martes, 29 de octubre de 2013

Cuarto Aniversario: Música



Sí, amiguit@s. 
Parece mentira.

Anteayer esto era un páramo por donde pasaba de cuando en cuando un matojo rodante de paja de esos tan recurrentes en las películas del Oeste, y mañana cumplimos cuatro años dando la brasa.


Url Spotify:  Cuarto Aniversario cabezadeavestruz
Vínculo http:  Cuarto Aniversario cabezadeavestruz



Pues eso, que seguimos de borrachera...

Pueden ustedes acompañarnos o no, pero no dejen de mover los pies, la almendra o lo que se les antoje, que serán bien mirad@s...









Los fastos de celebración comienzan a la voz de YA, aunque hay quien rumorea que hace un tiempo que han empezado las fiestas privadas. De momento, haciendo balance, dejamos por aquí la música que ha pasado por cabezadeavestruz durante este, su cuarto año de existencia.




GRACIAS POR ESTAR AHÍ, 
SE LES QUIERE.








jueves, 17 de octubre de 2013

Otra noche sin dormir (Volumen 21): 21 mensajes de WhatsApp perdidos



No paraba de dar vueltas en la cama. Como siempre. No dejaba de darle vueltas a todo. Recordé que yo era muy del número 21. Muy de Dominique porque llevaba el número 21. O al revés. Me lo imaginé ganando el concurso de mates que le ganó Michael Jordan injustamente porque era en Chicago, la casa del Hijo del Viento. Le di vueltas a una historia que nunca fue pero que perfectamente pudo haber sido. Si Dominique hubiera ganado aquel concurso todo hubiera sido diferente. No sé si mejor o peor, pero diferente. Lo único importante en aquel momento, en la noche, cuando no paraba de dar vueltas por la cama, es que no podía quitarme de la cabeza aquella historia. Como tantas otras. 21 historias. Simultáneas y entrelazadas. Pero sobre todo recordaba a Dominique y me lo imaginaba ganando aquel concurso de mates.




Otra noche sin poder dormir pensando en cosas estúpidas o fuera de lugar. Me acerqué la pantalla del móvil a los ojos para ver bien la hora en la que estaba penando aquella noche y vi que tenía whatsapps nuevos. 21 whatsapps nuevos. Concretamente 21. Y de la misma persona. 
Y con el mismo texto:


“Soy tu primer amor: 
No me hagas recordar lo mal que lo hiciste.”



Apagué el móvil para evitar que entraran más whatsapps. No quería que jodieran el 21. El texto de los 21 era el mismo y era perturbador como pocas cosas que hubieran llegado nunca a ningún móvil. Pero eran 21 y eso querría decir algo. 

Intenté dormir y volví a pensar en Dominique Wilkins. Pero de repente lo vi coger un móvil y miré para otro lado. En todas partes había gente cogiendo móviles. Y sin salir de la cama ni de mi imposibilidad de dormir, me metí en el armario. Entonces fui consciente de todo lo que no me dejaba dormir. El drama de ver que no te puedes poner aquella prenda porque has crecido y no te cabe. No por engordar, sino porque has crecido. Pensaba que es uno de los dramas del mundo contemporáneo y se ha escrito poco sobre ello. Incluso el mundo está montado mirando a otro lado, creando tallas y asumiendo que según crecemos hemos de comprar ropa más grande con total naturalidad. Pero es un dramón darte cuenta de que creces y no te vale la ropa que tenías porque ya no te cabe. Aunque recibas 21 whatsapps de tu primer amor y en todos ponga lo mismo.



B.S.O.: "Someone like you" (Sexy Sadie)




jueves, 3 de octubre de 2013

Domingos de resaca




Mis padres ven los toros en la televisión.
Yo leo atontada en el sofá.
A mis padres les gustan los toros.
Yo leo para pasar la resaca 
sin atender demasiado.

Mis padres comentan los toros que ven por la televisión.
Yo mezclo la indiferencia hacia lo que ellos hacen, 
el libro
 y la resaca de las vivencias de la noche anterior.





Los toros son un gran entretenimiento para mis padres.
Yo reconozco los errores cometidos la noche anterior,
 leo las líneas de un libro que no me interesa 
y reposo la resaca en el sofá.

