jueves, 5 de julio de 2012

La historia breve de lo que ocurrió después de aquel día en el que se convenció de que masturbarse tanto era pecado y malo para su salud





Esta es una historia común. Esta es la historia de una persona normal, aunque ninguno sepamos qué demonios significa ser una persona normal.

Tenía dos piernas, dos ojos, dos orejas, dos brazos, dos manos. Y un solo miembro viril. Y entiéndase por miembro viril, aquello que se presenta más o menos majestuoso o independiente por encima de algo que también tenía en número par: dos testículos.

Esta es una historia común. La historia de una persona que se masturbaba como todas las personas que protagonizan historias comunes. ¿Os habéis parado a pensar alguna vez en ello? ¿Habéis mirado a vuestro alrededor en el vagón de metro, en la sala de espera del médico, mientras aguardáis para pagar en una caja del Mercadona o en cualquier otro sitio de vuestro día a día, que todos y todas que os rodean se masturban como vosotros? ¿Sois capaces de vivir con esa imagen en la cabeza? 

Probad a hacerlo: La señora de mediana edad, el joven adolescente de incipiente bigote mal disimulado, el obrero de mono azul, ese presentador de televisión que te está dando las noticias vestido con traje y corbata, la cajera del Mercadona… Todas y todos.

Esta es una historia común que pasó a ser extraordinaria. 






Es la historia de un tipo que llegó a comprender que se masturbaba excesivamente. ¿Cuánto es masturbarse excesivamente? Todos nos lo hemos preguntado alguna vez en la vida pero nadie tiene la respuesta correcta. Pero él se masturbaba desmesuradamente. A todas horas, en todo momento, en todo lugar. 

¿Es eso excesivo?

Sus amigos le dijeron que sí. Que tenía que moderar la frecuencia. Que la masturbación no es mala, y todos lo hacían, pero no tanto y que probablemente tendría consecuencias, una vez que decidió consultarle a sus amigos sobre ello.

El médico le dijo que sí. Que tenía que moderar la frecuencia. Que la masturbación no es mala per se, pero sí lo es si llega a inundar su vida de la manera que lo estaba haciendo y que probablemente tendría consecuencias físicas más allá de las psicológicas que ya tenía, una vez que decidió ir a un médico a consultar sobre ello.

El párroco le dijo que sí. Que tenía que eliminar la práctica. Que la masturbación es mala per se, y que si llega a inundar su vida de la manera que lo estaba haciendo probablemente tendría consecuencias físicas más allá de las psicológicas que ya tenía, que ardería en el infierno sin remisión, algo por lo que debía haberse preocupado una vez que decidió ir a un párroco a consultar sobre ello.

El psicólogo le dijo que sí. Que tenía que moderar la frecuencia. Que la masturbación es una práctica habitual y necesaria del ser humano, pero si llega a inundar su vida de la manera que lo estaba haciendo, probablemente tendría consecuencias físicas más allá de las psicológicas que ya tenía, una vez que decidió ir a un psicólogo a consultar sobre ello.

Por supuesto, después de cada consulta, se volvía a casa corriendo a hacerse una paja. No hay nada que le ayudara más a no pensar que eso. Y verse en el abismo de caer en el infierno, en la calvicie, en la sequedad de su médula espinal, en su aislamiento social, y de todo a la vez, le hacía pensar con miedo.

Esta era una historia extraordinaria. La historia de un tipo que no pensaba porque cada vez que iba a hacerlo se masturbaba para no caer en ello.

De tanto no pensar y de tanto masturbarse ora por no pensar, ora por ganas, ora por necesidad, ora por vicio, ora por rutina, ora por pensar en ello, descubrió que el instante pseudodepresivo posterior a cada paja se estaba intensificando de manera brutal hasta llegar a la categoría de tristeza post coitum. Y la tristeza postcoitum inundó su vida.

Y cuando la tristeza post coitum inunda tanto tu vida que hasta te planteas si merece la pena el pre coitum o el coitum en sí, y simplemente eres una persona que se masturba excesivamente (Se lo habían dicho el párroco, sus amigos, el médico y el psicólogo) la cosa empieza a estar muy jodida.

Ese es el día anterior a que esto (Que es una historia común) cambiara radicalmente. El día anterior, porque, evidentemente, decidió dedicarse un último día en exclusiva a él y a lo que más le gustaba del mundo: Masturbarse.

Sería como el último pico de un yonki, pero en cantidades de sobredosis para una matar a una comuna de heroinómanos de Las Barranquillas.

Y pasado el día, la historia que era común, pasó a ser extraordinaria. Y se despertó con ganas de masturbarse pero decidido a no hacerlo. Y pasaron los segundos a ritmo de horas, y las horas a ritmo de días, y no pasaron los días porque toda esta historia que de ser común pasó a ser extraordinaria se desató antes de que volviera a ponerse el sol.

