viernes, 17 de diciembre de 2010

Anticrónicas de Conciertos en lasgafasdemike.com: Barricada en La Riviera (10-12-2010)

La Barbie ha vuelto a ir de concierto. Y deja constancia de ello, por si no fuera suficiente, en lasgafasdemike.com:




Pasen por allí a ver cómo ha ido, no la hagan enfadar.
Besitos glamourosos...



martes, 14 de diciembre de 2010

Memoria sin grilletes


Nunca me atreví a escribirte aquella canción. El miedo ha poseído todos mis pasos desde que recuerdo. Tú no tienes la culpa. Sólo haberte acercado a mí te condena. Pero no te aflijas, los grilletes son de caramelo.

Las uvas se están pudriendo en la vid porque no hay nadie cerca que quiera recogerlas. Hay quien dice que de ellas sale el vino más maravilloso que jamás probó nadie. Por eso nadie quiere recogerlas. Da miedo tanta maravilla.


(Una más que probable Pilar Rubio de hace algunos años, en una caja de sujetador, en el escaparate de una mercería de hoy en la Calle Escosura de Madrid)

 

Puedo ubicar geográficamente todos los lunares de tu cuerpo con los ojos cerrados. No tiene mucho mérito, es sólo cuestión de práctica y dedicación. En aquel tiempo alternaba con muchos poetas. Ninguno entendió lo que la ubicación geográfica de tus lunares suponía para mí. Los abandoné poco antes que a ti. Hoy sigo solo, buscando lunares en los bares de alterne. Podrás pensar que estoy perdido, pero la tecnología GPS lo inunda todo. Hasta los burdeles.

Hoy me siento (casi) buena persona. Aunque te eche de menos y eso no pueda controlarlo.

 
“La memoria es el perro más tonto, 
le tiras un palo 
y te trae cualquier cosa” 
(Tokio ya no nos quiere, Ray Loriga)



jueves, 9 de diciembre de 2010

Sexo didáctico y telemático:


Parte I: M y N se encuentran (Y se necesitan)

M es una chica de su tiempo, pero tiene carencias. Existen mundos que desconoce completamente, a pesar de que está convencida de estar al día. Sus conocimientos informáticos, son limitados para el momento actual. Sus furores uterinos todo lo contrario.
Siempre inventando, siempre buscando algo más. Está convencida de que pararse o conformarse con su sexo, con el sexo que tiene en cada momento, es una pérdida de vida, es algo que no volverá. Seguramente habría mil maneras de gozar que nunca llegará a conocer porque no está preparada, pero le preocupa mucho pensar que hay cosas que puede hacer y que se le escapan de los dedos por no buscarlas.
Así, de la mezcla de su ignorancia cibernética, su furor uterino y sus ansias de descubrimiento, llega a internet y se abre al mundo. Empieza a bucear, primero tímidamente, por todos los sitios, que no son pocos, que puedan enseñarle. A su edad con ansía de saber, de conocer, de probar…

De aquella manera llega a N.

N es un chico de su tiempo, y también tiene carencias. Existen mundos que desconoce completamente, a pesar de estar convencido de que está al día. Sus conocimientos informáticos, como era normal a su edad, son ingentes a los ojos de M, y adecuados para el momento actual. No tiene furores uterinos, y no sabe siquiera qué son.

M y N empiezan a ser amigos. Comienzan a darse mutuamente lo que llevan tiempo buscando. M alecciona a N en su sexualidad y N conduce a M en su inmersión en el mundo digital. Pero todo tras la pantalla. Sin verse la cara. Todo a través del ordenador. Todo a través de la red.
A ninguno de los dos se le hubiera ocurrido nunca siquiera plantearse un encuentro cara a cara. M considera que aquel chico carente de habilidades sexuales pensaría de ella que era una chica dócil y fácil de engañar por su incompetencia informática. N está convencido de que sus carencias en el plano sexual resultarían poco menos que ridículas si se plantara frente a M sin una pantalla de ordenador de por medio.



Pese a ello (O gracias a) pasan las noches en vela enseñándose todo lo enseñable por internet. Ni caras, ni cuerpos, sólo ideas y mensajes. N se empeña en que M controle de la mejor manera posible todos los trucos para hablar con fluidez en los chats, para encontrar amigos y amigas, optimizar sus redes sociales, descargar todo lo que necesite, descubrir todo lo inimaginable para ella hasta aquel entonces. M pone todo su interés en aprender todo lo que N le enseña mientras trata de mezclar su placer con el adoctrinamiento sexual para con él. Quiere tocarse, pero más quiere que él se toque. Se siente tan suya que sus manos son las manos de él, y descubre un nuevo camino al placer, haciendo que N aprenda a llegar a sitios que sólo ella conoce. Así que virtualmente sigue su camino, se recuesta y continúa con las caricias, ya en manos de N, aunque él no lo sepa y se centre en gozar y descubrir todo lo inimaginable para él hasta aquel entonces.

Parte II: M vuela sola.

Las noches en vela le hicieron no estar centrada en su trabajo. M nunca se había sentido tan inútil en su labor diaria, pero comprendía que no podía renunciar a sus noches. Ahora ya no. Había un mundo tras su pantalla del ordenador y está convencida de que únicamente ha empezado a descubrirlo.
Da de alta su webcam en un chat de pago para ganar un dinero extra que pueda paliar su cada vez peor situación monetaria. Su marido no debe darse cuenta nunca de que sus ingresos están reduciéndose al mismo tiempo de que sus noches son cada vez más largas frente al ordenador. Simplemente pensar que se pueda llegar a enterar en algún momento de lo que está pasando, y sobre todo el porqué, le produce un temor que la llevaría a hacer cualquier cosa para evitarlo.