Anoche mis padres dormían 
mientras yo buscaba la corrida.
Y mañana quizás sea lunes, 
o no. 
Depende del toro, 
depende de las letras de este libro 
que alguien escribió para mí 
y depende de mis padres.

Pero sobre todo depende de mi resaca...



B.S.O.: "Alégrame el día" (Siniestro Total)



sábado, 21 de septiembre de 2013

Todos los sábados por la tarde




"Ivan’s Childhood" (Andrei Tarkovsky, 1962)




Todos los sábados por la tarde tengo esa misma extraña sensación. 
Todos los sábados por la tarde me siento arropada en tus abrazos y colmada por tus besos.
Todos los sábados por la tarde siento que me vas a dejar caer en cualquier momento.
Todos los sábados por la tarde estoy segura de que si no sintiera que me puedo caer no me arroparían tanto tus abrazos ni me colmarían tanto tus besos.

Y así, viviendo en este desequilibrado equilibrio, vivo...





jueves, 12 de septiembre de 2013

El problema de jugar siempre al empate



- Está bien saber que pase lo que pase el resto del día ya hemos hecho algo hoy, le dije mientras desayunábamos después de follar, por la mañana, nada más abrir los ojos.

- Está bien que follar sea lo primero que hacemos cuando llega el día, me dijo ella mientras mojaba su porra en el café. 

Mi cabeza se fue sin remedio a un burdo juego alegórico de lo más simplón analizando cómo entraba y salía la porra de su café para luego, una vez húmeda, entrar en su boca. Tuve uno de esos momentos en los que me siento de lo más vulgar pensando cosas que ni siquiera me paro a pensar pero aparecen en mi mente, que abochornarían a mi yo reflexivo. Pero la imagen de aquella porra del desayuno, poco tiempo después de haberme comido a mí por todos lados, porra (o churrito para ser exactos) incluida, era de lo más sugerente. Cuando veo cosas sugerentes en todo lo que me rodea, por muy cañí o vulgar que sea, como es el caso de una porra mojada en café, sé que pase lo que pase el resto del día ya lo he empezado ganando.




- Parece que hoy empezamos ganando. Nada más sencillo que empezar un día ganando si lo primero que haces cuando apenas has abierto los ojos, es follar.
- Eso es muy difícil.
- Acabamos de hacerlo, le dije con una seguridad impropia de mí.
- Hoy ha empezado bien. Dejémoslo ahí. Y cogió otra porra para proceder a mojarla nuevamente en el café y dar buena cuenta de ella.
- Parece que te has levantado con hambre... ¿No te has alimentado lo suficiente esta mañana?
- ¿Ves? No es tan fácil. Lo estás empezando a joder. Con lo bien que había empezado el día...
- Es broma, perdona.
- Da igual. 

Entonces yo cogí una porra y procedí a hacer lo mismo que ella pero cualquier persona que nos hubiera visto desde fuera se habría dado cuenta de que no es lo mismo. Aunque quisiera hacer lo mismo. Hasta ella se dio cuenta. Pero no dijo nada al respecto. Se fue a otro de sus sitios.

- ¿Qué edad tendrías si no supieras la edad que tienes?
- ¿Cómo?
- Déjalo.
- No, dime..., le dije ya asustado.
- ¿Qué edad tendrías si no supieras la edad que tienes?
- No sé, nunca lo he pensado.
- Ya. 

La porra se me estaba atragantando. El día que había empezado de maravilla porque está bien saber que pase lo que pase el resto del día ya hemos hecho algo hoy, empezaba a ponerse raro ya en el desayuno.

- ¿Qué quieres cenar hoy? 
- ¿A qué viene eso ahora? ¿Estamos desayunando?
- No, para ver si me contestabas que tú no sabías pero que yo iba a cenar porra otra vez.
- Yo nunca hubiera dicho eso.
- Tenía que comprobarlo.
- ¿Quieres cenar porra esta noche?
- Quiero comértela ahora mismo.

Volvía a pensar que el día se había levantado maravilloso. Daba gusto desayunar así.

