo mismo, pero casi ninguna es como yo. Mis compañeras de colegio tienen hijos y te etiquetan en fotos con ellos en el Facebook para felicitarte las fiestas. Mi poco inexistente espíritu maternal se reafirma en su ausencia con estos hechos.

Cuando Kim Jong Il nació, el 16 de febrero de 1942, aparecieron una estrella y un doble arcoíris en el cielo, según la propaganda oficial. La montaña en la que nació, el monte Paekdu, es desde entonces un lugar sagrado.

Donde yo nací, creo que sigue existiendo una clínica, pero ahora se llama de otra manera y es privada.

(Kim Jong-suk, madre del fallecido "Querido Líder")


Cuando yo empecé a tener uso de razón se decía que a estas alturas viajaríamos en coches voladores, pero yo sigo aguantando a taxistas que me hablan de lo mal que está todo cuando vuelvo a casa después de salir de algún sitio de borrachera en las frías madrugadas de soledad autoimpuesta.

Hoy ha muerto Kim Jong Il y dicen que ha sido de agotamiento físico y mental en un viaje en tren. Yo moriré en algún momento del futuro y no sé qué medio de transporte me puede servir de coartada para la versión oficial en mi obituario.

En la televisión salen imágenes de norcoreanos llorando desconsoladamente por la pérdida de su “Querido Líder”.  Al instante cortan para publicidad para emitir los inevitables y recurrentes anuncios de colonias de estas fiestas. Al volver de publicidad hablan del Real Madrid y de Cristiano Ronaldo y el mundo puede seguir su curso.

Y mientras, yo seguiré viva mientras sepa que me quieres como soy, aunque eso a nadie le importe, ni venga a cuento tal y como está el mundo que nos rodea… 

Y sigo sin terminar esa canción que te debo desde que decía que era poeta…






“Algún día olvidarás 
Que tuviste pesadillas
Algún día recordarás
Aquel oro al final 
(del arcoíris)”


(Final de la canción que intenté escribir en una servilleta de bar mientras te mandabas mensajes por WhatsApp con otra y fingías escucharme)


martes, 26 de marzo de 2013

El Último Eructo: Una aventura en 3D del que fue tu héroe favorito





Ojalá hubieras estado allí para escucharlo. Fue una de esas cosas que tanto te gustaban cuando simulabas que me querías. Seguramente estabas riéndole las gracias a uno que estaba haciendo payasadas entre tus piernas al que no querrás volver a ver, pero que te salvó la noche, como tantos otros de los que ni te acuerdas ya.

Ojalá hubiera estado allí yo. Allí, entre tus piernas. Creo que me hubiera aguantado el eructo. Hubiera hecho otras cosas bonitas, allí donde a ti te gusta, de esas que no se cuentan porque me educaron en el sentimiento de que todo eso era sucio, pero que desde que decidí dejar de lado lo aprendido, para travestirme en un yo diferente y funcional, lo hago. Pero no lo cuento. El Niño Jesús llora y mata un gatito cada vez que cuento cosas de estas. Aunque sean la sublimación de mi amor por ti.


(Imagen de "Un perro llamado Dolor" de Luis Eduardo Aute)


Al Niño Jesús no le gusta que eructe. Me lo dijo una profesora cuando me escuchó hacerlo como respuesta a su ¿Cuánto son 3 por 2? Además de mandarme inmediatamente al Despacho del Director. Los años pasan y ahora eructo y recuerdo vagamente aquellos pasajes. Sospecho que la pregunta quizás no fuera ¿Cuánto son 3 por 2? Puede que fuera cualquier otra operación, pero era algo de matemáticas seguro. Seguro porque las risas de mis compañeros las recordaré siempre. Igual que recuerdo confusamente que, aunque me mandó al despacho del director, en aquellos tiempos a mí siempre me reñía y recluía en su despacho una mujer. Quizás fuera Directora o Jefa de Estudios.

No sé, mis recuerdos son borrosos y llenos de gilipolleces sin aparente sentido. Todo se va desfigurando con el tiempo. Incluido el último eructo. Y tu entrepierna...


Y eso es malo.

Muy malo.




B.S.O.: "Pasaba por aquí" (Aute)




miércoles, 20 de marzo de 2013

Tirando de archivo: "De vez en cuando la vida nos besa en la boca"



La siguiente historia fue colgada en cabezadeavestruz el ya lejano 14 de febrero de 2011. Aprovechando la llegada de la primavera y con el afán didáctico que nos caracteriza, queremos rememorar los fríos que aún no nos han abandonado del todo, ahora que el cambio de estación aparece como la oportunidad ideal para creer que nuestra vida va a cambiar, va a ir a mejor, simplemente por el hecho de que la temperatura nos gusta más... 