Decide empezar a volar sola. No tiene tiempo para atender a N, a sí misma y a su situación financiera, por lo que elige, no sin una importante mezcla de dolor y culpabilidad, abandonar paulatinamente sus sesiones de contacto cibernético con él. Sus prioridades ahora son otras, y N se puede ya valer bien él solito. Ya le premiaría de alguna manera cuando todas las aguas vuelvan a su cauce y tenga controlada la situación de nuevo.
Se planta todas las noches frente a la webcam y hace todo lo posible por gozar y hacer gozar a quiénes la miran. Y cuanto más la miran, más goza. Se excita de inmediato pensando en cómo excita a quienes la miran, y fantasea con que alguno sea él. A fin de cuentas, está en deuda con N.



Se acaricia el cuello dulcemente, sintiendo los primeros contactos. Se araña suavemente. Sin prisas va bajando una mano hasta encontrar sus pezones, después la otra. Le gusta jugar con ellos despacio, acariciarlos dócilmente hasta sentir que se empiezan a poner duros, pasando de los dedos a las palmas de las manos, distrayéndose en el placer. Siente como la humedad que sale de su entrepierna es cada vez más abundante pero sin prisas sigue dedicándose a sus pezones. Gime y arquea la espalda, y piensa en N, y casi siente su boca acariciándole el clítoris cuando empieza a bajar las manos por su bajo vientre. Se toca sin prisas, la mano izquierda en el pecho y la derecha en su entrepierna. Quiere irse en su boca, pero no está allí por más que fantasee con ello. Separa los labios para dejar bien expuesto todo su sexo y siente como la penetran tantos desconocidos por la webcam. Ve su clítoris rojo, casi morado, como casi nunca, como casi siempre desde que se expone para ellos, desde que goza para él. Con su dedo comienza a hacer círculos lentos y suaves en la base de su botoncito, sin prisas. Quiere pensar que alarga sus movimientos porque le preocupa el negocio, pero lo hace como siempre, por aumentar su placer. Cada vez más mojada mantiene el ritmo, círculos suaves y lentos, sin acercarse todavía a la punta. Sintiendo cómo sus caderas cobran vida propia y ya no las controla, luchando por mantener el ritmo pausado, aunque cada vez esté más caliente. Gime más y más, el deseo por tener a N dentro le abruma, le enloquece, le retuerce de placer, pero se obliga a no acelerar el ritmo de las caricias, obligándose a hacer enroscarse de gusto también a él.
Recorre su clítoris bajando hasta su coño, humedeciendo su dedo y volviendo a subir. Siente la expectativa de su rajita esperando ser penetrada, pero N no está allí, y todavía no es el momento. Lentamente, siempre lentamente, con el mismo ritmo, empieza a acariciarse más abajo, sin prisas, con ansias contenidas, para empezar a penetrarse, primero poco, sólo la punta del dedo entrando y saliendo parsimoniosamente. Su cuerpo se arquea pidiendo velocidad, pidiendo llegar al final, pero se resiste. Desea con todos sus sentidos irse de una vez, pero quiere aguantar el pausado ritmo hasta el final, hasta no poder más, hasta que N le dé permiso.

El permiso no llegará, pero la velocidad empieza a crecer inevitablemente. El dedo empieza a entrar completamente en su coño. Las dos manos se desenvuelven hábilmente por su entrepierna mientras siente sus ahora abandonados pechos, cada vez más grandes, con los pezones pidiendo salir disparados.

Se contraen sus agujeros. Todos.
Se retuerce.
Se estremece.

Está llegando a un orgasmo delicioso. Un orgasmo de N. Quiere alargarlo y se sigue tocando hasta que la sensibilidad es tan grande que grita y lo deja. Instintivamente mira la webcam y esboza algo así como una sonrisa y lanza un beso torpe dedicado a N mientras la apaga.

Parte III: N vuela solo.

Las noches en vela le hicieron no estar centrado en su matrimonio. N nunca se había sentido tan desplazado en su día a día, pero comprendía que no podía renunciar a sus noches. Ahora ya no. Había un mundo más allá de su mujer y está convencido de que únicamente ha empezado a descubrirlo.
N se siente sólo. Desamparado. M hace tiempo que no le responde a los mails, ni la ve conectarse a los chats habituales, ni los privados ni los públicos. Además, parece que su mujer se ha acostumbrado a su indiferencia nocturna y pasa las horas muertas en su cuarto sin hacerle caso.

Sale. Con la confianza recobrada gracias a M, sabe que es capaz de gozar de su sexualidad y con sus consejos, de hacer gozar a cualquier mujer. Su mujer no debe darse cuenta nunca de que su inseguridad está reduciéndose al mismo tiempo de que sus aventuras nocturnas son cada vez más frecuentes e intensas. Simplemente pensar que se pueda llegar a enterar en algún momento de lo que está pasando, y sobre todo el porqué, le produce un temor que lo llevaría a hacer cualquier cosa para evitarlo.
Decide empezar a volar solo. No tiene tiempo para atender a M, a sí mismo y a su recién adquirida confianza en sí mismo y su sexualidad, por lo que elige, no sin una importante mezcla de dolor y culpabilidad, abandonar paulatinamente sus sesiones de contacto cibernético con ella. Sus prioridades ahora son otras, y M se puede ya valer bien ella solita. Ya le premiaría de alguna manera cuando todas las aguas vuelvan a su cauce y tenga controlada la situación de nuevo. O cuando vuelva y le necesite, y él reúna el valor suficiente para enfrentarse a ella cara a cara.