Me volvía loco que me la comiera. Ya fuera por la mañana o por la tarde, de noche o de día. Todo parecía posible cuando ella me comía la polla. Era algo que nunca podré describir con palabras por más que lo intente. Por más veces que me la haya comido. Recuerdo cuando intenté explicárselo a otra persona que no entendía lo que quería decir acerca de empezar de maravilla los días, de salir ya ganando, o de lo indescriptible que era lo que sentía cuando ella me comía la polla:

- ¿Has mirado sus ojos? Yo la primera vez que miré en ellos tuve la misma sensación que cuando escuché por primera vez a los Rolling Stones.
- ¿Sus ojos?
- Los ojos de alguien que te está comiendo la polla.
- No sé. 
- Ese es tu problema, no sabes. Quizás juegas siempre a empatar y luego pasa lo que pasa...




Aquella conversación no acabó bien. Aunque a mí me parezca que dije en ella cosas tan bellas que nunca crea poder repetir hablando de mirar unos ojos. Tiempo después, esa persona me comió la polla y estoy convencido que ambos estábamos pendientes de algo más que aquella comida porque recordábamos la conversación de los ojos. Y eso que fue con poca luz, de noche y con mucho deseo por ambas partes. Aquella comida acabó en empate. No volvimos a jugar el partido de vuelta. Pero eso ocurrió mucho tiempo después del maravilloso día del que estaba hablando que empezó muy bien por saber que pasara lo que pasara el resto del día ya habíamos hecho algo.

Ese día, el que empezó muy bien sabiendo que ya pasara lo que pasara habíamos hecho algo por haber follado al despertarnos, se empezó a torcer a media tarde. Todos los días se empiezan a torcer a media tarde. Es cuando comienza a aparecer el cansancio. Cuando cuesta más mantener la ventaja adquirida en los prolegómenos. 

Yo, aparte de una deficiente condición física, tengo poca fortaleza mental, y cuando los días empiezan a torcerse, me cuesta mantener el marcador a favor. Es algo que ella sabía y por eso se empeñó en comérmela antes de comer, en medio de la comida (a pesar de que estábamos en un restaurante) y en la siesta. A veces no miramos los días en toda su intensidad. Creemos que los martes no son más que antesalas de los jueves y así. Y así nos luce el pelo. Yo llegué a la cena con pocas ganas de hacer chistes de porras, ni de casi cenar.




Por aquellos tiempos yo quería ser escritor. Y como todos sabemos, un aspirante a escritor no deja de ser una persona como todas las demás solo que un poco más pretenciosa, embobada de sí misma y con ganas de demostrar constantemente que tiene ideas mejores que los que le rodean. Por aquellos tiempos yo solía joder bastante las situaciones y días en los que iba ganando cómodamente con mis ínfulas de literato maldito y genial. Y, claro, salté:

- Voy a hacerte un traje con mis letras, le dije en lo que yo consideraba un piropo maravilloso que la dejara epatada y a mi merced, bebiendo los vientos por mí.
- Yo lo que quiero es que me hagas un traje de saliva y te dejes de romanticismos. Ese es tu mayor problema conmigo, me replicó mientras intentaba comerme la polla una vez más.

Aquella noche acabó en tragedia. Ella seguía con hambre. Yo ya hacía mucho tiempo que había dado por bueno el empate. No me quedaban cambios y el equipo se resintió. Ella decidió jugarse el todo por el todo y buscó ganar aunque fuera en la tanda de penaltis. Yo ya había sido eliminado de la competición.

A día de hoy, recuerdo aquella jornada como un claro ejemplo de lo que pudo ser y no fue. La eterna promesa me llamaban. El de los días que empezaban de maravilla porque sabía que pasara lo que pasara el resto del día ya habíamos hecho algo.

Desde aquel día tengo miedo a las noches. Duerma solo o acompañado. Tengo miedo despertar y ver que el día no empieza ni siquiera en empate...