El no masturbarse, por encima de millones de consecuencias que sería muy aburrido de explicar aquí, trajo consigo una realidad nunca antes prevista. El no masturbarse le hizo no tener las manos ocupadas. Sobre todo la derecha, su gran amor y cómplice a la que eventualmente era infiel con la misteriosa y poco conocida izquierda. Unas manos, sobre todo la derecha, huérfanas de miembro viril y de actividad que empezaron a sufrir un síndrome de abstinencia si cabe superior al que estaba mal llevando su dueño.

Ese dueño que empezó a escribir lo que sería la historia extraordinaria de un tipo de lo más normal que estaba inmerso en una historia completamente normal.

Ese dueño que no podía controlar sus manos, sobre todo la derecha, porque bastante tenía con controlar un cuerpo y una mente poco acostumbrados a estar ociosos, y que vio como sus manos, sobre todo la derecha, desamparadas de polla que masturbar, buscaron algo en qué entretenerse.

Y rebuscando en el arsenal de revistas, películas y utensilios destinados a la masturbación de su dueño, encontraron lo que siempre se suele encontrar en un arsenal: Armas de fuego.

Cogieron la más grande, acaso por el complejo de tantos años agarrando un miembro viril de tamaño medio tirando a bajo, la cargaron y llevaron a tirones a su dueño al balcón.

Y de aquella historia común, de aquella historia de una persona normal, surgió la mayor masacre que nunca se produjo en aquella ciudad. Empezaron a disparar a todo lo que se movía cerca. Aniquilaron a cuanta persona tuvo la mala suerte de pasar cerca de aquel balcón ese día. Ajusticiaron sin miramientos a toda la gente que andaba por allí. Mejor suerte hubieran corrido de haber estado masturbándose y no paseando por la calle...




La prensa, como de costumbre, se llenó de titulares impactantes por lo extraño del caso. Todo el vecindario habló de lo normal que era el chico, que siempre saludaba, que parecía un tipo majo, que no se lo podían explicar...

Nadie encontraba explicación a lo ocurrido.

Y todos los que hablaron con la prensa, todos los que habían estado cerca de aquel hombre que vivía una historia normal y que asesinó desde su balcón a todo lo que pasó por allí esa tarde, se volvieron a sus casas en silencio y se masturbaron.

Y lo que era una historia extraordinaria en un barrio hasta entonces tranquilo, pasó a ser una masturbación colectiva, oculta de puertas para dentro, de personas normales que siempre saludan cuando te cruzas con ellas en el portal…




B.S.O.: "Qué bien me lo paso" (Los Enemigos)






martes, 26 de junio de 2012

Me aterra pensar que Elisabeth Shue pueda estar ahora colgando fotos de gatitos en Instagram



¿Recuerdas el verano aquel? Era como este, pero sólo hacía calor normal, no como dicen de este que bate records ahora. O éramos niños y no nos importaba tanto porque te encantaba provocar que te hiciera aguadillas en la piscina.

No era fresco aquel verano. 



No era fresco, pero para nosotros, que éramos niños y disfrutábamos de la piscina y de la inocencia de los días sin clase, no tenía nada que ver con este que está invadido por el pesimismo existencial del infierno de los termómetros desbocados.

Por aquel entonces, alguien de nuestro entorno la conoció. ¿Se tiene entorno cuando se es niño? Lo cierto es que alguien nos habló de ella. Era la novia de Karate Kid. ¿Qué era Kárate Kid? Nadie sabía como se llamaba, pero ya existía. No sé si para nosotros, que éramos niños que jugaban inocentemente en la piscina, pero existía. Pero en nuestro entorno ¿Hay entorno cuando se es feliz en una piscina haciéndose aguadillas? Había gente mayor que la descubrió. 




Años después, otro verano aún más caluroso, la conocimos un poco más. Era un verano con unas temperaturas peores que las del verano cuando apareció la novia de Karate Kid, pero aun así era mejor que este que vivimos ahora que, según parece, es el peor de la historia. 

Aquel verano ya no nos metíamos tanto juntos en la piscina. 

Empecé a sospechar que no te apetecía igual que antes provocarme para que te hiciera aguadillas. Y tú hablabas de Tom Cruise. Y yo, no sé si por despecho por no provocarme para que te hiciera aguadillas o porque ese verano hacía mas calor que en el que apareció la novia de Karate Kid pero menos que en este infernal que estamos viviendo hoy, desprecié al chico de las bebidas y descubrí a una chica con la que jugaba en el agua, aunque no le provocara que le hiciera aguadillas. No sabía su nombre, aunque sí el de Tom Cruise (y bien que lo supe tiempo después) pero la amé sin saberlo, aunque meses después no la recordara y descubriera que me fijé en ella simplemente por despecho a ese Tom Cruise al cual consideraba culpable de que ya no quisieras provocarme para hacerte aguadillas en la piscina. 