Se planta casi todas las noches en el bar de moda y hace todo lo posible por gozar del momento y, posteriormente hacer gozar a quién se le antoje para finalizar la noche. Y cuanto más alterna, más goza, y cuanta más gente conoce, más disfruta, y cuantas más mujeres le llevan a la cama, más seguro se siente. Se excita de inmediato pensando en cómo sería que una de esas aves nocturnas fuera ella, con seducirla sin saberlo ninguno de los dos, con acabar enroscados en un simultáneo orgasmo brutal. A fin de cuentas, está en deuda con M.



Seduce a la más interesante del local cada noche. Se va con ella y la hace gozar tal y como le enseñó M. Acaricia lentamente su cuerpo. Le acaricia el cuello dulcemente, sintiendo los primeros contactos. La araña suavemente. Sin prisas va bajando una mano hasta encontrar sus pezones. Le gusta jugar con ellos despacio, acariciarlos dócilmente hasta sentir que se empiezan a poner duros, pasando de los dedos a las palmas de las manos, distrayéndose en el placer. Intuye que la humedad que sale de su entrepierna es cada vez más abundante pero sin prisas sigue dedicándose a sus pezones. La hace gemir y arquear la espalda, y piensa en M, y casi siente su boca acariciándole la polla cuando empieza a bajar las manos por el cuerpo de su víctima. La toca sin prisas, la mano izquierda en el pecho y la derecha en su entrepierna. Le dice que quiere que se vaya en su boca, y acerca su entrepierna a la suya. Empieza a manipular el clítoris rojo, casi morado, como casi siempre desde que se aprendió de M, desde que hace gozar –y goza-para ella. Comienza a hacer círculos lentos y suaves en la base del botoncito, sin prisas. Quiere pensar que alarga sus movimientos porque le preocupa lo que M piensa de él, pero lo hace como siempre, por aumentar el placer. Su conquista está cada vez más mojada, pero mantiene el ritmo, caricias suaves y lentas, sin hacer caso de las peticiones de penetración, sintiendo cómo las caderas cobran vida propia y chocan acompasadamente, luchando por mantener el ritmo pausado, aunque cada vez estén más calientes. Gime, y el deseo de estar dentro le abruma, le enloquece, se retuerce de placer, pero se obliga a no acelerar el ritmo de las caricias, obligándose a que sea ella quien no lo soporte más y se lo pida.
Estimula su clítoris bajando hasta el coño, humedeciendo su dedo y volviendo a subir. Siente la expectativa de su rajita esperando ser penetrada, pero M no está allí, y la impaciencia puede a su compañera nocturna, aunque él intente hacerla ver que no es aún el momento. Lentamente, siempre lentamente, con el mismo ritmo, empieza a acariciarla más abajo, sin prisas, con ansias contenidas, para empezar a penetrarla, primero poco, sólo la punta del dedo entrando y saliendo parsimoniosamente. Su cuerpo se arquea pidiendo velocidad, pidiendo llegar al final, pero él resiste. Los acontecimientos se suceden. Es la parte que más le cuesta, por mucho que M insistiera en ello. No puede evitarlo. El ritmo crece. Desea con todos sus sentidos correrse de una vez y que lo haga ella, pero quiere aguantar el pausado ritmo hasta el final, hasta no poder más, hasta que M le dé permiso. Introduce otro dedo, el ritmo se vuelve cada vez más frenético… Hasta que su pene entra en acción. Y la penetra, y fantasea con estar percutiendo a M como a ella le gustaría. Con la satisfacción del alumno complaciendo a la maestra.

Se retuerce.
Se estremece.

Está llegando a un orgasmo delicioso. Un orgasmo de M. Quiere alargarlo pero le obliga a correrse, gritando y abrazando como si se le fuera a escapar la vida en ese cuerpo que le mira con ojos de no haber sentido nunca nada igual.
Se queda un buen rato asido a su última conquista, hasta que ésta recupera el aliento y se liberan. Se levanta cuidadosamente y habla como si lo estuviera haciendo con M, y se despide dulcemente, como si se despidiera de M.
Un fuerte beso y un deseo de dulces sueños preceden a su rápida carrera a casa, con la sonrisa del satisfecho, del triunfador, del amante escondido.

Parte IV: El reencuentro de M y N

N entra en casa con cuidado. Desde que tiene una vida nocturna oculta, no para de extremar las precauciones para evitar que su mujer se entere.

Al mismo tiempo, M está a punto de llegar al enésimo orgasmo de la noche pensando en N frente a un montón de desconocidos vía webcam. Gime más de lo normal y el tembleque que le entra en el cuerpo le hace tirar torpemente la webcam al suelo.

N maldice su suerte al darse cuenta de que su mujer está despierta en su cuarto. Algo ha hecho ruido allí dentro, y duda si asomarse o no.

M escucha los pasos de su marido acercándose a la puerta cerrada de su habitación. Seguramente se haya despertado con el ruido de la webcam que cae al suelo. Recupera como puede, a toda velocidad y de la mejor manera posible, la compostura para que parezca que no pasa nada si le da por abrir la puerta. Perdón, cariño, se me ha caído una cosa… ¿Te he despertado?

N se acerca a la habitación de su mujer. ¿Todo va bien, cariño? He oído ruido…

No te preocupes, mi amor –dice M a su marido.