I: Ella
Se apoyó en el quicio de la puerta como cualquier otro día. Esperaba clientes. No tenía cuerpo para nada, aunque lo necesitaba más que nunca. Hacía días que el frío había llegado Madrid sin avisar, y a ella se le olvidó disminuir su escote.
Ya no tenía solución: La nariz le estaría moqueando hasta bien entrada la primavera. “Mala época” pensó para sus adentros, mientras recordaba que ayer tampoco había cenado. Tal vez hoy pueda ser un buen día…
Pero no lo fue.
Al día siguiente volvió a apoyarse en el quicio de la misma puerta. Esperaba clientes. Seguía sin tener cuerpo para nada, pero su escote era la imagen más hermosa que se podía ver en varias manzanas a la redonda.
En esas mismas manzanas a la redonda, hacía un tiempo que se venía escuchando los acordes de un trovador que le alegraba un poco las largas esperas. Como decía aquella vieja canción, a ella le encantaba que él cantara porque le hacía sentir bien. Al menos, le hacía sentir mejor.

II: Él

Se colocó con su guitarra en la boca de metro de costumbre, como casi todos los días. Esperaba que la gente al pasar fuera más generosa hoy. No tenía ánimo para nada, pero cuando enlazaba tres o cuatro acordes olvidaba porqué estaba allí y que poca gente se paraba a escucharlo. Y tras tres o cuatro canciones, estaba cerca de no darse cuenta de que no le habían dado ni para un mísero café con el que calentar el cuerpo. El frío de Madrid ya no lo contrarrestaba casi ninguna canción. Cada día le costaba más mover sus dedos por los trastes del mástil ajado de su vieja guitarra. “En primavera suenan casi todas las canciones mejor”, pensó para sus adentros, mientras recordó que ayer tampoco había cenado. Tal vez hoy pueda ser un buen día.
Pero no lo fue.
Al día siguiente volvió a colocarse en el mismo sitio. Esperaba generosidad. Seguía sin tener ánimo para nada, pero sus canciones eran los sonidos más hermosos que se podía oír en varias manzanas a la redonda.
Por aquellas mismas manzanas, hacía un tiempo que tenía localizado un escote que le alegraba un poco las largas esperas. Como decía aquella vieja canción, a él le encantaba aquel escote porque sólo con verlo se inundaba todo su ser de alegría. Al menos, le hacía sonreír.

III: Ella y Él
Andrea salió de su pueblo hace muchos años con intención de ser actriz. Un montón de tiempo después, alejada ya de aquellos sueños de adolescencia, se dedicaba a actuar en privado para todo aquel que le diera unos euros con los que ir tirando.
Julián salió de su pueblo hace muchos años con intención de ser cantante. Un montón de tiempo después, alejado ya de aquellos sueños de triunfo masivo, es feliz cuando alguien le sonríe al escuchar sus canciones, aunque haya días que no saque para cenar. En privado se reconoce cantante, aunque no sea suficiente para ir tirando.
Andrea tiene días mejores y peores. Los mejores siempre tienen banda sonora. Julián le quita muchas penas con sus acordes, aunque él no lo sepa.
Julián hace tiempo que varía su ruta para llegar a su escenario sólo por cruzarse con su escote. A veces se siente mal porque sabe que reconocería ese escote entre un millón, pero casi ni conoce la cara a la que pertenece. Piensa que un romántico como él no puede permitirse esas veleidades tan carnales.

IV: Ella, él, el pasado y el futuro.
Julián lleva tiempo con ganas de presentarse a ese escote. Lleva tiempo obsesionado con conocer mejor la cara a la que pertenece ese escote. Tiene ganas de saber a qué suena su voz. Pero tiene mucho miedo de que no le guste, y deja pasar los días excusándose en que hay cosas que es mejor dejarlas que estén como están.
Andrea lleva un tiempo en el que no se quita de la cabeza una linda melodía. Sabe que se la escucha de vez en cuando a Julián y fantasea con la idea de pedirle que la cante sólo para ella. Hace mucho que no se acerca a alguien sin sentir turbada a esa persona con su presencia, y eso la frena de arrimarse.
Julián recuerda que siendo niño tenía sueños. Madrid se los comió. El frío amenaza con comérselo a él también. Un invierno pasado es un invierno ganado, pero no sabe si merece la pena seguir luchando. La mayoría de los días fríos, sus dedos necesitan cualquier cosa menos deslizarse por el mástil de su vieja guitarra.
Andrea sabe que ya es demasiado tarde, aunque sueña con que pase algo que le dé un giro completo a su vida. Maldice haber visto Pretty Woman cuando era cría, porque ahora siempre quiere pensar que hay esperanza hasta para ella. El frío de Madrid no ayuda a nada. “Un invierno más y se acabó”, se dice. Pero en el fondo sabe que no es más que otra mentira. Como todas las películas que vio e hicieron que deseara ser actriz desde pequeñita. El invierno de Madrid no es ninguna película y ahora ya lo sabe.