Cuando tú tenías ojos sólo para Tom Cruise, yo la miraba en Cocktail jugando en el agua, y luego la olvidé.

Luego llegó con ganas de Regreso al Futuro cuando yo ya sólo miraba al pasado. 

Cuando mi mente estaba en las temperaturas de aquel verano en el que me provocabas para que te hiciera aguadillas. Y allí estaba ella, en esos veranos que eran mucho peores a aquel primero, aunque mejores que este invadido por el aire subsahariano, y jugaba con Michael J. Fox en la segunda y la tercera parte de una trilogía de un Regreso al Futuro que evocaba a mi pasado provocado por ti, por tu deseo de ser presa de mis aguadillas.


Hasta que pasó lo que siempre pasa: 

Todo empieza en una copa. 
Todo comienza con el alcohol... 






Y dejé por fin de pensar en las aguadillas y me sumergí en mi vida disoluta hasta conocerla guiando al memo de Nicolas Cage en su viaje a la autodestrucción en la mágica e inevitable Las Vegas.

Y ahí te encontré por fin: SERA. La prostituta más bella que conocí jamás. La meretriz más comprensiva que nunca existió. La compañera de caída más comprensiva que pueda aparecer tras unos billetes sin importancia.

Busqué en mis bolsillos algo con lo que traerte a mi lado. Maldije el día en el que supe dónde estaba Las Vegas y lo difícil que podría ser llegar a ti. Desesperé de angustia al saber que nunca podría beber hasta la muerte porque nunca estarías a mi lado.

SERA





Estos días se subasta España para que un tal Sheldon Adelson construya por aquí Eurovegas. Todos ponen el grito en el cielo porque se le pone una alfombra roja a alguien para que traiga juego y vicio a costa de lo que sea, haya que modificar las leyes que haya que cambiar o quitar.

Yo no lo recibiré. No tiene mi apoyo. Sé que no podrá traerme a SERA.

Sabiendo que SERA no existe. 

Como no existe aquel verano que era como este, pero sólo hacía calor normal, no como dicen de este que bate records ahora. 

Como no existe la piscina en la que te encantaba provocar que te hiciera aguadillas en la piscina.

Como no existes tú.

Hubiera preferido que nunca hubiera existido Nicolas Cage, pero no soy yo quién decide las cosas. Ni siquiera cuando hacía aguadillas bajo provocaciones de Elisabeth Shue.

Ahora tengo miedo de que todo esto sea MENTIRA. 

Que Las Vegas sean un lugar utópico donde nadie ha estado jamás. Que el niño del Kárate regrese al futuro para tomarse unas cockteles con alguien desconocido y que ese no seas tú porque no eres más que un recuerdo tramposo, de algo no vivido.


¿Recuerdas aquel verano? 

Dicen en todos los informativos que este que estamos empezando a vivir es peor que nunca. 

Quizás no existan los informativos o sean MENTIRA. 

Yo sólo sé que Elisabeth Shue si existió. Al menos en mi cabeza. Como todo esto que te cuento.



Y lo peor de todo, es que estoy aterrado porque pienso que Elisabeth Shue puede estar ahora colgando fotos de gatitos en Instagram...




miércoles, 20 de junio de 2012

Planté las semillas que me diste y han florecido alcachofas moradas no comestibles





“No inventamos nada, creemos inventar cuando en realidad nos limitamos a balbucear la lección, los restos de unos deberes escolares aprendidos y olvidados, la vida sin lágrimas, tal y como la lloramos.
 Y a la mierda.” 
(“Molloy”, Beckett)






...Y sin embargo, seguimos besándonos. 
Como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.
Las lágrimas se mezclaban con la saliva.
Nos dio igual por un rato. 
Más tarde nos resultó desagradable.


...Y empezamos a llorar más fuerte.
Y nuestras lágrimas se mezclaron entre ellas, como acostumbramos a mezclar nuestra saliva a nuestro antojo.








Pensamos que quizás deberíamos follar para mezclar más fluidos y que no fueran sólo las lágrimas o la saliva.


...Y follamos mientras llorábamos cada vez más. 
Y nuestro sabor se hizo cada vez más insoportable.
Y sin embargo, dejamos de besarnos. Como se paran las cosas que no tienen mucho sentido.


Pero tampoco tienen sentido las alcachofas moradas, ni que me regales semillas en lugar de un buen libro, una película o un disco.


Y todo se reduce a que estoy, exactamente, donde quiero estar...