Me voy a la cama, mi amor-dice N a su mujer- ¿Vienes?

M y N duermen en la misma cama. Creen que ninguno le da al otro lo que necesita, pero no es así. Simplemente, no lo saben. Y quizás, nunca lo sepan. Ambos creen que es mejor así...




 "...Y la vi como quien ve sin creerla
en el desierto la sombra de un agua,
la amé sin atreverme a creerlo" 
(“La alucinación de una mano, o la esperanza póstuma y absurda en la caridad de la noche” de Leopoldo Mª Panero)

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miércoles, 8 de diciembre de 2010

Anticrónicas de Conciertos en lasgafasdemike.com: Loquillo en La Riviera (26-11-2010)

Tras un tiempo de espera, les remito a la Anticrónica del Concierto de Loquillo del pasado 26 de Noviembre en La Riviera que ha salido publicada en Las Gafas de Mike:


(Foto: Álvaro Hernández)


Como siempre, les conmino a que pasen por lasgafasdemike.com y se empapen de lo acaecido en el evento. Las fotos, son del Maese Cámara Don Álvaro Hdez., al que guardo envidia eterna por su privilegia posición en el concierto. 
El texto, fue encontrado en una carpeta clasificadora aparecida en la Biblioteca de una Facultad de cuyo nombre no puedo (Ni debo) acordarme.
¡Salud y R'n'R!

martes, 30 de noviembre de 2010

Otra noche sin dormir (Volumen 7): La Señorita que vivía en un relato de misterio.

"Soy un paranoico al revés. Siempre sospecho que la gente está planeando algo para hacerme feliz."
(J.D. Salinger)

Llevaba un tiempo perdida. No sabía qué era pero sentía que había perdido la inspiración, la capacidad de imaginar cosas que antes salían solas. Las musas me han abandonado –llegué a pensar sin tener el menor respeto por mi autoestima- y se han ido con otra.
No había otra, de eso estaba segura, pero lo cierto es que no era capaz de plasmar todo lo que quería con la facilidad de tiempo atrás. Intentaba recordar con precisión cuándo había empezado a sentir aquello, pero son cosas que no tienen un momento concreto, o al menos eso pensaba entonces.
 
Sospeché de todos. No me fiaba de nadie. Paseaba por las calles en busca de la inspiración perdida y lo único que hacía era mirar con desprecio a todo lo que me rodeaba. En aquella casa, en ese bolso, en ese coche, en esa nariz, en ese envoltorio arrugado… Podía estar lo que me había quitado lo que yo más quería.

Si había problemas, debían de estar cerca. No tenía sentido que me perdiera buscando por ahí lejos, lo que no encontraba en mi contexto. Si debajo de todo aquello había un problema concreto, debía estar cerca de mí, cuando no, ser responsabilidad mía. Volví a hacerme daño, como de costumbre, y no me gustaba. Pero debía escarbar en la herida si quería salir de aquello. 
 
Tenía que buscar cerca de mí.
 
Empecé a molestar a mi entorno. Perdí los estribos haciendo responsable de lo que me pasaba a todo lo que tenía cerca, lo cual era peor que hacerlo con lo que tenía lejos, porque me dolía mucho más. A fin de cuentas me estaba maltratando a mí misma a costa de lo que me rodeaba.
 
Pasé de lo animado a lo inmaterial, y de lo inmaterial a lo concreto. Cuando alguien busca algo con desesperación, lo mejor es conservar la calma y remitirse a lo más obvio y lo más cercano y palpable.
En un ejercicio de practicidad poco común en mí, me dediqué a simplificar el problema y busqué donde solía trabajar con mi inspiración. 
 

 
 
Abrí el cajón de las drogas y estaba lleno, como de costumbre.
Abrí el cajón del porno y estaba repleto, como de costumbre.
Abrí el cajón del dinero y estaba vacío, como mandan los cánones.
Abrí el cajón de otras prioridades y estaba hecho una gelatina infame, como de costumbre.
Abrí el cajón de las Cosas No Importantes, y vi algo: Entre miles de personajes revueltos, entre millones de escenas evocadas, entre cientos de recuerdos aprovechables… Estaba ELLA.
 
Tan perdida como la dejé, pero sumida en el peor de los olvidos: El que te otorga tu creadora cuando ya no le eres útil. La Señorita que vivía encerrada en un relato de misterio había sido abandonada sin ningún miramiento. Cuán despreciable me hubiera parecido aquello si no supiera que YO era la única responsable.
 
Hacía tiempo que me había comprometido a crearla, pero enfrascada en una subida de importancia de las drogas, el porno, el dinero y los recurrentes chupetones esporádicos a la gelatina informe del cajón de prioridades, decidí dejarla allí hasta mejor ocasión.
 
Hay veces en los que no se deben dejar las cosas en cajones poco frecuentados. Y ésa, sin duda, era una de ellas. La Señorita que vivía encerrada en un relato de misterio estaba confusa y perdida, esperando que dejara de hacerla vivir aventuras fantasiosas que nada tenían que ver con ella, por mi mero placer de darle una forma más o menos aceptable. Ella no había llegado al cajón para ser una más, estaba destinada a vivir encerrada en un relato de misterio, no en un pastiche abandonado y recuperado de cuando en cuando. Ni siquiera en una vorágine de drogas, porno y dinero. Ni siquiera en un relato de prioridades…
 
Descubrí que mis carencias eran mayores de lo que nunca había estado dispuesta a pensar y que aquella Señorita que vivía encerrada en un relato de misterio lo estaba pagando sin tener culpa.
 