B.S.O.: "Un buen día" (Los Planetas)


viernes, 6 de septiembre de 2013

De desvanes y vueltas al mundo



Subió al desván con sigilo. En su mano derecha llevaba un portavelas con una a medio consumir pero que todavía alumbraba. Era perfumada. Vainilla. Podría ser anti-mosquitos y todo sería más agradable. Que oliera a vainilla y que no tuviera que aguantar el zumbido de los mosquitos planeando el desembarco en los tramos de su piel desnuda. Tramos que eran muchos y muy amplios. A fin de cuentas, era uno de los veranos más calurosos de las últimas décadas en aquella zona del mundo. Aunque eso era lo que decían los meteorólogos todos los años, en ese parecía verdad. Estaba segura que al año siguiente, de seguir viva, volverían a decir lo mismo y ella volvería a sentirlo igual. Calor, aroma a vainilla, mosquitos, desván en las alturas lleno de telarañas. En ese instante se dio cuenta de que algo no iba del todo bien cuando ese era su mejor (y único) plan para el sábado noche.





Decidió no pensar demasiado en todo lo que le rodeaba fuera de aquel desván para no distraerse de su búsqueda. No saber qué era lo que estaba buscando ya suponía suficiente distracción como para añadir más al asunto. Llegó el momento inevitable en el que admitió para sus adentros la esperada, pero no evitada, realidad de que no era buena idea subir al desván con aquellas preciosas sandalias que se había comprado al inicio del verano y que tan bien le quedaban. El dedo gordo del pie había impactado dolorosamente con una desvencijada caja de cartón que se interpuso en su camino. La reconoció rápidamente. Era la caja de los viejos vinilos. Viejos por su procedencia, la adolescencia, pero bastante nuevos por el cariño conque siempre los trató y el valor que han adquirido en los últimos tiempos en el mercado del coleccionismo y la revitalización del vinilo como soporte 
musical.

Allí estaban todos. Más de los que ella recordaba incluso. Patty Smith, Dylan, Ramones, Rolling Stones, Velvet Underground... Todos y alguno más, incluso autografiado. Muchos autografiados por personas diferentes a los creadores de los discos. Una extraña costumbre que cogió de Dana. Pedir autógrafos de gente sobre diferentes soportes. De gente que no tiene nada que ver con el soporte. De gente, en la mayoría de los casos, que no está acostumbrada a dar autógrafos a su alrededor. Y entre los discos, apareció aquella lámina. Aquella bonita lámina que pensaba enmarcar para que acompañara a Dana en sus noches de trabajo y pasión creativa. Ese cuadro que nunca le regaló en el que se leían esas palabras de Scott Fitzgerald, “Puedes acariciar a la gente con palabras” que Dana nunca llegó a tener y que estaba lleno de polvo. Un polvo acumulado por no tenerlo. Por no recibir su apoyo. Por no confiar en cómo escribía como ella siempre sintió e hizo.

Pensó que lo peor que tenía subir al desván era encontrarse consigo misma. Pensó mucho en ello antes de subir, pero recordó mucho las palabras de Dana, que siempre estaba dispuesta a descubrir, a ir más allá, a penetrar donde fuera, aunque fuera en sí misma. En sí mismas. Pensó y se dejó llevar, como tantas veces, por el recuerdo de Dana y olvidó los riesgos.



Subió al desván y se encontró. En aquel espejo. Aquel espejo olvidado en el desván porque ya no funcionaba. Hacía años que fue sepultado entre los recuerdos acumulados porque se había estropeado. No funcionaba. Curiosamente, era un caso único de espejo que deja de funcionar y estaba allí. En su desván. Estaba convencida de que fue Dana quién lo estropeó. El caso era que allí estaba, detrás de todos esos recuerdos. Inútil y sin capacidad de reflejo. Pero con toda la capacidad inquisitiva que siempre tienen los espejos cuando se sabe usarlos. Aquel espejo no funcionaba, pero seguía siendo terriblemente cruel con ella.

Por más que quiso evitarlo, no pudo. El espejo, burlón en su desajuste, terrible en su inutilidad, le recordó aquello tan terrible a lo que ella se dedicó años atrás con tanto afán. Tiempo antes de que el espejo dejara de funcionar. Hasta justo antes de que Dana despareciera de su vida: Su obsesión de disfrazarse de sueño para entrar en los suyos.

Cabreada con el espejo, con el mundo y, sobre todo, con ella misma, blasfemó entre dientes y pegó una patada unas cajas acumuladas al lado del estropeado utensilio por no romper algo y hacerse daño con los restos de vidrio. No le daría el gusto al espejo. No podía ni imaginar que después de todo lo que habían pasado juntos, encima pudiera hacerle daño ahora, después de estropeado y casi olvidado. 