Besos





B.S.O.: Strawerry fields forever (The Beatles)


lunes, 18 de junio de 2012

Anticrónicas de Conciertos en lasgafasdemike.com: La Barbie vuelve y no se llamaba Lola



Simplemente, a modo informativo, les informamos que la Barbie volvió a salir de conciertos, pasó por el Festival Territorios de Sevilla, y los amigos de Las Gafas de Mike tuvieron a bien dejar constancia de ello.




Previamente, 29 razones nos dieron Los Suaves para pensar que no se llamaba Lola, con profusión de maravillosas instantáneas de Maese Cámara, que también va dejando su obra en una cuenta de flickr por si tienen a bien deleitarse con ella.

Los Suaves en La Riviera (FOTO: Álvaro Hernández)




¡Salud y buenos alimentos!

viernes, 15 de junio de 2012

Escritos con (sin) dedicatoria



Hace algún tiempo empecé a escribirTE una novela. Creía que era lo que esperabas de MÍ. Lo hacía en los ratos muertos que el trabajo de enterrador me dejaba al cabo del día, o en los momentos de lucidez que aportaba mi otra ocupación como camello de estrellas del rock.

La gente dejó de morirse por la crisis y el rock se fue al carajo con la llegada de la incultura a las escuelas e institutos.

Empecé a enterrarme drogado para no mirar en qué se estaba transformando todo y escribía a la luz de un candil encerrado en panteones deshabitados rodeado de dosis de ilegalidad química. 

Decidí que la novela llenaría mi vida y dejé mis ratos libres para enterrar y drogar a iconos musicales. Me empezó a ir bien y me gustaba lo que escribía, aunque no supiera bien qué era.

Cuando volví a darme cuenta de que la novela la estaba escribiendo para TI, ya era demasiado tarde. ME estaba quedando preciosa y no recordaba qué es lo que esperabas de MÍ.



Catorce capítulos después aún me pregunto qué estoy escribiendo y qué es lo que esperabas de MÍ.

Ahora mismo la estoy escribiendo para MÍ. Quiero saber cómo acaba. Estoy escribiendo una novela para saber cómo es la novela que estoy escribiendo.

Quizás TE guste, pero no es para TI.

Bajo tierra y con las percepciones alteradas me di cuenta de que todo lo que quería escribir estaba dentro de MÍ, pero tanto giro del destino lo sacó fuera. Estaba escribiendo una novela que era una parte de MÍ para TI y ahora quiero regalármela.

Pasaron los días y quien me distribuía la droga desapareció en un oscuro cementerio. Enterré mis anhelos y los anestesié con nuevas sustancias que sacaron tras tu lápida todos mis deseos.

TE lancé mis palabras rodeadas de espacios y signos de puntuación para que te enamoraras de MÍ y acabé combinándolos en párrafos para conseguir los capítulos que dieran a luz la novela que YO quería leer.

Estoy deseando leerla, aunque ya no TE importe. 

Aunque ya sepa cómo acaba…


PD: Estas líneas van dedicadas a (MÍ) TI, no son (TUYAS) MÍAS...

lunes, 11 de junio de 2012

Fotos que me hubiera gustado hacer a mí (Volumen 8): La huida



"La huida no ha llevado a nadie a ningún sitio"
(Antoine de Saint-Exupéry)



(FOTO: REUTERS)



Y no soportas la presión.
Y sales corriendo.
Y saltas al vacío.
Y recuerdas que nunca habías tenido red para soportar tu caída.


Pero no te preocupa:


Porque nunca has querido tener red (te parece de cobardes).
Porque al vacío que saltas parece estar más lleno que del que huyes.
Porque no corres nunca.
Porque la presión es para los que no saben.


¿Dónde vas?
A ningún sitio
¿De qué huyes?
De mí 
Entonces, ¿Dónde vas?
A ningún sitio, me voy de mí
Eso es imposible
No lo es
Yo nunca he querido huir de mí, pero tampoco creo que pudiera
Tú nunca has estado en ti, si no, creeme, huirías más despavorido de lo que lo estoy haciendo yo
¿Tú huirías de mí?
Es lo que estoy haciendo. Huir de mí, para dejarte a ti en el olvido
Pero si estoy en el olvido, siempre mirarás atrás y sabrás que estoy en algún sitio
Procuraré no mirar demasiado
Los coches se inventaron con retrovisores por algo
¿Me estás comparando con un coche?
No, estoy viendo cómo te alejas y no tengo gasolina para seguirte
Tú tampoco eres un coche
Hay muchas cosas que no soy
Por eso me alejo
Pero, te alejas de ti
Es lo que me pasa al huir de ti


Hubo un intento de beso desesperado. Juntar mis labios con los suyos como tantas veces. Acoplando nuestra pasión para compartirla en nuestras bocas. Pero hubo un rechazo.