Decidí pegarle una hostia con la mano abierta a mi autoestima, una patada en los huevos a mi ego, y un golpe bajo a todo mi ser, pero no sabía cómo se hacía. Tanto tiempo abriendo y cerrando cajones inadecuados me habían colocado en un pedestal inaccesible al que ni yo misma podía llegar.
 
La Señorita que vivía encerrada en un relato de misterio, pese a todo, me miraba con misericordia. No quería hacer daño, no estaba allí para eso, aunque tendría todo el derecho a hacerlo.
 
La miré a los ojos como nunca antes había mirado a nadie. Sonreí y la dejé escapar.
 
Salió volando por una ventana cerrada debido al frío invernal, seguramente camino a la Inglaterra de la Época Victoriana, donde siempre supuse que se encontraría en su ambiente más adecuado.
 
La dejé escapar aún a riesgo de no volverla a ver más y me resigné a ver pasar el tiempo. No se llega a la Inglaterra de la Época Victoriana como quien baja al garaje a por más leña porque tiene frío.
 
Estaba segura de que la echaría de menos. Tendría que aprender a vivir como si nunca hubiera existido. Como si nunca la hubiera conocido.
 
Pasado el tiempo me sentí liberada.
 
Volví a componer canciones de amor una noche de Noviembre tal como hoy. A fin de cuentas, no sabía hacer otra cosa.
 
 
Aunque la Señorita que vivía encerrada en un relato de misterio nunca llegara a comprenderlas.
Aunque nadie llegara a comprenderlas.
Aunque no tuviera ni idea de lo que era aquello del amor a lo que cantaba.
 
A fin de cuentas, no sabía hacer otra cosa…


lunes, 22 de noviembre de 2010

Fotos que me gustaría haber hecho a mí (Volumen IV):


“Dalí Atomicus” (Philippe Halsman en colaboración con Dalí)


Hay días en los que no necesito nada. Son esos días en los que me olvido de ser yo misma. Son pocos, pero cuando llegan y me doy cuenta, los disfruto al máximo. Estar fuera de una misma, o simplemente no estar, es lo mejor que le puede pasar a una persona intensa. Es todo tan sencillo y plácido que hasta da miedo. Y entonces, el día pasa a ser normal y empiezo a necesitar cosas. Se acabó el día en el que no necesito nada. He vuelto a recordar quién soy.

Los días habituales están llenos de todo. Es lo que tiene ser yo misma. A veces envidio a la gente que no es yo misma, por no tener que aguantarme. Añoro los días en los que no necesito nada, los días en los que me olvido de ser yo misma. Pero pensando eso no hago otra cosa que alejarme cada vez más de ello y ser aún más si cabe yo misma.

Ayer me olvidé de ser yo misma y no necesitaba nada. Ni a nadie. Me acurruqué bajo la manta en el sofá y encendí la tele sin mucho afán ¿He dicho ya que no necesitaba nada?. Me quedé anestesiada viendo los matinales de noticias sin saber si producía más repulsión Ana García-Siñeriz o los de Telemadrid y eso empezó a preocuparme. En ese momento empecé a ser yo misma y empecé a necesitar cosas. Me asomé por la ventana y vi un pequeño mundo bajo mí ventana que desde el día anterior no existía para mí. Me arrojé sobre él porque ya era yo misma.

Hoy tomo calmantes en un hospital con más de quince huesos rotos y según dicen, he tenido una suerte asombrosa por salvar la vida. Ahora mismo no sé si necesito algo o no soy yo misma. Quizás esté necesitándote y no lo sé. Quizás no lo sepa pero estoy luchando por no pensar demasiado. Quizás los calmantes sean la respuesta para un hiperactivo cerebro que se cansa de ser yo misma.


Anticrónicas de Conciertos en lasgafasdemike.com: Los Chunguitos (Sala Joy Slava, Madrid, 4-11-2010)


Les remito a la publicación de la última Anticrónica en lasgafasdemike.com: Los Chunguitos en la Sala Joy Slava de Madrid, el 4 de Noviembre de 2010.

Por motivos ajenos a la voluntad de cabezadeavestruz, la reseña de esta Anticrónica ha sufrido un retraso mayor del habitual, pero es que hay momentos en los que no se puede estar en todo, además de saberme a humo, saberme a humo, los cigarritos que yo me fumo.



Esperando les den a todos y a todas mucho veneno, reciban un cordial saludo y pasen los allí a leer, que hay veces que merece la pena. El 35 Aniversario de estos grandes, bien merece que echen un vistazo...

Saludos callejeros.


jueves, 11 de noviembre de 2010

Obsesiones y Parafilias (Volumen 9): La chica que soñaba con ser el dedo pulgar de la mano derecha de Robert De Niro introduciéndose en la boca de Juliette Lewis en una escena de El Cabo del Miedo.

¿Recuerdas el 6 de Octubre de 1999? 
Necesitabas huir y yo no quería que te fueras. Sé que había hecho algo malo y que era imposible que quisieras seguir a mi lado. Pero no podía aceptarlo. Eras lo último que podía consentir perder. Nada en el mundo me importaba más que retenerte a mi lado. Al precio que fuera. Costara lo que costara. Aún en contra de tu voluntad.
 
No te fuiste. 
No sé muy bien qué fue lo que te convenció para que te quedaras a mi lado. Probablemente me viste tan vulnerable, tan insegura que en contra de todos tus principios decidiste dar un giro total a tu vida y mantenerte cerca de mí. Y no me abandonaste.
 