Con la patada cayó al suelo una caja metálica. Inmediatamente la reconoció: Era el kit que Dana y ella compraron para parar el tiempo y que nunca llegaron a sacar de su envoltorio.
Afortunados tiempos, pensó con nostalgia. Tal y como era todo, lo más que podrían haber conseguido es que cada día fuera un domingo. Y los domingos de Dana eran silenciosos y grises.



Fue de aquello de lo que quiso huir para dar la vuelta al mundo. Miró el globo terráqueo que había en la puerta del desván y lo recordó perfectamente. Lo único que quería la última vez que vio a Dana, la última vez que subió al desván antes de perderla para siempre. El último día que la quiso con todo su alma. Quería dar la vuelta al mundo simplemente por poder sorprenderla por la espalda y abrazarla antes de que pudiera oponer resistencia.

Salió a trompicones del desván sin mirar atrás. Entró en internet y buscó la ruta más corta alrededor del globo para dar la vuelta al mundo. Olvidó el espejo, los vinilos y las pocas ganas de vivir en unos días que eran todos domingo. Se colgó la mochila en la espalda y salió a dar la vuelta al mundo simplemente por poder llegar a la espalda de Dana y abrazarla por sorpresa. 

No había olvidado lo que era abrazar. Aunque no quedara nada de ello en el desván.

Pero eso ya, es otra historia...



B.S.O.: "Everyday is like Sunday" (Morrissey)

martes, 20 de agosto de 2013

Otra noche sin dormir (Volumen 20): Me debería sacar el carnet de conducir (Segunda Parte)*


Anoche soñé que Catherine Deneuve me despertaba a gritos como si fuera una choni cualquiera. Sudoroso asumí la terrible realidad: Mi romanticismo empieza a estar bajo mínimos y mi criterio estético está empezando a bajar peligrosamente. 





Azorado por tan mala experiencia he empezado el día tomando el toro por los cuernos. He rebuscado en el cajón de los calzoncillos y, después de ignorar el hecho de que no había ninguno limpio y eso indica que me estoy abandonando a pasos agigantados, he recuperado tus cartas. Las he tirado encima de la cama y no he llegado a recordar por qué nos escribíamos cuando ninguno de los dos quería estar separado del otro ni tener que escribir cartas. He cogido una al azar creyéndome  Paula Vázquez en el Euromillón y la he leído con la esperanza de encontrar una respuesta a todo y, sobre todo, un punto de partida. Resulta que era una postal sin los necesarios tres códigos de barras de productos Pascual para entrar en el concurso, en la que estaban escritas unas breves palabras:

"Hola amor:

Te echo de menos. Mucho. 
Más de lo normal. 
Sigo sin entender por qué no te sacas el carnet de conducir y vienes a rescatarme. 
Sabes que sigo esperando que lo hagas y que mi carnet de conducir y mi coche no vale para ello.

Besos y dulces sueños."


Algo me recorrió la espalda recordándome que tenía espina dorsal y que no me sentaba bien estar tanto tiempo doblado. Pero más que la espina dorsal, la que hablaba a modo de descargas eléctricas en mi espalda, era ella. Ella estaba esperándome. Seguía haciéndolo. Seguro. Tan seguro como que yo seguía sin tener carnet de conducir y sin haberla rescatado. Miré a mi alrededor y vi las llaves del coche de mi padre en la mesa de la entrada. Esbozando el típico “hasta luego” casi sin vocales que solía dar a mis padres cada vez que salía de casa, di un portazo y me dirigí a coger el automóvil familiar como si fuera lo más habitual del mundo.

Evidentemente, no sabía conducir. Por no saber, no sabía ni como abrir el coche. Pero, contra todo pronóstico, lo puse en marcha y salí del garaje con total normalidad. Seguro que esa normalidad estaba basada en que seguía soñando, pero algo me decía que no.