No me beses
¿Por qué?
Porque si me besas NADA tendrá sentido
Si te beso TODO tendrá sentido
Esa es mi NADA. De esa NADA huyo
Esa es tu TODO


Y saltó al vacío.

Creí conveniente no agarrarla. No sé qué fue de ella. Yo no he huido de mí mismo.

Y eso hace que siga aquí, SIEMPRE…



B.S.O.: La Huida (Sidonie)

martes, 5 de junio de 2012

Cuando queríamos ser Johnny Deep…





"Para mí, lo más importante acerca de la vida en este planeta es saber quién diablos eres y ser real al respecto. Esa es la razón por la que todavía estoy vivo"
 (Keith Richards)





Se retiró a los Estudios de Grabación en aquella pequeña isla del Caribe. Un pequeño lujo sólo al alcance de los más grandes. Se lo había ganado a pulso. Años y años pateándose los antros más infectos conviviendo con el público menos agradecido que se puede llegar a encontrar, dieron paso a una época mejor que progresiva y sorpresivamente (para el gran público, no para quienes la conocemos) la llevó al estrellato.

Ahí se vino todo abajo.  

Lo tenía todo a su disposición. El mundo a sus pies. La crítica la ensalzaba y el público masivamente la adoraba. Reventó. No pudo soportarlo. Desapareció del mapa. Pero no podía vivir sin componer. Lo llevaba en la sangre. Era una droga que sabía que tarde o temprano la mataría, pero que no podía (ni quería) evitar tomarla.

Tras una misteriosa desaparición de casi dos años en la que no se supo nada de ella (Muerta por las drogas, arruinada por su adicción al juego, víctima de unos desamores interesados o mil millones de diferentes y escabrosas versiones se dijo entonces) apareció en una foto de un paparazzi que andaba de vacaciones por aquella pequeña y poco transitada isla caribeña.

Era ella, sin duda alguna. Aparecía en la foto en una playa semidesierta, sola y enfrascada en la lectura de un libro.

Tras analizar detenidamente la foto y aplicarle varios zooms con las técnicas más modernas, se filtra al mundo que el libro que lee es “Sobre lo espiritual en el arte” de Kandinsky.

La elección de ese libro, su postura en la butaca, la orientación de su cuerpo hacia el mar y el sol, la soledad de su figura, el color de su bikini… Todo fue analizado hasta la saciedad para crear teorías sobre su ausencia en los últimos tiempos, y su presencia y reaparición (no planeada) en las noticias del mundo entero y en los foros de admiradores de todas partes.

Incluso se filtró una canción. Alguien robó un máster del estudio de grabación en aquella pequeña isla del Caribe y la vendió a la prensa. Vivió mucho tiempo aterrada con la posibilidad de ver algún video o foto suya comprometida por ahí. Eran muchas las personas en las que había confiado en su vida, y alguna de ellas (más de las debidas) tenía pruebas en foto o video de sus tórridos encuentros. Pero aquello le dolió mucho más. Se filtró una de sus últimas creaciones.


"Quiero ser Johnny Deep
Quiero verte sonreír
Sentir que me deseas
Amarte como creas
Y dejarte morir..."


Ahí empecé a hilar toda la historia. Sería muy complicado explicar cuán importante era para mí que en aquella canción saliera el nombre de Johnny Deep. Resultaría largo y tedioso contarles porqué aquello tenía todo el sentido del mundo. Sólo les explicaré que en nuestros últimos encuentros, durante mucho tiempo, nos referíamos a los buenos tiempos, a nuestros tiempos,  diciendo aquello de “cuando queríamos ser Johnny Deep”.

“Cuando queríamos ser Johnny Deep” yo estaba convencida de que ella triunfaría tarde o temprano y que se olvidaría de mi. Ella estaba encantada pensando que estaba destinada a triunfar tarde o temprano y que sería yo la que la olvidaría a ella, o me apartaría sin más. Ni el éxito ni nada por el estilo nos separó, fuimos nosotras mismas las que olvidamos el tiempo aquel “cuando queríamos ser Johnny Deep”.

Lo comprendí todo, creo, mejor que nadie. Evidentemente seguí el asunto con un angustioso y morboso interés digno de cualquier maruja que compra revistas del corazón pero dice que tampoco le interesa demasiado.
Lo último que se supo de ella fue un extraño reportaje en aquella revista musical que tanto le gustaba. Fue el único medio que tuvo acceso consentido a ella, porque ella así lo quiso. Y el entrevistador, con ínfulas de grandeza y aspiraciones de Pulitzer hizo un trabajo muy alejado de lo que, seguramente, ella hubiera querido:








Revista “Musical Star”. Edición Norteamericana, número 721, Marzo del 2012, página 12 (Extracto):

- Entrevistador: Dicen que tu carrera es como una montaña rusa y que eres multidisciplinar y muy inquieta. ¿Qué podemos esperar de ti en el futuro más lejano? ¿Qué quieres ser de mayor?