 
 
Vivía obsesionada con Juliette Lewis chupándole el dedo pulgar a Robert de Niro en El Cabo del Miedo. Aunque mi obsesión siempre estaba más enfocada en el dedo.
 
El dedo es algo de lo que no gusta hablar en público. Para mí, el concepto dedo me acompaña desde bien chiquitita, pero nunca quise hablar de ello con nadie. Salvo con ella.
 
En una de las escenas más eróticas de la historia del cine, Juliette Lewis, está en el teatro de su instituto para conocer a su nuevo profesor, que resulta ser Robert De Niro, un ex convicto, que dedica su vida al salir de prisión a hacérsela imposible al abogado – Padre de Juliette que lo defendió de los cargos de violación a una adolescente, del que tiene la certeza de no haber hecho todo lo posible por ganar su juicio…
Vivo obsesionada con Juliette Lewis en esa película. Pero sobre todo, vivo obsesionada con el dedo pulgar de la mano derecha de Robert De Niro. Sé que es algo que no podrá salir de mí en la vida.
Mientras viva. Y mientras ella esté a mi lado, seguiré viva. Aunque ya no quiera hablar de dedos.
 
Escarbas en mi memoria y entre millones de historias, te recuerdo el día en que nuestra profesora de gimnasia me introdujo el dedo en la boca tras pasarme la mano cariñosamente por su redonda cara.
 
Aquello provocó nuestra primera discusión. Yo no te entendí entonces. Tú no me entiendes ahora. Sólo éramos dos niñas. La noche de 6 al 7 de Octubre de 1999 seguíamos siendo dos niñas. Hoy todavía pensamos que lo somos.
 
¿Recuerdas el 7 de Octubre de 1999? 
Fue el día después. Fue un día duro. Necesitabas huir y yo no quería que te fueras. Sé que había hecho algo malo y que era imposible que quisieras seguir a mi lado. Pero no podía aceptarlo. Eras lo último que podía consentir perder. Nada en el mundo me importaba más que retenerte a mi lado. Al precio que fuera. Costara lo que costara. Aún en contra de tu voluntad. Ese día ya había ganado una batalla: La del día anterior.
 
 
 
Ha pasado el tiempo.
 
Vivo obsesionada con Juliette Lewis chupándole el dedo pulgar a Robert de Niro en el Cabo del Miedo. Aunque mi obsesión siempre estaba más enfocada en el dedo.
 

martes, 9 de noviembre de 2010

El Agente de la Libertad Condicional de tu esposa recela de mí

Querido Alberto:
 
Me gusta comer piña a destiempo. Por comer piña a destiempo se entiende comerla cuando apetece, no cuando marcan las costumbres habituales. ¿Quién marca las costumbres? En mi casa nunca se comió piña, por lo que no tengo costumbres asociadas a ella desde la infancia. Las costumbres que quiero derribar comiendo piña a destiempo las habré adquirido de mayor, si es que las tengo, o serán parte de la cultura gastronómica de la sociedad en la que vivo. Insisto: Me gusta comer piña a destiempo.
 
Tu esposa nunca hizo nada malo. Últimamente creo que ya no la conozco, pero lo sé. Sé que nunca te hubieras casado con una mujer capaz de hacer algo así. Un hecho como ese define a una persona a la perfección, y tú no eres del tipo de gente que se acerque o se pueda mantener al lado de alguien así. No hizo nada malo, asúmelo. Vas a tener que vivir con ello toda la vida. Tu esposa fue acusada injustamente. No la creo capaz de hacer algo como éso ni en cien millones de años. Ni tú tampoco. Ni ella.
 
La sala de espera de la Academia es muy pequeña. Está salpicada por cuadros con escenas motivacionales, que creo van más enfocadas a los padres que a los niños. Al menos no imagino qué efecto puede provocar en la actitud de mi hijo un cuadro con la imagen un joven con birrete en el que pone “ÉXITO”, ni otro con una preciosa estampa de tres bellas adolescentes saltando por el parque en el que pone “TRIUNFAR”. Quizás no haya interiorizado del todo que aquello no es más que un negocio y que al dueño sólo le interesa el “triunfo” o el “éxito” de mi niño para que yo repita el siguiente trimestre y siga engordando su cuenta corriente. La educación está muy mal últimamente. La "meritocracia" en que vivimos nos ha metido a todos, empezando por los padres y las madres, en una dinámica peligrosísima en la que no dejamos a los niños, ni siquiera eso, ser niños. Hay que triunfar, hay que tener éxito, cueste lo que cueste. A mí me cuesta mucho dinero, pero no me importa. A mi hijo le está costando la infancia, pero normalmente no pienso en ello. Valoro más que esté preparado para afrontar el futuro con unas mínimas garantías. Aunque se aficione a comer piña a destiempo.
 
 
 
Los últimos acontecimientos me han perturbado un poco y no pienso con claridad. Estoy un poco aturullado y me lío y despisto con relativa facilidad. Tu esposa y yo hemos coincidido algún día que no me tocaba en la recogida de nuestro hijo. A ella le hace gracia, sabe que para mí no es plato de gusto tener que reconocer que me he equivocado y ella tiene razón. Que ese día le toca recogerlo a ella y no a mí, y que me he despistado. Pero le preocupa que me despiste un día que me toca a mí y ella no esté para solucionarlo. Últimamente, gracias a estos problemillas con mi organización, estamos recuperando el gusto por hablarnos y estar juntos. Además, es bueno para nuestro hijo, por lo que todo sale a pedir de boca. Pero al Agente de la libertad condicional de tu esposa no le hace ni puñetera gracia tener que hacer horas extra mientras nos vigila desde un coche aparcado a la puerta del bar de enfrente de la Academia.
 