("El Beso" de Robert Doisneau)

Anexo irresponsablemente edulcorado:
Un guionista del mismo pueblo que Andrea y Julián (Que sí había cumplido sus sueños al irse a Madrid) fantasea irresponsablemente con un encuentro fortuito entre ambos:

-    Perdona, pero me gusta mucho esa canción… ¿Qué es?
-    “De vez en cuando la vida”, de Serrat
-    Es preciosa, te la escucho cantar muchos días, desde allí…
-    Yo también te veo muchas veces
-    Me alegro. Si me ves es porque hago bien mi trabajo-dijo ella entre risas
Ahí es donde él se dio cuenta de todo. No lo podía creer, pero esa risa era inconfundible. Hay detalles que se graban a fuego en la memoria de uno, que ya puede pasar toda la vida que no desaparecen nunca.
-    Yo te conozco –dijo quitándose el gorro de lana y echándose el pelo para atrás.
Ahí es donde ella se dio cuenta de todo.
-    Y… Yo…
-    ¿Andrea?
-    ¿Julián?
-    ¿Cuánto ha pasado? ¿20 años? ¿Más?
-    Algo así ¿Qué haces por aquí? ¿Cómo te va todo?...
Se sintió avergonzada de la pregunta justo en el momento de terminar de hacerla. Se puso colorada y él lo notó.
-    Ya ves. Creo que a ninguno nos va demasiado bien, ¿No? Con lo felices que éramos cuando paseábamos de la mano escondiéndonos de todos entre los girasoles.
-    Nos creíamos novios, aunque no sabíamos ni lo que era eso… Y ahora, ya ves, no paro de tener novios… Uno a cada rato, por la cuenta que me trae.
-    ¿Quién nos lo iba a decir? Me acuerdo mucho de aquellos años… Ya no queda nada de aquel Julián, aunque me gustaría engañarte y decir que sigue dentro de mí… Ni siquiera te he reconocido hasta que te has reído. Sólo me fijaba en tu escote.
-    Por aquel tiempo no tenía escote, es normal que ahora te sorprenda… Tus ojos siguen siendo iguales, aunque hasta hace un rato ni me había fijado… ¿Te puedo dar un abrazo o te quitaría fans?
-    El problema es que si te doy un abrazo, igual soy yo el que te quita clientela… Y no tengo suficiente dinero para ser tu cliente ahora mismo.
-    Abrázame. Yo nunca te haría pagar por algo así.
-    Yo tampoco lo haría, creo…
-    ¿Me cantas la canción? ¿Sólo a mí? Prometo dejarte una buena propina.
-    Te la canto si me prometes no darme propina…
-    No tengo otra cosa que darte.
-    No necesito nada, aunque no tengo nada más que ofrecerte que esto:
Se separó del fuerte abrazo que se estaban dando, cogió la guitarra y empezó a cantar “De vez en cuando la vida, nos besa en la boca”…
Al terminar la canción, ella se acercó y le besó en la boca.
-    Esto no lo vendo nunca. Nunca beso a nadie en la boca. ¿Te parece una buena propina?
Él contestó con otro beso en la boca. La besó como si le fuera la vida en ello. Los dos sintieron en ese instante que de vez en cuando la vida nos besa en la boca…

Comienza a nevar en Madrid y se aleja la cámara. 
En medio de la calle se distingue a dos personas abrazadas besándose a las que se les va viendo cada vez más lejos hasta no diferenciarlas entre la multitud.
Fundido a negro y títulos de crédito.




lunes, 18 de marzo de 2013

Microrrelatos sin pudor (Volumen 32): De escotes, señales, desencuentros y masturbaciones







Cuéntame algo bonito aunque sea mentira, dijiste mientras desviabas mi mirada de tu escote.



Voy a perderme en tus pechos en cuanto hagas una señal. 
Voy a huir de las mierdas de este mundo.
Voy a emborracharme con tus tetas.
Voy a ponerte tan cachonda que vas a creer que lo estás tanto como yo.
Voy a saltar en cuanto me hagas una señal.




Te llevo toda la noche haciendo señales y no te has dado cuenta. Hace frío en la calle. Me voy a arropar y tapar el escote para no constiparme en cuanto salgamos por la puerta. Ya es tarde. No sabes interpretar mi lenguaje. Nunca estás cuando quiero que estés. Mi escote ha desaparecido y mis ganas de follarte también. 
Feliz noche.



Voy a hacerme una paja. No sé contarte cosas bonitas, pero sé amarme. 
Lo siento.
No sé contarME cosas bonitas pero quiero aprender a amarTE.
Feliz noche.
Hasta mañana.

Hasta mañana...




B.S.O.: Tomorrow (Annie)

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