El silencio se hace en aquella cafetería del hall del Hotel donde realizamos la entrevista. Nuestra misteriosa, y hasta ahora, desaparecida amiga resopla resignada. Parece que va a salir con uno de sus temibles exabruptos que tanto nos dan que hablar a los periodistas, pero sube la mirada, con una humildad impropia de una estrella de su magnitud, con cierto dolor incluso y me dice, muy tiernamente:

- Ella: ¿Me guardas un secreto? Lo único que me pido a mí misma, porque a la vida no le puedo pedir nada que yo no pueda darme, es nunca llegar a ser esa señora de unos sesenta años a quien la vida parece haberle pasado por encima y que me dé cuenta de ello. Sólo pido eso, nada más. Lo demás tendrá sentido si yo lo siento bien.




Dijo su agente tiempo después de que todo acabara, seguramente esperando alguna oferta por la biografía que estaba escribiendo, queriendo demostrar que sabía más que nadie sobre ella, que el día que salió publicado aquello se enfadó con la revista, con el entrevistador y, sobre todo, consigo misma. Una vez más había confundido una confidencia, un coqueteo, una amabilidad, con algo que no era…

Contaba que cuando conoció a Keith Richards, uno de los puntos más álgidos de su carrera, escuchó de su boca que nunca se fiara absolutamente de nadie, y menos si le mostraban admiración o la adulaban desmesuradamente. Le explicó que ser Keith Richards es mucho más de lo que la gente le demuestra a Keith Richards y mucho menos de lo que quieren hacer creer a Keith Richards. 

Yo nunca creí la historia de que conoció a Keith Richards. Pienso que fue la única mentira que me contó en su vida. Pero siempre me encantó la manera en la que imitaba a Keith Richards diciéndole “no te fíes nunca de nadie, ni siquiera de mí… Sobre todo de mí”, aunque supiera que era una invención más.

Una creación como tantas otras. 

Maravillosa.




A partir de ahí, la historia se definirá y concretará en el homenaje que le dan este mes en el Madison Square Garden. Se rumorea que Johnny Deep será el maestro de ceremonias. 

Sé que nunca se conocieron. Pero yo, que sorprendentemente estoy invitada, también sé qué significaban aquellas manos entrelazadas “cuando queríamos ser Johnny Deep”…

Cuando todo esto pase, será el momento de hacer balance, de volver a escuchar sus canciones, de rebuscar en su obra honrando su memoria. De agradecer a quien corresponda, la suerte de haberla conocido y haber estado cerca en sus mejores tiempos.

Hoy sólo me queda el consuelo de lo que fuimos. 

Y me disculparán ahora. Les prometo que algún día contaré toda la verdad de aquellos días “cuando queríamos ser Johnny Deep”…


B.S.O.: Wild Horses (por Keith Richards y amigos)



miércoles, 30 de mayo de 2012

La chica triste que no tuvo una bici BH cuando era pequeña



B.S.O.: Bicycle Race (Queen)



Yo conocía a la chica triste que no tuvo una bici BH cuando era pequeña. Era una chica triste que de mayor quiso olvidar que no podía volver a ser pequeña. 

En lugar de aquella bici BH que siempre quiso, le regalaron un botón rojo con el que apagar el mundo cuando quisiera. Cuando fue una niña alegre, antes de ser la chica triste que no tuvo una bici BH cuando era pequeña, no sabía para qué valdría un botón rojo con el que apagar en mundo cuando quisiera.

Creció con el botón rojo en el bolsillo de su vestido sin acordarse más que de lo triste que le parecía crecer sin haber tenido una bici BH cuando fue pequeña.

El día que nos conocimos yo jugueteaba con un reloj calculadora al que le faltaba el número 7 y la función multiplicadora. Me preguntó qué hacía y no supe qué contestar. Me preguntó si yo había tenido una bici BH de pequeña y le dije que no recordaba. 

Se fue apenada porque creyó que era peor no recordar si se ha tenido una bici BH de pequeña que no haberla tenido. Y se indignó porque no dejé de mirar mi reloj calculadora al que le faltaba el número 7 y la función multiplicadora en todo nuestro primer encuentro.




Años después me confesó que aquel fue mi primer y mi peor error. Que no merecía haber tenido una bici BH de pequeña, aunque no lo recordara, y que mi reloj calculadora al que le faltaba el número 7 y la función multiplicadora, se había vuelto a poner de moda.