De un tiempo a esta parte, he visto el coche del Agente de la libertad condicional de tu esposa aparcado frente a mi casa. Los días que vuelvo tarde suele estar por allí. No quiero obsesionarme demasiado con el tema, por lo que intento no pensar demasiado en ello. Entro en casa llego a la habitación y me asomo tímidamente a la ventana para confirmar temores, pero nunca está allí en ese momento. Si fuera un paranoico pensaría que espera a que entre en casa y luego se va… No quiero ponerme nervioso, pero llevo unos días así, y se repite el tema una y otra vez. Creo que el Agente de la libertad provisional de tu esposa está empezando a recelar de mí. Incluso he descubierto restos de piña en el sitio donde creo que aparca el coche. Comer piña mientras se espera que alguien vuelva a su casa, sí que debe ser comer piña a destiempo.
 
Tu esposa come piña a destiempo. Últimamente yo pido un café cortado con sacarina y ella piña. Parecemos dos tarados paranoicos con nuestro peso, mientras compramos al niño un pastelito para que nos deje hablar tranquilos un rato. Creo que estoy empezando a plantearme seriamente volver a tener un niño con ella. Pero tú tienes que estar de acuerdo. Sabes que nunca haría nada así sin tu consentimiento.
 
Al niño le encantaría tener una hermanita -¡Dios! ¡Qué pereza me da eso de hablar de la parejita!- o un hermanito para jugar. Creo que está en la edad ideal. Tu esposa no sabe nada de esto, no lo hemos hablado, pero sé que moriría por volverse a quedar embarazada de mí. Tantas veces como yo quisiera, es lo que siempre decía. Pero me da miedo el Agente de la libertad condicional de tu esposa. De un tiempo a esta parte tengo la impresión de que recela de mí.
 
Creo que aunque no nos lo permitan, deberíamos hablar del tema. En persona, aunque no podamos. Lo veo esencial. No sé qué piensas tú de todo esto, y podría importarme un comino y actuar como me pareciera, sin tenerte en cuenta, pero creo que hace tiempo que directa o indirectamente formas parte de mi vida. Igual que el Agente de la libertad provisional de tu esposa que recela de mí.
 
Ya me contarás cómo lo hacemos. Lo único que me da indicios de que todo pueda salir bien es que me gusta comer piña a destiempo. A tu esposa últimamente parece que también. Y al Agente de su libertad condicional sospecho que siempre le ha gustado. Si no, ésto no tendría explicación. Aunque recele de mí.

Un cordial saludo,
Esteban


jueves, 4 de noviembre de 2010

Carpetazo al Primer Aniversario (Volumen 2 y Final): Soluciones a la falta de información sobre quién está detrás de cabezadeavestruz


"Los libros que aún no me leí
y las canciones que aún no he escuchado
forman hoy parte de mí,
transforman mi pasado"
(“Pesadilla Genérica” Nacho Vegas)

Cerramos el año de una vez. Va siendo hora de ponerse en otra dimensión. Según me cuentan, una de las carencias de cabezadeavestruz (entre otras miles) es no tener una pestañita de información o de “Acerca de” que le explique al visitante de turno (o sea, usted) quién perpetra esta historia.

Hay muchas personas que pierden el encanto de leer este blog en cuanto descubren qué hay detrás de él. Por ello no pienso dar datos biográficos comprometedores, a todas luces irrelevantes, sino que vamos a centrar el tema en lo que a todas y todos nos define: Las filias y fobias, los comportamientos, las adhesiones, los desprecios…

Este es el vademécum que hace que cabezadeavestruz siga en pie y el que habrá que analizar para saber si seguirá adelante. Básicamente las mismas que hacen que merezca la pena casi todo.

Son las Cosas por las que merece la pena estar aquí:



El Like a Rolling Stone de Dylan. El Like a Rolling Stone de Dylan interpretada por los Stones. Pensar que todo puede ser mejor. Creer que, pase lo que pase, siempre me querrás. Cate Blanchett. El atardecer. El whisky de malta. Las desgracias ajenas. Las notas mentales de Homer Simpson. Las chicas de derechas. Susan Sarandon y Tim Robbins. El botón rojo que todo lo activa. Mirar atrás. No conocer a los que salen en las noticias de sucesos de la tele. Ver perder al Real Madrid. El Jamón Serrano. La Familia Corleone. Juliette Binoche. No saber qué es para mí el cielo. Andar descalzo. El olor a napalm por la mañana. Harvey Keitel. Faemino y Cansado. Seguir pensando si me gusta más el Joker de Jack Nicholson o el de Heath Ledger. Wendy James. María Valverde. Christina. Cristina. Natalie Portman y Ariadna Gil con el pelo corto. La adoración por Ray Loriga, Calamaro, Gonzalo Suárez y otros que nadie conoce y que ni siquiera ellos lo saben.
El odio por los días impuestos (Hispanidad, Navidad, San Valentín, Constitución…) aunque algunos permitan descansar de otros días. Jessica Lange follando con Jack Nicholson en El Cartero siempre llama dos veces. Jessica Lange años después. Jessica Lange por mucho tiempo que pase. Enamorarse de conversaciones y de momentos. Palabras como: Crisálida, miscelánea, austrohúngaro, detestable, paradigmática, tamizar, disgusting, fornicable, la mayoría de los adverbios terminados en –mente, obrigado, fanfarria, sinalefa, bambalina, desidia… Aunque algunas no sepa bien qué significan, ni vaya a utilizarlas nunca. Buenos Aires y Nueva York. Lisboa y Garganta la Olla. Regalar y que me regalen. Salirme de la norma. Steve Nash y Nacho Azofra. Amanece que no es poco. Saber que no me gusta el sabor del cordero malo. Un sms de alguien que estaba perdido. Las visitas inesperadas de las musas. Encontrarse con alguien con el paso del tiempo y ver que nada ha cambiado. Adorar el frío y odiar el calor. El olor a gasolina. Estar en casa. Salir como un adolescente. Noviembre y los Jueves. Que sobre el dinero. Acumular cosas. No tropezar dos veces con la misma piedra. Detestar que me intenten convencer de que lo que cuesta mucho se disfruta más después.
Anhelar llegar arriba del todo con el menor esfuerzo posible. Los 7 pecados capitales, uno a uno, empezando por la Pereza. Las Flores del Mal de Baudelaire, Rimbaud y toda la Francia literaria de aquella época. Ser consciente de la relatividad de todo. Detestar Sevilla y enervarse con Andalucía. Que me miren y no me dé miedo. La Brown Eyed Girl de Van Morrison. Kusturica y Karra Elejalde.