No. 
Todos los coches no están equivocados y yo voy bien. Creo que finalmente puedo confirmar que el que ha cogido un desvío incorrecto y va contra dirección soy yo. Con todo lo que ello significa… Creo que no voy a poder salir de ésta. ¡Cuánto tráfico en contra! Es el momento en el que tengo que empezar a ver mi vida pasar como una serie de diapositivas a modo de inequívoco signo de que voy a morir. Y va a ser una muerte terrible. Me voy a estampar contra alguien a toda velocidad. Contra ese coche no, que es una familia y no quiero que mueran niños por mi culpa. Contra esa furgoneta no, que es un humilde repartidor y no tiene culpa de mi despiste. Contra esa jovencita no, que le quedan muchos años por delante y acaba de coger el coche de papá por primera vez. Contra ese coche tan viejo no, porque la humildad que demuestra hace que sospeche que la desgracia de morir ese cabeza de familia puede ser inmensa si le quito el sustento a los que debe tener detrás que ya ahora llegan a duras penas a fin de mes. Contra esa no, que tiene las tetas muy gordas y las tetas me han provocado mucha felicidad durante toda mi vida como para que no les haga un pequeño homenaje postmorten perdonando la vida a la poseedora de un buen par.

No encuentro una víctima propiciatoria contra la que me apetezca chocar para morir y no voy a poder aguantar mucho tiempo más este looping de esquivar coches y salir ileso…

Todo esto pasa en escasas décimas de segundo y se me está haciendo eterno.
Todo por coger el coche sin carnet, sin saber conducir, además de un desvío equivocado y no fijarme en la señal de prohibido.

¿Dónde está Nico Abad para estamparse contra él cuando se le necesita?




Milagrosamente, como tantas cosas en mi vida, me veo de repente cogiendo una salida a la carretera y aparcando correctamente en un hueco a la puerta de un bar. Esos bares que siempre han estado ahí cuando se les necesitaban, vuelven a salvarme el cuello. Las señales indican que debo tomarme unos buenos whiskies para calmarme y celebrar aquello, en el caso de que hubiera algo que celebrar, que siempre lo hay cuando el alcoholismo está llamando a tu puerta con insistencia.

Como no todo podía ser perfecto, a las tres o cuatro rondas, empiezo a cansarme de esperar a que me sirvan. Son cosas que me cabrean hasta en momentos como aquel. Unas buenas tetas detrás de la barra de un bar no siempre justifican un mal servicio. 


- ¡Perdona! ¿Me pones otra? Grité por enésima vez a esas tetas que tiraban de aquella camarera tan poco eficiente.
- Lo siento, vamos a cerrar.
- ¿Ya? ¿Y ahora donde voy? No puedo conducir así. Además no tengo carnet...
- Tranquilo, cierro y te quedas conmigo, que tengo algo que darte.


Todo el porno acumulado en mi cabeza durante tantos años empieza a darme información sobre lo que podían significar aquellas palabras. Normalmente, aunque tengo al porno en lo altares de mis mayores afectos y lo considero parte esencial de mi formación como persona, he de reconocer que su visión de la vida y de los comportamientos humanos, difiere ligeramente de lo que he ido viviendo yo. Aún así, siempre era el primero en reaccionar cuando de analizar comportamientos de personas atractivas a mi lado se trataba. 


- Toma -me dice mientras me entrega un sobre.
- ¿Qué es esto?
- Una de las cartas que se cayó de tu cama esta mañana al despertar.
- ¿Cómo?
- Léela...

Más asustado que sorprendido, abro el sobre nervioso y veo que era una carta de ella. Aquella letra era inconfundible. Antes de empezar a leer pasaron por mi cabeza unos cuantos conceptos acerca de los carnets de conducir, el amor, y las inevitables enseñanzas del porno.


"Hola amor:

Hace tiempo empecé a escribir una novela. Escribía lenta y pausadamente en mis ratos libres, sin que aquello pareciera avanzar mucho. Pero lo hacía. Voy por el tercer capítulo. La novela salía de mí y la escribía de dentro a afuera. Hoy está empezando a escribirse de fuera a adentro. Empecé a escribir una novela hace tiempo. Una novela para sacar lo que tengo dentro. Hoy estoy escribiendo una novela porque tengo ganas de leerla. Para ver qué me dice. Estaba dentro de mí. Ya está fuera. Estoy escribiendo una novela para leerla. Me está quedando muy bonita.

Besos."