Le pregunté si había tenido algún reloj calculadora cuando era pequeña y quería tener una bici BH y me confesó que no recordaba bien. Que lo único que se trajo de la infancia fue el botón rojo que siempre llevaba encima.

Quise saber para qué servía, si le faltaba el número 7 y la función multiplicadora, o si destruiría el mundo con él por no haber tenido una bici BH cuando era pequeña. 

Me dijo que si era imbécil.

Cuando era una niña alegre creía que el mundo nunca habría que apagarlo. Aunque ahora fuera esa la chica triste que no tuvo una bici BH cuando era pequeña.

Años después me volvió a preguntar si yo había tenido una bici BH de pequeña y le volví a decir que no recordaba. Me preguntó qué había sido de mi reloj calculadora al que le faltaba el número 7 y la función multiplicadora y le confesé que lo había vendido en E-Bay para comprarme un botón rojo como el suyo. Asustada se preguntó para que valía mi botón rojo y no supe qué responder.

Me volvió a decir que si era imbécil.

La última vez que nos vimos me felicitó las fiestas aunque estábamos en verano. Me volvió a preguntar si yo había tenido una bici BH de pequeña y le volví a decir que no recordaba. Me preguntó si había averiguado para qué servía el botón rojo que había comprado con lo que saqué de vender por E-Bay mi reloj calculadora al que le faltaba el número 7 y la función multiplicadora y le confesé que no me había atrevido a averiguarlo.

Me dijo por última vez que si era imbécil mientras me felicitaba las fiestas nuevamente como despedida.

Me fui pensando en lo extraño que era que una persona como aquella siempre dijera Feliz Navidad y cosas por el estilo en pleno verano viviendo en el Hemisferio Norte.

Lo último que supe de la chica triste que no tuvo una bici BH cuando era pequeña fue que la encerraron en un centro psiquiátrico porque dedicó el último verano a amenazar a todo el que se cruzaba con pulsar un botón rojo que paraba el mundo si no le felicitaban las navidades.

Era una chica triste que de mayor quiso olvidar que no podía volver a ser pequeña. 

Nunca apretó el botón. 

Yo tampoco me he atrevido a hacerlo y no recuerdo si tuve una bici BH cuando era pequeña.

Todavía…

¡Feliz Navidad!






viernes, 25 de mayo de 2012

Microrrelatos Sin Pudor (Volumen 25): El Ascensor



Me senté en el sofá tras una dura jornada de trabajo. Esto no puede seguir así –me dije enfadado.

Pensé en construir un ascensor que cubriera el trayecto de mi entrepierna a mi cerebro. Comencé a diseñar los planos. Dudé si sería más necesaria una parada en mi corazón o una en mi hígado. 



Me quedé dormido mientras en la tele, esa pareja que no conocía se besaban apasionadamente en el ascensor de un gran hotel de un sitio que bien podría ser Las Vegas.

Cuando desperté a la mañana siguiente el ascensor ya estaba allí.

No me atrevo a usarlo: Se mezcla mi claustrofobia con la incertidumbre del recorrido. 



miércoles, 23 de mayo de 2012

La fidelidad de las fans y otras cuitas contemporáneas (Historia basada en hechos reales al estilo de los telefilmes vespertinos de fin de semana en Antena 3)



¿Conocen la típica historia del cantante que se hace famoso pero que sigue siendo majísimo con sus fans y las trata de maravilla y las invita a sus conciertos y son sus amigas porque estuvieron ahí desde que empezó y ahora, a pesar de que es un artista planetario, sigue teniéndolas en cuenta porque es un tío de lo más normal y el éxito no le puede cambiar? ¿La conocen? Pues vamos a desvelarles algo: Es FALSA.

No existe ninguna prueba empírica de que esto sea así. No hay ni un solo artista de éxito planetario que siga tratando igual a sus fans. Pero, lejos de la teoría de que el éxito se sube a la cabeza, lejos de la idea de que se endiosan cuando triunfan, lo que realmente cambia son los fans. Es una realidad científica y muchos estudios de prestigiosas universidades lo pueden demostrar. Y si no se fían de esos estudios tan estúpidos, hágannos caso. Aquí nunca (casi) mentimos. Al menos, no mentimos avalados por ningún estudio, ni por ninguna chorra-encuesta. Aquí rescatamos textos, o ponemos palabras a las vivencias propias y ajenas, y nos basamos en cualquier cosa para avalar nuestras ideas (aunque no las conozcamos) y que parezcan verosímiles. 