Me gusta tener buena memoria, y cada vez me gusta menos no poder olvidar. Me gusta reírme de cosas que sólo yo entiendo. Me gusta reírme enfermizamente de cosas simples. Desprecio pensar que hay que hacer algo con la vida. Odio hacer lo que tengo que hacer y que la gente lo haga y sea normal. Me encanta (y me pone) ver en unos ojos deseo por mí. Me pone más aún que a eso le acompañe una sonrisa, y todavía más que la línea de dientes superior muerda el labio inferior sin perder la propia sonrisa. Que me digan algo que me halague mucho, y más aún si la frase empieza por una exclamación de tipo sagrada (¡Dios!, ¡Virgen Santa!...).  Me da miedo reproducirme y no pienso hacerlo.

Leer Lolita puede justificar una vida. Leer la Biblia también, pero no me gusta en su totalidad. Desprecio infinitamente los que hacen gala de su incultura y a los que les parece gracioso y normal. El acento bonaerense y las canciones en francés cantadas (más bien susurradas) por mujeres. La parafernalia religiosa. La Gran Vía de Madrid. No tomarme nada demasiado en serio. No haber muerto en la cruz a los 33 años. Oir la lluvia caer. Sentir el aprecio sincero. Recordar viejos tiempos. Regalar canciones. Hacer llorar de emoción. No tener una enfermedad terminal. Las confesiones inesperadas y el sexo en los confesionarios. Ese momento en que te das cuenta de que dejas de ser hijo pero no te conviertes en padre. Aún no te has ido y ya te echo de menos. Mi vida con gafas. Fernando Pessoa, los hermanos Cohen y los principios de Julio Medem y Juanma Bajo Ulloa. Magic y Bird. Esa sensación de admiración que te transmite alguien objetivamente digno de ser admirado por mí, pero que no es consciente de ello. Keith Richards y Eric Cantona. El cinismo, el sarcasmo y la ironía. Woody Allen y David Trueba. 

Tomar primero Manhattan y después Berlín. Cecilia Rot, la absenta y Carlota Casiraghi. Tener razón y saberlo antes. El Principito, El Miajón de los Castúos y Paul Auster. Los momentos de intimidad no buscados. Los Soprano y Perdidos. Sentirme identificado con buenas canciones. En el Camino, la Generación Beat, Johnny Deep y Leopoldo Mª Panero. Maradona, que no es una persona cualquiera. La adoración de los que me quieren y el desprecio de los me odian. La diferencia. Bailar con el demonio a la pálida luz de la luna y no hacer planes con tanta antelación. Vender el alma al mejor postor. Ser, a la vez, la mejor y la peor versión de mí mismo. Nick Hornby y el Por qué te quiero en 65 palabras. Julián Hernández y Andy Chango. Dalí y Francis Bacon. 

Hacer locuras con la luna llena como excusa. El Jardín de las delicias. Buñuel, Frank Sinatra y No empezar a chuparnos las pollas todavía. La blasfemia en voz baja, Enrique Vila-Matas y que mis amigos sigan queriéndome y sabiendo que lo son. El Perfect Day de Lou Reed y Saber si vas a dejarme entrar en tus sueños, para dejarte entrar en los míos. Consumir televisión y Halle Berry diciendo “Hazme sentir bien”. Los Celtas por encima de los Íberos y las bacanales romanas. Los Pistons de Denis Rodman y los Kings de Webber. Sentir mi fragilidad en un mundo descomunal y ser consciente de que la gente sin imaginación creen que los demás también llevan una vida mediocre. Hacer una oferta que no podrás rechazar y, por supuesto, Maribel Verdú siempre, y cada vez más…


Y así, hasta el infinto… A fin de cuentas, Aquí nunca dejamos que la verdad destroce una leyenda… (O algo así decían en “El hombre que mató a Liberty Valance”)

Este puede ser el Kit de Supervivencia de cabezadeavestruz, cosas por las que merece la pena seguir adelante. Pero hay mucho más, sólo que ahora no cabe…

Cuantos más nos vean, más felices somos tod@s... ¡COMPARTE!