Supongo que puse una cara de estupor tan evidentemente que aquellas sorprendentes tetas que llevaban a la camarera que me había dado la carta, se movieron para que una boca pudiera decir:

- ¿Y bien? ¿Algún problema? ¿Buenas noticias?
- No sé, la verdad... Supongo que me tienes que explicar algunas cosas porque...
- ¿De lo que pone en la carta? No la he leído, ¿Por quién me tomas?
- No, no... De todo lo demás: De cómo he llegado hasta aquí, de por qué tienes tú esta carta, por qué me la has dado, por qué sabes que hay cartas en mi cama desde esta mañana, cómo pueden ser tan maravillosas tus tetas.

Sonríe. Seguramente porque lo último no lo he dicho en alto aunque también me tenga bastante atolondrado. Es como aquello de que todo es tan y tan extraño y te sobrepasa tanto, que empiezas a dar importancia a lo que menos lo tiene. Aunque esas tetas eran bastante importantes. Mucho.

- ¿No te han enseñado que hay cosas que es mejor no saberlas porque rompen la magia?
- ¿Todavía crees en la magia?
- ¿Tú no?
- Yo sólo sé que he tenido un sueño rarísimo hoy con Catherine Deneuve en el queme despertaba a gritos como si fuera una choni cualquiera... 
- ¿Quién es Catherine Deneuve?
- Da igual, creo que estoy perdiendo el romanticismo y estoy muy preocupado.
- ¿No te preocupa más lo del carnet de conducir, tu aventura automovilística, la carta, mis tetas?




Asumiendo que lo de las tetas no lo había dicho y que era una jugada del porno acumulado en mi cabeza, contesto lo mejor que pude, intentando no ser grosero:

- Me preocupa que hay alguien que lleva mucho tiempo esperándome.
- ¿La Caterin esa?
- (Suspiro de resignación) No, la otra...
- ¿Me estoy perdiendo? ¿De quién hablas?
- Del romanticismo.
- Eso me gusta... Voy a cerrar; te llevo a algún sitio si me dices algo romántico... 
- A los clics de famobil cuando le quitabas el pelo tenían la cabeza hueca.


Pasó el día.
Y la noche sin poder dormir.
No recuerdo si nos besamos o no. Ni he vuelto a ver sus tetas. Pero la carta la tengo bien guardada junto con el resguardo del pago de la inscripción a la autoescuela. Ahora sólo espero que tu novela sea tan bonita como tú...




*
Es probable que nadie se lo plantee, pero en los últimos tiempos no hacemos más que sorprendernos con las lectoras y los lectores de cabezadeavestruz, y por si acaso avisamos para no caer en la tentación de ser traidoras: El que el título del relato incluya lo de “Segunda Parte” no implica que exista una (lógica por otra parte) “Primera Parte”, o sea que no que se vuelvan locas y locos rebuscando en el archivo del blog. Lo de poner “Segunda Parte” en el título podría indicar que hemos hecho algo tipo la saga de “Star Wars” y en un tiempo escribir y sacar las precuelas de todo esto. Pero no aspiramos a tener el éxito ni la demanda de la trilogía inicial (que luego resultó ser posterior) de “Star Wars”, ni nos acercaremos de cerca. Ni siquiera a la Trilogía de Chiquito de la Calzada. Bueno, aspirar, como diría Calamaro, aspiramos a seguir aspirando, que ya es bastante, pero esto no es el caso y nos estamos desviando (Y no estamos hablando de nuestros tabiques). El poner “Segunda Parte” en el título de esta entrada de cabezadeavestruz responde a un toque tramposo más de los que nos estamos haciendo adictas, como lo de que la parte femenina del blog escriba como personajes masculinos y viceversa, sabiendo que a nadie le importa un comino. Probablemente, la próxima entrega debamos titularla “La importancia de un comino: El retorno”

Nuestras sinceras disculpas por todo esto y el consabido agradecimiento por encontrarlos ahí una vez más.


PD: La Trilogía de Chiquito de la Calzada (“Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera”, “Brácula: Condemor II” y “Papá Piquillo”) nos parece una genialidad nunca bien valorada, por si alguien puede deducir lo contrario por lo escrito.



B.S.O.: Soy un macarra (Los Ilegales)



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