Siguiendo la costumbre de la casa, y sin dejar de mirar de reojo la carrera de tantos y tantos admiradísimos artistas que se quedaron en el camino por no gestionar correctamente el trato con sus fans, les transcribimos a continuación, apropiándonos de las palabras ya escritas en un diario de gira de un artista planetario que ha sido comprado por la Fundación de Amigos del Síndrome de Diógenes de cabezadeavestruz. Algo que ilustra lo que intentamos decir y que iluminará sin duda su percepción sobre un tema tan poco tratado como de vital importancia para el progreso de la humanidad.




DIARIO DE GIRA: Día 25 

La venta de entradas no ha ido bien. Salir al Reino Unido parece ahora mismo un error de bulto. Una de esas cosas que haces o dices cuando vas lanzado que puede acabar sepultándote por siempre. Como el precoz “te quiero”, como el tardío “me gustas”, como el intento de beso previo a que te hagan la cobra, como tantas otras cosas. 

Me dejé fascinar una vez más. Dejé de escuchar a los demás y sólo hice caso a sus palabras. 

Ella, mi mejor fan. Mi única fan cuando no había más. Ella, siempre ella. La única que siempre quiso escuchar todas esas canciones de nuevo. La que siempre quería tocara sólo para ella. La que no se iba porque sabía era demasiado lenta para huir de mi cuando la estaba mirando.

No vendrá nadie. El Estadio de Wembley estará vacío. Sólo ella. A escucharme y darme su apoyo. Siempre está ahí, o al menos eso parece.

Voy a tocar en un marco incomparable*. En un estadio donde se han realizado alguno de los conciertos más multitudinarios de la historia de la música. Donde quieren tocar todos los grandes, donde quería consagrarme internacionalmente. Demasiado pronto. Por fiarme de ella.




La necesito en primera línea. Pero ella necesita también sentirse la única. Quiere ser mi mayor apoyo y yo necesito ser su artista de referencia. Cuando estoy delante me hace pensar que no hay nadie como yo, y eso me gustó, me gusta, y me gustará. Pero sé que cuando me retiro a los camerinos y dejo la gira para preparar un nuevo material, ella sigue a cualquier otro. Me gusta y me hace sentir especial. Soy su artista preferido, pero cuando no estoy me recuerda pero mira a otros. Y con otros es puntualmente feliz, aunque intente convencerme que soy el único y más importante.

Da igual. Los dos sabemos que es falso. Intenta convencerme de que sin ella no soy nada y yo la trato de convencer de que triunfaré tarde o temprano y tendré mucho que agradecerle. Pero ella me intenta convencer de que el día que sea rico y famoso no la necesitaré y empezaré a tirarme a todas sus amigas sólo porque seré una estrella y no le deberé nada. Sé que lo dice para parecer una víctima y despertarme más dependencia aunque sea por pena o ternura. Da igual.

Hoy empezaré el concierto a la hora convenida. No se ha vendido ni una sola entrada. Me he dado cuenta de que no tengo amigos cuando estar ahí supone un mínimo de dificultad. ¡Qué fácil es ir a mis conciertos cuando hay copas gratis! Hoy no se ha vendido ni una sola entrada. 

Sólo va a estar ella. En primera línea. Invitada, por supuesto. Como si fuera la primera vez que me ve en directo. Conociendo todas mis canciones con la ilusión de una adolescente primeriza, ella sola, con todo Wembley para los dos. Tendré momentos en el concierto en los que pensaré que soy afortunado por tenerla ahí mirándome y haciéndome creer que soy lo mejor que ha conocido, pero cuando termine el concierto y pille el vuelo de vuelta a casa sabré que habrá aprovechado el viaje a Londres para ver y admirar a otros artistas. Aunque vuelva en unos días con el cuento de siempre, de que soy el mejor y que no conoce a nadie mejor a quién admirar, yo veré en sus ojos el reflejo de las miradas a otros que tan solo y traicionado me hacen sentir a veces. Pero no puedo pensar en ello ahora. Sólo va a estar ella.

Y voy a dar el mejor concierto de mi carrera. Es así, soy incapaz de no mentirme a mí mismo. Me mira y me creo mejor de lo que soy. Y como me lo creo, lo hago. Y su mirada, su sonrisa, sus aplausos me hacen sentir el más grande. Y hoy sólo va a estar ella. Y no voy a pensar en lo que va a hacer después del concierto, porque durante el mismo va a estar ahí. Por mí…

Para mí…

Hoy voy a dar el mejor concierto de mi carrera en un Wembley completamente vacío.

¿Completamente? 

No. 

Estará ella. Como casi siempre. Y eso es lo único importante cuando la inseguridad del escenario y los focos te ciegan y no puedes ver al público…






*: Siempre quise meter “marco incomparable” en el blog y creo que hasta hoy no lo había conseguido.





B.S.O.: “Agradecido”, Rosendo




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